martes, noviembre 14, 2017

MI VISITA AL ESCENARIO DE LA BATALLA DE WESTERPLATTE (1939), ESA GRAN DESCONOCIDA




Bien, amigos, vamos con la penúltima entrega del material que recogí en mi pasado viaje a Danzig, del que ya veis que he podido extraer bastante jugo.

Antes que nada, quiero deciros que estoy contento porque ya sé la fecha de salida de imprenta de mi próximo libro.

Después de algún retraso -ya que tenía que haberse publicado este mes de noviembre-, saldrá de imprenta el próximo 27 de enero, así que supongo que a mediados de febrero lo tendréis en las librerías, pero ya habrá tiempo para hablaros de él.




Hoy vamos con una batalla de la que todos habéis oído hablar, pero que me temo que quizás no conocéis bien cómo discurrió. No os preocupéis por eso, porque hasta creo que el bueno de Antony Beevor tampoco lo tiene muy claro; en su monumental libro La Segunda Guerra Mundial asegura en la pag. 39 que "a las 04:45 se dispararon desde el mar, cerca de Danzig, los primeros obuses. El Schleswig-Holstein (...) se había trasladado durante las últimas horas de la noche previas al alba a una posición próxima a las costas de la península de Westerplatte".

Esa descripción denota que Beevor ni ha visitado la zona ni se ha documentado, ya que el famoso acorazado no estaba en el mar, frente a la costa, sino en el interior del puerto, tal como podéis ver en este gráfico extraído del libro de Steve Zaloga La invasión de Polonia 1939, publicado por Osprey, en el que señalo la posición del Schleswig-Holstein con una flecha:



Bueno, después de enmendarle la plana a Beevor, vamos con mi visita al escenario de la batalla.

Si estáis en Danzig, es muy fácil ir a la península de Westerplatte, ya que hay dos líneas de barcos recreativos que van hasta allí.




Una es la de este barco pirata. Si hubiera ido con el niño, ya tenía excusa para ir en él, pero no fue así y -como no me pareció serio que un historiador se dirigiese al escenario de una batalla de la Segunda Guerra Mundial en un galeón pirata- me quedé con las ganas y decidí tomar este otro.



El precio del viaje de ida y vuelta, que dura media hora, fue de 45 zlotys, unos 10 euros.




Yo tomé el barco de las 12.00 y regresé en el de las 15.00, lo que me dio el tiempo necesario para visitar la zona.



Hay que agradecer que los polacos han llevado a cabo un extraordinario trabajo de recuperación del campo de batalla, impulsado por el Museo de la Segunda Guerra Mundial que ya os mostré.

Cuando uno se baja del barco, camina hacia adelante unos 100 metros y se encuentra, a la derecha, con el primero de los espacios jalonados con paneles. El recorrido está muy bien señalizado y es fácil de seguir. Las informaciones están en polaco y en inglés.


Esta es la entrada por ferrocarril a la parte de la península que había sido asignada a los polacos.


Pero vamos primero con la historia. Como sabéis, en 1939 Danzig era una Ciudad Libre bajo la administración de la Sociedad de Naciones, aunque las autoridades locales eran nazis. Los polacos tenían una oficina de correos y disponían de una guarnición en la península de Westerplatte, situada en la bocana del puerto. Por tanto, para los alemanes era crucial apoderarse de esa base para disponer de las instalaciones portuarias.

Así, a las 4.48 h del 1 de septiembre de 1939 -esa fue la hora exacta- , la base polaca en Westerplatte fue bombardeada sin previo aviso por el acorazado germano Schleswig-Holstein, que se encontraba fondeado en el puerto en visita de “buena voluntad”, en lo que serían los primeros disparos de la Segunda Guerra Mundial.

En una tienda de recuerdos de Gdansk vi esta taza dedicada al histórico acorazado y, aunque era horriblemente kitsch, no pude resistir la tentación y me la compré.



