domingo, abril 05, 2020

LA DIETA DEL VIETCONG PARA SUPERAR LA FUTURA CRISIS DE ALIMENTOS POR EL CORONAVIRUS



Bien, amigos, aquí estamos ya a punto de comenzar la cuarta semana de confinamiento.

Espero que estéis bien, por mi parte aquí sigo escribiendo mi libro que debería ser publicado en otoño, aunque ya me estoy mentalizando de que, con suerte, quizás esté en las librerías en la primavera del 2021, si es que todavía existe el mundo tal como lo conocemos.

A la entrada del pasado domingo, un lector en mi Página Oficial de Facebook me respondió que echaba en falta consejos de supervivencia. Naturalmente, yo, siendo como soy un modesto juntaletras, no tengo ninguna capacitación especial para dar consejos de ese tipo, pero le he estado dando vueltas a la cabeza y, al final, he decidido compartir con vosotros mi visión del asunto, por si a alguien le puede resultar de utilidad.

Como decía en aquella entrada, parto de la base de que es inevitable una crisis de desabastecimiento y, por tanto, de alimentos.

Por lo pronto, he intentado hacer una compra online en Mercadona y ya había productos no disponibles, como papel higiénico, guantes de nitrilo, lejía o cepillos de dientes. Ignoro si las tiendas físicas están abastecidas (si me aventuro a ir será con mi máscara antigás checa), pero al menos online ya aparecen agotados. También intenté hacer un pedido en Carrefour y los arroces de precios más asequibles ya estaban agotados también.

No olvidemos que las restricciones a la producción llevan tan sólo un par de semanas; ¿qué sucederá si se prolongan dos, tres o seis meses?

Por tanto, todavía estamos a tiempo de hacer algo, aunque ese tiempo esté corriendo ya en nuestra contra, hasta que ya no haya margen de actuación.

Lo primero y más esencial es proveerse de suficiente comida. Desde que hace unos años hice la famosa dieta Dukan, me intereso por la nutrición. Y de lo que he podido averiguar, el alimento ideal para que forme el núcleo duro de nuestra reserva de alimentos es el ARROZ.




El arroz es barato, fácil de cocinar y, sobre todo, en la práctica no caduca nunca. Puede ser la base de una comida diaria con apenas 100 gramos por persona. Si compramos 100 kilos de arroz, apenas nos costará 90 euros. Para una familia de cuatro personas, esos 100 kilos de arroz no darán para comer durante más de ocho meses.

Pero eso es en el supuesto de que tengamos más alimentos disponibles. Si la crisis se agrava y tenemos que hacer del arroz la base casi exclusiva de nuestra dieta, necesitaríamos unos 570 gramos de arroz para cubrir las 2.000 kcal que gasta el organismo en reposo absoluto. En este caso, esos 100 kilos de arroz se nos agotarían en menos de un mes y medio, por lo que no sería mala idea incrementar esa cantidad almacenada.

¿Es posible alimentarse sólo de arroz?

Es evidente que no es aconsejable, pero es perfectamente posible. Como historiador, no he podido resistir acudir a la historia para investigar, y lo primero que viene a la mente es, claro está, el Vietcong.


Un soldado del Vietcong consumía 750 gramos de arroz diarios, complementados con una cantidad variable de mandioca o de verduras, que podía oscilar entre 300 y 900 gramos. También comían cacahuetes silvestres, además de pescado o carne cuando les surgía la oportunidad de conseguirlos, que podía llegar a 2 kilos al mes. Pero ojo, esa cantidad de comida era para soldados, que requieren un gran aporte calórico, por lo que les aportaban unas 4.100 calorías diarias. Si estamos confinados, es decir, en reposo, necesitaríamos la mitad.

En nuestro caso, podemos complementar esa cantidad de arroz con legumbres como judías o lentejas, que también pueden conservarse durante décadas. Otra opción son las latas de judías (a mí me encantan las Heinz), que en la práctica tampoco caducan.

