sábado, julio 06, 2019

EL MUSEO DE BLINDADOS DE SAUMUR, EL LUGAR AL QUE HAY QUE IR AL MENOS UNA VEZ




Bien, amigos, aquí estamos con los calores del verano y en la ultimísima fase de mi próximo libro. Ahora se trata de corregir las galeradas antes de que entre en imprenta, a mediados de agosto, para que cuando llegue el otoño ya esté en las librerías.

Como sabéis, estuve en Normandía para las celebraciones del 75º aniversario. En el viaje de ida, nuestro grupo de recreación aprovechó para hacer noche en Saumur para visitar el Musée des Blindés, un lugar al que quería ir desde hace mucho tiempo, pero hasta ahora no había surgido la posibilidad.



Tal como digo en el título, este museo es uno de esos puntos que cualquier apasionado por la Segunda Guerra Mundial ha de visitar al menos una vez, ya que su colección es impresionante a pesar de que, por motivos de espacio, tan sólo se expone una cuarta parte de su fondo.

Así que vamos con algunas de las fotos que hice en la visita.

Después de pasar por una sala dedicada a la Primera Guerra Mundial, nos encontramos directamente con el plato fuerte, la dedicada a los blindados alemanes, con su gran estrella, el Tigre Real o Königstiger:



A pesar de haberlo visto tantas veces en fotografías o filmaciones, su presencia en vivo y en directo es apabullante.


Este ejemplar, que fue abandonado intacto por su tripulación el 23 de agosto de 1944 debido a un problema mecánico, tiene una anécdota. Su número original era el 123. No obstante, el primer director del Museo decidió en 1970 cambiarlo por el número 233, que era el número que lucía el King Tiger que dejó fuera de combate al Sherman que él tripulaba. Según tengo entendido, este es el único del mundo que sigue en funcionamiento; una vez al año lo sacan a dar un paseo.

Y aquí tenemos al no menos impresionante Panther, que luego en Normandía tendría la enorme fortuna de ver en movimiento:



No puede faltar el mítico Tigre, y a su lado el robusto y fiable Panzer IV, el único que participó en todas las campañas a lo largo de la guerra:



A todos los que pasaban por delante les llamaba la atención el zimmerit, que además de proteger de las granadas antitanque magnéticas hace que el tanque resulte más molón.


Y aquí un Panzer III, protagonista de la Blitzkrieg, pero que se ve anticuado al lado de sus hermanos mayores:



Por último, el pequeño Goliath:



Hay una pequeña sala con carros italianos:


Aquí vemos los británicos, a años luz de los alemanes. Parecen armastostes de la Primera Guerra Mundial.



El único que no haría demasiado el ridículo al lado de los germanos sería este Comet que sacaron ya al final de la guerra:



Qué decir del T-34 que no sepáis:



El cazacarros soviético SU-100, que no tenía el gusto de conocer, quizás porque apareció al final de la contienda:



Y ahora he visto que no hice fotos a los norteamericanos, pero también hay, claro.

Luego tenemos varias salas dedicadas a los blindados de posguerra, pero aquí he optado por poner sólo los de la Segunda Guerra Mundial.

Al acabar la visita uno puede llevarse algún recuerdo en su bien pertrechada tienda. Yo me llevé esta taza del Tigre Real:



Al salir me hice una foto junto al Sherman que tienen expuesto al aire libre:



Pues ya lo veis, si el destino os lleva cerca de Saumur, no dudéis en realizar una visita.

Ahora me queda por ver el Tank Museum de Bovington y el Panzermuseum de Munster. Si alguien ha estado en los tres, que nos haga una comparativa, por favor.



martes, junio 25, 2019

"LO QUE NUNCA TE HAN CONTADO DEL DÍA D" DA LO QUE PROMETE



Bien, amigos, aquí estamos de nuevo, en este caso para ofreceros una reseña de un buen libro, LO QUE NUNCA TE HAN CONTADO DEL DÍA D, publicado por Principal de los libros.

En la anterior entrada os dije que en la próxima os pondría el video de mi desembarco, pero como me imagino que, si me seguís en las redes sociales, ya lo habéis visto, no voy a repetirme, ya que los escritores tendemos a ser unos pesados. Si alguien no lo ha visto, que se pase por mi Página Oficial de Facebook o por mi Instagram, jesushernandez3945.

