viernes, septiembre 13, 2019

"THEY SHALL NOT GROW OLD" (2018): PETER JACKSON INSUFLA VIDA A LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL ( ¡Y DE QUÉ MANERA!)



Bien amigos, tengo pendiente mi pequeña crónica del viajecito que hice este verano, pero no puedo dejar pasar la oportunidad de recomendaros encarecidamente una película de la que seguro que ya habéis escuchado hablar, o incluso habéis visto ya. Se trata de THEY SHALL NOT GROW OLD (2018), un título muy pertinente, pero que se desnaturaliza al traducirlo al español, Ellos no envejecerán.

Su director es bien conocido, Peter Jackson, que dirigió la trilogía de El señor de los anillos, que, por cierto, no he visto. Ignorante de mí, pensaba que Jackson sólo sabía hacer películas del género fantástico, pero ahora me quito el sombrero ante lo que ha hecho, ya que ha llevado el cine documental a otro nivel.




Como sabéis, Jackson se ha dedicado a restaurar filmaciones existentes de la Primera Guerra Mundial para confeccionar este film, que cuenta con la colaboración del Imperial War Museum. Aunque ya había visto el tráiler, pensaba que su interés radicaba en ver las imágenes restauradas y coloreadas. Como ya he visto algún documental así, no tenía mayores expectativas, pero me equivocaba totalmente.

En realidad, lo importante son las vivencias directas de los soldados, explicadas por voces en off, que te transmiten la experiencia de la guerra de primera mano. Obviamente, las imágenes (centradas sobre todo en los rostros de los soldados) y los efectos de sonido ayudan a que esos testimonios resulten muy próximos.




Nada que ver con otros documentales de la Primera Guerra Mundial, en los que los soldados forman una masa anónima y desdibujada, lo que hace que ese conflicto, a diferencia de la Segunda Guerra Mundial, se vea con cierto distanciamiento.

Así pues, Jackson logra de manera brillante insuflar vida a las imágenes de aquella guerra, revelando una expresividad que no hubiéramos sospechado que pudieran contener.




La lástima es que he visto la película en el ordenador, cuando está claro que verla en la gran pantalla debe ser espectacular, y aún más si se ve en 3D, tal como se proyectó en algunas salas.

Por cierto, me ha encantado la canción de los créditos finales, la he escuchado unas cuantas veces ya...

En suma, Jackson ha logrado una obra maestra del cine documental, una película de 10 rotundo que no os podéis perder.

martes, septiembre 03, 2019

RESEÑA DE "LA KRIEGSMARINE Y LA REGIA MARINA EN LA GUERRA DEL PACÍFICO", DE RUBÉN VILLAMOR




Bien, amigos, volvemos a encontrarnos después de las vacaciones de verano, que espero que os hayan ido muy bien. Por mi parte he hecho sólo una escapada a una ciudad europea, de la que os haré una pequeña crónica de lo que podéis encontrar allí en referencia a la Segunda Guerra Mundial.


La novedad más relevante de este inicio de curso es la recientísima aparición de mi nuevo libro, ESO NO ESTABA EN MI LIBRO DEL TERCER REICH, publicado por Almuzara.

Ya habrá tiempo de presentaros su contenido, pero puedo anticiparos que he intentado ofrecer un enfoque original de esa época que tanta literatura genera, para realmente aportar algo nuevo y evitar que sea un libro más sobre el Tercer Reich. Eso hace que el planteamiento sea un poco arriesgado, pero creo que el lector va a disfrutar con él, que es de lo que se trata.

Antes vamos con una reseña de un libro que leí justo antes de las vacaciones, cuyo autor es mi amigo Rubén Villamor, ejemplo de la nueva hornada de historiadores de la Segunda Guerra Mundial que, como dice el tópico, viene apretando fuerte. Él es un auténtico especialista en el teatro oriental, e incluso ha viajado este año por los escenarios chinos, como Nanking.

Ahora acaba de publicar LA KRIEGSMARINE Y LA REGIA MARINA EN LA GUERRA DEL PACÍFICO, en la editorial Galland Books.




