jueves, abril 20, 2017

NOS VEMOS ESTE SANT JORDI 2017 EN LA RAMBLA DE HOSPITALET




Bien, amigos, un año más, llega el día de Sant Jordi.

Aunque ya imagino que todos sabéis de qué va esta jornada festiva que se celebra cada 23 de abril, para los que no lo sepan les diré que es tradición en Cataluña que este día, además de que se regalen libros y rosas, los escritores salgamos a la calle y nos encontremos con los lectores.

Desde que comencé a publicar, casi cada año he acudido a esta cita. Aquí me veis en El Corte Inglés. El boli que me dieron es bueno porque lo sigo utilizando y todavía escribe.




Hasta ahora, siempre he firmado en el centro de Barcelona. Sin embargo, ya hace tiempo que desde el Ayuntamiento de Hospitalet de Llobregat, una ciudad contigua a Barcelona, me solicitan mi presencia, ya que residí unos cuantos años allí y estoy considerado oficialmente como Autor de Hospitalet.

Total, que este año me he decidido por fin a firmar allí, concretamente en la Rambla de Just Oliveras (Metro Linea 1, parada Rbla. Just Oliveras).

Estaré este domingo entre las 12.00 y las 13.00 h. en el stand de las Bibliotecas Municipales.




Aunque el programa que reproduzco arriba indica que firmaré ejemplares de mi superventas Las cien mejores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial, habrá también a la venta ejemplares de mi último libro, ¡Japón ganó la guerra!, del que podéis leer AQUÍ una reciente reseña del blog de historia militar Bellumartis.

Si pensáis acudir y queréis algún otro título en concreto, avisadme con tiempo e intentaré conseguiros algún ejemplar.

Para los que aparezcáis por allí, compréis o no un libro, tendréis de regalo un imán de nevera del blog.

¡Nos vemos!

jueves, abril 06, 2017

UN LIBRO DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL QUE OS GUSTARÁ Y OTRO QUE OS ENCANTARÁ, O ESO CREO






Bien, amigos, vamos encarando el fin de semana, con la vista puesta ya en la Semana Santa. La verdad es que, para mí, van a ser unas vacaciones inoportunas, ya que estoy en una fase creativa efervescente y, tras uno de estos parones, es como volver a poner en marcha una central nuclear.

Pueden pasar varios días o más de una semana hasta coger de nuevo velocidad de crucero, pero qué se le va a hacer, perderé el tiempo ahí tomando el solecito en la playa, qué remedio, y lo digo sin ironía.




Pues vamos con dos recomendaciones librescas, las dos obras que acabo de leer. Una es LA OTRA HISTORIA DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, de Donny Gluckstein. No me atraía mucho el libro, más sabiendo que el autor es un historiador marxista. Yo estoy todavía traumatizado por la asignatura de Historia que di en 1º de BUP (equivalente al actual 3º de ESO, me parece).

A mi entonces ya me gustaba la Historia, y esperaba aprender cosas. Pero resulta que entonces la asignatura era únicamente historia marxista, todo aquel rollo macabeo de los medios de producción, el excedente, la plusvalía y demás. Pero nada de Julio César, Napoleón o Hitler. Yo no entiendo como entonces en España, que mandaba la UCD, podía haber esos infectos planes de estudios que sólo servían para hacer perder el tiempo a la gente y extinguir cualquier interés por la Historia.

Si ése era el objetivo, en mi caso casi lo consiguen, porque a partir de 2º de BUP escogí ciencias puras.



Bien, como el autor del libro es marxista, yo ya estaba con la mosca tras la oreja. Aun así, dejándome llevar por el instinto, me atreví con su lectura y tengo que reconocer que me ha gustado bastante. Su tesis, un poco a lo bruto, es que los Aliados occidentales (deja a un lado la URSS...) les importaba un pito luchar contra el fascismo, la libertad, e incluso para evitar que matasen a los judíos. Sólo les movían ánimos imperialistas.

Pues, a lo largo del libro, expone bastantes pruebas de que, hasta cierto punto, pudo ser así. No es una tesis descabellada. Naturalmente, el libro tiene bastantes puntos flacos, al pasar por alto el papel de la URSS, que acabaría ampliando su imperio a la mitad de Europa. También habla de la "guerra popular" como un todo, cuando en cada país era una cosa diferente. ¿Los guerrilleros ucranianos que lucharon contra los soviéticos eran "guerra popular"? Muchas cuestiones que el señor Gluckstein se limita a ignorar para que no le estropeen su brillante tesis.

