sábado, julio 31, 2010

Para reirse un rato

¿Cómo va el veranito? Yo ahora estoy mano a mano con el diseñador ideando una portada realmente espectacular para mi próximo libro, ya veréis en su momento el resultado.

Pues como ahora, con el calor, apetecen temas ligeritos, vamos con uno. A mi hijo le gusta mucho el juego MARIO KART de la Wii, así que estaba buscando con él videos de este juego cuando encontré esta particular versión:



Gracias a ese hallazgo descubrí al humorista francés protagonista, REMI GAILLARD, un tío que verdaderamente está como una cabra. A mí el humor francés nunca me ha hecho gracia (Louis de Funes, ¡qué pesadilla!) pero este caso es una excepción. Mirad este otro video, una versión del clásico PACMAN o Comecocos, con la que yo me parto la caja:



Este otro, en el que se transforma en un canguro bastante gamberro, también tiene su gracia:



Si os han gustado, en el Youtube podéis encontrar un montón más. Pero el más curioso quizás sea éste, en el que se hizo pasar por un jugador del equipo que ganó la Copa de Francia en 2002:



Pues venga, espero que os hayáis reído un rato. A pasar buen verano y, como decía Super Ratón, no olviden vitaminarse y mineralizarse...

jueves, julio 29, 2010

Cómo meterse en un lío

En la entrada anterior vimos cómo Oliver Stone se había metido en un lío al hablar del Holocausto... pues ahora es la rica heredera Paris Hilton la que se ha metido en un berenjenal al hacer supuestamente el saludo nazi imitando a Hitler durante una fiestecilla en un yate en Saint Tropez.



Se ve que ha dicho que en realidad estaba haciendo un paso de baile y en ese momento se rascó la nariz, pero no sé yo si eso habrá colado.

Pues a mí todo esto me da una cansina sensación de déjà vu, pero seguro que no será la última vez... Iba a comentar más cosas, pero me voy con el nene a la piscina.

lunes, julio 26, 2010

Pues sí, Hitler era judío...

Bien, ya he acabado de escribir mi próximo libro, es decir, ya he volcado todo lo que quería explicar en él. La verdad es que me he divertido mucho escribiéndolo, he conseguido teletransportarme a aquella época como en una máquina del tiempo, y espero que esa vivencia casi física se transmita en el papel. Pero ahora toca el proceso más pesado, que es repasar todo el texto, cambiar palabras para que no haya repeticiones, detectar fallos y, sobre todo, ir engarzando unos trozos con otros, hasta darles la continuidad que el libro requiere. Podríamos decir que he acabado el rodaje y ahora queda el montaje de la película.

Ya sé que me repito mucho, pero cuando leáis el libro os dará la sensación de que está escrito de un tirón, pero eso no es así, ya me gustaría; cada fragmento ha sido escrito de manera independendiente y luego el trabajo consiste en lograr que parezca que se ha escrito fácil, rápido, en un rapto de inspiración, vamos, con la punta del lápiz.

Pues bueno, ahora me toca esa parte del trabajo más desagradecida, pero todo sea por que el resultado sea ameno y entretenido, además de interesante.



Nada, pues para soportar mejor estos calores, ahí va una historia curiosa, la de que Adolf Hitler era judío. Pero claro, no se trata del Hitler que todos conocemos, sino de otro, un rumano que murió en 1892. Como estoy un poco vago con el calor, no lo transcribo; os paso AQUÍ el enlace y os lo leéis.

De todos modos, como siempre veo cosas raras, me llama la atención que se ve que esto se sabía desde hace ya muchos años y que la noticia coincide -como no- con la publicación de un libro. Además de que el nombre no es Hitler sino Hittler, la tumba está reconstruida, es de los años ochenta (!). Vamos, no sé, todo un poco raro, pero bueno es igual, siempre se agradecen "noticias" así en verano...

Y, por último, AQUÍ unas declaraciones del inefable director de cine Oliver Stone en plan elefante en cacharrería, no tienen desperdicio...

miércoles, julio 21, 2010

FURIA

Bueno, en mi labor de promoción de la cantera de nuevos autores en español, aquí os transcribo un relato escrito por nuestro compañero Franz Von Steigenburg, el alias de LUIS GUERRA, y que ha quedado segundo en el concurso de relatos La Felguera.

Como sabéis, Luis es tan inconsciente como para querer publicar su primer libro, del que ya hablamos aquí; ahora está enfrascado en ese desmoralizante trabajo de Sísifo de conseguir que una editorial decida publicarlo. Como yo ya pasé por ello -24 editoriales me dijeron que no, una detrás de otra-, yo le digo que no desespere, que si de verdad desea publicar, lo acabará consiguiendo... Pero bueno, por si le puede servir de promoción para lograrlo, y para que pueda mantener la moral alta, aquí tenéis este relato breve que a mí, personalmente, me ha gustado.