Otro alimento que puede resultar muy útil en esas circunstancias que esperemos que no lleguen es la crema de cacahuete. A mí no me gusta, pero proporciona un gran aporte calórico y con su grasa complementa perfectamente el arroz, como ya intuían los soldados del Vietcong recogiendo esos cacahuetes silvestres.




Como normalmente no tenemos mandioca a nuestra disposición, podemos sustituir ese alimento fundamental del Vietcong con nuestras omnipresentes patatas, que son el tubérculo que contiene más proteínas. No obstante, tienen un problema, que duran sólo un mes en la despensa, aunque de tres a cuatro meses en la nevera. Por tanto, yo aconsejaría hacerse con una gran cantidad de puré de patatas en copos, que puede conservarse indefinidamente, como cualquier alimento liofilizado.

Pues, como veis, los soldados del Vietcong seguían una dieta frugal pero completa, lo ideal para sortear estos tiempos del coronavirus si la cosa se pone realmente fea.

Por último, recomendaros el alimento que se conserva más tiempo: la miel. Su duración es literalmente de miles de años, como lo atestigua la que se ha encontrado en yacimientos arqueológicos egipcios, que sigue siendo perfectamente comestible. Pero una cosa, ha de ser miel de verdad, de la que cristaliza, no de esa miel china que invade nuestros supermercados, ya que no es miel pura.

Espero que nunca tengamos que seguir la dieta Vietcong, aunque yo siempre soy partidario de esperar lo mejor pero prepararse para lo peor.

domingo, marzo 29, 2020

LO QUE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL NOS ENSEÑA SOBRE EL CORONAVIRUS (AUNQUE ESPERO ESTAR EQUIVOCADO)





Bien, amigos, he intentado mantenerme un poco al margen de lo que está ocurriendo, pero ha llegado el punto en que eso resulta insostenible, así que me veo forzado, sin que sirva de precedente, a echar mi cuarto a espadas.

En primer lugar, espero que tantos vosotros como vuestras familias estéis todos bien.

En cuanto a mi cuarentena, aquí sigo escribiendo el que será mi próximo libro, que se supone que debe salir en otoño, pero obviamente ahora está todo en el aire. Ya veremos cuándo podrá salir a la venta, pero os puedo adelantar que éste será probablemente, o casi seguro, mi mejor libro. Pero ya habrá tiempo de hablar de él.

Por otro lado, justo antes de esta crisis había salido a a venta la tercera edición de ESO NO ESTABA EN MI LIBRO DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, publicado por Almuzara.




También estaban a punto de salir mis libros publicados con Nowtilus, como ENIGMAS Y MISTERIOS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, HISTORIAS ASOMBROSAS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL y OPERACIONES SECRETAS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, en una nueva edición en color. Con el cierre de las librerías, sólo queda la opción de adquirirlos por internet, así que no sé cómo habrán quedado estos planes.

La verdad es que no me apetece mucho hablar del coronavirus, ya que todo ahora gira en torno a ello -acabo de comprar el periódico y monopoliza el 95% del contenido-, y tampoco veo fácil decir algo nuevo con un mínimo de interés, pero aun así lo intentaré.

Para los que "vivimos" en la Segunda Guerra Mundial, muchos aspectos de la actualidad son vistos, por deformación profesional, desde ese punto de vista, intentando trazar comparativas y paralelismos, y tratando de vislumbrar el futuro aplicando las enseñanzas que podemos extraer de aquella contienda.

Ahora no es una excepción, así que me han llamado la atención dos comparaciones, aunque podrían ser algunas más, pero creo que éstas son las más relevantes.



La primera es que la lucha contra esta pandemia es lo más parecido a una guerra, y una guerra total. Eso lo han entendido los chinos, y los resultados no se han hecho esperar, consiguiendo controlar los contagios y el número de muertos, que es inferior al que ya existe en España.