Seguimos. Los alemanes, que disponían de cerca de 2.000 hombres para la captura de la península, creían que la guarnición polaca apenas contaba con 88 hombres, por lo que esperaban que ésta caería rápidamente -incluso desplazaron un equipo cinematográfico para documentar el triunfo-, pero no sería así.


Temiendo un ataque, el comandante de la base, el mayor Henryk Sucharski, había reforzado la guarnición el día anterior, elevando la cifra de defensores a 210 hombres. Además, los polacos habían realizado obras de fortificación por la noche, para no ser observados por los alemanes, construyendo casamatas de hormigón y colocando alambradas, sobre todo en el istmo, que era por donde se esperaba el asalto principal.

Aquí podéis ver algunos de esos búnkeres.



Este había sido construido por los alemanes en 1911, y ahora sería aprovechado por los polacos.



De paso, pongo aquí esta torre de observación de la artillería de costa, construida durante la época soviética.


Cuando los germanos lanzaron su ataque se encontraron con una dura resistencia. A los cañonazos del Schleswig-Holstein se sumaron los de otro acorazado, el Schlesien, además de los bombardeos en picado de 60 aviones Ju 87 Stuka.

Aunque el 2 de septiembre los polacos estuvieron a punto de rendirse debido a la violencia de la embestida, Sucharski decidió continuar resistiendo, aun sabiendo de sobras que la guarnición estaba condenada a caer.

Aquí podéis ver cómo quedó el cuartel general de Sucharski después de la visita de los Stuka.








Era emocionante poder caminar por dentro del edificio. Está todo bien asegurado con cables de acero, pero da la impresión que se puede derrumbar en cualquier momento.



Son claramente visibles los vestigios de los combates.



A pesar de su enorme superioridad, los alemanes se veían incapaces de doblegar a los aguerridos polacos. La abrumadora cantidad de proyectiles caídos sobre la estrecha península, procedentes de los dos acorazados, hizo que ésta ofreciese el aspecto que habían presentado los castigados campos de batalla de la Primera Guerra Mundial, como veis aquí.



Los sucesivos asaltos de los infantes de Marina se estrellaban ante las minas, alambradas y el fuego de mortero y ametralladoras de los polacos.

Desesperados por no poder ofrecer todavía la victoria al Führer, en la madrugada del 6 de septiembre los alemanes llegarían a lanzar un tren en llamas por las vías que discurrían por el istmo, pero éste perdió impulso y no llegó a alcanzar el depósito de aceite que pretendían incendiar.



Estos son los restos del apeadero que había nada más pasar la barrera. Por la tarde hubo un nuevo intento con otro tren en llamas, pero también falló.

Aquí, los restos de otro andén, situado más adelante.


En la madrugada del 7 de septiembre los alemanes llevaron a cabo una preparación artillera de tres horas para lanzar un nuevo asalto en el que se emplearon lanzallamas, pero los extenuados defensores aun tuvieron fuerzas para rechazarlo. Sin embargo, antes de las diez de la mañana decidieron rendirse y mostraron por fin la bandera blanca. Una hora más tarde, Sucharski rindió formalmente la plaza.

En reconocimiento al valor demostrado por los polacos, los alemanes permitirían a Sucharski conservar su sable en cautividad, pero posteriormente le sería arrebatado en uno de los campos en los que estuvo internado.

El cuerpo de Sucharski fue posteriormente sepultado en el lugar en el que resistió de forma tan admirable, junto a otros compañeros.



Hay zonas que están siendo excavadas.


Los objetos que van encontrando se exponen en una sala anexa al Museo de la Segunda Guerra Mundial, cuya entrada valía 1 zloty (25 céntimos de euro).



Aunque la valentía de los defensores de Westerplatte había impresionado a los alemanes, tras la guerra, los soviéticos trataron de ridiculizar a los anteriores gobernantes “burgueses”, lo que no encajaba con la heroica actuación de los hombres de Sucharski. Por tanto, la historiografía polaca de posguerra, férreamente controlada por Moscú, simplemente la ignoró.