Seguro que Luis agradecerá vuestras opiniones.


FURIA


Los veo pasar arrastrando los pies, ninguno se atreve a mirarme; mi presencia les aterroriza. Acaban de cruzar el arco de la entrada donde en grandes letras reza el lema que dará vanas esperanzas a sus corazones: El trabajo os hará libres. Con los ojos fijos en el suelo se dirigen a los barracones que se les han designado. Ninguno volverá a ver un nuevo día, es la maldición de mi lugar de trabajo; El campo de concentración de Auschwitz-Birkenau.



Llegué en el verano de 1942 como sargento encargado de tareas administrativas. Durante los primeros días no vi un solo recluso, el trabajo ingente de coordinar la entrada de los trenes me tenía muy ocupado. Cada vez llegaban más prisioneros y las necesidades del campo crecían, el problema de espacio empezaba a ser preocupante. Tomé la decisión momentánea de no hacer selección, los pasajeros de los trenes eran conducidos directamente a las cámaras de gas. No podíamos perder el tiempo separando a los individuos aptos para trabajar.
La situación fue mejorando de forma paulatina, los miembros de las SS conseguían mayores resultados en menos tiempo gracias en parte por mi método y por la dureza con la que se empleaban con los deportados. Debido a este éxito organizativo fui llamado a la oficina del comandante del campo. Me ascendieron a oficial al mando de la bienvenida de los trenes. Fue entonces cuando los vi por primera vez.
El tren llegó a la puerta principal con media hora de retraso, los soldados enfurecidos por el frío y la espera golpeaban con furia el suelo con las botas. Una vez que los vagones se detuvieron ordené abrir las puertas. El espectáculo que se presentó ante mis ojos escapa a cualquier sentimiento de humanidad.
Los focos alumbraban a cientos de personas hacinadas al borde de la muerte, el viaje de varios días sin agua ni comida había convertido el convoy en la primera cámara de exterminio. Los que quedaban con vida aturdidos por las luces y el ladrido furioso de los perros apenas podían moverse. Los soldados acostumbrados al trabajo les hicieron bajar mediante gritos y golpes, empujaban a los presos sin compasión, aquellos que caían al suelo eran pisoteados y golpeados hasta que se levantasen, si es que podían, si no eran golpeados hasta la muerte. La escena era tan desagradable que parecía irreal, era como si todo formase parte de un sueño, veía las caras borrosas, apenas era consciente de lo que sucedía a mí alrededor hasta que contemplé a un soldado acercarse a una mujer que sentada en el suelo protegía entre los brazos a su bebe. Con un empujón se lo arrebató y lo lanzó con todas sus fuerzas contra la pared.
Aquella situación me sacó del aturdimiento que me invadía, miré a mí alrededor en busca de de alguien que hubiera visto el comportamiento inhumano del soldado. Si lo había presenciado nadie hizo ningún comentario ni su cara reflejo el más mínimo cambio. Un acceso de nauseas se apoderó de mi cuerpo, a pesar de los esfuerzos terminé vomitando delante de mis hombres.
—Señor, ¿se encuentra bien? —preguntó el SS situado a mi lado.
Le observé con atención antes de contestar, el joven, no había cumplido los veintidós años, era el estereotipo de la raza aria, alto, rubio, de ojos azules e impecablemente vestido con su uniforme negro. En su voz no había ningún tono de burla.
—Si, no se preocupe Heinz, sigan con su trabajo —contesté, di media vuelta y me dirigí a mi despacho
Mis aposentos se encontraban apenas quinientos metros de la entrada, pero aquel viaje de vuelta se transformo en mi personal viacrucis. Cada paso dado era un descenso a los infiernos, el averno me esperaba con sus ardientes fauces, el fuego eterno iba a ser mi destino final. Mi mente buscó una justificación a mi participación en el horror, hasta ese día yo solo había sido el encargado del transporte ferroviario. No veía a los judíos como personas, solo eran números. Levanté el rostro al cielo y caí de rodillas.
Una lluvia torrencial comenzó a caer sobre el campo como respuesta a mis pecados. El Creador mandaba el agua para limpiar mis pecados, debía hacer algo para parar la maquina de la muerte.
Unos brazos me levantaron y me llevaron semiinconsciente al almacén de la ropa.
—Señor, debe reponerse, nadie debe verle en estas condiciones — se trataba de Heinz, el joven SS.
—Es terrible… —balbucee —no podemos comportarnos de esa manera, ese soldado… el bebe…- rompí a llorar de forma desconsolada bajo la atenta mirada de Heinz.
El soldado se acercó a la puerta para cerciorarse de que estábamos solos.
—Al principio no es fácil, pero uno termina por acostumbrarse.
Le contemplé tras las lágrimas, de nuevo en su rostro no había el menor signo de burla.
—Me niego a acostumbrarme a esta barbarie, ¡Por el amor de Dios, estamos masacrando a gente inocente! — La pesadumbre dio paso a la ira — ¡no puedo permanecer impasible mientras ahí fuera mueren miles de personas!
Heinz me observó con detenimiento, movió la cabeza de un lado a otro con tristeza.
—No puede hacer nada, un hombre solo no conseguirá detenerlos, solo encontrará la muerte.
—Un pueblo culto como el nuestro no puede ser tan desalmado, el odio hacia los judíos nos lleva a comportarnos como animales.
El joven volvió a asomarse en busca de alguien que pudiera escucharnos.
—Lo que le voy a decir es considerado como alta traición y se paga con la vida —se sentó en una silla y me observó de nuevo durante un instante.
—El pueblo judío —comenzó con tranquilidad —está condenado, el partido Nazi ha determinado su aniquilación y no parará hasta conseguirlo, nosotros nada podemos hacer, excepto…—dudó en seguir hablando, no sabía sin confiar en un oficial.
—Heinz, sé que es difícil en un lugar como este fiarse de otra persona. Créame soy una persona que no tiene nada que perder, mi alma está condenada, no me importa encontrar la muerte. No merezco vivir, he ayudado al aniquilamiento de cientos de miles de personas.
—Casi un millón —murmuró Heinz.
Un dolor intenso se extendió por mi pecho, abrí la boca intentando respirar, el pecho me ardía como si en mi interior prendiesen miles de ascuas.
—Como ya le he comentado antes —continuó Heinz —no podemos parar la maquinaría Nazi, pero podemos hacer un mínimo de justicia.
—No comprendo a que se refiere.
—Usted es un oficial bien considerado en el campo, sin ningún impedimento puede castigar a aquellos de sus hombres que se excedan en sus funciones —en sus ojos brilló un fuego intenso —como el hombre que ha tirado al bebe contra la pared.
El recuerdo me hizo estremecer, sin duda aquel hombre merecía un escarmiento.
—Eso es…—no terminé la frase, Heinz saltó con agilidad de la silla y se acercó como un tigre ante una presa.
—Venganza, dígalo, no es un sentimiento deshonroso. Como dicen nuestros aliados los italianos; Vendetta.