En la Segunda Guerra Mundial tuvieron éxito los que más pronto vieron que se trataba, en efecto, de una guerra total. Estados Unidos, que contaba con apenas 100.000 soldados en 1941, movilizó más de diez millones de soldados y puso a toda su industria, y todos sus recursos, a trabajar para el esfuerzo de guerra. Todos sabemos que eso no se dio en Alemania. Ante la perspectiva de una contienda corta, y para evitar sacrificios a la población, no se implantó una auténtica economía de guerra; en 1940 tan sólo el 19 por ciento de la producción era armamentística, y menos del 18 por ciento del acero se destinaba a fabricar carros de combate. La guerra total no se implantó en Alemania hasta bien entrado 1943 y su industria de guerra no estuvo funcionando a pleno rendimiento hasta finales de 1944, cuando ya era demasiado tarde.

La comparativa con algún caso próximo es tan evidente que resulta innecesaria.

Hay que destacar el caso de Argentina, que sí ha puesto en marcha esa guerra total al virus desde el primer momento. Por contra, Gran Bretaña ha actuado tarde y mal, lo que me ha supuesto una gran decepción; yo era un admirador de Boris Johnson después de leer su excelsa biografía de Churchill, a quien se supone que quería emular, pero, a la vista de su errática actuación, está claro que ha desaprovechado esa oportunidad histórica. El virus de la mediocridad política está más extendido de lo que nos temíamos.




La segunda comparación es más arriesgada e inquietante. En las grandes crisis bélicas -y la de esta pandemia así es- se da una constante. Sus contemporáneos siempre pensaban que iba a durar poco. En la Primera Guerra Mundial, todos estaban convencidos de que los soldados volverían a casa por Navidad, después de haber tomado París o Berlín. Igualmente, cada gran ofensiva que se lanzaba iba a ser la última. Todos sabemos que esos cálculos resultarían inexactos.

Igualmente, en la guerra civil española, en los primeros días y semanas daba la sensación de que todo se acabaría en poco tiempo, pocos pensaban que la guerra se prolongaría casi tres años.

En la Segunda Guerra Mundial, tras la caída de Francia, los alemanes pensaban que la guerra ya estaba prácticamente concluida. La invasión de la Unión Soviética fue recibida con gran preocupación, porque suponía el alargamiento de la guerra, lo que se confirmaría tras el fracaso a las puertas de Moscú. En Japón pensaban que con el golpe en Pearl Harbor el gigante americano ya había sido derrotado...

Seguramente en la Yugoslavia de 1990 nadie se imaginaba lo que estaba a punto de suceder. O en la Siria de 2010...

Las guerras se sabe cuándo se empiezan, pero nunca cuándo acaban. Los ejemplos de guerras que comenzaron y que se han cronificado son abundantes, o que, una vez finalizadas, los países quedan sumidos en un marasmo que se prolonga años y años...




Con esto quiero decir que me parece un gran error pensar que estamos en una crisis -a todos los niveles- que se va a solucionar en apenas unas semanas o un par de meses. Estoy convencido de que lo peor está por llegar, y de que tenemos por delante bastantes meses muy difíciles.

Con la economía totalmente parada, es imposible que pueda continuar el abastecimiento de la población, eso es un hecho incontestable, como las matemáticas. Cuando se acaben los stocks, ¿qué va a suceder? A ello se suma la caída drástica de ingresos de buena parte de la población. No me extrañaría nada que en unos meses se instaure algún tipo de acceso controlado a los alimentos, una especie de cartilla de racionamiento, entre otras medidas restrictivas que ahora desechamos por impensables.

Tampoco creo que estemos muy lejos de los primeros asaltos a supermercados. Estamos a nada de que comiencen los primeros disturbios en Los Ángeles...



Una amiga me recordaba ayer la escena de la película EL PIANISTA (2002) en la que la familia del protagonista se reparte un caramelo. Admitiendo la hipérbole, no sería descabellado comenzar a asumir que podemos encontrarnos más pronto que tarde en situaciones ahora inimaginables (¿alguien se imaginaba esto hace apenas un mes?).

