lunes, julio 23, 2007

Ya ha salido el nuevo ¡Es la Guerra!

Bueno, amigos, pues ya está en las librerías mi última obra, la versión 2007 del ¡ES LA GUERRA! LAS MEJORES ANECDOTAS DE LA HISTORIA MILITAR.

Como sabéis, en 2005 apareció este libro en bolsillo, en la colección Puzzle, pero debido a cuestiones de distribución que no vienen al caso, no estuvo presente en la mayoría de las librerías y no pudo venderse todo lo que estaba previsto. Pero ahora sale en la propia Inédita la nueva versión, corregida y ampliada, y además en tamaño grande, en tapas semi-rígidas, y añadiendo un pliego de fotos escogidas. En la portada se mantiene la célebre foto de Chaplin en la película"¡Armas al hombro!".

Pues mi editor de Inédita me dijo que saldría con un precio competitivo y así ha sido: 19,50 eurillos, que no está mal viendo cómo ha subido el precio de los libros que nos gustan, que están siendo ya prohibitivos.

Pues nada, es un libro ideal para el verano, consta de decenas de historias cortas, pero todas puestas en relación cronológica con el periodo que relata, así que se aprenden un montón de cosas de guerra y batallas interesantísimas de las que hay bien poca cosa en español, como la guerra de Crimea, la guerra de Secesión, la guerra de los Bóers o la Ruso-japonesa.

Como ejemplo, os transcribo un par de historias del capítulo dedicado a la guerra de Crimea (1854-1856), una de las grandes olvidadas. Pero antes, una ilustración con soldados rusos justo antes de una carga a la bayoneta para que os ambientéis:

En el texto que viene a continuación trato del desastre de la intendencia británica, para que no penséis que las chapuzas eran exclusivas del ejército español. ¡Ahí va!:

Los errores de la intendencia británica alcanzaron durante la Guerra de Crimea proporciones colosales. La preocupación más importante para los soldados era combatir el frío. Al principio de la contienda no se tuvo en cuenta este factor, pero más tarde, cuando los hombres morían víctimas de las bajas temperaturas, desde Londres se resolvió poner fin a las penurias de los soldados.

Para ello se procedió a reunir todo tipo de prendas de abrigo. Desde los puertos británicos partieron buques que transportaban grandes cantidades de capotes, mantas y jergones.
Aunque la mayoría de estos barcos llegaron a Crimea sin novedad -tan sólo hubo que lamentar el hundimiento en el mar Negro del Prince, con 40.000 capotes en sus bodegas-, allí esperaba un enemigo mucho más poderoso que los rusos: la burocracia militar.

Todo el material llegado al puerto de Balaklava fue debidamente inventariado y transportado a los almacenes del ejército. Una vez en tierras rusas, tan sólo podía ser expedido una vez que se hubieran cumplimentado las peticiones correspondientes por los oficiales al mando de cada regimiento. La consecuencia de esta rigidez administrativa fue que, al llegar los meses de diciembre y enero, 9.000 de los 12.000 capotes que habían llegado a Balaklava permanecían todavía en los almacenes.

Los sacos de tela que se habían enviado para que, una vez rellenos de paja o heno, pudieran ser utilizados por los soldados para no tener que dormir sobre el suelo húmedo, no corrieron mejor suerte. Aunque se enviaron unos 25.000, a los soldados no les llegaron más de un millar por culpa de los obstáculos burocráticos.

Naturalmente, estos jergones habían sido enviados desde Gran Bretaña sin el correspondiente relleno, con el convencimiento de que, una vez en Crimea, no habría ningún problema para obtenerlo. Pero no fue así; la mayoría de los afortunados soldados que pudieron hacerse con uno de ellos se encontró con la desagradable sorpresa de que no tenía a su alcance paja ni heno para rellenarlos. Así pues, se vieron obligados a continuar durmiendo en el suelo.

La falta de previsión de las autoridades militares británicas afectaría no sólo a las personas, sino también a los animales. La mayor parte de los caballos enviados a Crimea murieron a consecuencia de la falta de forraje. Los ingleses habían llegado a un acuerdo con una empresa turca para que les suministrase el heno necesario para la alimentación de los caballos. Al poco tiempo esta empresa quebró, por lo que el suministro quedó seriamente afectado.

Una vez restablecido el envío de heno a Crimea, se vio que las cantidades enviadas en los buques de carga a través del mar Negro no eran suficientes. Desde Gran Bretaña se enviaron unas prensas hidráulicas para comprimir el heno y transportar así una cantidad mayor. Pero la idea resultó un desastre; la maquinaria se instaló en Constantinopla, por lo que todo el heno recogido por toda la geografía turca debía ser primero enviado a la capital para, desde allí, remitirlo a Crimea, con los consiguientes retrasos.

