viernes, junio 05, 2020

LA ESPAÑA DEL CORONAVIRUS, COMO SI HUBIESE SIDO BOMBARDEADA DURANTE OCHO MESES POR LA LUFTWAFFE




Bien, amigos, espero que os encontréis todos bien. Por mi parte estoy perfectamente, dando el último toque a mi próximo libro, que todavía no sé cuándo saldrá. La editorial tiene intención de publicarlo este mismo otoño, pero ya sabemos que las cosas cambian de un día para otro, así que aún no está confirmado.

Lo que puedo adelantaros es que éste será el mejor libro que he escrito, y los que me conocéis sabéis que no suelo decir eso de mi último libro para promocionarlo. Esta obra es realmente excepcional, seguro que vais a disfrutar mucho con las historias que ahí explico.

Afortunadamente, mis apocalípticos augurios sobre la crisis alimentaria que nos esperaba por el coronavirus no han sucedido, al menos de momento, y el aprovisionamiento de alimentos parece garantizado durante bastante tiempo. De todos modos, los epidemiólogos alertan de que en otoño-invierno el virus, después de tomarse unas vacaciones en verano, puede regresar incluso con más fuerza, como lo hace el virus de la gripe estacional, así que quizás sea precipitado afirmar que el peligro ha pasado.




Pues, como uno siempre tiene en su pensamiento la Segunda Guerra Mundial, cuando hace un par de días los medios informaron de que los fallecimientos reales a consecuencia del coronavirus en España han podido ser de 44.000 personas, enseguida recordé que esa fue aproximadamente la cifra de muertos que provocó en Gran Bretaña la campaña de bombardeos llevaba a cabo por la Luftwaffe sobre objetivos civiles entre el 7 de septiembre de 1940 y el 21 de mayo de 1941: entre 40.000 y 43.000 según las fuentes.




Extrapolando a muestro país lo sucedido en Gran Bretaña a lo largo de esos ocho meses en apenas tres meses, sería como si durante este tiempo, por ejemplo, Madrid hubiera sido bombardeada en 71 ocasiones (57 noches consecutivas); Barcelona, Sevilla y Valencia ocho veces; Zaragoza seis; Bilbao cinco; Málaga cuatro; Vigo y Santander tres, y ocho ciudades más hubieran sido atacadas una vez.




¿Qué conclusiones podemos extraer de este paralelismo?

A pesar de la pérdida de ese gran número de personas, podríamos decir que el ánimo de la población española no se ha visto afectado, a tenor de la velocidad con la que se han llenado las terrazas y se han comenzado a organizar barbacoas en cuanto la fase de desescalada lo ha permitido. Esto coincidiría con el modesto impacto de la campaña de bombardeos sobre la moral británica, que no se vio afectada.

Por otro lado, extraña que una cifra de fallecidos tan alta en tan poco tiempo, en el caso de España, haya sido asimilada en general de forma tan poco traumática. Esto podría ser explicado por esa sentencia falsamente atribuida a Stalin de que "un muerto es una tragedia, pero un millón de muertos es una estadística". O quizás no habría que acudir al padrecito Stalin, sino quedarnos en el refranero español: "El muerto al hoyo y el vivo al bollo".


jueves, mayo 07, 2020

¿CUÁNDO HAY QUE CONMEMORAR EL FINAL DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL EN EUROPA O "VE DAY"?



Bien, amigos, aquí estamos de nuevo. Espero que estéis todos bien.

Por mi parte, aquí sigo trabajando en mi nuevo libro, que debería salir este otoño, pero que ya me hago la idea de que, con suerte, no podrá ver la luz hasta la primavera que viene...

Para un juntaletras, acostumbrado a trabajar en casa, este confinamiento no representa un cambio de vida demasiado profundo, pero he aprovechado para remodelar mis rutinas y comenzar a aprender alemán, algo que tenía pendiente desde siempre; resulta imperdonable hablar tanto de Alemania y no desenvolverme mínimamente en la lengua de Goethe, así que me he puesto manos a la obra y de momento estoy progresando más de lo que auguraba, teniendo en cuenta su aparente dificultad.

Pues vamos con una entrada para conmemorar el 75º aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial en Europa o "VE Day".