Aun así, como digo, creo que vale la pena leerlo porque te ofrece una visión de la Segunda Guerra Mundial muy diferente de la que estamos acostumbrados.




Y vamos con la segunda recomendación, A TODA MÁQUINA RUMBO A SMOLENSKO, del famoso escritor norteamericano Erskine Caldwell. He dicho lo de famoso con segundas, ya que, a pesar de que sus libros vendieron 18 millones de ejemplares en USA, y su obra La parcela de Dios vendió dos millones más que Lo que el viento se llevó, en España es prácticamente desconocido. De hecho, yo no había oído su nombre hasta que me tropecé con este libro.

Parece ser que A toda máquina rumbo a Smolensko se publicó en Argentina en 1943, e imagino que está más que descatalogado. A mí me lo pasó un amigo que lo encontró por la red. Se ve que alguien se ha molestado en transcribirlo a formato epub, lo que, en este caso concreto, hay que agradecer.

Si no lo encontráis, pedídmelo por mail, a jhermar (arroba) hotmail.com, poniendo "Smolensko" en el asunto, y os lo envío con mucho gusto.




El libro es una auténtica delicia. Son las andanzas de Caldwell y su mujer, la fotógrafa Margaret Bourke-White, en Moscú, a donde llega como corresponsal de guerra. Caldwell no esconde su admiración por los soviéticos y por Stalin, una admiración un tanto ingenua a la luz de los acontecimientos, pero que entonces era normal entre los Aliados occidentales.

Pues Caldwell explica lo que ve, y trata de penetrar en el pensamiento del pueblo ruso al verse atacado por los alemanes. Lo que más me ha gustado es su finísimo sentido del humor, que, por desgracia, lo vierte con cuentagotas. Leyendo el libro en el tren, no pude evitar reír a carcajadas con uno de sus pasajes.

Lo único que no me ha gustado del libro es que se hace muy corto, apenas son 135 páginas.

Pues ya tenéis dos recomendaciones para leer esta Semana Santa, que los disfrutéis.

Y por último, por si todavía no la habéis leído, AQUÍ tenéis la entrevista que me ha hecho la revista literaria Pliego Suelto para hablar de mi último libro, ¡Japón ganó la guerra!.



lunes, abril 03, 2017

RECREANDO LA BATALLA DEL BOSQUE DE HÜRTGEN




Bien, amigos, vamos con mi divertido fin de semana. Para muchos, un finde de marcha es lo que se suele entender por eso, pero para mí y otros locos más, pocas cosas pueden ser más marchosas y divertidas que participar en el rodaje de un documental sobre la batalla del bosque de Hürtgen.

El factótum de este proyecto es un amigo, el director de cine Laureano Clavero, del que ya os he hablado en alguna ocasión, y del que me declaro fan absoluto. De energía inagotable, no para de idear nuevos y estimulantes proyectos, a los que nos sumamos con estusiasmo.

Pues este fin de semana ha realizado el rodaje de un cortometraje documental que se titulará HÜRTGEN. INTO THE MUDDY BATTLE. El título es en inglés porque el corto tendrá distribución internacional y será presentado a concurso en varios festivales.

He tenido el honor de participar como asesor histórico y, además, apareceré entrevistado para hablar de la batalla.

Aquí tenéis alguna imagen tomada antes y durante la entrevista.




Y aquí está el otro asesor, Pere Cardona, del blog Historias de la Segunda Guerra Mundial, durante su entrevista.



Para dramatizar la batalla, se rodaron varias escenas de acción. Para ello se contó con la colaboración de los recreadores de la First Allied Airborne Catalunya, habituales en los proyectos de Clavero, en el papel de los soldados norteamericanos de la 28ª División de Infantería. Como siempre, cumplieron su misión con un sobresaliente.

Esta vez la novedad fue la presencia de alemanes, los integrantes del grupo de recreación histórica Hohenstaufen Spanien.

Tengo que deciros que disfrutamos mucho de estos nuevos amigos. Durante los preparativos, estuvimos charlando con ellos y nos dieron una lección magistral de cómo era el soldado alemán, más allá de lo que suele venir en los libros de historia. Por ejemplo, descubrimos que los alemanes fumaban los cigarrillos con la punta de los dedos, mientras que los americanos los fumaban sujetándolos por la parte media de los dedos.