El resultado fue también desastroso; los caballos británicos, enloquecidos por el hambre, acabaron comiéndose sus correas y alforjas. El intenso frío acabó por condenarles a una muerte lenta e inexorable, de la que no les pudieron librar los soldados, puesto que el general Cardigan ordenó que no se rematase a ningún caballo.

En este conflicto, el suministro de calzado a las tropas dejó mucho que desear. Aunque el ejército británico tenía una dilatada experiencia a la hora de equipar a sus hombres, durante la guerra de Crimea se dieron algunos errores imperdonables.

Por ejemplo, alguien falló en los cálculos y se encargó una mayor cantidad de las botas de número pequeño. La consecuencia fue que muchos no podían calzarse las botas, por lo que acabaron robándolas a los cadáveres de los soldados rusos, en una práctica que tendría luego su continuidad en la Segunda Guerra Mundial, en este caso llevada a cabo por los alemanes.


Pero hubo un error aún más grave. Tras unas semanas de uso, la mayor parte de las suelas de las botas fabricadas en Inglaterra se desprendían. La razón era la mala calidad de este calzado; las autoridades militares británicas deseaban mantener unos costes bajos y los contratistas se habían visto forzados a emplear material de baja calidad.

Así pues, el 1 de febrero de 1855, los hombres del 55º Regimiento británico estaban atravesando un lodazal con el barro hasta las rodillas cuando comenzaron a notar cómo las suelas se quedaban literalmente pegadas en el fango, desprendiéndose de las botas.
Al salir del cenagal, los soldados tomaron la decisión de arrojar lejos de sí aquellas inútiles botas sin suela y avanzar hacia el frente ¡en calcetines!

Pues con este par de sellos ingleses dedicados a los que participaron en aquella guerra me despido. Espero que os haya gustado el fragmento. Y si así ha sido, ya sabéis dónde hay más historias como éstas.

10 comentarios:

Milgrom dijo...

Jolín esta mañana estaba leyendo un artículo aparecido en la Clio del mes pasado sobre Elizabeth Thompson y sus cuadros de la Guerra de Crimea y llegó y veo esto. Casualidades extrañas. Es curioso ver como la Guerra de Crimea, una de las guerras que empezaron a acabar con el sistema tradicional de entender la guerra, apenas cuente con estudios o libros publicados (al menos en nuestro país)

Sobre los errores del ejército inglés: imposible no hablar de Crimea y no citar la Última Carga de la Caballería Ligera. ¿Quien la cagó el mando al dar la órden o quien debía interpretarla?

Major Reisman dijo...

Buenas

Si un día hay un concurso sobre en que guerra se cometieron más estupideces en ambos bandos probablemente la Guerra de Crimea se llevaría el premio. Recuerdo haber leído que Raglan creía que todavía estaba en plena guerra contra Napoleón y que más de una vez daba alguna orden de ataque contra los "malditos franceses" cuando en realidad se referia a los rusos. Lo malo es que parece ser que lo hacía delante de los oficiales franceses aliados.

Un saludo

Vitike dijo...

Hola Jesús:

Si no me equivoco, ahora estás trabajando en la Guerra Cívil americana. Échale un ojo a esto:
http://www.lincolnlibraryandmuseum.com/m5.htm
y si te interesa el vídeo del que hablan, mándame un correo a vitike_AT_gmail.com.

Antes estaba en youtube, por lo han quitado.

Saludos.

Alejandro dijo...

¡Qué gran noticia, Jesús! Pues ya sabes: nuevo libro, nueva entrevista. Es lo que hay.

Un saludo,

Alex García
Boira-Tarragona Radio
boira@boiramisterio.com
www.boiramisterio.com

Jesús Hernández dijo...

Hola, Milgrom y Reisman, me alegro de que también os motive la guerra de Crimea; me parece que pronto habrá una sorpresita editorial que vendrá a paliar nuestras lagunas sobre este emocionante conflicto...

Tomo nota, Vitike; si eso, te pido el video, pero antes tendré que despejar la cola que tengo pendiente de material, a ver si le meto un poco de caña, muchísimas gracias!

Hola, Alex, pues nada, para lo que haga falta, por aquí me tenéis!

Jesús Hernández dijo...

Pues me he puesto a repasar el libro y al final me lo estoy leyendo, porque había cosas que ya no recordaba, al haberlo escrito hace un par de años. Está mal que lo diga yo, pero la verdad es que me estoy divirtiendo bastante con el libro.
Sobre la guerra de Crimea me ha hecho gracia un incidente muy curioso, que transcribo aquí:

"El Tratado de París de 1856 (con el que acabó la guerra de Crimea) dio lugar a un curioso episodio que extendió sus efectos hasta 1966. La anécdota tuvo como protagonista la ciudad inglesa de Berwick-upon-Tweed, situada en la costa del mar del Norte, justo en el límite con Escocia.