Para muchos de vosotros esta entrada resultará superflua, ya que conocéis de sobra por qué no hay una fecha clara e inequívoca para este efeméride, pero he podido comprobar que hay bastante gente interesada en la Segunda Guerra Mundial que no lo tiene tan claro, así que vamos a explicarlo.


Como sabéis, existen tres fechas en las que se celebra el final conflicto en Europa: el 7, el 8 y el 9 de mayo.

La razón de esta confusión hay que buscarla en el propósito de Estados Unidos de no enemistarse con los soviéticos, pese a las continuas exigencias de Stalin. Pero retrocedamos en el tiempo, al momento en el que los alemanes se vieron forzados a admitir su derrota y aceptar la rendición incondicional.

Tras el suicidio de Hitler el 30 de abril de 1945, el almirante Karl Dönitz se convirtió en Jefe del Estado, tal como figuraba en el testamento del Führer, en el que el máximo responsable de la Kriegsmarine pasaba a ser presidente del Reich y comandante supremo de las fuerzas armadas. Dönitz, en uso de sus atribuciones, envió el 4 de mayo a dos representantes al cuartel general del mariscal Montgomery para negociar la rendición. El famoso militar inglés les indicó que para formalizar la rendición debían acudir al cuartel de Eisenhower, en la ciudad francesa de Reims.

Se avisó a la prensa para que estuviera atenta al momento histórico de la rendición de Alemania. Para ello se escogieron a 17 corresponsales y se les trasladó a Reims en avión. Como los representantes aún se encontraban enfrascados en las negociaciones, se exigió a los periodistas discreción absoluta hasta el momento en el que se firmase el documento.

Esto no ocurrió hasta las 2:41 h de la madrugada del lunes 7 de mayo, hora en la que estampó su firma el general Alfred Jodl en nombre del Ejército alemán. Representando a los aliados occidentales firmó el general norteamericano Bedell Smith, y el general Ivan Susloparov en nombre de las fuerzas soviéticas. Como testigo firmó el general francés François Sevez.


Una vez concluido el acto, a los periodistas se les dijo que esperasen el momento indicado para transmitir al mundo la noticia. A las cuatro de la madrugada se les comunicó que no podrían decir nada hasta las tres de la tarde del martes. Es decir, tendrían que esperar treinta y seis horas.

Naturalmente, los periodistas se indignaron y no entendieron el porqué de esa censura informativa. La explicación había que buscarla en las altas esferas. Desde Washington se habían dado órdenes precisas de retrasar el comunicado de la noticia, para hacerla coincidir con otra ceremonia de rendición que se iba a celebrar el martes en Berlín, en la zona ocupada por los soviéticos.

Los corresponsales no compartían estas razones, considerando que la rendición había sido incondicional y el representante soviético había firmado su aceptación, así que no consideraban necesarias más ceremonias. Sin embargo, fueron puestos bajo vigilancia y se les prohibió hacer pública la noticia hasta que no lo hiciese el mando supremo aliado.

Durante la tensa espera, se extendían por todo el mundo los rumores que hablaban de la rendición, aunque nadie tenía noticias del acto celebrado en Reims. Pero a las dos de la tarde del lunes, una emisora alemana proclamaba la rendición incondicional, aunque sin dar más detalles.

Entonces, un periodista norteamericano de los que había asistido al acto de la rendición, Edward Kennedy -sin relación de parentesco con los Kennedy- , decidió que el mundo debía conocer de una vez la noticia más esperada de toda la guerra.


Así pues, el audaz reportero burló la vigilancia, se hizo con una línea telefónica militar, llamó a la oficina de la agencia de noticias de United Press en Londres y explicó con detalle la ceremonia de rendición.

Desde la capital británica se transmitió de inmediato la noticia a todo el mundo y los periódicos se dispusieron a sacar a la calle una edición especial anunciando la victoria en Europa. A partir de aquí estalló un escándalo de enormes proporciones; la agencia fue suspendida y los teléfonos fueron cortados, mientras que el resto de agencias se mostraron muy indignadas porque no habían podido recibir ninguna comunicación. Pero lo más importante era que el mundo sabía ya que la paz había llegado a Europa y por todas partes hubo grandes manifestaciones de júbilo.