A partir de ahí, no estaría de más tomar las medidas oportunas a título personal para poder enfrentarse mejor a esas situaciones.



Naturalmente, espero estar equivocado en mi análisis y que cuando todo esto pase, con suerte en junio o julio, podáis reíros de mí y mi alarmismo injustificado.


miércoles, marzo 18, 2020

"VIDA OCULTA" (2019): LA PELI DE NAZIS DE TERRENCE MALICK QUE TE PARECERÁ UNA OBRA MAESTRA O UN TOSTÓN INFUMABLE




Bien, amigos, aquí estamos con una nueva recomendación fílmica. En este caso se trata de VIDA OCULTA (2019), dirigida por Terrence Malick.

A los que sois cinéfilos no hace falta que os presente a Malick, un director singular donde los haya, y los que no lo conozcáis basta que os diga que dirigió La delgada línea roja (1998). Yo recuerdo que la vi en su momento en el cine y me pareció una castaña; yo esperaba una película bélica y me encontré un pretencioso y vacío film que vertía sobre el incauto espectador kilos de filosofía de todo a cien.

Desde entonces, he realizado un esfuerzo por tratar de comprender el lenguaje cinematográfico y de aceptar las ideas que quieren transmitir los grandes directores. No sé si será por eso que este nuevo film de Malick me ha parecido una auténtica maravilla, y eso que los críticos la han vapuleado y que la respuesta del público ha sido bastante fría. Pero el cine es algo tan grande que una misma película puede ser para uno una obra maestra y para otro un despropósito.



Desde el punto de vista formal, la cinta merece un diez. Cada uno de los planos que la componen es magistral; la composición, la luz, las sombras, los colores, los movimientos de cámara, los travelling con la steadycam, el omnipresente gran angular, la ambientación... Desde el minuto uno el espectador se ve abrumado por el virtuosismo de un Malick en plena forma, que se nota que ha cuidado obsesivamente hasta el último detalle.

Malick refleja fielmente el mundo rural austríaco, las rutinas de sus habitantes, el paso de las estaciones, pero sobre todo la arrebatadora belleza de esas regiones alpinas. Consigue proporcionarte una experiencia inmersiva. Yo la he visto en la pantalla del ordenador, y ya me ha dejado impresionado; lástima no haberla visto en el cine.

Las imágenes, la banda sonora, los sonidos de la naturaleza... todo hace que te integres en la película, que formes parte de ella. Realmente, terminas con la sensación de que has estado viviendo en esa aldea austríaca.




¿Y la historia? Quizás aquí sea donde el film flaquea un poco. Está basado en la historia real de un objetor de conciencia alemán durante la Segunda Guerra Mundial, pero no os digo el nombre para que no lo busquéis y os enteréis antes de tiempo cómo acaba la película, como me ha pasado a mí.

Quizás Malick se ha concentrado tanto en los aspectos formales que ha descuidado un tanto la historia. Las motivaciones del protagonista para actuar como lo hace no acaban de verse justificadas. De hecho, no hay demasiados diálogos y los personajes apenas intercambian palabras, tenemos que imaginarnos lo que sienten mediante las expresiones de sus rostros -normalmente mostrando una gran congoja interior-, o de sus manos, o como interactúan con los objetos.

Pero creo que lo mejor es entrar en el juego de Malick y dejarse llevar, imaginando lo que pasa por sus cabezas en vez de que él nos lo dé todo masticado, como si fuera una película de Netflix.



En suma, Vida oculta me parece una obra de arte, que espero que algún día obtenga el reconocimiento que merece, aunque también entenderé al que no se sienta aludido por la propuesta de Malick y califique las casi tres horas de metraje de tostón infumable, como me pasó a mí con La delgada línea roja.