Esta disputada localidad perteneció alternativamente a ambos reinos por la importancia de su estratégica situación, hasta que en 1482 pasó de manera definitiva a manos de Inglaterra. Pese a estar ya integrada en territorio inglés, a causa de su particular localización y de su convulsa historia, Berwick sería considerada como una entidad con derecho propio y así constaría en todos los documentos oficiales. Por este motivo, cuando el Reino Unido declaró la guerra a Rusia, lo hizo la reina Victoria como soberana de Inglaterra, Irlanda, Escocia, Berwick-upon-Tweed y todos los dominios británicos.

Al firmarse la paz en París, un descuido hizo que en el tratado se hiciera mención a todos esos territorios a excepción de Berwick, por lo que, en rigor, esa ciudad continuaba en guerra con Rusia. Así pues, la localidad inglesa permanecería oficialmente en guerra con Rusia durante los 110 años siguientes.

Se dio la curiosa circunstancia que, durante las dos guerras mundiales, mientras que Gran Bretaña tenía como aliados a los rusos, Berwick estaba en guerra con ellos, por lo que, técnicamente, esa ciudad fue aliada de los alemanes durante ambas contiendas...

Esta estrambótica situación duró hasta 1966, cuando un funcionario soviético se dirigió a Berwick para iniciar conversaciones de paz. El alcalde de la ciudad, Robert Knox, no puso demasiados obstáculos para alcanzar un acuerdo amistoso con el plenipotenciario ruso, sellándose así la paz entre Berwick y la Unión Soviética.

La nota de humor la pondría el alcalde al contestar las conciliadoras palabras del enviado de Moscú: “Por favor, diga a los ciudadanos soviéticos que ya pueden dormir tranquilos”.


¿A que es buena esta historia?

¡Un saludo!

Milgrom dijo...

Jajaja. Es muy buena, técnicamente podían capturar a algún ruso despistado e incluso fusilarlo por espionaje. Me imagino una flota de submarinos nucleares soviéticos acechando la playa de la localidad. Je je, sería una buena idea para hacer una película.

Al dijo...

Enhorabuena por el nuevo/viejo hijo de papel que ha seguido un curioso camino editorial. Seguro que es un éxito! Publicas más rápido de lo que se puede leer!

Sobre la curiosa historia de la guerra de Crimea os dejo, por si no la conocéis esta parecida que sucedió en España.

El 11 de noviembre de 2006, se cumplieron 25 años del final del conflicto bélico entre Huéscar y Dinamarca, cuya paz se firmó después de 172 años de guerra incruenta declarada en el año 1809 por el Ayuntamiento de la localidad granadina en sesión plenaria.

El historiador e investigador Vicente González Barberán, fue quien descubrió en unos documentos del archivo histórico municipal que Huéscar estaba en guerra con el reino de Dinamarca. La noticia fue difundida por los medios de comunicación, extendiéndose hasta llegar a Dinamarca. Y como quiera que toda guerra no finaliza si no se firma la paz, el Ayuntamiento de Huéscar acordó en sesión plenaria del 7 de julio de 1981 iniciar un proceso de negociaciones con las autoridades danesas con objeto de restablecer las buenas relaciones entre ambos pueblos.

La paz se firmó el 11 de noviembre de 1981. Ese día se dieron cita en Huéscar numerosas personalidades y una expedición danesa, encabezada por el embajador en España. La ocasión fue aprovechada para estrechar lazos de amistad y se acordó el hermanamiento de Huéscar con la ciudad danesa de Kolding.

Balder dijo...

Hola Jesús,

me alegra que la lectura de El último querusco no te haya defraudado, y que además hayas tenido la gran amabilidad de hablar del libro en tu blogg.

Desde que leí tus "Cien mejores anécdtas..." voy siguiendo tus publicaciones, y seguro que es redundante que desde aquí lo recomiende a quien no te haya leído (¿hay alguien que no se haya leído las "Cien mejores anécdotas..."? entre los que nos gusta la historia bélica, pocos) pero lo hago sin dudarlo.

En fin, un cordial saludo, y buen verano!!

Artur

Jose dijo...

Saludos a todos,
Y por añadir una chapuza más, el café para las tropas, se lo mandaron en grano y verde, sin molinillos y sin hornillos de campaña con los que siquiera poder hacer un chusco tostado. De este modo, los que quisieron tomar café tuvieron que hacerlo verde, con la toxina que el tostado elimina en su mayor parte. Así que a las bajas anteriores, hubo que añadir las bajas por desordenes intestinales y fiebres.
Un desastre de organización...

Kolding...tengo buenos amigos daneses allí.
qué buena gente...
Buen Verano!