Como digo, os voy a hablar de un libro que tiene la particularidad de que lo han escrito dos buenos amigos míos.

Tengo que admitir que no me siento cómodo al escribir la reseña de un libro del que conozca personalmente a su autor, y menos aún si es un amigo. Si digo que, efectivamente, la obra me ha gustado, el lector pensará que lo recomiendo por hacerle un favor, y si el libro no me ha gustado y así lo expreso, puede crearse una situación un tanto incómoda. Por tanto, no soy muy proclive a mezclar amistad y crítica literaria.




Hace un año, el divulgador histórico Pere Cardona y el periodista del ABC Manuel Pérez Villatoro (en la foto estamos los tres junto a una máquina Enigma) regresaron de un viaje a Normandía junto a un grupo de recreadores, durante el que se filmó una película documental, Road to Normandy, dirigida por Laureano Clavero.

Unos meses después, me confesaron que, a su vuelta, habían decidido escribir un libro sobre el Día D y que ya estaban en ello. Como podéis imaginar, me mostré un tanto escéptico sobre esa iniciativa, ya que se ha escrito casi todo sobre ese episodio. Me mandaron algún capítulo que habían escrito; mis reservas parecían confirmarse y así se lo expresé con sinceridad.




Sin embargo, los autores demostraron un buen criterio al ignorar mis disuasorias advertencias y poseer una gran fe en su proyecto. Un tiempo después, cuando leí algunos de los nuevos capítulos, vi el extraordinario fruto de ese empeño a prueba de agoreros.

Tanto Cardona como Villatoro no se han conformado con recoger información que ya ha sido publicada, sino que han realizado una auténtica investigación para descubrir historias inéditas.

Vosotros diréis, ¿es que quedaba algo por decir? Pues sí.

En lugar de explicar todo lo que ofrece el libro, voy a indicar lo que más me ha gustado.

Hay un capítulo dedicado a los planeadores, en el que he descubierto muchas cosas que no sabía, como lo que hace referencia a sus pilotos, unos héroes injustamente ignorados.

El testimonio inédito de un paracaidista de la 82.ª División Aerotransportada, conseguido directamente por los autores.

La emocionante descripción del desembarco en Omaha.

La historia, también inédita, del tesoro de Maisy.

El testimonio escrito de un joven soldado germano-español en la defensa de Normandía y la Bolsa de Falaise, Alberto Winterhalder, publicado también por primera vez.



Además del interés de los temas tratados, hay que decir que el libro está muy bien escrito, resultando ágil y ameno. Por otra parte, es pertinente señalar el gran trabajo llevado a cabo por la editorial, ya que la edición está muy cuidada y no hay prácticamente ninguna errata.

Hay que destacar también el dominio de las fuentes, aportando lo que de verdad interesa al lector y huyendo del aparato bibliográfico, tan prolijo como pastoso, que uno suele encontrarse en presuntas obras divulgativas, que demuestra que el autor sabe mucho del tema, pero que lo único que consigue es obstaculizar la lectura. Los autores consiguen aquí ese difícil equilibrio.

Sin duda, es un libro que volveré a leer para disfrutar nuevamente de esas historias. La única nota negativa es que los autores han dejado el listón tan alto que es difícil que lo puedan superar en su próximo proyecto, pero si ya fracasé una vez en mis augurios, por qué no puede pasar otra vez...



lunes, junio 10, 2019

DESPUÉS DE DESEMBARCAR EN OMAHA BEACH, MI VIDA SÓLO PUEDE IR HACIA ABAJO




Bueno amigos, vamos con una entrada que espero que os resulte interesante.

Como algunos sabéis, he estado una semana en Normandía con ocasión del 75º aniversario del Día D. Desde hace más de un año se ha estado organizando una expedición de recreadores de la Segunda Guerra Mundial, a la que fui invitado al formar parte del grupo de recreación del que formo parte, Red Devils Barcelona.

Al final hemos sido medio centenar de recreadores de toda España, de Asturias a Melilla pasando por Valencia, Guadalajara o Madrid, y hemos contado con varios vehículos para recorrer los puntos de interés de la región: un camión GMC, un halftrack, un Dodge y dos Willys, lo que no está nada mal. Y además... bueno, lo digo más adelante.