El cine personalísimo de Malick no es fácil, por lo que hay que acercarse a esta película, como digo, dejándose llevar, disfrutando de esos planos que te dejan literalmente con la boca abierta y tratando de descubrir el trasfondo de la historia por uno mismo. Si hacéis eso, no tengo duda de que Malick os proporcionará una experiencia tan gratificante como inolvidable.



viernes, febrero 07, 2020

"JOJO RABBIT" (2019): UNA TRAGICOMEDIA SOBRE HITLER Y LOS NAZIS QUE FUNCIONA (Y MUCHO)



Bien, amigos, como estamos a las puertas del fin de semana, es el momento ideal para hacer planes para disfrutar de él. Así que aquí os propongo un planazo, como es ir a ver JOJO RABBIT (2019), película dirigida por el "judío polinesio" Taika Waititi.

Yo fui a verla el pasado sábado con mi hijo. La verdad es que no las tenía todas conmigo. ¿Una comedia nazi? ¿Un niño que tiene como amigo invisible a Hitler? ¿Una niña judía oculta en un desván (qué original)?

Sin embargo, me dio por echar un vistazo a las críticas en Filmaffinity y me encontré con muy buenas notas, incluidos nueves y dieces. Así que dejé a un lado mis prejuicios y me dispuse a descubrirla.

Pues resulta que desde el minuto uno te das cuenta de que has acertado pasando por taquilla. Los títulos de crédito iniciales, con la música de los Beatles de fondo y un Hitler en plan superstar, ya son un efervescente aperitivo a lo que vamos a ver.




La primera parte de la cinta es absolutamente genial. Los chistes y gags se suceden sin respiro, funcionando casi todos ellos. El ritmo cómico recuerda al mejor Billy Wilder. Pero, como no nos encontramos con una comedia pura y dura, el director cambia de registro a mitad del metraje, para pasar a la tragedia. Ese cambio conlleva una cierta caída del ritmo, sin que sepamos muy bien a dónde se dirige la trama, hasta que al final recupera el pulso y lo remata con un final redondo.

La película tiene numerosos puntos fuertes. Uno es el de las interpretaciones. Genial el neozelandés Waititi en su papel de Hitler; decía lo de "judío polinesio" porque él mismo se define así. En efecto, su padre es maorí y su abuelo materno es judío ruso.

Después de ver este film busqué algunos otros trabajos suyos y encontré Lo que hacemos en las sombras (2014), un falso documental sobre unos vampiros que comparten piso en un suburbio de Wellington, en la que dirige y hace el papel protagonista (en la foto inferior). Es una comedia fresca muy ingeniosa que, aunque creo que no acaba de funcionar, ya apunta el humor inteligente que exhibe en esta última película.

También dirigió Thor: Ragnarock (2017), que la tengo lista para visionar también. Así que, si no lo conocíais, aprenderos bien su nombre porque dará mucho que hablar en los próximos años. Seguro que lo contratan para levantar alguna de esas franquicias que corren por ahí, si no lo han hecho ya.



Fantástico el niño Roman Griffin Davis en su papel del niño protagonista, que a mí me recuerda al de El tambor de Hojalata. Buena interpretación también la de la chica, Thomasin McKenzie, que rompe con el estereotipo de la niña-judía-que-se-oculta-de-los-nazis, y que logra una buena química con el niño.

En cambio, aunque ponen por las nubes a Scarlett Johansson por su papel de madre del niño, la verdad es que a mí no me ha acabado de convencer.



Pero es que los secundarios brillan incluso a mayor altura. Hasta el niño gordito con gafas, ese socorrido arquetipo, resulta realmente cómico.



Y la mujer gorda, y los agentes de la Gestapo... Pero, para mí, el que está que se sale es sin duda Sam Rockwell, en un papel desternillante que acaba teniendo una importancia capital.


Total, Jojo Rabbit es una tragicomedia sobre Hitler y los nazis que funciona, y mucho, que logra que salgas del cine con una sonrisa en la cara.

Y, como apuntaba, posee un final redondo, con la famosa canción de David Bowie "Heroes" sonando de fondo... en alemán. Curiosamente, una de mis series favoritas, Regular Show, finalizaba su último capítulo con ese mismo tema, aunque el original del Duque Blanco.