El libro consta de sólo 48 páginas, que me leí en una hora y cuarto, pero son suficientes para hacerse una idea general de la participación de las marinas alemana e italiana en el teatro del Pacífico y el Índico.

El capítulo más destacado es que el describe el combate entre el buque corsario alemán Kormoran y el crucero australiano HMAS Sidney (representado en la pintura que encabeza esta entrada). Ese duelo ya lo conocía del excelente libro de Luis de la Sierra Corsarios alemanes de la Segunda Guerra Mundial, en donde se explica en detalle, pero si no tenéis ese libro, el relato de Villamor resulta muy completo.




Más me ha sorprendido la parte del libro dedicada a la marina italiana, una participación que desconocía por completo. Interesant, por ejemplo, el apunte sobre la Infantería de Marina italiana en China, con la misión de proteger las guarniciones militares en Tianjin, Shangai y Wuhan. También desconocía la existencia de corsarios italianos, aunque su desempeño no fue tan brillante como el de los alemanes.

Me ha resultado especialmente curioso saber que tres submarinos italianos prosiguieron la guerra tras la capitulación de Italia con tripulaciones mixtas de fascistas italianos, japoneses y alemanes. Sin duda, la dinámica interna de esos sumergibles daría para una interesante película.

El libro cuenta con buen material gráfico, con numerosas fotografías y varios mapas.

Hay que felicitar a Villamor por su aportación al conocimiento de lo acaecido en esos escenarios lejanos, que normalmente quedan fuera de los libros dedicados a este conflicto. Según me dijo, tiene pensado publicar una extensa obra sobre la guerra en Asia, así que esperaremos ese trabajo que, a buen seguro, se convertirá en la obra de referencia sobre ese inabarcable y complejo escenario.

viernes, agosto 09, 2019

CUATRO PELÍCULAS PARA DESCUBRIR (Y DISFRUTAR) EL CINE INDIO




Bien, amigos, vamos hoy con una recomendación fílmica por partida cuádruple. No sé si conocéis el cine indio; yo hasta hace poco tiempo no, pero gracias al torrente de posibilidades que ofrece internet he podido ver cuatro y, la verdad, es que me ha sorprendido muy agradablemente.

Antes de entrar en materia hay que tener presente que al cine procedente de Bollywood hay que acercarse con mentalidad abierta. Aunque técnicamente está a la altura del mejor cine, sus parámetros son diferentes a los nuestros y tienen otras reglas de juego.

Los personajes son arquetípicos; el chico, la chica, el amigo gracioso, el malo... lo que nos retrotrae al cine de varias décadas atrás. Los guiones tampoco son muy sofisticados, no hay giros inesperados, no se dejan cosas a la imaginación del espectador, se da todo masticado... También hay que tener presente que los ubicuos números musicales pueden aparecer en cualquier momento y circunstancia; aunque al principio sorprendan y desconcierten, uno se acostumbra a ellos rápidamente y los acaba viendo con normalidad. Por último, en las cuatro películas el patriotismo (más bien chauvinismo) es un ingrediente fundamental, llegando a unos extremos que en Occidente veríamos ridículos.

En el lado positivo, hay que decir que son películas muy amenas, tienen ritmo y no decaen en ningún momento, la tensión dramática es creciente, las piezas musicales son pegadizas y, además, todas las actrices indias están muy bien escogidas. Por tanto, aunque estas películas duran cerca de dos horas y media, se ven en un suspiro, sin que aburran en ningún momento, son puro entretenimiento.

Vamos pues con la primera de ellas, PARMANU: THE STORY OF POKHRAN (2018), que cuenta la historia de la primera explosión nuclear llevada a cabo por la India.




Si estamos dispuestos a aceptar arengas patrioteras y planteamientos maniqueos (aquí los malos son los americanos y los paquistaníes), podemos disfrutar de esta película cuyo cometido, parece ser, es justificar los ensayos atómicos que los indios llevaron a cabo en 1998, en un país caracterizado por la pobreza extrema de algunas capas de la sociedad.