Aquí me tenéis junto a nuestro camión:



Antes que nada, quiero dar las gracias a todos los que han hecho posible este evento inolvidable; no los voy a enumerar porque seguro que me dejo alguno, pero hay que destacar sobre todo a David de la Tercera Blindada Spearhead, de Madrid.

Un diez a la organización y para todos los participantes, que han demostrado en todo momento una enorme generosidad y camaradería. A todos ellos les quiero transmitir mi agradecimiento.

Pues bien, después de que, en el caso de nuestro grupo, hiciésemos noche en Saumur para poder visitar su Museo de Blindados, hemos pasado toda la semana recorriendo Normandía. Como imagino que la mayoría de vosotros ya ha estado allí y conoce de sobra sus irresistibles encantos, no entraremos a describirlos y pasaremos directamente a lo que ha hecho de este viaje algo único y especial:




Sí, es una lancha de desembarco Higgins auténtica. Aquí la vemos cuando la estaban cargando en Madrid, colocando un Willys dentro para aprovechar el espacio.

Pues nuestro objetivo no era otro que desembarcar en Normandía. En principio se contaba con el permiso de las autoridades francesas para desembarcar en Gold, pero existía la posibilidad de hacerlo en Omaha según cómo fuera la cosa. Yo firmaba hacerlo en Gold, pero los astros serían propicios...

También en principio, al ir como US War Correspondent, tenía previsto dedicarme sobre todo a hacer fotos, pero una vez allí falté al juramento hipocrático del buen periodista y me decidí a involucrarme de lleno en la acción, tomando algunas con mi móvil pero dejando que las fotos las tomaran otros.

Bien, pues conforme iban avanzando los días, por una cosa o por otra, ya que había que tener en cuenta el viento, el oleaje y, por si fuera poco, el horario de las esclusas del puerto de Port-en-Bessin, el deseado desembarco se iba posponiendo. La fecha que parecía definitiva era el mismo día 6 de junio, pero la Gendarmerie decidió cortar todas la carreteras -incluyendo la autopista-, por lo que fue imposible llegar ni siquiera al puerto.

Al menos ese día por la tarde, cuando se levantaron todas las restricciones de tráfico, nos llegamos hasta Omaha, en donde me hice alguna foto, destacando esta que me encanta por su toque épico.




Después fuimos a toda pastilla con los vehículos por la arena, de una punta a otra de la playa.



El desembarco fue aplazado al viernes, pero el mal estado de la mar también lo impidió. Tan sólo quedaba el sábado, ya que el domingo regresábamos la mayoría de la tropa.

El sábado por la mañana llovía, hacía mucho viento y había oleaje, por lo no se podía zarpar. Hasta que, por la tarde, Eolo se apiadó de nosotros y el viento remitió un poco, aunque el mar seguía picado.

Ante las dudas en lanzar la operación, los responsables nos propusieron zarpar advirtiéndonos que el oleaje estaba "en el límite del límite". Después de otras dramáticas advertencias que mejor no reflejo aquí, decidimos igualmente desembarcar, afirmando con gallardía que "hemos venido a esto". Fue entonces cuando se confirmó un rumor que estaba circulando; no desembarcaríamos en Gold, ¡sino en Omaha Beach!

Si no me equivoco, al final fuimos 16 los que nos apuntamos al desembarco, incluida una aguerrida dama. Subimos a la lancha en el puerto y, después de distribuirnos bien para repartir el peso, atravesamos el puerto para salir a mar abierto.

Como os he dicho, no hice ninguna foto. Cuando me pasen el material gráfico ya lo publicaré en una nueva entrada.

Entre risas nerviosas y gestos mutuos de "esto va en serio", comenzamos a enfrentarnos a las olas. Por si no lo sabéis, las lanchas de desembarco no son nada marineras, al carecer de quilla. Eso implica que no pueden cortar las olas, sino que suben y bajan bruscamente. Pues cada vez que bajaba la lancha era como si un alemán nos arrojase un cubo de agua salada por encima. A los dos minutos estábamos todos empapados de arriba a abajo. Al menos, si a alguien le preocupaba hasta dónde se iba a mojar las piernas en el desembarco, esa preocupación ya había desaparecido. Quizás para emular la escena inicial de Salvar al soldado Ryan, a uno de nosotros le venció el mareo y ofreció a Neptuno su almuerzo a medio digerir.