Sin embargo, el proceso de desestalinización emprendido a partir de mediados de los años cincuenta permitiría la recuperación de ese episodio histórico que alimentaba el orgullo nacional polaco. Curiosamente, el pueblo consideraría su reivindicación como un gesto de afirmación y resistencia ante la dictadura comunista.

Tratando de apropiarse de ese impulso en beneficio propio, el gobierno optó a su vez por reivindicarlo también, con la construcción en 1966 de este gran monumento conmemorativo en el lugar de batalla, elevándose imponente sobre una colina.




El monumento me parece feo de narices, pero qué se le va hacer.



Esta es la visión desde la colina.



De este modo, los héroes de Westerplatte consiguieron por fin el reconocimiento de sus compatriotas.

Por último, indicaros que hay allí varios puestos de souvenirs interesantes, con artículos a muy buen precio. Yo me hice con este fantástico imán para la nevera.




Tenéis dos películas polacas sobre estos hechos (por desgracia, no están dobladas ni subtituladas). Un año después de la inauguración del monumento se produciría una titulada simplemente Westerplatte, en la que se inmortalizaban los épicos combates (la podéis ver AQUÍ). Y más recientemente, en 2013, se ha estrenado otra, La batalla de Westerplatte (AQUÍ).

Como es difícil seguir la trama en polaco, os aconsejo acudir directamente a las escenas de lucha para haceros una idea de lo que tuvo lugar allí.

Después del plato fuerte del viaje a Gdansk, os emplazo a la última entrada, a modo de epílogo.

jueves, noviembre 09, 2017

"¿QUÉ FUE EL DÍA D?", UN LIBRO PARA ECHAR A PERDER A VUESTROS HIJOS A UNA EDAD TEMPRANA



Bien, amigos, teníamos pendiente la entrada dedicada al campo de batalla de Westerplatte, pero esta semana estoy liado con el proceso de post producción de mi próximo libro, que si los dioses y el impresor quieren, saldrá en enero, un proceso que está siendo más laborioso de lo habitual, pero que espero que se traduzca en un producto que luzca apetitoso en las librerías y me reporte unos jugosos derechos de autor para poder seguir yéndome de vacaciones a Brasil.

Así que, de momento, vamos con una breve entrada, dedicada al libro que me acaba de llegar de Amazon, "¿Qué fue el Día D?", de Patricia Demuth.

(Disculpad por la calidad de las fotos, están tomadas con el móvil)



Hace una semana pensé en el regalo a un sobrino que cumple 9 años, y buceando en Amazon me topé con este libro. Así que nada mejor que este título para inocularle el bacilo de la pasión por la Segunda Guerra Mundial.

Como el verano pasado estuvo de vacaciones en Normandía y visitó las playas, espero que eso le sirva de cebo para engancharse a la historia.



Ahora me ha llegado y, con una primera hojeada, ya veo que he acertado.

Como podéis ver en las fotos, tiene la letra grande, dibujos y fotografías.




Mi hijo de 12 años ya se está acabando mi Breve Historia de la Segunda Guerra Mundial, pero le daré a leer éste también a ver qué le parece.



Se ve que estos libros están editados en USA. Tienen otro título interesante, "¿Qué fue Pearl Harbor?", pero que cuando hice el pedido no tenían existencias, ahora sí.



Seguro que caerá en el próximo pedido que haga.

Total, que si tenéis un hijo o hija entre 8 y 12 años, estos títulos son ideales para que, siguiendo vuestros pasos, enfilen ese camino de perdición que os ha llevado a tener estanterías y altillos infestados de libros de la Segunda Guerra Mundial, ingerir toda película, documental o serie que tenga algo que ver -ni que sea de forma tangencial- con el tema, engañar a vuestra pareja para que os acompañe a visitar museos bélicos y escenarios de la guerra -afrontando los considerables riesgos que ello conlleva-, y finalmente hasta aquí.


Por último, os recomiendo el especial MUY HISTORIA DATA, dedicado a los datos curiosos de la Segunda Guerra Mundial, en el que podréis encontrar alguna que otra aportación mía.