Seguro que habrá quienes le parezca que la cinta es realmente mala si no están dispuestos a aceptar esta otra manera de hacer cine, pero es difícil negar que consigue atraer la atención y que su metraje pasa volando. Los sucesivos obstáculos que van surgiendo hacen que se acumule la tensión hasta el clímax final y el sabor de boca que te queda es muy bueno.

La segunda película es RANGOON (2017), ambientada en la Segunda Guerra Mundial.



Esta cinta puede desconcertar, ya que se mueve entre varios géneros. Es a la vez película histórica, comedia romántica, cine bélico, vodevil... pero lo dicho, si aceptamos esas reglas de juego la vamos a disfrutar.

Para los que nos apasiona la Segunda Guerra Mundial, tiene un gran interés, ya que el filme se decanta claramente por ensalzar al Ejército Nacional Indio, promovido por los japoneses y formado por prisioneros indios que habían caído en manos del Eje y civiles indios de Malasia y Birmania. Así, en una vuelta de tuerca de reinterpretación de la historia, las tropas que luchaban con el Eje, aliadas de Hitler, pasan a ser "los buenos", mientras que los británicos son claramente "los malos".

A parte del interés histórico, la película funciona como producto, existe química entre la pareja protagonista, hay sentido del humor, escenas de gran tensión dramática... Así que estamos ante un gran espectáculo.

La tercera propuesta tiene el complicado título de SAJJAN SINGH RANGROOT (2018) y está ambientada en la Primera Guerra Mundial.




Estamos ante un filme que cuenta la participación de un grupo de sijs en la Primera Guerra Mundial, sirviendo en el bando británico. La ambientación es poco exigente (basta ver los cascos y uniformes de los soldados alemanes) y las escenas bélicas no llegan al aprobado, pero eso poco importa ante una historia de interés humano, que habla de valentía y sacrificio.

En general, la película resulta amena teniendo en cuenta su extenso metraje (curiosamente, a la mitad hay un descanso). Como he apuntado, aquí sorprenden también los típicos números musicales de toda película india, en especial uno bastante insólito que tiene lugar en una trinchera. Las interpretaciones son aceptables, pero en mi opinión el protagonista no acaba de sacarle todo el jugo que permitiría su papel. De todos modos, es también una película muy recomendable que merece una oportunidad.

Y, por último, vamos con la que más me ha gustado, GOLD (2018), que comienza en los Juegos de Berlín de 1936 y culmina con la final del torneo olímpico de hockey en los Juegos de Londres de 1948.



La cinta se desarrolla según los consabidos parámetros del cine indio, incidiendo en el componente patriótico, también hasta extremos difíciles de digerir. No obstante, aquí nos encontramos con creíbles interpretaciones, buen ritmo sin resquicio para el aburrimiento, aceptables efectos digitales y dignas ambientaciones históricas, por lo que sus 170 minutos se hacen incluso cortos. Hay que tener presente que la película no tiene ningún reparo en cambiar algunos datos reales en pos de buscar un mayor efecto dramático, sin ir más lejos el auténtico resultado de la final de 1948.

Si uno prescinde de otras consideraciones y se centra en la historia humana que hay detrás, aquello tan manido de "luchar por un sueño", seguro que va a disfrutar mucho de esta película como yo lo he hecho.

Pues aquí tenéis mis exóticas recomendaciones cinematográficas para este verano, ya me comentaréis qué os han parecido. Y espero que no seáis como aquel amigo al que le recomendé efusivamente el cine coreano y me dijo que no le gustaba. Sorprendido e intrigado, le pregunté qué películas coreanas había visto para opinar así y me dijo: ninguna.



jueves, agosto 01, 2019

EL CURIOSO ORIGEN DE LAS CHUKKA BOOTS, BOTAS SAFARI O "PISAMIERDAS"




Bien, amigos, vamos con una entrada que os va a gustar, centrada en la curiosa historia de un objeto común, como es un prosaico par de botas.