La aproximación a Omaha duró una media hora, hasta que nos plantamos delante de su inconfundible silueta. Íbamos a desembarcar en el extremo oriental, el sector Fox Green, muy cerca de Easy Red, en donde se encontraba la bestia de Omaha.

La lancha dio entonces una vuelta en círculo y se dispuso a atacar la orilla. Esa maniobra tiene su ciencia, ya que la lancha tiene que acelerar hasta que la proa toque la arena y, tras esperar apenas unos segundos para que la gente baje, tiene que echar marcha atrás para no quedar embarrancada, por lo que había que darse mucha prisa en salir.

La salida de los ocupantes de la lancha no entraña demasiada dificultad, pero hay que tener en cuenta unas recomendaciones. Lo primero, hay que alejar rápidamente las piernas de la rampa por si ésta siguiera avanzando, para evitar recibir un golpe, y hay que desplegarse en abanico para no ofrecer un abigarrado blanco al enemigo y no taponar la salida de los que van detrás. Y también es imposible ver el suelo para calcular la profundidad, ya que al caer la rampa el agua se enturbia, por lo que hay que saltar con decisión.



Así que la lancha pegó el acelerón, tocó la arena, se escoró a la izquierda y bajó la rampa de golpe... Sin tiempo a pensar, los primeros descendieron velozmente por la rampa y saltaron al agua, que llegaba a la altura del muslo. Yo iba el tercero de mi lado, así que pude calibrar la profundidad por los que me precedían.

Por tanto, me metí en el agua -que no estaba fría- y, afortunadamente, no perdí el equilibrio, así que salí con cierta compostura. Hubo quien se tropezó y cayó de rodillas, otro quedó sumergido y tuvieron que rescatarlo, pero en general todos desembarcamos con mucha profesionalidad.



Después llegamos corriendo a la orilla y nos arrojamos cuerpo a tierra. Avanzamos una docena de metros mientras algunos turistas nos grababan con su móvil y, ante la falta de respuesta enemiga, dimos la playa por tomada sin mayores diligencias. Considero que vencer por incomparecencia del enemigo no deslustra nuestra magnífica operación.

Como podéis imaginar, la experiencia fue única. El momento más emocionante fue cuando bajó el portón, porque, sin saber exactamente lo que te vas a encontrar, has de salir por allí ciscando leches. Obviamente, los que desembarcaron hace 75 años, cuando descendió el portón se encontraron un ambiente más hostil, pero la experiencia ha servido como ligera aproximación, y salvando todas las distancias, a lo que aquellos hombres pudieron vivir entonces.

Como deslizo en el hiperbólico título que he elegido para esta crónica, desembarcar en Omaha puede considerarse la experiencia definitiva para los apasionados por la Segunda Guerra Mundial, tras la cual todo puede parecer insípido y anodino. Ahora uno se siente como cuando acaba la última temporada de su serie favorita, y le embarga la sensación de que ninguna otra va a llenar ese hueco. No hay duda de que llegarán nuevas vibrantes experiencias, pero tampoco la hay de que será muy difícil superar ésta.




domingo, mayo 26, 2019

LA SOMBRA DEL PASADO (2018) Y WHERE HANDS TOUCH (2018): DOS PELIS DE NAZIS PARA PASAR EL RATO




Bien, amigos, ya he terminado la primera corrección de mi próximo libro, que tendréis en las librerías en otoño, así que aprovecho el respiro para hablaros de dos películas de nazis, una temática que siempre resulta atractiva.

La primera es una que ha tenido cierto eco, LA SOMBRA DEL PASADO (Werk ohne Autor, 2018), del mismo director que La vida de los otros, Florian Henckel von Donnersmarck. Lo que llama de inmediato la atención es su duración, tres horas, lo que puede resultar disuasorio para algunos.

Hay que decir que la película resulta un tanto desconcertante, ya que el planteamiento inicial parece que nos va a llevar por un camino, el del criminal nazi -en este caso un médico que participa en el programa de eutanasia de enfermos mentales- que, aparentemente, logra la impunidad tras la guerra. Sin embargo, el film va más allá, ya que se convierte en una reflexión sobre la naturaleza del arte. La película está basada libremente en la vida del artista Gerhard Richter.