Kennedy fue desposeído de su credencial de corresponsal de guerra, una decisión que fue aplaudida por sus colegas, que consideraban que había faltado al compromiso que todos habían adquirido de no dar la noticia hasta recibir el permiso oficial, para disfrutar así del honor de informar de aquella trascendental primicia.


Pero Kennedy, que había actuado motivado por la defensa de la libertad de prensa, no quiso que su nombre quedase manchado por esa acción que él consideraba legítima, por lo que forzó la celebración de un juicio en su país. Durante la vista, se demostró que el mando supremo aliado había dado permiso a la emisora de radio alemana para comunicar la noticia, por lo que se entendía que los corresponsales quedaban ya liberados de mantenerla en secreto por más tiempo.

El periodista, apoyado por la opinión pública norteamericana, fue rehabilitado, aunque nunca conseguiría el respeto y la comprensión de sus compañeros de profesión, que lo seguirían considerando como un traidor a la ética periodística. Curiosamente, Edward Kennedy fallecería en 1963, el mismo año en el que su homónimo el presidente John F. Kennedy fue asesinado.

Tras la confusión provocada por el adelanto de la noticia, se confirmó el motivo del retraso en la comunicación. Efectivamente, los rusos, aduciendo que el general Susloparov había firmado la rendición de Reims sin contar con el permiso oficial de Moscú, habían exigido que no se conociese la rendición hasta el acto que iban a celebrar en Berlín al día siguiente, 8 de mayo, para ofrecer la sensación de que ésta era la ceremonia válida. Al principio los occidentales se negaron, pero al final admitieron participar en ese acto para no enemistarse con el siempre susceptible Stalin.

Aunque la noticia se supo antes de la teatral representación de Berlín, los soviéticos no vieron arruinada su pretensión de parecer los únicos vencedores, al menos entre sus compatriotas. Lo resolvieron a la manera de Stalin, cortando por lo sano: la controlada prensa rusa sólo informaría de la ceremonia berlinesa y no publicó ni una palabra sobre la de Reims.


El mariscal Wilhelm Keitel (arriba) firmó la rendición incondicional de Alemania ante las potencias aliadas a las 22:43 h del 8 de mayo. Sin embargo, la diferencia horaria entre el centro de Europa y Moscú haría que en la capital rusa fueran ya las 0:43 del 9 de mayo cuando el representante del Reich estampó su firma en el documento de rendición.

Por lo tanto, desde entonces, el 9 de mayo se conmemora el Día de la Victoria, siendo festivo en Rusia, Ucrania y en la mayoría de antiguas repúblicas soviéticas, mientras que en occidente el Día de la Victoria en Europa se celebra el 8 de mayo.


domingo, abril 05, 2020

LA DIETA DEL VIETCONG PARA SUPERAR LA FUTURA CRISIS DE ALIMENTOS POR EL CORONAVIRUS



Bien, amigos, aquí estamos ya a punto de comenzar la cuarta semana de confinamiento.

Espero que estéis bien, por mi parte aquí sigo escribiendo mi libro que debería ser publicado en otoño, aunque ya me estoy mentalizando de que, con suerte, quizás esté en las librerías en la primavera del 2021, si es que todavía existe el mundo tal como lo conocemos.

A la entrada del pasado domingo, un lector en mi Página Oficial de Facebook me respondió que echaba en falta consejos de supervivencia. Naturalmente, yo, siendo como soy un modesto juntaletras, no tengo ninguna capacitación especial para dar consejos de ese tipo, pero le he estado dando vueltas a la cabeza y, al final, he decidido compartir con vosotros mi visión del asunto, por si a alguien le puede resultar de utilidad.

Como decía en aquella entrada, parto de la base de que es inevitable una crisis de desabastecimiento y, por tanto, de alimentos.

Por lo pronto, he intentado hacer una compra online en Mercadona y ya había productos no disponibles, como papel higiénico, guantes de nitrilo, lejía o cepillos de dientes. Ignoro si las tiendas físicas están abastecidas (si me aventuro a ir será con mi máscara antigás checa), pero al menos online ya aparecen agotados. También intenté hacer un pedido en Carrefour y los arroces de precios más asequibles ya estaban agotados también.

No olvidemos que las restricciones a la producción llevan tan sólo un par de semanas; ¿qué sucederá si se prolongan dos, tres o seis meses?