Pues ahí quedan estas recomendaciones, a ver si el fin de semana saco un poco de tiempo para, por fin, ofreceros la visita por Westerplatte.

martes, octubre 31, 2017

LOS CARTEROS POLACOS QUE RESISTIERON 15 HORAS EL ASALTO DE LAS TROPAS DE HITLER




Bien, amigos, seguimos presentando el material recogido en mi pasado viaje a Gdansk/Danzig. Hoy le toca el turno a la oficina de correos polaca.

Antes que nada, hay que decir que es normal que no tengáis muy claro el estatus de Danzig antes de la guerra: "¿Era alemana? (hum, creo que no, o no del todo) ¿Estaba bajo control internacional? ¿Entonces, cómo es que mandaban allí los nazis -por las banderas que se ven en las fotos de entonces-, o no mandaban? ¿No había una guarnición polaca en algo que se llamaba Westerplatte? Sí, me suena lo de unos carteros polacos... pero ¿qué hacían exactamente allí?".

Si os hacéis a menudo esas preguntas existenciales, habéis llegado al lugar correcto, ya que espero despejar esas dudas.




Vamos a remontarnos al año 997, cuando fue fundada por Miecislao I, el primer príncipe de Polonia. A partir de 1308 quedó bajo el dominio de la Orden Teutónica, convirtiéndose en una importante ciudad hanseática de la Edad Media.

Aquí podéis ver el emblemático edificio de la polea medieval con la que se descargaban las barcazas que llegaban al puerto:





El doble carácter germano y polaco quedaría marcado en sus genes, ya que Danzig sería una ciudad perennemente bajo disputa, quedando anexionada al reino de Prusia en 1793.

Su personalidad se vería reforzada cuando Napoleón le reconoció la condición de Estado semiautónomo en 1807, aunque en 1820 fue reintegrada a Prusia.




Hasta ahí, vale, pero a partir del final de la Primera Guerra Mundial la cosa se complica. El 15 de noviembre de 1920, aplicando el Tratado de Versalles firmado el año anterior, se estableció la denominada Ciudad Libre de Danzig en el pasillo que cortaba el territorio germano en dos, y que daba salida al mar a Polonia.

Su estatus era muy complejo, como veréis; constituida como ciudad internacional libre bajo la protección de la Sociedad de Naciones (la ONU de entonces), contaba con un parlamento elegido por sus habitantes pero su representación diplomática quedaba en manos de Polonia, con quien mantenía una unión aduanera. Además, los polacos detentaban una serie de derechos en la ciudad, como un servicio propio de correos o un puesto militar en la península de Westerplatte, desde la que se controla la entrada al puerto.

Este es el edificio de la oficina del correo polaco:



Aunque Danzig había sido desgajada de Alemania, el 95 por ciento de su población era germana. En ese período de entreguerras nació el escritor Günter Grass -ahora estoy acabando de leer su célebre novela El tambor de hojalata, que está allí ambientada- o el actor Klaus Kinski.

En mayo de 1933 los nazis obtuvieron la mayoría absoluta en el parlamento de Danzig y, a partir de ahí, las tensiones con los polacos no harían más que aumentar. Como sabéis bien, la ciudad se convertiría en la diana de las reclamaciones territoriales de Hitler. Aunque en 1939 franceses y británicos dieron a Polonia garantías en caso de un ataque germano, la posibilidad de que estallase una nueva guerra en Europa por esa disputa llevaría a la opinión pública en esos países a preguntarse si valía la pena “morir por Danzig”, una expresión que hizo fortuna.

Finalmente, a las 4.48 horas de la madrugada del 1 de septiembre de 1939, la base polaca en Westerplatte fue bombardeada por el acorazado germano Schleswig-Holstein, que se encontraba fondeado en el puerto en visita de “buena voluntad”.

Pues, al mismo tiempo que ese ataque tenía lugar, se producía el asalto a la oficina de correos polaca por parte de la policía de Danzig, bajo el mando del Polizeioberst Willi Bethke. El edificio estaba a oscuras e incomunicado, ya que los alemanes habían cortado la luz y el teléfono a las 4.00 h. De inmediato acudieron también formaciones de las SA locales, así como de miembros de la unidad SS Heimwehr Danzig, unas milicias locales de las SS formadas por 1.550 hombres.