Como sabéis, para conmemorar el 75 aniversario del Día D desembarqué en Omaha Beach. Pues bien, para no estropear con el agua salada y la arena mis botas réplica de las que usaban entonces los soldados norteamericanos, antes de ir decidí comprarme otras botas de inferior calidad, que no me importase que resultasen dañadas.

Así pues, adquirí en una alpargatería tradicional un par de las típicas botas safari, también conocidas popularmente como pisacacas o pisamierdas. Aunque luego investigué por qué se les llama por esos escatológicos epítetos, no hallé ninguna respuesta convincente.

Al ser de piel de ante o serraje, el aspecto inicial de las botas era muy bonito, pero tuve que pasarle bastante grasa de caballo (no hay que buscar mucho, la venden en el Mercadona) para impermeabilizarlas dentro de lo posible, así que su aspecto ha pasado a ser éste:




Como veis, aunque están nuevas, parece que ya hayan desembarcado no sólo en Normandía, sino también en Salerno, Anzio y Okinawa.

Pues, intuyendo que detrás de ese tipo de botas había una historia, me puse a investigar, y esto es lo que encontré.

La primera marca que vendió esas botas fue una muy conocida, Clarks. La primera vez que vieron la luz fue en la feria de calzado de Chicago en 1949. A partir de ahí, disfrutarían de un éxito que se prolonga hasta la actualidad.

Pero, ¿de dónde surgió la inspiración a Clarks?



Como podíais sospechar, la inspiración había surgido... durante la Segunda Guerra Mundial.

En 1941, Nathan Clark, bisnieto del fundador de la fábrica, James Clark, se alistó en el Ejército británico. El avispado joven aprovecharía su servicio para descubrir nuevos diseños de calzado. Así, mientras estaba destinado en Birmania, se fijó en que los oficiales, en su tiempo libre, usaban unas botas hasta el tobillo de color arena, con suela de goma, confeccionadas con piel fina pero resistente, por lo que eran cómodas y livianas.

Se trataba de las Chukka boots. Al parecer, ese nombre hace referencia a uno de los tiempos del juego del polo, aunque no está claro que relación tenían las botas con ese deporte, pero se les llamaba así.

Nathan Clark se enteró de que esas botas eran muy apreciadas en el escenario bélico de África del Norte, siendo utilizadas por los soldados en el desierto, quienes las preferían a las rígidas y pesadas botas que les suministraba el Ejército. Su fuente de aprovisionamiento eran las zapaterías artesanales del bazar Jan el-Jalili de El Cairo.




Y ¿de dónde habían obtenido la inspiración los zapateros cairotas para fabricar esas botas?

Pues de los soldados sudafricanos destinados también al Norte de África, quienes calzaban ese tipo de botas, que en su país son conocidas como Veldskoen (en afrikaans, vel es piel y skoen, zapato).

Esas botas fueron fabricadas por primera vez allí por la Compañía de las Indias Orientales en el siglo XVII para venderlas a los primeros colonos holandeses.

¿Y de dónde sacaron la inspiración?

Pues parece que ser que dos tribus locales, los bosquimanos y los hotentotes, se protegían los pies con un calzado parecido en sus paseos por el desierto del Kalahari para ver suricatas.

Supuestamente, los descendientes de los holandeses les copiaron la idea y, a partir de entonces, los Veldskoen pasaron a ser el calzado identitario de los bóers o afrikáners. Caminando con esas botas llevarían a cabo el mítico Gran Trek, o migración hacia el norte.




Así pues, si tenemos a nuestra disposición las botas safari es gracias a algún hotentote que un día se levantó inspirado y las ideó.

Entiendo el éxito de las Chukka boots porque realmente son muy ligeras y, aunque son de piel, resultan muy frescas. También, como no quedan cerradas del todo, el pie está ventilado, así que son todo comodidad.

Por último, ¿el precio? Pues apenas 30 euros, mucho menos que la mayoría de zapatillas deportivas de marca.