También nos mostraron la manera exacta que tenían estipulada los alemanes para realizar el movimiento del cuerpo a tierra, o cómo debían patrullar en terreno abierto, en bosque... En unos minutos, aprendimos más que en muchas horas de lectura.

Aquí está el director escuchando atentamente mientras nos explicaban todo esto. Detrás suyo, el productor, Sergio.



Pues sobre el resultado del rodaje, mejor nos esperamos a las primeras fotos que vaya publicando el propio director en su página de Facebook de MIRASUD PRODUCCIONES. No os las perdáis.

Pero, de momento, como aperitivo, vamos con algunas fotos que tomé ayer. En estas recreaciones intento reproducir el tipo de imágenes que se tomaban en la época. Para ello utilizo un objetivo chino barato para videocámaras de vigilancia, el Fujian 35mm, y un objetivo ruso antiguo, el Helios-44 de 58mm, ambos con adaptador a mi cámara Sony sin espejo.

Después, he editado un poco la imagen, jugando con la saturación y el tinte de color para tratar de conseguir el tono de las fotos de la revista Signal.

Aquí tenéis el resultado.









Y aquí, a punto de darles una sorpresita a una incauta patrulla norteamericana. Así, es normal que a los muchachos de la 28º les diesen para el pelo en Hürtgen...



Pues quedamos a la espera de que Clavero comience a publicar las primeras fotografías, las buenas de verdad.

Para el cortometraje habrá que esperar un poco más, seguiremos informando.



viernes, marzo 31, 2017

WARSAW 44, EL ALZAMIENTO DE VARSOVIA PARA PALOMITEROS




Bien, amigos, como estamos a las puertas del fin de semana, vamos con una recomendación fílmica.

Se trata de una película polaca cuyo título no he conseguido determinar. Su título original es MIASTO 44, pero se encuentra también con los títulos CITY 44, CIUDAD 44 o WARSAW 44, que es el que más me gusta.

De todos modos, si tenéis que buscarla -ya me entendéis-, hacedlo por CIUDAD 44...




Como podéis deducir, la peli está ambientada en el Alzamiento de Varsovia de 1944, cuando el ejército clandestino polaco Armia Krajowa se levantó en armas contra los ocupantes nazis. Como bien sabéis, las fuerzas soviéticas, que habían llegado a la otra orilla del Vístula, se dedicaron a comer palomitas mientras veían cómo los alemanes aplastaban a la resistencia polaca. Pero esa historia ya la sabéis.



Pues esta producción de 2014 pretende ser un filme épico, para lo que ha contado con un importante despliegue de medios.



Hay que reconocer que la ambientación está muy lograda, cuenta con bastantes extras, los efectos especiales son dignos tirando a brillantes, un metraje de 130 minutos... Es decir, que la cinta cuenta con los elementos para haber conseguido ser realmente eso.



Sin embargo, la película arrastra el peso de la responsabilidad de atraer el público a las salas para pagar ese despliegue, por lo que tiene que recurrir a los tópicos del cine palomitero.


Así pues, nos encontramos una especie de triángulo amoroso metido con calzador, además de desconcertantes escenas que parecen sacadas de un videoclip, y una banda sonora que provoca la misma sensación.



De todos modos, tengo que reconocer que el casting de las combativas guerrilleras polacas me ha parecido acertado.






En suma, WARSAW 44 me parece una película fallida, ya que se le había podido sacar mucho más jugo al tema, pero en todo caso vale la pena verla para los que nos interesa el episodio del Alzamiento de Varsovia.



miércoles, marzo 29, 2017

"SIAM", EL ÚLTIMO SUPERVIVIENTE




Bien, amigos, para aligerar el tono del blog después de hablar de tantas masacres y deportaciones, vamos con un tema más desenfadado.

Al comenzar la Segunda Guerra Mundial, el Zoo de Berlín era uno de los más importantes del mundo, pero la contienda lo dejaría destruido casi por completo. De los 3.195 animales con que contaba, tan sólo 91 sobrevivirían.

Aquí tenéis una imagen del recinto de los elefantes de antes de la guerra, en 1934.