La interpretación del siempre solvente Sebastian Koch es magistral. Sin protagonizar ni una sola escena de violencia, su personaje consigue transmitir terror, da la sensación de que es capaz de perpetrar cualquier barbaridad. Tom Schilling, habitual en las películas alemanas, logra darle la réplica y estar también a gran altura.

Por otro lado, el director consigue que las tres horas pasen volando y que incluso el metraje resulte corto, y eso que en la película tampoco suceden demasiadas cosas.


Como punto débil, creo que la resolución no acaba de colmar las expectativas creadas a lo largo del film, lo que deja cierta frustración, al menos en mi caso. En cuanto a las reflexiones sobre el arte, da la sensación de que el director nos ha transmitido algunas muy profundas, pero la verdad es que no me han quedado claras cuáles son.

Aun así, considero que La sombra del pasado -cuyo título original, Obra sin autor, resulta más pertinente-, aunque no pasará a la historia como La vida de los otros, va a resultaros interesante o, como mínimo, os hará pasar un buen rato.




La segunda película es una que no se ha estrenado todavía en España, WHERE HANDS TOUCH (2018). Por ahí corre una versión subtitulada por un alma caritativa, que es la que he visionado, con el título de Cuando el amor te toca, pero no sé si es la traducción oficial.

Este film británico, de la directora Amma Asante, narra la historia de amor entre un joven nazi y una muchacha mulata durante el Tercer Reich, por lo que ya podéis intuir que la relación atravesará por algunas dificultades.


La película es honesta y bienintencionada, pero creo que peca de tópicos. Los nazis resultan tan malvados que parecen caricaturas -qué diferencia con la maldad contenida del personaje de Sebastian Koch-, y tampoco podían faltar los tópicos ligados a los campos de concentración, colocando un campo de exterminio en Baviera, por ejemplo.

Hay que decir que la pareja protagonista hace lo que puede por salir airosa de la papeleta, pero aun así la película no consigue sostenerse en pie. En todo caso, si simplemente queréis pasar el rato viendo una historia ambientada en la Alemania nazi, puede resultar más o menos entretenida.


martes, abril 30, 2019

"T-34" (2018): SI TE GUSTA LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, LAS BATALLAS DE TANQUES Y LAS EXPLOSIONES, ÉSTA ES TU PELÍCULA



Bien, amigos, no estoy desaparecido en combate, aunque lo pueda parecer por mi prolongada ausencia. Estoy concentrado en la escritura de mi próximo libro, que estará disponible en las librerías en otoño; ahora ya estoy embarcado en la redacción del penúltimo capítulo, así que puedo respirar un poco, por lo que vamos con una recomendación cinematográfica.

No obstante, antes vamos con algunos apuntes referidos a mis libros. No sé si sabéis que por estas fechas los autores recibimos de las editoriales las liquidaciones de las ventas alcanzadas el año anterior. Es ahora cuando el autor deja aparcadas las conjeturas y conoce con exactitud el número de ejemplares vendidos y, por tanto, la acogida real que han tenido sus criaturas.

De los números que me han llegado puedo decir que mi primer libro con la editorial Almuzara, ESO NO ESTABA EN MI LIBRO DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, ha funcionado bastante bien y, de hecho, lo sigue haciendo, aunque no ha sido una sorpresa.


Lo que me sí me ha causado sorpresa, hasta cierto punto, es lo bien que ha funcionado la reedición de HECHOS INSÓLITOS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, publicada por Roca, ya que apenas había generado comentarios y tampoco aparecía entre los libros más vendidos de Amazon. Tampoco me esperaba que PEQUEÑAS GRANDES HISTORIAS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, que publiqué con Planeta y que creo que ya no está a la venta en España, se siga vendiendo tan bien en México, Colombia y Argentina.

En el pasado Sant Jordi estuve firmando en Hospitalet de Llobregat (Barcelona) ejemplares de mi último libro, GRANDES ATROCIDADES DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, que, aunque parece que no va a alcanzar las cifras de ventas del anterior, se está defendiendo bien en las librerías.




Pues una vez informados de cómo van mis libros, en lo que ello pudiera tener de interés, vamos con la recomendación fílmica.