Así que si este verano queréis calzar unas botas con historia, ya sabéis...

sábado, julio 06, 2019

EL MUSEO DE BLINDADOS DE SAUMUR, EL LUGAR AL QUE HAY QUE IR AL MENOS UNA VEZ




Bien, amigos, aquí estamos con los calores del verano y en la ultimísima fase de mi próximo libro. Ahora se trata de corregir las galeradas antes de que entre en imprenta, a mediados de agosto, para que cuando llegue el otoño ya esté en las librerías.

Como sabéis, estuve en Normandía para las celebraciones del 75º aniversario. En el viaje de ida, nuestro grupo de recreación aprovechó para hacer noche en Saumur para visitar el Musée des Blindés, un lugar al que quería ir desde hace mucho tiempo, pero hasta ahora no había surgido la posibilidad.



Tal como digo en el título, este museo es uno de esos puntos que cualquier apasionado por la Segunda Guerra Mundial ha de visitar al menos una vez, ya que su colección es impresionante a pesar de que, por motivos de espacio, tan sólo se expone una cuarta parte de su fondo.

Así que vamos con algunas de las fotos que hice en la visita.

Después de pasar por una sala dedicada a la Primera Guerra Mundial, nos encontramos directamente con el plato fuerte, la dedicada a los blindados alemanes, con su gran estrella, el Tigre Real o Königstiger:



A pesar de haberlo visto tantas veces en fotografías o filmaciones, su presencia en vivo y en directo es apabullante.


Este ejemplar, que fue abandonado intacto por su tripulación el 23 de agosto de 1944 debido a un problema mecánico, tiene una anécdota. Su número original era el 123. No obstante, el primer director del Museo decidió en 1970 cambiarlo por el número 233, que era el número que lucía el King Tiger que dejó fuera de combate al Sherman que él tripulaba. Según tengo entendido, este es el único del mundo que sigue en funcionamiento; una vez al año lo sacan a dar un paseo.

Y aquí tenemos al no menos impresionante Panther, que luego en Normandía tendría la enorme fortuna de ver en movimiento:



No puede faltar el mítico Tigre, y a su lado el robusto y fiable Panzer IV, el único que participó en todas las campañas a lo largo de la guerra:



A todos los que pasaban por delante les llamaba la atención el zimmerit, que además de proteger de las granadas antitanque magnéticas hace que el tanque resulte más molón.


Y aquí un Panzer III, protagonista de la Blitzkrieg, pero que se ve anticuado al lado de sus hermanos mayores:



Por último, el pequeño Goliath:



Hay una pequeña sala con carros italianos:


Aquí vemos los británicos, a años luz de los alemanes. Parecen armastostes de la Primera Guerra Mundial.



El único que no haría demasiado el ridículo al lado de los germanos sería este Comet que sacaron ya al final de la guerra:



Qué decir del T-34 que no sepáis:



El cazacarros soviético SU-100, que no tenía el gusto de conocer, quizás porque apareció al final de la contienda:



Y ahora he visto que no hice fotos a los norteamericanos, pero también hay, claro.

Luego tenemos varias salas dedicadas a los blindados de posguerra, pero aquí he optado por poner sólo los de la Segunda Guerra Mundial.

Al acabar la visita uno puede llevarse algún recuerdo en su bien pertrechada tienda. Yo me llevé esta taza del Tigre Real:



Al salir me hice una foto junto al Sherman que tienen expuesto al aire libre:



Pues ya lo veis, si el destino os lleva cerca de Saumur, no dudéis en realizar una visita.

Ahora me queda por ver el Tank Museum de Bovington y el Panzermuseum de Munster. Si alguien ha estado en los tres, que nos haga una comparativa, por favor.



martes, junio 25, 2019

"LO QUE NUNCA TE HAN CONTADO DEL DÍA D" DA LO QUE PROMETE



Bien, amigos, aquí estamos de nuevo, en este caso para ofreceros una reseña de un buen libro, LO QUE NUNCA TE HAN CONTADO DEL DÍA D, publicado por Principal de los libros.