Durante horas, en los que no acudí a mi puesto alegando encontrarme indispuesto pensé en las palabras de Heinz. Las dudas se apoderaron de mí, un oficial del Reich no puede usar su cargo para saciar su sed de venganza. Es un comportamiento desleal e inmoral, sin embargo la imagen del recién nacido en el suelo tras golpear la pared volvía a mí con frecuencia sacando mis peores instintos.
Una cuestión si estaba clara, no podía seguir en aquel puesto, salí en dirección a la comandancia dispuesto a renunciar, no me importaba si me mandaban al frente ruso, por lo menos allí encontraría una muerte digna. Con pasó decido crucé el patio cuando un hombre se cruzó en mi camino. En seguida lo reconocí, era el soldado que había causado el horror en mi mente. Hipnotizado lo seguí hasta el depósito de alimentos.
—Heil Hitler —me saludó al verme entrar.
—Soldado, ¿Qué hace usted aquí?
—Señor, el sargento me ha enviado a por la comida de los perros.
—Son buenos animales, ¿verdad?
—Sin duda, hacen una gran labor con los prisioneros —contestó con una sonrisa.
—Son mejores que esos asquerosos judíos —comenté también sonriente.
—Cualquier animal es mejor que esos bastardos —dijo con odio en sus ojos.
—Tiene usted razón soldado. Como esos bebes judíos que no hacen más que llorar. ¿No le molesta a usted eso?
—Inaguantable, pero yo tengo un método infalible para hacerlos callar. Los arrojó contra la pared, es la mejor nana —dijo riendo
Noté como la sangre me hervía dentro de las venas, ciego de ira saque mi pistola y ante la cara de sorpresas del soldado descerraje un tiro en su sien. Durante un instante miré el cuerpo sin vida del soldado, no sentía ningún remordimiento. Era como si mi alma por fin descansase.
Oí la puerta del almacén abrirse, no me importaba quien fuera, estaba en paz, la muerte sería un premio.
—No era esto exactamente a lo que me refería, podía haberlo mandado al frente con cualquier excusa, pero esta idea no está mal —dijo Heinz cerrando la puerta —menos mal que le he seguido, creía que iba a comandancia a contar nuestra conversación.
—Iba a presentar mi renuncia. No he podido llegar, me he cruzado con este soldado que merecía una reprimenda.