Ayer vi la película rusa T-34, estrenada el año pasado. La verdad es que no había oído hablar de ella y la encontré por casualidad. Mis expectativas no eran muy altas, ya que las cintas bélicas producidas en Rusia no acaban de gustarme. En ellas los diálogos no parecen reales, el ritmo es desigual, siempre meten una historia de amor con calzador y tienen un aire a película patriótica.


Aunque sus dos horas y veinte minutos de metraje la hacían un poco intimidante, decidí verla, en V.O subtitulada, y me ha sorprendido agradablemente. El film narra las peripecias de la tripulación de un T-34, el famoso tanque soviético, que les lleva desde un combate en los alrededores de Moscú en diciembre de 1941, tras una gran elipsis, a Alemania en 1944.

La película apuesta claramente por el espectáculo, para lo que no ahorra en efectos especiales. Está claro que la mayor parte de lo que se ve en pantalla son efectos creados por ordenador, algunos bastante inverosímiles, pero aun así provocan en el espectador el efecto buscado, que es la emoción y el asombro.

El argumento se basa en el duelo entre un tanquista soviético y otro alemán, que se prolonga de principio a fin y resultando, hasta cierto punto, convincente.



Una cosa que me ha llamado la atención es que, en un momento de gran tensión, un miembro de la tripulación del tanque ruso se pone a rezar el Padre Nuestro agarrando una imagen religiosa. De los testimonios de soldados soviéticos que he leído se desprende que estaban muy ideologizados por los comisarios políticos, así que me ha extrañado esa escena, pero no sé si alguien que conozca con más detalle la actitud de los soldados rusos podrá aclarar si esos arranques religiosos eran habituales o se trata de una licencia del guion, destinada a reducir de la motivación de lucha el componente comunista y aumentar el del patriotismo ligado a la Rusia tradicional, que parece que es la consigna imperante hoy día.

Por último, se agradece que la historia de amor que parece que ha de ser incluida por contrato en estas películas para atraer al público femenino a las salas no resulta cargante, sino que se engarza con cierta naturalidad en el guion.



Por tanto, no esperéis una obra maestra, una reflexión sobre la guerra o una crónica con valor documental, sino algo más cercano al cine de palomitas sin otra pretensión que hacer pasar al espectador un rato entretenido.

Así pues, si os gusta el cine bélico ambientado en la Segunda Guerra Mundial, las batallas de tanques, las explosiones, los proyectiles, la tensión del combate... ésta es vuestra película.


jueves, febrero 28, 2019

DESCUBRIENDO (A ESTAS ALTURAS) LA CARRERA ESPACIAL



Bien amigos, aquí sigo enfrascado en la redacción de mi próximo libro, que, si los dioses quieren, estará en las librerías en otoño. Pero he aprovechado el poco tiempo libre que tengo para ponerme al día en un tema que, hasta ahora, no me había llamado demasiado la atención, que es la carrera espacial.

Todo ha comenzado después de ver la película EL PRIMER HOMBRE (FIRST MAN, 2018), que narra la vida precisamente del primer hombre en llegar a la Luna, Neil Armstrong. Al parecer, la película resultó un tanto decepcionante y recibió duras críticas, incluida la de Donald Trump, que se quejó de que apenas se veía la bandera de las barras y estrellas que fue colocada allí.



Entiendo a los que no les haya gustado la película, ya que es una crónica intimista -si se puede decir así- de la trayectoria de Armstrong hasta llegar a su punto culminante. Así que prescinde de esos toques épicos que pudimos ver en APOLO 13 (APOLLO XIII, 1995) y que tan bien hubieran encajado en la hazaña del Apolo 11.

No obstante, el resultado de ese arriesgado planteamiento me gustó mucho, así que no me lo pensé y acudí raudo y veloz al libro en el que está basada la cinta, EL PRIMER HOMBRE, publicado por Debate en 2018.


Su autor es James Hansen, que tuvo la suerte de convertirse en el biógrafo oficial de Armstrong, y digo suerte porque éste ha sido siempre muy reservado y apenas ha concedido entrevistas. Pues bien, aunque el libro tiene 700 páginas, he disfrutado de cada una de ellas, lo he leído de un tirón y se me ha hecho incluso corto. Hacía meses que no me lo pasaba tan bien con un libro, así que os lo recomiendo efusivamente.

Para ampliar mis escasos conocimientos sobre la carrera espacial, además de revisitar la citada Apolo 13, me he visto FIGURAS OCULTAS (HIDDEN FIGURES, 2016), basada en la historia real de las científicas negras que trabajaban en la NASA a comienzos de los sesenta.