Como muestra de la destrucción sufrida, basta conocer las consecuencias del bombardeo que sufrió la capital germana el 22 de noviembre de 1943. Las bombas incendiarias y los bidones de fósforo arrojados por los bombarderos aliados prendieron fuego a quince de los edificios del parque.

La casa de los antílopes y la de las fieras, el edificio de la administración y el chalé del director ardieron por completo.

Así quedó el recinto de los antílopes:



La casa de los monos, el pabellón de las cuarentenas, el restaurante principal y el templo indio de los elefantes resultaron gravemente destrozados o dañados.

Aquí podéis ver cómo quedó el templo:





Una tercera parte de los animales que, después de haber llevado a cabo un traslado, eran aún dos mil, encontraron la muerte bajo las bombas. Los ciervos y los monos habían quedado en libertad y los pájaros habían huido volando por los techos de cristal rotos. Corrió el rumor de que se habían visto leones merodeando por las proximidades de la iglesia conmemorativa del emperador Guillermo, pero en realidad yacían asfixiados y carbonizados en sus jaulas.

Al día siguiente fueron también destruidos por una mina aérea el edificio ornamental de tres pisos del acuario y el pabellón de los cocodrilos, de treinta metros de largo, con todo el paisaje de selva artificial. Rodeados de trozos de cemento, tierra, fragmentos de cristal, palmeras derribadas y troncos de árbol, los cocodrilos permanecían en el agua o descendían por la escalera de visitantes.

La escena más irreal tuvo como protagonistas a los siete elefantes que murieron a consecuencia del bombardeo, cuyos nombres eran: Wastl, Aida, Jenny II, Indra, Taku II, Birma, Toni III y Lindi.

Otro más, llamado Wastl, tuvo que ser sacrificado con varios disparos tras enloquecer y escapar corriendo. Wastl ya tenía antecedentes violentos -en 1938 había matado a un guardia-, por lo que se consideró que esa opción estaba justificada.

Aquí tenéis a Wastl de pequeño, junto a su madre Cora, en 1932.




Todos ellos tuvieron que ser despedazados allí mismo, ya que no se contaba con los medios para trasladar los pesados cuerpos a otro lugar. Así, en los días que siguieron, los operarios se metían arrastrándose dentro de la caja torácica de los paquidermos, hurgando entre montañas de entrañas.

El único elefante que no pereció en el devastador bombardeo fue uno llamado Siam. Lo podéis ver en la foto que encabeza la entrada.

Los cuerpos de los animales muertos sirvieron de alimento a los berlineses menos escrupulosos. Las colas de cocodrilo fueron cocidas en grandes recipientes; los que las comieron aseguraron que sabían parecido a la carne de pollo. Más éxito tuvieron los jamones y las salchichas de oso, que serían considerados como una exquisitez.

A pesar de los daños causados por aquel bombardeo y otros posteriores, el Zoo de Berlín continuó abierto al público hasta el 20 de abril de 1945. Ese día, las bombas de agua habían dejado de funcionar, al quedar cortada la electricidad.

En los días siguientes, las enormes cantidades de comida que necesitaban los animales, lo que incluía desde carne de caballo y pescado a arroz, trigo e incluso larvas de hormiga, ya no pudieron llegar a las instalaciones. La mayoría de los animales que no habían sido evacuados a otros parques zoológicos de Alemania morirían a consecuencia del asalto final del Ejército Rojo a la capital del Reich.

Cuando el 2 de mayo los soviéticos ocuparon las instalaciones del Zoo, éstas ofrecían un aspecto desolador. Hasta un centenar de bombas de gran potencia habían caído allí, destruyendo jaulas, fosos, restaurantes y hasta salas de cine. Entre las ruinas humeantes del Zoo destacaba la mastodóntica figura del que se reveló como un auténtico superviviente de la Segunda Guerra Mundial: Siam, el único elefante que no había fallecido en el bombardeo de 1943, también había superado la cruenta batalla de Berlín.

Aquí podéis ver a Siam contemplando el cuerpo sin vida de una jirafa:


Gracias al apoyo de los berlineses, para quienes el Zoo era todo un símbolo de la ciudad, las instalaciones volvieron a abrirse al público tan sólo dos meses después del final de la guerra, con el invulnerable Siam como gran atracción.

A pesar de las dificultades para conseguir alimentos en el Berlín de la posguerra, los propios ciudadanos se encargaban de aprovisionar al Zoo con comida para los animales.