Entre los dos lo desvestimos y le colocamos un traje de presidario. Nadie se interesó cuando nos vio con el cadáver camino a los crematorios. ¿Quién se iba a preocupar por un judío?

Han pasado dos días desde que hicimos justicia, el soldado fue dado por prófugo cuando no se presento a su guardia. Ahora estoy contemplando a uno de los soldados golpear hasta la muerte a una anciana que ha caído al bajar del vagón y no ha podido levantarse. En mi cara hay una sonrisa, los demás lo atribuyen al odio hacia los judíos. Heinz sabe que tendremos una charla nada amistosa con el soldado.

FIN

viernes, julio 16, 2010

El Niño Jesús ya no es lo que era



Supongo que ya os habéis enterado, pero en Italia se ha armado un gran revuelo por esta obra del artista italiano Giuseppe Veneziano, expuesta en la localidad italiana de Pietrasanta. La pintura, titulada "La Virgen del Tercer Reich", presenta a una virgen arropando a este particular Niño Jesús...

Por cierto, hace unos años estuve en Venezuela. Coincidió con unas elecciones y por la televisión vi un candidato bastante friki que decía creer sólo en "Peter Pan y en el Niño Jesús". Sí, es una estupidez, pero todavía me acuerdo, así que esa declaración personal de valores quizás posee más profundidad de lo que parece...

domingo, julio 11, 2010

HOY ES EL GRAN DÍA

Bueno, hoy es el gran día.

Los que tenemos ya una edad no hemos hecho otra cosa que coleccionar, a lo largo de los años, una larga serie de fiascos, fracasos y decepciones en los Mundiales.

Pero hoy podemos acabar por fin con todos esos fantasmas; el fallo de Cardeñosa, el penalty fallado de Eloy, el fallo de Salinas ante Italia, el codazo a Luis Enrique, el fallo de Zubi ante Nigeria, el atraco de Al-Ghandour en Corea...



Pues eso, yo estoy convencido de que hoy nos llevamos la Copa, pero ya sabemos como es el fútbol, así que todavía no podemos cantar victoria...

De todos modos, yo digo 3-0 (Villa (2), Pedro), ¿y vosotros?

lunes, julio 05, 2010

Aquí pasó aquello

Bueno, aquí seguimos, después de que mi corazón resistiese los embates del ya mítico España-Paraguay del sábado... esperemos que contra Alemania, el miércoles, suframos un poco menos.

Pues tengo que pegarle un acelerón al nuevo libro, porque estoy un poco atrasado en los plazos, así que seré un poco breve, cuando me gustaría dedicar más tiempo al tema. Vamos con otra entrega de lo visto en el reciente viaje a Alemania; el último día me pasé por el Olympiapark de Munich, un prodigio de la ingeniería del siglo XX, pero antes fui a la Villa Olímpica en busca del edificio en el que secuestraron a los atletas israelíes en los Juegos de 1972. Si queréis refrescar la memoria, volveros a leer AQUÍ el serial que ya publiqué en este blog sobre aquel episodio y, si queréis un relato pormenorizado, acudid a mi libro LAS 50 GRANDES MASACRES DE LA HISTORIA, en donde le dedico un capítulo.

Pues éste es el edificio. La verdad es que decepciona un poco; no me preguntéis por qué, pero uno espera encontrar algo más... no sé, pero se encuentra con un modesto bloque de viviendas prefabricado que podría estar en cualquier ciudad dormitorio de por aquí...



Aquí tenéis la placa de mármol que recuerda los hechos y homenajea a las víctimas. Las piedrecitas que podéis ver arriba responden a una tradición judía de recuerdo a los muertos, como sale en la peli de La lista de Schindler.



Y vamos con el correspondiente mini-reportaje grabado en el lugar de los hechos, en plan rana Gustavo, el reportero más dicharachero de Barrio Sésamo...



Y como prueba de que las casualidades no existen, precisamente este fin de semana la Masacre de Munich ha sido noticia, por la muerte del "cerebro" del atentado; la podéis leer AQUÍ.

Para concluir, vamos con un par de inmerecidos regalos que me han llegado. Aquí tenemos la segunda entrega de Mario, seis catavinos (me he enterado de que esas copas se llaman así por Mario, que como buen jerezano controla el tema, yo no tenía ni idea) y otras tres botellas de jerez. ¿Qué puedo decir? Como podéis imaginar, se me acaban las palabras de agradecimiento...



Y aquí otro obsequio, en este caso de Franz von Steigenburg (Luis, para los amigos) y desde la Rioja. Dos botellas de vino de la tierra y unos pasteles de Calahorra que... bueno, para qué os voy a contar.



¡Muchísimas gracias a los dos! Y muchas gracias a todos por seguir este blog.