Así que disfrutad de la película y vamos a ver si tiene suerte con los Oscars.


lunes, enero 20, 2020

"1917" (2019): LA "MUY OLVIDABLE" GUERRA DE PIJOTRINCHERAS DE SAM MENDES



Bien amigos, vamos con la primera entrada del año, y comenzamos como terminamos el anterior, con la crítica a una película, en este caso 1917, dirigida por Sam Mendes.

Lo bueno de ir sumando velas a las tartas de cumpleaños es que ves las cosas venir ya de lejos, y no sueles equivocarte. Así, cuando me enteré de que Sam Mendes -un muy buen director, pero de otro tipo de películas- iba a dirigir un film de la Primera Guerra Mundial ya me temía algo así, y no andaba errado.

Pues el sábado fui a verla con mi hijo de catorce años y la verdad es que íbamos como corderos al matadero pero, aun así, había considerado necesario visionarla para poder opinar, y sobre todo después de que varios amigos me la recomendaran entusiásticamente.




Hay que admitir que técnicamente está bien realizada, con ese meritorio falso plano secuencia, pero una película no puede sostenerse únicamente en ese brillante tour de force cinematográfico.

Aunque sea algo que, por desgracia, es necesario recordar en el Hollywood actual, una película ha de tener un guion potente, un argumento que te haga, como mínimo, interesarte por el destino de los personajes. En el caso de 1917, la verdad es que me daba igual si los dos soldados cumplían la misión encomendada. El que uno de los afectados por ese ataque condenado al fracaso por la trampa germana fuera el hermano de uno de los protagonistas se supone que debía aportar el peso dramático, pero a mí me resultó un recurso simple y nada efectivo.

Se supone que debía haber suspense, y que el espectador debía tener el alma en un puño, padeciendo por si al final no se detenía el ataque suicida, pero me cuesta creer que alguien haya tenido ni remotamente una sensación de ese tipo. El único argumento para defender la película parece ser el plano secuencia; en parte es cierto, porque uno de los escasos alicientes es ir detectando los cambios de plano con los sucesivos fundidos en negro.



Y, para colmo, la trinchera desde la que se debe lanzar el ataque final es una auténtica monada. Esa tierra blanquita contrasta de maravilla con un césped digno de Wembley, una pijotrinchera que no puede compararse con aquellas tan desaseadas se veían en Senderos de gloria, dónde va a parar...

Desde el punto de vista histórico, no entiendo cómo se lanza una ofensiva por parte de un grupo aislado, situado más allá de la tierra de nadie (!), cuyas líneas de comunicación -según dicen- han sido cortadas por los alemanes y, además, sin ninguna preparación artillera... Es lo que pasa cuando, en vez de contratar a un asesor histórico (yo les hubiera hecho precio de amigo) preguntan a los expertos en el Yahoo Respuestas.

El mejor resumen es el que me hizo mi hijo cuando salimos del cine: "Muy olvidable". Qué diferencia de cuándo salimos entusiasmados de ver Midway...


miércoles, diciembre 11, 2019

MIDWAY (2019), UNA ESPECTACULAR EXPERIENCIA PARA VIVIRLA EN PANTALLA (MUY) GRANDE




Bien, amigos, esta recomendación seguramente llegará un poco tarde, ya que me imagino que la mayoría de vosotros ya habrá acudido raudo y veloz a ver MIDWAY (2019), el film basado en la célebre batalla, dirigido por Roland Emmerich.

Yo la vi hace cinco días, pero me he esperado a hacer la crítica para ver de nuevo un clásico del cine bélico, LA BATALLA DE MIDWAY (1976) y así poder comparar.

Pero vamos primero con la cinta que se acaba de estrenar. Esta es la típica película que los críticos gafapastas gustan de destrozar, y que otra gente le encanta despachar con algún comentario desdeñoso sin ni siquiera haberla visto.