Aquí, Siam en una foto de 1945.


El célebre paquidermo merecería un artículo de la revista Life en octubre de 1945.


Siam, el último superviviente, fallecería en 1947, pero no como víctima inocente de las luchas humanas, sino de muerte natural.


domingo, marzo 26, 2017

EL CASI DESCONOCIDO GENOCIDIO CHECHENO A MANOS SOVIÉTICAS




Bien, amigos, como complemento a mi entrada dedicada a la masacre de Khaibakh, creo que sería interesante dedicar otra a lo que sucedió después con el pueblo chechenio. Aunque todos conocemos el genocidio armenio durante la Primera Guerra Mundial, o el judío durante la Segunda, menos se ha oído hablar del que sufrieron los chechenos, así que creo que os puede resultar interesante conocerlo.

Tras la deportación en 1944 de 479.478 chechenos a Siberia y Asia Central(además de 104.146 calmucos, 96.327 ingusetios, 71.869 karachais y 29.407 balkarios), los soviéticos emprendieron un plan sistemático de destrucción de los signos de la historia y cultura chechenas. Se quemaron manuscritos en las lenguas locales, así como tratados religiosos y filosóficos. Se arrancaron las lápidas de los cementerios para emplearlas en la construcción de carreteras y se demolieron las mezquitas.

Se destruyeron torres de vigía de la Edad Media, avanzadas para su época, ya que eran capaces de soportar los seísmos que solían afectar a la región, y contaban además con un sistema de ventilación y calefacción.


Las torres que se salvaron fue debido a que no figuraban en los atlas históricos rusos y, por tanto, no fueron localizadas. Otras construcciones chechenas antiguas eran tan sólidas que resistieron los métodos de demolición.

Los nombres chechenos fueron expurgados de libros, enciclopedias y mapas oficiales. La región sería repoblada con rusos, ucranianos, osetios y georgianos, que ocuparon las casas que habían dejado vacías sus moradores.


Los chechenos, forzados a vivir en aquellas tierras extrañas, sufrían desorientación al haber quedado arrancados de su sociedad tradicional. Muchas familias quedaron separadas para siempre, ya que las unidades familiares se establecieron en función de la casa en la que estaba cada uno en el momento justo de la deportación. Como cualquier desplazamiento debía contar con el permiso de las autoridades, pensar en reunirse con los miembros de la misma familia que habían sido enviados a otras regiones era impensable. Muchas familias se rompieron para siempre.

Además, las autoridades comunistas prohibieron a las poblaciones locales que les prestasen ayuda, quienes les veían todavía como colaboradores del invasor nazi.

Envenenamientos masivos

Durante los primeros años de la deportación, como mínimo hasta 1949, las autoridades soviéticas llevaron a cabo un ambicioso plan de envenenamiento de la población chechena1. En los documentos secretos que hacían referencia a ese plan, y que vieron la luz en 1995, los diferentes venenos con los que era contaminados los alimentos destinados a su consumo eran denominados “comidas sorpresa”.

Según esos documentos, se desarrollaron numerosas “recetas” con ese diabólico fin. Por ejemplo, para envenenar un kilo de harina se requería tan sólo un gramo de arsénico blanco. Para emponzoñar diez kilos de sal, debían emplearse diez gramos. Otro veneno, la sal de arsénico-sodio, era recomendada para añadirla al azúcar, en una proporción de diez gramos por cada kilo de azúcar. Un gramo de esa sustancia era suficiente para envenenar un litro de agua.



La tesis del envenenamiento masivo vería apoyada por el testimonio de los integrantes de otros grupos étnicos que también sufrieron el exilio en aquellas lejanas tierras. Todos ellos se sorprendían que individuos chechenos aparentemente fuertes y sanos cayesen enfermos y murieran rápidamente. Según esos testimonios, pudieron ser miles los chechenos que fallecieron de esa manera.

Según las cifras manejadas entonces por los soviéticos, entre 1944 y 1948 murieron 144.704 personas entre todos los grupos étnicos. Sin embargo, la mayoría de historiadores coinciden en que esas cifras no reflejan la realidad; según cálculos más fiables, sólo entre los chechenos habría que contar una cifra de muertos entre 170.000 y 200.000 en ese mismo período de tiempo, lo que representa entre un tercio y la mitad de los deportados.