En la anterior entrada os dije que en la próxima os pondría el video de mi desembarco, pero como me imagino que, si me seguís en las redes sociales, ya lo habéis visto, no voy a repetirme, ya que los escritores tendemos a ser unos pesados. Si alguien no lo ha visto, que se pase por mi Página Oficial de Facebook o por mi Instagram, jesushernandez3945.

Como digo, os voy a hablar de un libro que tiene la particularidad de que lo han escrito dos buenos amigos míos.

Tengo que admitir que no me siento cómodo al escribir la reseña de un libro del que conozca personalmente a su autor, y menos aún si es un amigo. Si digo que, efectivamente, la obra me ha gustado, el lector pensará que lo recomiendo por hacerle un favor, y si el libro no me ha gustado y así lo expreso, puede crearse una situación un tanto incómoda. Por tanto, no soy muy proclive a mezclar amistad y crítica literaria.




Hace un año, el divulgador histórico Pere Cardona y el periodista del ABC Manuel Pérez Villatoro (en la foto estamos los tres junto a una máquina Enigma) regresaron de un viaje a Normandía junto a un grupo de recreadores, durante el que se filmó una película documental, Road to Normandy, dirigida por Laureano Clavero.

Unos meses después, me confesaron que, a su vuelta, habían decidido escribir un libro sobre el Día D y que ya estaban en ello. Como podéis imaginar, me mostré un tanto escéptico sobre esa iniciativa, ya que se ha escrito casi todo sobre ese episodio. Me mandaron algún capítulo que habían escrito; mis reservas parecían confirmarse y así se lo expresé con sinceridad.




Sin embargo, los autores demostraron un buen criterio al ignorar mis disuasorias advertencias y poseer una gran fe en su proyecto. Un tiempo después, cuando leí algunos de los nuevos capítulos, vi el extraordinario fruto de ese empeño a prueba de agoreros.

Tanto Cardona como Villatoro no se han conformado con recoger información que ya ha sido publicada, sino que han realizado una auténtica investigación para descubrir historias inéditas.

Vosotros diréis, ¿es que quedaba algo por decir? Pues sí.

En lugar de explicar todo lo que ofrece el libro, voy a indicar lo que más me ha gustado.

Hay un capítulo dedicado a los planeadores, en el que he descubierto muchas cosas que no sabía, como lo que hace referencia a sus pilotos, unos héroes injustamente ignorados.

El testimonio inédito de un paracaidista de la 82.ª División Aerotransportada, conseguido directamente por los autores.

La emocionante descripción del desembarco en Omaha.

La historia, también inédita, del tesoro de Maisy.

El testimonio escrito de un joven soldado germano-español en la defensa de Normandía y la Bolsa de Falaise, Alberto Winterhalder, publicado también por primera vez.



Además del interés de los temas tratados, hay que decir que el libro está muy bien escrito, resultando ágil y ameno. Por otra parte, es pertinente señalar el gran trabajo llevado a cabo por la editorial, ya que la edición está muy cuidada y no hay prácticamente ninguna errata.

Hay que destacar también el dominio de las fuentes, aportando lo que de verdad interesa al lector y huyendo del aparato bibliográfico, tan prolijo como pastoso, que uno suele encontrarse en presuntas obras divulgativas, que demuestra que el autor sabe mucho del tema, pero que lo único que consigue es obstaculizar la lectura. Los autores consiguen aquí ese difícil equilibrio.

Sin duda, es un libro que volveré a leer para disfrutar nuevamente de esas historias. La única nota negativa es que los autores han dejado el listón tan alto que es difícil que lo puedan superar en su próximo proyecto, pero si ya fracasé una vez en mis augurios, por qué no puede pasar otra vez...



lunes, junio 10, 2019

DESPUÉS DE DESEMBARCAR EN OMAHA BEACH, MI VIDA SÓLO PUEDE IR HACIA ABAJO




Bueno amigos, vamos con una entrada que espero que os resulte interesante.