Por su parte, los polacos estaban preparados para resistir un hipotético asalto, debido a la posibilidad de que estallase la guerra. Para ello, unos meses antes había acudido un ingeniero militar para organizar la defensa, lo que incluyó cortar árboles para despejar la visión y la fortificación de la entrada, además de la provisión de armas y municiones.

Aquel 1 de septiembre había 56 personas en el edificio: 52 funcionarios de correos y el referido ingeniero militar, además del conserje, su mujer y su hija de diez años. El objetivo era resistir durante seis horas, hasta la llegada del ejército polaco.




Los alemanes se lanzaron al asalto con la ayuda de tres vehículos blindados. Aunque consiguieron penetrar en el edificio, fueron rechazados por los polacos, muriendo dos alemanes en ese primer asalto. A las once de la mañana los alemanes fueron reforzados por la Wehrmacht con dos cañones de 75 mm y un mortero de 105 mm, pero el nuevo asalto realizado con esta cobertura también fracasó. Los aguerridos carteros polacos se habían conjurado para resistir.

Aquí tenéis imágenes del asalto, filmadas para los noticiarios de la UFA:





A las tres de la tarde los alemanes establecieron un alto el fuego para pedir a los polacos que se rindieran. Pero, al mismo tiempo, los zapadores germanos estaban preparando la voladura de uno de los muros del edificio con 600 kilos de explosivos. A las cinco los hicieron estallar, derribando el muro, al tiempo que volvían las descargas de artillería.

El nuevo asalto tuvo éxito. Los alemanes se hicieron con el control del edificio, pero los polacos seguían resistiendo en el sótano. Así pues, el Polizeioberst Bethke decidió traer un camión cargado de gasolina y bombearla al interior del sótano. Después lanzaron una granada para encenderla. Tres polacos se abrasaron vivos, lo que decidió finalmente a los polacos a entregarse.

Los dos primeros polacos que aparecieron por la puerta mostrando banderas blancas fueron acribillados por los alemanes. Los demás pudieron entregarse.



Seis lograron escapar del edificio, aunque dos de ellos acabarían siendo capturados. Dieciséis polacos heridos fueron enviados a un hospital, en donde murieron seis, incluyendo la niña.

Los prisioneros fueron juzgados ese mismo mes. Todos ellos fueron sentenciados a muerte, acusados de ser combatientes ilegales. Fueron fusilados el 5 de octubre y enterrados en una fosa común de un cementerio de Danzig.

Aquí tenéis el monumento de homenaje a los resistentes polacos que podemos encontrar delante del edificio.



Hoy día el edificio sigue siendo una oficina de correos, aunque en su interior podemos encontrar un pequeño museo dedicado a aquel asalto. El precio de la entrada no lo recuerdo, pero era mínimo.

Esta es la puerta de entrada:



El museo consta únicamente de una sala, aunque luego hay otras más dedicadas a la historia del correo polaco.




Este es el uniforme de los heroicos carteros:





Un cañón empleado por los alemanes:








En la parte de atrás del edificio, al que se accede a través de una verja, encontramos este gran patio, en el que los carteros polacos fueron obligados por los alemanes a situarse junto a esta pared.




El muro conserva vestigios de los combates:








Como homenaje a su memoria, se ha colocado ladrillos metálicos marcados simbólicamente por sus manos al apoyarse contra el muro.

















Por tanto, ya veis que, si os decidís a visitar Gdansk, hay que acercarse hasta este histórico edificio, escenario de aquella resistencia heroica, y que se encuentra apenas a unos minutos caminando desde el centro.


Si queréis ver una representación fílmica del asalto, la tenéis a partir del minuto 1.25.09 de la película El tambor de hojalata (1979):





Espero que os haya gustado la entrada, la próxima la dedicaremos al campo de batalla del Westerplatte.