Por tanto, todavía estamos a tiempo de hacer algo, aunque ese tiempo esté corriendo ya en nuestra contra, hasta que ya no haya margen de actuación.

Lo primero y más esencial es proveerse de suficiente comida. Desde que hace unos años hice la famosa dieta Dukan, me intereso por la nutrición. Y de lo que he podido averiguar, el alimento ideal para que forme el núcleo duro de nuestra reserva de alimentos es el ARROZ.




El arroz es barato, fácil de cocinar y, sobre todo, en la práctica no caduca nunca. Puede ser la base de una comida diaria con apenas 100 gramos por persona. Si compramos 100 kilos de arroz, apenas nos costará 90 euros. Para una familia de cuatro personas, esos 100 kilos de arroz no darán para comer durante más de ocho meses.

Pero eso es en el supuesto de que tengamos más alimentos disponibles. Si la crisis se agrava y tenemos que hacer del arroz la base casi exclusiva de nuestra dieta, necesitaríamos unos 570 gramos de arroz para cubrir las 2.000 kcal que gasta el organismo en reposo absoluto. En este caso, esos 100 kilos de arroz se nos agotarían en menos de un mes y medio, por lo que no sería mala idea incrementar esa cantidad almacenada.

¿Es posible alimentarse sólo de arroz?

Es evidente que no es aconsejable, pero es perfectamente posible. Como historiador, no he podido resistir acudir a la historia para investigar, y lo primero que viene a la mente es, claro está, el Vietcong.


Un soldado del Vietcong consumía 750 gramos de arroz diarios, complementados con una cantidad variable de mandioca o de verduras, que podía oscilar entre 300 y 900 gramos. También comían cacahuetes silvestres, además de pescado o carne cuando les surgía la oportunidad de conseguirlos, que podía llegar a 2 kilos al mes. Pero ojo, esa cantidad de comida era para soldados, que requieren un gran aporte calórico, por lo que les aportaban unas 4.100 calorías diarias. Si estamos confinados, es decir, en reposo, necesitaríamos la mitad.

En nuestro caso, podemos complementar esa cantidad de arroz con legumbres como judías o lentejas, que también pueden conservarse durante décadas. Otra opción son las latas de judías (a mí me encantan las Heinz), que en la práctica tampoco caducan.

Otro alimento que puede resultar muy útil en esas circunstancias que esperemos que no lleguen es la crema de cacahuete. A mí no me gusta, pero proporciona un gran aporte calórico y con su grasa complementa perfectamente el arroz, como ya intuían los soldados del Vietcong recogiendo esos cacahuetes silvestres.




Como normalmente no tenemos mandioca a nuestra disposición, podemos sustituir ese alimento fundamental del Vietcong con nuestras omnipresentes patatas, que son el tubérculo que contiene más proteínas. No obstante, tienen un problema, que duran sólo un mes en la despensa, aunque de tres a cuatro meses en la nevera. Por tanto, yo aconsejaría hacerse con una gran cantidad de puré de patatas en copos, que puede conservarse indefinidamente, como cualquier alimento liofilizado.

Pues, como veis, los soldados del Vietcong seguían una dieta frugal pero completa, lo ideal para sortear estos tiempos del coronavirus si la cosa se pone realmente fea.

Por último, recomendaros el alimento que se conserva más tiempo: la miel. Su duración es literalmente de miles de años, como lo atestigua la que se ha encontrado en yacimientos arqueológicos egipcios, que sigue siendo perfectamente comestible. Pero una cosa, ha de ser miel de verdad, de la que cristaliza, no de esa miel china que invade nuestros supermercados, ya que no es miel pura.

Espero que nunca tengamos que seguir la dieta Vietcong, aunque yo siempre soy partidario de esperar lo mejor pero prepararse para lo peor.

domingo, marzo 29, 2020

LO QUE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL NOS ENSEÑA SOBRE EL CORONAVIRUS (AUNQUE ESPERO ESTAR EQUIVOCADO)





Bien, amigos, he intentado mantenerme un poco al margen de lo que está ocurriendo, pero ha llegado el punto en que eso resulta insostenible, así que me veo forzado, sin que sirva de precedente, a echar mi cuarto a espadas.