Lo que puedo deciros es, obviamente, que no hagáis caso de esos aguafiestas. Si os gusta el cine bélico, las explosiones, los bombardeos en picado, los barcos de guerra, los arriesgados aterrizajes en portaaviones, las persecuciones aéreas, los ataques con torpedos... esta es vuestra película y, no sólo no os decepcionará, sino que os entusiasmará.




Aunque dura más de dos horas, el metraje pasa en un santiamén, con continuas escenas de acción separadas por los correspondientes paréntesis para tomar de nuevo aliento, pero sin que baje el ritmo en ningún momento.

Preparaos para poneros en la piel de los pilotos americanos, especialmente cuando deben dejar caer una bomba sobre la cubierta de un portaaviones japonés mientras les están ametrallando; el pulso se acelera, uno se incorpora en su butaca... imposible no vibrar con esta espectacular experiencia que, sí o sí, hay que disfrutar en pantalla grande (y si es posible, muy grande y en las filas de delante), y que vale cada euro que cuesta la entrada.




Como hay que decirlo todo, vamos con los puntos débiles de la película. Quizás los personajes resultan planos, y hay ausencia de conflicto o de cualquier otra relación entre ellos. Me da la impresión de que, al centrarse en los hechos bélicos (y resulta que, por el mismo precio, tenemos el ataque a Pearl Harbor, el raid sobre Tokio de Doolittle y una referencia a la batalla del Mar del Coral), en apenas dos horas y pico no había tiempo además para desarrollar esas historias personales.

La parte buena de eso es que nos ahorramos la típica historia de amor que suelen incrustar en este tipo de películas para atraer al público femenino. Aquí no hay nada de eso, la única protagonista es la guerra. Ligado con eso, la película tampoco tiene tiempo de describir el plan de invasión japonés y el despliegue norteamericano para neutralizarlo.

Emmerich, por tanto, hubiera necesitado tres horas como mínimo para completar el film, o mejor aún, que lo hubiera convertido en una miniserie.


En cambio, a donde no llega esta cinta llega su predecesora de 1976, que sólo se centra en esa batalla. En ella tenemos una mejor descripción del choque y de sus principales protagonistas. Además, recurrió a filmaciones reales, por lo que prácticamente es un documental. Incluso se permite incluir una historia de interés humano, como es el inoportuno noviazgo del hijo del oficial interpretado por Charlton Heston (el único personaje ficticio) con una japonesa.

No tendría sentido dirimir cuál de las dos películas es mejor, ya que creo que son muy diferentes y se complementan a la perfección. Si podéis, lo mejor sería revisitar la de 1976 para refrescar todo lo que uno sabe sobre la batalla y después ir a ver la de Emmerich. Sería una combinación perfecta.



Por cierto, no sé si reparasteis en el gran parecido entre los oficiales japoneses que aparecen en el film de 1976 con los oficiales de la Armada Imperial de LA GUERRA DE LAS GALAXIAS (1977).


No hay duda de que George Lucas se inspiró en ellos para elegir el uniforme de los esbirros de Darth Vader, quien claramente lleva un casco inspirado en el alemán...


El Eje representado por partida doble para que quede claro quiénes son los malos de la película.

Pues ya sabéis, estas fiestas tenéis una cita en los cines. Yo fui con unos amigos y mi hijo de catorce años y le encantó; varias veces nos miramos como reacción ante el Efecto WOW que provoca algunas de sus espectaculares escenas, así que no tengáis duda de que, si vais con chavales, se lo pasarán tan bien como vosotros. Espero vuestros comentarios.


sábado, noviembre 16, 2019

DOS RECOMENDACIONES LIBRESCAS (Y UNA FÍLMICA POR ALUSIONES)



Bien, amigos, estamos aquí de nuevo para recomendar un par de lecturas, después de que os haya dejado un tiempo para leeros la magistral biografía de Churchill escrita por Boris Johnson.

Vamos primero con una obra que me ha gustado bastante, EL CAMINO HACIA LA VICTORIA, del historiador norteamericano Douglas Porch, y traducido por Javier Romero Muñoz (que los traductores también son hijos de Dios). Está publicado por Desperta Ferro Ediciones.