Como algunos sabéis, he estado una semana en Normandía con ocasión del 75º aniversario del Día D. Desde hace más de un año se ha estado organizando una expedición de recreadores de la Segunda Guerra Mundial, a la que fui invitado al formar parte del grupo de recreación del que formo parte, Red Devils Barcelona.

Al final hemos sido medio centenar de recreadores de toda España, de Asturias a Melilla pasando por Valencia, Guadalajara o Madrid, y hemos contado con varios vehículos para recorrer los puntos de interés de la región: un camión GMC, un halftrack, un Dodge y dos Willys, lo que no está nada mal. Y además... bueno, lo digo más adelante.

Aquí me tenéis junto a nuestro camión:



Antes que nada, quiero dar las gracias a todos los que han hecho posible este evento inolvidable; no los voy a enumerar porque seguro que me dejo alguno, pero hay que destacar sobre todo a David de la Tercera Blindada Spearhead, de Madrid.

Un diez a la organización y para todos los participantes, que han demostrado en todo momento una enorme generosidad y camaradería. A todos ellos les quiero transmitir mi agradecimiento.

Pues bien, después de que, en el caso de nuestro grupo, hiciésemos noche en Saumur para poder visitar su Museo de Blindados, hemos pasado toda la semana recorriendo Normandía. Como imagino que la mayoría de vosotros ya ha estado allí y conoce de sobra sus irresistibles encantos, no entraremos a describirlos y pasaremos directamente a lo que ha hecho de este viaje algo único y especial:




Sí, es una lancha de desembarco Higgins auténtica. Aquí la vemos cuando la estaban cargando en Madrid, colocando un Willys dentro para aprovechar el espacio.

Pues nuestro objetivo no era otro que desembarcar en Normandía. En principio se contaba con el permiso de las autoridades francesas para desembarcar en Gold, pero existía la posibilidad de hacerlo en Omaha según cómo fuera la cosa. Yo firmaba hacerlo en Gold, pero los astros serían propicios...

También en principio, al ir como US War Correspondent, tenía previsto dedicarme sobre todo a hacer fotos, pero una vez allí falté al juramento hipocrático del buen periodista y me decidí a involucrarme de lleno en la acción, tomando algunas con mi móvil pero dejando que las fotos las tomaran otros.

Bien, pues conforme iban avanzando los días, por una cosa o por otra, ya que había que tener en cuenta el viento, el oleaje y, por si fuera poco, el horario de las esclusas del puerto de Port-en-Bessin, el deseado desembarco se iba posponiendo. La fecha que parecía definitiva era el mismo día 6 de junio, pero la Gendarmerie decidió cortar todas la carreteras -incluyendo la autopista-, por lo que fue imposible llegar ni siquiera al puerto.

Al menos ese día por la tarde, cuando se levantaron todas las restricciones de tráfico, nos llegamos hasta Omaha, en donde me hice alguna foto, destacando esta que me encanta por su toque épico.




Después fuimos a toda pastilla con los vehículos por la arena, de una punta a otra de la playa.



El desembarco fue aplazado al viernes, pero el mal estado de la mar también lo impidió. Tan sólo quedaba el sábado, ya que el domingo regresábamos la mayoría de la tropa.

El sábado por la mañana llovía, hacía mucho viento y había oleaje, por lo no se podía zarpar. Hasta que, por la tarde, Eolo se apiadó de nosotros y el viento remitió un poco, aunque el mar seguía picado.

Ante las dudas en lanzar la operación, los responsables nos propusieron zarpar advirtiéndonos que el oleaje estaba "en el límite del límite". Después de otras dramáticas advertencias que mejor no reflejo aquí, decidimos igualmente desembarcar, afirmando con gallardía que "hemos venido a esto". Fue entonces cuando se confirmó un rumor que estaba circulando; no desembarcaríamos en Gold, ¡sino en Omaha Beach!

Si no me equivoco, al final fuimos 16 los que nos apuntamos al desembarco, incluida una aguerrida dama. Subimos a la lancha en el puerto y, después de distribuirnos bien para repartir el peso, atravesamos el puerto para salir a mar abierto.