En primer lugar, espero que tantos vosotros como vuestras familias estéis todos bien.

En cuanto a mi cuarentena, aquí sigo escribiendo el que será mi próximo libro, que se supone que debe salir en otoño, pero obviamente ahora está todo en el aire. Ya veremos cuándo podrá salir a la venta, pero os puedo adelantar que éste será probablemente, o casi seguro, mi mejor libro. Pero ya habrá tiempo de hablar de él.

Por otro lado, justo antes de esta crisis había salido a a venta la tercera edición de ESO NO ESTABA EN MI LIBRO DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, publicado por Almuzara.




También estaban a punto de salir mis libros publicados con Nowtilus, como ENIGMAS Y MISTERIOS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, HISTORIAS ASOMBROSAS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL y OPERACIONES SECRETAS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, en una nueva edición en color. Con el cierre de las librerías, sólo queda la opción de adquirirlos por internet, así que no sé cómo habrán quedado estos planes.

La verdad es que no me apetece mucho hablar del coronavirus, ya que todo ahora gira en torno a ello -acabo de comprar el periódico y monopoliza el 95% del contenido-, y tampoco veo fácil decir algo nuevo con un mínimo de interés, pero aun así lo intentaré.

Para los que "vivimos" en la Segunda Guerra Mundial, muchos aspectos de la actualidad son vistos, por deformación profesional, desde ese punto de vista, intentando trazar comparativas y paralelismos, y tratando de vislumbrar el futuro aplicando las enseñanzas que podemos extraer de aquella contienda.

Ahora no es una excepción, así que me han llamado la atención dos comparaciones, aunque podrían ser algunas más, pero creo que éstas son las más relevantes.



La primera es que la lucha contra esta pandemia es lo más parecido a una guerra, y una guerra total. Eso lo han entendido los chinos, y los resultados no se han hecho esperar, consiguiendo controlar los contagios y el número de muertos, que es inferior al que ya existe en España.

En la Segunda Guerra Mundial tuvieron éxito los que más pronto vieron que se trataba, en efecto, de una guerra total. Estados Unidos, que contaba con apenas 100.000 soldados en 1941, movilizó más de diez millones de soldados y puso a toda su industria, y todos sus recursos, a trabajar para el esfuerzo de guerra. Todos sabemos que eso no se dio en Alemania. Ante la perspectiva de una contienda corta, y para evitar sacrificios a la población, no se implantó una auténtica economía de guerra; en 1940 tan sólo el 19 por ciento de la producción era armamentística, y menos del 18 por ciento del acero se destinaba a fabricar carros de combate. La guerra total no se implantó en Alemania hasta bien entrado 1943 y su industria de guerra no estuvo funcionando a pleno rendimiento hasta finales de 1944, cuando ya era demasiado tarde.

La comparativa con algún caso próximo es tan evidente que resulta innecesaria.

Hay que destacar el caso de Argentina, que sí ha puesto en marcha esa guerra total al virus desde el primer momento. Por contra, Gran Bretaña ha actuado tarde y mal, lo que me ha supuesto una gran decepción; yo era un admirador de Boris Johnson después de leer su excelsa biografía de Churchill, a quien se supone que quería emular, pero, a la vista de su errática actuación, está claro que ha desaprovechado esa oportunidad histórica. El virus de la mediocridad política está más extendido de lo que nos temíamos.




La segunda comparación es más arriesgada e inquietante. En las grandes crisis bélicas -y la de esta pandemia así es- se da una constante. Sus contemporáneos siempre pensaban que iba a durar poco. En la Primera Guerra Mundial, todos estaban convencidos de que los soldados volverían a casa por Navidad, después de haber tomado París o Berlín. Igualmente, cada gran ofensiva que se lanzaba iba a ser la última. Todos sabemos que esos cálculos resultarían inexactos.

Igualmente, en la guerra civil española, en los primeros días y semanas daba la sensación de que todo se acabaría en poco tiempo, pocos pensaban que la guerra se prolongaría casi tres años.

En la Segunda Guerra Mundial, tras la caída de Francia, los alemanes pensaban que la guerra ya estaba prácticamente concluida. La invasión de la Unión Soviética fue recibida con gran preocupación, porque suponía el alargamiento de la guerra, lo que se confirmaría tras el fracaso a las puertas de Moscú. En Japón pensaban que con el golpe en Pearl Harbor el gigante americano ya había sido derrotado...