Podemos decir que la película es agradable de visionar, gracias a su ritmo ágil, pero aconsejo buscar información sobre la historia real en la que está basada, ya que en el film se exageran algunos episodios de discriminación racial para denunciar la segregación que sufría entonces la población negra. De hecho, he leído una entrevista con la científica protagonista y admitía que no se sintió discriminada en la NASA, lo que choca frontalmente con lo que se ve en la película.

Siguiendo con esa inmersión, me he visto la serie documental en cuatro episodios SPACE RACE (2005), producida por la BBC, que explica la carrera espacial desde las V2 hasta la llegada a la Luna.


Gracias a esta extraordinaria serie, en formato de docudrama, he descubierto los pormenores del programa espacial soviético, que desconocía casi por completo fuera de sus principales logros. Reconozco que incluso no había oído hablar nunca de su figura principal, Sergei Korolev, que jugó el mismo papel que Wernher von Braun en el programa norteamericano.

Para tratar de llenar las últimas lagunas, ahora estoy con un libro que narra también la carrera espacial, pero como está publicado por una editorial que me debe bastante dinero, no le voy a hacer propaganda aquí.

Así que, si queréis tomaros un respiro de la Segunda Guerra Mundial y además sois tan ignorantes como yo, no es mala idea descubrir, aunque sea a estas alturas -y nunca mejor dicho-, la aventura espacial.

viernes, febrero 15, 2019

SPITFIRE (2018): EL AVIÓN QUE SE CONVIRTIÓ EN UN SÍMBOLO PARA EL PUEBLO BRITÁNICO



Bien, amigos, retomo el blog después de estar más de un mes sin subir nada. No sirve de excusa, pero estoy concentrado en la escritura de mi próximo libro; las continuas interrupciones no me están permitiendo alcanzar la velocidad de crucero deseada, así que lo llevo con cierto retraso, aunque espero poder cumplir los plazos comprometidos.

En la línea de mis últimos posts, vamos con otra recomendación cinematográfica. Se trata de la película SPITFIRE, estrenada el año pasado. El film cuenta la historia de este célebre avión británico, convertido en el símbolo de la Batalla de Inglaterra y, por tanto, de la resistencia de Gran Bretaña al intento de invasión germana.

Spitfire va más allá del simple documental, ya que posee virtudes cinematográficas; su cuidada edición, la calidad de sus tomas aéreas, la banda sonora... Todo ello hace que la cinta cumpla con su propósito de transmitir la pasión por este aeroplano, convertido en el gran protagonista.


Gracias a este film he descubierto bastantes cosas que no conocía. Por ejemplo, no sabía que había un buen número de mujeres piloto que se encargaban de trasladar los aviones de las fábricas a los aeródromos.

En la película aparecen un par de estas mujeres, que nos cuentan su experiencia. Una de ellas tiene 100 años (!), pero presenta una vitalidad increíble; emociona ver la admiración que todavía siente por este avión, cuando lo ve evolucionar sobre un aeródromo.


Ese es el punto fuerte de la película: la emoción. En ella podremos escuchar el testimonio de otros pilotos, que nos explican también sus experiencias a los mandos del Spitfire. Al final de la película, es imposible no emocionarse al ver cómo esos pilotos son homenajeados en un acto de conmemoración de la Batalla de Inglaterra.

Por cierto, si habéis visto uno en la realidad, no sé si os habrá sorprendido como a mí lo grande que es. En las películas parece pequeño al ser un caza, pero en vivo resulta enorme, o a mí me lo parece. El último que vi fue en el Museo Nacional de la Técnica de Praga, ésta es la foto que le hice:



Además de la emoción que transmiten los testimonios, otro atractivo del film son las maravillosas imágenes actuales de los Spitfire en vuelo:




Hoy día hay medio centenar, que participan en exhibiciones aéreas en Inglaterra; tengo pendiente asistir a alguna de ellas.

Todo ello hace que la película se vea con agrado y que se aprendan cosas nuevas sobre la historia de este emblemático aparato pero, sobre todo, logra que se entienda el amor y la pasión que sigue despertando aún hoy día entre el pueblo británico. Así que os lo recomiendo, espero vuestras opiniones.