
Bien, aunque estoy liado dando los últimos toques a mi próximo libro, vamos con cuatro reflexiones sobre mi visita a Auschwitz-Birkenau. Por lo que leí aquí, ví que alguno tenía ganas de saberlas, así que espero no decepcionar.
PRIMERA REFLEXIÓN. Hasta ahora, cuando veía fotos o imágenes de internos de los campos de concentración nazis sentía sobre todo conmiseración, pena por ellos; famélicos, con sus ropas ridículas y zuecos de madera. Pero ahora los veo como héroes; realmente había que ser muy valiente para soportar aquellas condiciones de vida extremas.
Lo fácil en ese momento era simplemente agarrarse a las vallas electrificadas y acabar de una vez, si uno no era acribillado antes por los guardianes. No eran pocos los que hacían eso, o simplemente se dejaban llevar hasta caer en un estado de postración que acababa con la muerte. Desgraciadamente, la mayoría de los que resistieron acabaron igualmente muertos, pero no sé si muchos hubiéramos tenido su aguante.
SEGUNDA REFLEXIÓN. El campo de concentración era una versión extrema de nuestra sociedad. Allí, de poco servían los títulos universitarios, o las capacidades intelectuales. Lo mejor era ocultar la sobretitulación y asegurar que uno era caldedero, encofrador, cerrajero, sastre o zapatero; los alemanes te consideraban útil y te permitían seguir viviendo; los maestros, escritores, profesores universitarios y similares, directos a la cámara de gas.
Por otro lado, según leí en el libro de Primo Levi "Si esto es un hombre" (imprescindible, por cierto), los internos que se limitaban a seguir las reglas del campo (comer sólo la ración asignada, trabajar el tiempo estipulado, no robar...) no duraban vivos más de mes y medio. En cambio, los que sobrevivían lo hacían porque robaban comida en las cocinas o a otros compañeros si se descuidaban, traficaban con tabaco, se escaqueaban a la hora de trabajar, etc.
TERCERA REFLEXIÓN. Si alguien cree que visitando Auschwitz uno puede entender mejor el Holocausto, se equivoca. Al menos en mi caso, no entendi nada; me pareció todo tan absurdo y sin sentido que no sé cómo lo entenderán los grupos de escolares que lo visitan a diario. Que allí llegasen mujeres, niños y ancianos, y que fueran gaseados nada más llegar, no tiene ningún sentido.
Imagino que la mayoría de los que había en ese campo eran básicamente iguales, aspiraban a formar una familia, ser felices, etc., pero que las circunstancias habían hecho que unos llevasen zuecos de madera y otros botas de cuero; yo no acabo de entender qué es lo que llevó a que cada uno de ellos desempeñase ese papel.
CUARTA REFLEXIÓN. No dudo de que en el Holocausto muriesen seis millones de judíos. Como no tengo manera de comprobarlo, debo aceptar esa cifra, que de todos modos no tiene importancia; la dimensión de los crímenes nazis es tal que poco importa un millón de más o de menos.
Pero lo que más me ha sorprendido de mi visita a Auschwitz es la sensación de improvisación, de chapuza, que respira todo aquello, tan ajeno a la típica capacidad organizativa germana. Estamos cansados de leer el tópico de la "implacable maquinaria de exterminio nazi"... pues bien, yo no la vi por ningún lado. Yo pensaba encontrarme en Birkenau con una auténtica industria del exterminio, y me encuentro con unas cámaras de gas relativamente pequeñas al final de un andén, con sus hornos. Si no entendí mal, las cenizas las tiraban al estanque del que puse la foto.
La verdad, me parece un milagro que con esas instalaciones consiguiesen gasear, quemar y hacer desaparecer los cuerpos de entre un millón y dos millones de personas, y hasta cuatro millones según las fuentes; quizás esos números ya sean considerados algo exagerados, ya que en los letreros que hay en el campo sólo ponía que allí murieron "cientos de miles de personas". Si los otros campos de exterminio (Sobibor, Treblinka...) eran similares, me parece muy sorprendente que en un espacio de tiempo relativamente corto lograsen reducir a cenizas a seis millones de personas, tanto como toda la población de la Comunidad de Madrid o la de Cataluña. Me imagino tener que hacer desaparecer a todas esas personas en condiciones normales... pues entonces era a personas procedentes de toda Europa y en medio de una situación de guerra.
Yo no sé si por pensar esto soy revisionista, negacionista o mediopensionista, pero si me sorprende este hecho creo que mi deber es compartirlo con vosotros. Pero bueno, insisto, se trata sólo de impresiones personales durante un viaje turístico, doctores tiene la Iglesia para establecer la verdad histórica.
Pues bien, estas son mis reflexiones, no sé que os habrán parecido.