Como os he dicho, no hice ninguna foto. Cuando me pasen el material gráfico ya lo publicaré en una nueva entrada.

Entre risas nerviosas y gestos mutuos de "esto va en serio", comenzamos a enfrentarnos a las olas. Por si no lo sabéis, las lanchas de desembarco no son nada marineras, al carecer de quilla. Eso implica que no pueden cortar las olas, sino que suben y bajan bruscamente. Pues cada vez que bajaba la lancha era como si un alemán nos arrojase un cubo de agua salada por encima. A los dos minutos estábamos todos empapados de arriba a abajo. Al menos, si a alguien le preocupaba hasta dónde se iba a mojar las piernas en el desembarco, esa preocupación ya había desaparecido. Quizás para emular la escena inicial de Salvar al soldado Ryan, a uno de nosotros le venció el mareo y ofreció a Neptuno su almuerzo a medio digerir.



La aproximación a Omaha duró una media hora, hasta que nos plantamos delante de su inconfundible silueta. Íbamos a desembarcar en el extremo oriental, el sector Fox Green, muy cerca de Easy Red, en donde se encontraba la bestia de Omaha.

La lancha dio entonces una vuelta en círculo y se dispuso a atacar la orilla. Esa maniobra tiene su ciencia, ya que la lancha tiene que acelerar hasta que la proa toque la arena y, tras esperar apenas unos segundos para que la gente baje, tiene que echar marcha atrás para no quedar embarrancada, por lo que había que darse mucha prisa en salir.

La salida de los ocupantes de la lancha no entraña demasiada dificultad, pero hay que tener en cuenta unas recomendaciones. Lo primero, hay que alejar rápidamente las piernas de la rampa por si ésta siguiera avanzando, para evitar recibir un golpe, y hay que desplegarse en abanico para no ofrecer un abigarrado blanco al enemigo y no taponar la salida de los que van detrás. Y también es imposible ver el suelo para calcular la profundidad, ya que al caer la rampa el agua se enturbia, por lo que hay que saltar con decisión.



Así que la lancha pegó el acelerón, tocó la arena, se escoró a la izquierda y bajó la rampa de golpe... Sin tiempo a pensar, los primeros descendieron velozmente por la rampa y saltaron al agua, que llegaba a la altura del muslo. Yo iba el tercero de mi lado, así que pude calibrar la profundidad por los que me precedían.

Por tanto, me metí en el agua -que no estaba fría- y, afortunadamente, no perdí el equilibrio, así que salí con cierta compostura. Hubo quien se tropezó y cayó de rodillas, otro quedó sumergido y tuvieron que rescatarlo, pero en general todos desembarcamos con mucha profesionalidad.



Después llegamos corriendo a la orilla y nos arrojamos cuerpo a tierra. Avanzamos una docena de metros mientras algunos turistas nos grababan con su móvil y, ante la falta de respuesta enemiga, dimos la playa por tomada sin mayores diligencias. Considero que vencer por incomparecencia del enemigo no deslustra nuestra magnífica operación.

Como podéis imaginar, la experiencia fue única. El momento más emocionante fue cuando bajó el portón, porque, sin saber exactamente lo que te vas a encontrar, has de salir por allí ciscando leches. Obviamente, los que desembarcaron hace 75 años, cuando descendió el portón se encontraron un ambiente más hostil, pero la experiencia ha servido como ligera aproximación, y salvando todas las distancias, a lo que aquellos hombres pudieron vivir entonces.

Como deslizo en el hiperbólico título que he elegido para esta crónica, desembarcar en Omaha puede considerarse la experiencia definitiva para los apasionados por la Segunda Guerra Mundial, tras la cual todo puede parecer insípido y anodino. Ahora uno se siente como cuando acaba la última temporada de su serie favorita, y le embarga la sensación de que ninguna otra va a llenar ese hueco. No hay duda de que llegarán nuevas vibrantes experiencias, pero tampoco la hay de que será muy difícil superar ésta.