Regreso a Chechenia

Los chechenos no pudieron volver a su tierra de origen hasta 1957, después de que el entonces Primer Secretario del PCUS Nikita Kruschev reconociese en febrero de 1956 la draconiana medida tomada en su día por Stalin, aunque fuera mediante el típico eufemismo oficial soviético: "La deportación de todos los chechenos e ingusetios no había contribuido a reforzar la unidad del Partido".

Tras la rectificación emprendida por Khrushev en el marco de la desestalinización, los chechenos pudieron emprender así el ansiado regreso. Muchos se llevaron con ellos los huesos de sus seres queridos para inumarlos en su tierra.

Pero, como es de imaginar, el ansiado regreso del exilio no fue el que largamente habían soñado, ya que los deportados se encontraron sus casas ocupadas por los colonos. Los nuevos habitantes se mostraron lógicamente contrarios al regreso de los chechenos, por temor a que reclamasen sus antiguas propiedades.

Por su parte, los recién llegados se vieron obligados a gastar sus escasos ahorros en comprarse una casa, y algunos consiguieron adquirir a sus nuevos propietarios la que había sido su hogar. Pero hubo otros que no estaban dispuestos a renunciar a su casa ni a tener que pagar por ella, por lo que lograron recuperarla amenazando a sus ocupantes con emplear la fuerza. La llegada de los chechenos acabó provocando disturbios en Grozny y la población foránea llegaría a bloquear la estación para que no llegasen más trenes.


Además, muchas de las aldeas de montaña habían sido arrasadas, por lo que sus antiguos habitantes tuvieron que adaptarse a la llanura, un medio de vida ajeno a su tradición. Igualmente, la pérdida masiva de vidas entre los ancianos rompió una rica tradición oral que se había mantenido viva durante siglos, causando un daño irreparable a la cultura chechena.

Algunos, incapaces de reconocer la región en la que habían vivido doce años atrás, y profundamente dolidos por ese recibimiento hostil en su propia tierra, emprendieron el camino de vuelta a los lugares en donde habían estado exiliados.

No sería hasta 1991 cuando el gobierno de Moscú rehabilitó oficialmente al pueblo checheno, reconociendo que las acusaciones de colaboracionismo con los nazis que habían llevado a su deportación en 1944 eran falsas. El 26 de febrero de 2004, la Asamblea plenaria del Parlamento Europeo reconoció la deportación sufrida por el pueblo checheno como un acto de genocidio.

jueves, marzo 23, 2017

¡GRACIAS, ARGENTINA, MÉXICO Y COLOMBIA!




Bien, amigos, en mi casa siempre se ha dicho que "de bien nacidos es ser agradecidos", así que vamos allá.

Os cuento que, para los juntaletras, el mes de marzo es como el mes de mayo en las temporadas de fútbol. Los equipos recogen el premio o el castigo de lo que hayan hecho a lo largo de la temporada. Hay quien gana la Champions, se clasifica para la Europa League, se salva en el último partido o desciende al infierno de Segunda.

Así que ahora los autores vamos recibiendo de las editoriales los datos de las ventas conseguidas a lo largo de 2016, en el que se ve el fruto de nuestro trabajo. Ahí, negro sobre blanco y cuantificado al céntimo, se ve si un libro en el que no confiabas mucho ha funcionado, si aquel libro que escribiste hace años sigue vendiéndose muy bien o si aquel otro que te costó tanto esfuerzo escribir ha sido ignorado por los lectores...

Pues, entre las cifras que me han llegado, en las que hay un poco de todo lo que he apuntado, me ha sorprendido muy positivamente la extraordinaria acogida que ha tenido en Argentina, México y Colombia el libro que he publiqué en 2015 con Planeta, PEQUEÑAS GRANDES HISTORIAS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.




Resulta que el libro se ha vendido muy bien en estos países, lo que me ha cogido hasta cierto punto por sorpresa. Normalmente, un indicador fiable del probable éxito de un libro es la cantidad de mails que recibo por parte de los lectores. En este caso me habían llegado bastantes pero no esperaba que se tradujese en ventas de este modo.

Porque una cosa es conseguir likes o retuits y otra muy distinta que alguien decida rascarse el bolsillo para adquirir tu obra. Hay algunos estudios al respecto que demuestran que, salvo algunas excepciones, las redes sociales no hacen vender libros.