Hay que advertir que, aunque se ha publicado ahora en español, no es una novedad, ya que se publicó por primera vez en inglés en 2004. Aun así, creo que esa espera ha valido la pena, ya que está a la altura de las obras de Antony Beevor, Max Hastings o Rick Atkinson, con quien comparte estilo. En este caso, Porch se centra en un teatro de guerra que no suele despertar la atención de los historiadores, como es el del Mediterráneo, en beneficio de otros considerados más decisivos para la suerte del conflicto, como el del norte de Europa o el frente oriental.

Ese menosprecio ya era entonces sentido tanto por Hitler, a quien ese escenario le exasperaba y le aburría, como por los norteamericanos, que lo consideraban una distracción del objetivo principal, que era alcanzar el corazón de Alemania. Tan sólo los italianos, por motivos obvios, y los británicos, por su situación estratégica para conectar su imperio, le concedieron una importancia vital.

Porch, poseedor de una prosa ágil y amena, y trufada de un fino sentido del humor, analiza en detalle ese teatro de guerra vasto y enormemente complejo. Afirma que no fue en absoluto secundario; aunque reconoce que “no fue decisivo”, sí que afirma que “fue crucial”, lo que creo que demuestra de manera convincente. Así pues, os aseguro que después de su lectura no volveréis a ver el teatro mediterráneo de la misma manera.

Entre las sorpresas, destaca su retrato poco favorecedor del siempre elogiado Rommel (con unos argumentos también sólidos, que han hecho tambalear mi admiración por él), así como cierta reivindicación de la discutida figura de Montgomery.




El segundo libro es un estudio completísimo sobre una gente de la que todos hemos escuchado hablar pero de los que hay que reconocer que sabemos más bien poco: las fuerzas de operaciones especiales del Tercer Reich, los brandeburgueses.

Si nos preguntasen por ellos, apenas podríamos decir que capturaban puentes antes de que el enemigo los volase en su retirada, relataríamos por encima la increíble toma de Maikop por el audaz Adrian von Fölkersam y... poco más. Pero, como podíamos intuir, hicieron mucho más, o incluso muchísimo más. Ahora podemos descubrir sus hazañas con el libro LOS BRANDEBURGUESES DE HITLER, de Lawrence Paterson, traducido por Hugo A. Cañete Carrasco y publicado por Ediciones Salamina.

Al parecer, hasta ahora sólo un libro se centraba en estos hombres, el de Helmuth Spaeter, pero creo que era de los años setenta y ni siquiera se tradujo del alemán al inglés. Por tanto, éste de Paterson es, que yo sepa, el único estudio dedicado a ellos que resulta accesible.

Aunque el libro está muy bien documentado y ofrece infinidad de datos, debo advertir que quizás no esté indicado para todos los paladares. En mi opinión, Paterson no tiene el don de la prosa fácil y la lectura se vuelve a menudo un tanto farragosa, lo que lleva a la desconexión.

Incluso algún capítulo resulta un poco pesado, como el dedicado a la campaña holandesa, ya que se relata en detalle cada una de las operaciones, bastante similares entre ellas. El autor tampoco aprovecha las operaciones más espectaculares, como la citada de Fölkersam (en la foto) o alguna realmente sorprendente en el norte de África, para confeccionar un relato emocionante.

Hay que destacar la cuidada edición y el excelente material gráfico, con numerosas fotografías que no tenía vistas.

En suma, obviando esos puntos débiles, para el que sienta curiosidad sobre esa peculiar unidad tan desconocida este libro resulta imprescindible, ya que no hay duda de que la obra de Paterson será la referencia durante mucho tiempo.

Por cierto, ya que hablamos de Paterson, os recomiendo la película del mismo título, una cinta extrañamente encantadora y fascinante a pesar de que -ya os advierto- no sucede prácticamente nada a lo largo de sus 113 minutos de metraje.