Seguramente en la Yugoslavia de 1990 nadie se imaginaba lo que estaba a punto de suceder. O en la Siria de 2010...

Las guerras se sabe cuándo se empiezan, pero nunca cuándo acaban. Los ejemplos de guerras que comenzaron y que se han cronificado son abundantes, o que, una vez finalizadas, los países quedan sumidos en un marasmo que se prolonga años y años...




Con esto quiero decir que me parece un gran error pensar que estamos en una crisis -a todos los niveles- que se va a solucionar en apenas unas semanas o un par de meses. Estoy convencido de que lo peor está por llegar, y de que tenemos por delante bastantes meses muy difíciles.

Con la economía totalmente parada, es imposible que pueda continuar el abastecimiento de la población, eso es un hecho incontestable, como las matemáticas. Cuando se acaben los stocks, ¿qué va a suceder? A ello se suma la caída drástica de ingresos de buena parte de la población. No me extrañaría nada que en unos meses se instaure algún tipo de acceso controlado a los alimentos, una especie de cartilla de racionamiento, entre otras medidas restrictivas que ahora desechamos por impensables.

Tampoco creo que estemos muy lejos de los primeros asaltos a supermercados. Estamos a nada de que comiencen los primeros disturbios en Los Ángeles...



Una amiga me recordaba ayer la escena de la película EL PIANISTA (2002) en la que la familia del protagonista se reparte un caramelo. Admitiendo la hipérbole, no sería descabellado comenzar a asumir que podemos encontrarnos más pronto que tarde en situaciones ahora inimaginables (¿alguien se imaginaba esto hace apenas un mes?).

A partir de ahí, no estaría de más tomar las medidas oportunas a título personal para poder enfrentarse mejor a esas situaciones.



Naturalmente, espero estar equivocado en mi análisis y que cuando todo esto pase, con suerte en junio o julio, podáis reíros de mí y mi alarmismo injustificado.


miércoles, marzo 18, 2020

"VIDA OCULTA" (2019): LA PELI DE NAZIS DE TERRENCE MALICK QUE TE PARECERÁ UNA OBRA MAESTRA O UN TOSTÓN INFUMABLE




Bien, amigos, aquí estamos con una nueva recomendación fílmica. En este caso se trata de VIDA OCULTA (2019), dirigida por Terrence Malick.

A los que sois cinéfilos no hace falta que os presente a Malick, un director singular donde los haya, y los que no lo conozcáis basta que os diga que dirigió La delgada línea roja (1998). Yo recuerdo que la vi en su momento en el cine y me pareció una castaña; yo esperaba una película bélica y me encontré un pretencioso y vacío film que vertía sobre el incauto espectador kilos de filosofía de todo a cien.

Desde entonces, he realizado un esfuerzo por tratar de comprender el lenguaje cinematográfico y de aceptar las ideas que quieren transmitir los grandes directores. No sé si será por eso que este nuevo film de Malick me ha parecido una auténtica maravilla, y eso que los críticos la han vapuleado y que la respuesta del público ha sido bastante fría. Pero el cine es algo tan grande que una misma película puede ser para uno una obra maestra y para otro un despropósito.



Desde el punto de vista formal, la cinta merece un diez. Cada uno de los planos que la componen es magistral; la composición, la luz, las sombras, los colores, los movimientos de cámara, los travelling con la steadycam, el omnipresente gran angular, la ambientación... Desde el minuto uno el espectador se ve abrumado por el virtuosismo de un Malick en plena forma, que se nota que ha cuidado obsesivamente hasta el último detalle.

Malick refleja fielmente el mundo rural austríaco, las rutinas de sus habitantes, el paso de las estaciones, pero sobre todo la arrebatadora belleza de esas regiones alpinas. Consigue proporcionarte una experiencia inmersiva. Yo la he visto en la pantalla del ordenador, y ya me ha dejado impresionado; lástima no haberla visto en el cine.

Las imágenes, la banda sonora, los sonidos de la naturaleza... todo hace que te integres en la película, que formes parte de ella. Realmente, terminas con la sensación de que has estado viviendo en esa aldea austríaca.