Con un mundo virtual en el que tenemos tan a la mano -¡y gratis!- tantos diarios digitales, videos, textos o blogs -sin hablar ya de las descargas ilegales-, el que haya personas que decidan pasar por caja para leer lo que has escrito en la soledad de tu estudio te da una sensación muy satisfactoria. Pero también supone una carga de responsabilidad para no decepcionarles en esa inversión que acaban de hacer en ti, en vez de hacerla en comprar un surtido de quesos y una buena botella de vino, por ejemplo.



Por lo tanto, quiero desde aquí agradecer a los lectores argentinos, mexicanos y colombianos su gran apoyo. Al parecer, también llegan de algún modo u otro mis libros a Chile, Venezuela, Perú, Uruguay e incluso Estados Unidos, ya que me llegan mails de lectores de allí, por lo que hago extensivo a todos ellos el agradecimiento.

Capítulo aparte merece Brasil, en donde se han venido traduciendo al portugués varios títulos míos desde hace años, y parece ser que funcionan bien, pero en este caso no dispongo de ninguna cifra. Pues un saludo para ellos también.

¡Muchas gracias por vuestra confianza, ahí estamos!




martes, marzo 21, 2017

LA MASACRE DE KHAIBAKH: CUANDO LOS SOVIÉTICOS PRENDIERON FUEGO A UN ESTABLO CON 702 CHECHENOS DENTRO



Bien, amigos. Ya sabéis que cuando tardo en subir una entrada es porque estoy bastante liado, y así es. Estoy ultimando el libro que debe salir en otoño.

Pues en este libro voy a dedicar un capítulo a una masacre poco conocida. Seguramente a la mayoría de vosotros no os sonará de nada el nombre de Khaibakh, y es normal.

Pero comencemos por el principio...

Como sabéis, aprovechando el río revuelto de la Segunda Guerra Mundial, Stalin puso en práctica una política de redistribución étnica de la Unión Soviética, lo que traducido quiere decir que inició una vasta política de deportaciones. El pueblo que sería el triste protagonista de la matanza de Khaibakh sería el checheno, quien junto a ingusetios, karachais, calmucos y balkarios sería deportado en masa a Asia Central y Siberia a principios de 1944.

El encargado de la operación sería nuestro viejo conocido Lavrenti Beria, el jefe de la policía política del régimen soviético, el NKVD.

Beria debía completarla en apenas unos días; para ello, además de con el personal de su siniestra organización, contaría con la colaboración del Ejército Rojo, indispensable para coordinar semejante movimiento de población en tan cortísimo espacio de tiempo. Se calculó que la ejecución del plan iba a costar unos 150 millones de rublos, el coste de unos setecientos tanques T-34.

La operación se lanzó el 23 de febrero de 1944, el mismo día que se celebraba el Día del Ejército Rojo. Para participar de los actos, todos los hombres chechenos fueron convocados a las sede del soviet local de sus respectivas poblaciones.

Todos los hombres acudieron voluntariamente, sin sospechar nada. Una vez concentrados en las sedes, se les comunicó que estaban acusados de traición y colaboracionismo con los alemanes, y que serían deportados. A sus familias se les permitió coger lo indispensable para un viaje "de dos días".



Cerca de medio millón de chechenos se vieron obligados a dejar sus hogares y dirigirse a un destino incierto, en Siberia, Kazajistán, Uzbekistán y Kirguistán. En total, se emplearon 180 trenes especiales en la operación. No se les proporcionaría comida ni agua, por lo que tuvieron que sobrevivir con los víveres que habían cogido al salir de casa. A los pocos días, ya no les quedaba nada de comer. Cuando el tren hacía una parada, se les permitía bajar a recoger nieve y así poder beber. El trágico trayecto, que duraría varias semanas o un mes, se cobraría decenas de miles de víctimas.

Los que iban muriendo por el camino ni siquiera pudieron ser enterrados por sus familiares; para no perder tiempo, los soldados arrojaban los cadáveres al lado de las vías del tren. Con el fin de evitar ese denigrante final, muchos familiares preferían disimular dentro del vagón los cuerpos sin vida de sus seres queridos, escapando así de las inspecciones regulares de los soldados, para poder proporcionarles un entierro digno al llegar al destino.




La expulsión de aquellos que vivían en las regiones montañosas de difícil acceso tendría que esperar unos días más. Al ser pleno invierno, la nieve obstaculizaba los caminos, por lo que no le resultaría fácil a los soviéticos desplazarse hasta allí. La operación en la región de Galanchozh había quedado bajo el mando del general Mijail Maksimovich Gvishiani.