¿Y la historia? Quizás aquí sea donde el film flaquea un poco. Está basado en la historia real de un objetor de conciencia alemán durante la Segunda Guerra Mundial, pero no os digo el nombre para que no lo busquéis y os enteréis antes de tiempo cómo acaba la película, como me ha pasado a mí.

Quizás Malick se ha concentrado tanto en los aspectos formales que ha descuidado un tanto la historia. Las motivaciones del protagonista para actuar como lo hace no acaban de verse justificadas. De hecho, no hay demasiados diálogos y los personajes apenas intercambian palabras, tenemos que imaginarnos lo que sienten mediante las expresiones de sus rostros -normalmente mostrando una gran congoja interior-, o de sus manos, o como interactúan con los objetos.

Pero creo que lo mejor es entrar en el juego de Malick y dejarse llevar, imaginando lo que pasa por sus cabezas en vez de que él nos lo dé todo masticado, como si fuera una película de Netflix.



En suma, Vida oculta me parece una obra de arte, que espero que algún día obtenga el reconocimiento que merece, aunque también entenderé al que no se sienta aludido por la propuesta de Malick y califique las casi tres horas de metraje de tostón infumable, como me pasó a mí con La delgada línea roja.

El cine personalísimo de Malick no es fácil, por lo que hay que acercarse a esta película, como digo, dejándose llevar, disfrutando de esos planos que te dejan literalmente con la boca abierta y tratando de descubrir el trasfondo de la historia por uno mismo. Si hacéis eso, no tengo duda de que Malick os proporcionará una experiencia tan gratificante como inolvidable.



viernes, febrero 07, 2020

"JOJO RABBIT" (2019): UNA TRAGICOMEDIA SOBRE HITLER Y LOS NAZIS QUE FUNCIONA (Y MUCHO)



Bien, amigos, como estamos a las puertas del fin de semana, es el momento ideal para hacer planes para disfrutar de él. Así que aquí os propongo un planazo, como es ir a ver JOJO RABBIT (2019), película dirigida por el "judío polinesio" Taika Waititi.

Yo fui a verla el pasado sábado con mi hijo. La verdad es que no las tenía todas conmigo. ¿Una comedia nazi? ¿Un niño que tiene como amigo invisible a Hitler? ¿Una niña judía oculta en un desván (qué original)?

Sin embargo, me dio por echar un vistazo a las críticas en Filmaffinity y me encontré con muy buenas notas, incluidos nueves y dieces. Así que dejé a un lado mis prejuicios y me dispuse a descubrirla.

Pues resulta que desde el minuto uno te das cuenta de que has acertado pasando por taquilla. Los títulos de crédito iniciales, con la música de los Beatles de fondo y un Hitler en plan superstar, ya son un efervescente aperitivo a lo que vamos a ver.




La primera parte de la cinta es absolutamente genial. Los chistes y gags se suceden sin respiro, funcionando casi todos ellos. El ritmo cómico recuerda al mejor Billy Wilder. Pero, como no nos encontramos con una comedia pura y dura, el director cambia de registro a mitad del metraje, para pasar a la tragedia. Ese cambio conlleva una cierta caída del ritmo, sin que sepamos muy bien a dónde se dirige la trama, hasta que al final recupera el pulso y lo remata con un final redondo.

La película tiene numerosos puntos fuertes. Uno es el de las interpretaciones. Genial el neozelandés Waititi en su papel de Hitler; decía lo de "judío polinesio" porque él mismo se define así. En efecto, su padre es maorí y su abuelo materno es judío ruso.

Después de ver este film busqué algunos otros trabajos suyos y encontré Lo que hacemos en las sombras (2014), un falso documental sobre unos vampiros que comparten piso en un suburbio de Wellington, en la que dirige y hace el papel protagonista (en la foto inferior). Es una comedia fresca muy ingeniosa que, aunque creo que no acaba de funcionar, ya apunta el humor inteligente que exhibe en esta última película.

También dirigió Thor: Ragnarock (2017), que la tengo lista para visionar también. Así que, si no lo conocíais, aprenderos bien su nombre porque dará mucho que hablar en los próximos años. Seguro que lo contratan para levantar alguna de esas franquicias que corren por ahí, si no lo han hecho ya.