El 27 de febrero de 1944, las tropas soviéticas llegaron a la aldea de Khaibakh y obligaron a todos sus habitantes a salir de sus casas y reunirse en la plaza. A pesar de que entonces estaba cayendo una copiosa nevada, a los que eran capaces de caminar varios kilómetros sobre la nieve se les ordenó que se pusieran en marcha para dirigirse a la estación de ferrocarril más próxima. El problema para el general Gvishiani era trasladar al resto, un total de 702 personas, entre las que había mujeres con niños pequeños -incluyendo dos recién nacidos-, enfermos, inválidos y ancianos. Era impensable poner a caminar decenas de kilómetros a ese contingente, o esperar a que mejorase el tiempo.

Pero las órdenes recibidas desde Moscú eran precisas y tajantes; había que vaciar la región de chechenos, y de manera inmediata. Según una consigna verbal de Beria, los chechenos “no transportables” debían ser liquidados en el mismo lugar. Seguramente, el temor a quedar en el punto de mira de Moscú en el caso de fracasar en su misión llevó al obediente general a apostar por la opción más drástica.



Gvishiani ordenó llevar a aquellas personas a un enorme establo que había a las afueras de la aldea, amontonar alrededor heno seco y empaparlo con gasolina. Se emplazaron ametralladoras frente a la puerta.

Uno de los soldados presentes ese funesto día en Khaibakh, Dziyaudin Malsagov, recordaría años más tarde lo que ocurrió a continuación:

"Cerramos el establo y luego le pegamos fuego. Se escuchaban gritos desesperados de mujeres y niños. La gente consiguió echar la puerta abajo. Entonces recibimos la orden de disparar con ametralladoras a los que intentaban salir, de manera que la puerta se quedó bloqueada por sus cadáveres y los demás murieron quemados vivos".



La noticia del horrendo crimen comenzó a correr por los pueblos del resto de la región; de los que todavía no habían recibido la visita de los soldados soviéticos partieron grupos de lugareños para comprobar si era cierto.

Uno de los hombres que acudió a Khaibakh fue Saydkhasan Ampukayev, cuyo testimonio nos acerca el horror que se vivió allí:

“Escuché que habían quemado gente viva en Khaibakh. Aunque estaba un poco lejos de nuestra aldea, al otro lado de la montaña, fui hacia allí con varios vecinos. En el pueblo no quedaba nadie con vida. Cuando llegamos allí, vi algo que no puede describirse con palabras. Había visto muchas cosas a lo largo de mi vida, pero aquello era increíble. La gente estaba totalmente quemada. El techo del establo se había desplomado sobre aquellos cuerpos. Podías ver cráneos quemados y rotos, trozos de cuerpos..."

"Al principio no queríamos moverlos -continúa Ampukayev-, pero pronto decidimos que había que sacar los cadáveres. Improvisamos una camilla y comenzamos a sacarlos de allí. Recogimos fragmentos de piernas, cabezas y otras partes, no había ningún cuerpo completo. Reconocimos a un hombre llamado Tutu Gayev; su cara y su barba eran reconocibles, pero su cuerpo estaba totalmente quemado. Sacamos todos los restos y los llevamos hasta un riachuelo cercano. Allí cavamos una zanja y comenzamos a enterrarlos. Tuvimos que abrir tres zanjas más. Nos llevó tres días enterrar todos los cadáveres”.



Aquí tenéis una reconstrucción cinematográfica de lo que ocurrió aquel día:





Aunque en el video dice que la fecha de la masacre fue el 23 de febrero, en todas las fuentes aparece el día 27.


Aquí tenéis otro video que conmemora la matanza de Khaibakh, en el que aparece la fecha correcta:





El éxito de Gvishiani en su misión le llevó a ser felicitado personalmente por Beria. A su vez, Beria recibiría los correspondientes parabienes de Stalin cuando presentó su informe el 29 de febrero, en el que le comunicaba que la totalidad del pueblo checheno había sido deportado en apenas una semana.

La historia completa de la masacre de Khaibakh, así como de la deportación chechena -que se prolongaría hasta 1957-, la podréis encontrar en mi próximo libro, aunque para leerla tendréis que esperar todavía un poco...