Fantástico el niño Roman Griffin Davis en su papel del niño protagonista, que a mí me recuerda al de El tambor de Hojalata. Buena interpretación también la de la chica, Thomasin McKenzie, que rompe con el estereotipo de la niña-judía-que-se-oculta-de-los-nazis, y que logra una buena química con el niño.

En cambio, aunque ponen por las nubes a Scarlett Johansson por su papel de madre del niño, la verdad es que a mí no me ha acabado de convencer.



Pero es que los secundarios brillan incluso a mayor altura. Hasta el niño gordito con gafas, ese socorrido arquetipo, resulta realmente cómico.



Y la mujer gorda, y los agentes de la Gestapo... Pero, para mí, el que está que se sale es sin duda Sam Rockwell, en un papel desternillante que acaba teniendo una importancia capital.


Total, Jojo Rabbit es una tragicomedia sobre Hitler y los nazis que funciona, y mucho, que logra que salgas del cine con una sonrisa en la cara.

Y, como apuntaba, posee un final redondo, con la famosa canción de David Bowie "Heroes" sonando de fondo... en alemán. Curiosamente, una de mis series favoritas, Regular Show, finalizaba su último capítulo con ese mismo tema, aunque el original del Duque Blanco.

Así que disfrutad de la película y vamos a ver si tiene suerte con los Oscars.


lunes, enero 20, 2020

"1917" (2019): LA "MUY OLVIDABLE" GUERRA DE PIJOTRINCHERAS DE SAM MENDES



Bien amigos, vamos con la primera entrada del año, y comenzamos como terminamos el anterior, con la crítica a una película, en este caso 1917, dirigida por Sam Mendes.

Lo bueno de ir sumando velas a las tartas de cumpleaños es que ves las cosas venir ya de lejos, y no sueles equivocarte. Así, cuando me enteré de que Sam Mendes -un muy buen director, pero de otro tipo de películas- iba a dirigir un film de la Primera Guerra Mundial ya me temía algo así, y no andaba errado.

Pues el sábado fui a verla con mi hijo de catorce años y la verdad es que íbamos como corderos al matadero pero, aun así, había considerado necesario visionarla para poder opinar, y sobre todo después de que varios amigos me la recomendaran entusiásticamente.




Hay que admitir que técnicamente está bien realizada, con ese meritorio falso plano secuencia, pero una película no puede sostenerse únicamente en ese brillante tour de force cinematográfico.

Aunque sea algo que, por desgracia, es necesario recordar en el Hollywood actual, una película ha de tener un guion potente, un argumento que te haga, como mínimo, interesarte por el destino de los personajes. En el caso de 1917, la verdad es que me daba igual si los dos soldados cumplían la misión encomendada. El que uno de los afectados por ese ataque condenado al fracaso por la trampa germana fuera el hermano de uno de los protagonistas se supone que debía aportar el peso dramático, pero a mí me resultó un recurso simple y nada efectivo.

Se supone que debía haber suspense, y que el espectador debía tener el alma en un puño, padeciendo por si al final no se detenía el ataque suicida, pero me cuesta creer que alguien haya tenido ni remotamente una sensación de ese tipo. El único argumento para defender la película parece ser el plano secuencia; en parte es cierto, porque uno de los escasos alicientes es ir detectando los cambios de plano con los sucesivos fundidos en negro.



Y, para colmo, la trinchera desde la que se debe lanzar el ataque final es una auténtica monada. Esa tierra blanquita contrasta de maravilla con un césped digno de Wembley, una pijotrinchera que no puede compararse con aquellas tan desaseadas se veían en Senderos de gloria, dónde va a parar...

Desde el punto de vista histórico, no entiendo cómo se lanza una ofensiva por parte de un grupo aislado, situado más allá de la tierra de nadie (!), cuyas líneas de comunicación -según dicen- han sido cortadas por los alemanes y, además, sin ninguna preparación artillera... Es lo que pasa cuando, en vez de contratar a un asesor histórico (yo les hubiera hecho precio de amigo) preguntan a los expertos en el Yahoo Respuestas.

El mejor resumen es el que me hizo mi hijo cuando salimos del cine: "Muy olvidable". Qué diferencia de cuándo salimos entusiasmados de ver Midway...