jueves, septiembre 13, 2018

LÍDICE, EL PUEBLO QUE SUFRIÓ LA VENGANZA DE HITLER




Bien, amigos, retomamos el blog después de las vacaciones. Como sabéis si me seguís en Facebook, este verano he hecho un frikiviaje a Praga, en donde he podido ver algunas cositas que tenía pendientes desde hace tiempo, como Lídice, el pueblo que fue arrasado por los alemanes como escarmiento por el asesinato de Reinhard Heydrich.

Los seguidores del blog conocéis de sobras la Operación Antropoide, así que creo que no hace falta relatarla, por lo que pasamos directamente a las represalias, que serían masivas e indiscriminadas. Se cree que, sólo en Checoslovaquia, 1300 personas fueron fusiladas y unos 3000 judíos fueron enviados a los campos de exterminio de Polonia. Pero quien sufriría en máximo grado la venganza de los alemanes sería la pequeña población de Lídice. Según un comunicado oficial, sus habitantes habían apoyado a los culpables, hallándose allí un depósito de armas y una emisora clandestina.

En realidad, lo único que acusaba a Lídice era una carta interceptada por la Gestapo antes del atentado en la que uno de los paracaidistas de apoyo enviaba un saludo a su familia, que residía allí. Ese detalle sería suficiente situar a Lídice en el centro de las investigaciones. Pese a que nada se encontró y no se pudo establecer ningún vínculo entre la localidad y los autores del atentado, las informaciones hablaban ya de que el comando había contado con la colaboración de sus habitantes. Esos rumores infundados llegaron a oídos de Hitler. Furioso por el desafío que suponía el asesinato de su representante en Praga, ordenó lanzar una brutal venganza contra Lídice. El pueblo tenía que ser arrasado, la población masculina debía ser ejecutada, y las mujeres y los niños enviados a campos de concentración.

Las tropas germanas se presentaron en Lídice la noche del 9 de junio, concentraron a los hombres en una casa que estaba a la salida del pueblo, y a las mujeres y a los niños en la escuela. Los 171 hombres serían ejecutados por la mañana. Un par de horas después el pueblo fue incendiado.

Pero eso no era suficiente para hacerlo desaparecer, tal como había ordenado Hitler, quien quería convertir ese terreno en una finca para entregársela a la viuda de Heydrich. Así que todo lo que quedaba en pie fue derribado en las semanas siguientes por una brigada del Servicio del Trabajo del Reich, desplazada desde Alemania para la ocasión. Los cascotes fueron cargados en carros y trasladados fuera del pueblo.


Puedo aseguraros que Lídice, a pesar de su apariencia bucólica -o precisamente por eso- es uno de los escenarios más escalofriantes de la Segunda Guerra Mundial, y he estado en unos cuantos. Hay innumerables poblaciones que quedaron arrasadas durante la contienda, pero éste es el único caso en el que esa destrucción se llevó a cabo de forma fría, metódica y completa. Los alemanes harían allí gala de su proverbial espíritu perfeccionista, demostrando una laboriosidad y eficacia digna de mejor causa.

Pero antes de describir el lugar, voy a indicaros cómo ir. Esto es importante, porque la información disponible en internet -que era la que yo llevaba- está obsoleta, así que tuve que realizar allí mis averiguaciones.

COMO IR DE PRAGA A LÍDICE

Para llegar a nuestro destino sólo hay que ir hasta la estación de metro de la línea A Nádraží Veleslavín, de donde parten los autobuses para el aeropuerto, y tomar allí mismo el autobús 300.

No tiene pérdida; el andén de los autobuses está justo a la salida del metro. El autobús del aeropuerto sale de la parada número 1, y el que nos interesa, con destino a Kladno, sale de la parada número 3.




Estos son los horarios del autobús 300:


Si habéis comprado un billete de transporte de 90 minutos para coger el metro (32 coronas, 1,25 €), ese billete ya os servirá para tomar el autobús. Si habéis comprado el de 30 minutos y se ha pasado el tiempo, podéis comprar otro al conductor (24 coronas, 0,93 €).

El trayecto dura 17 minutos. En el interior del autobús hay una pantalla por la que se pueden seguir las paradas, así que no hay ningún problema para saber cuándo uno se tiene que bajar.

Una vez que bajéis, hay que mirar justo en la dirección de donde venía el autobús y al otro lado de la carretera de donde había girado para tomar el desvío en donde se halla la parada está la entrada al recinto del parque-monumento de Lídice.

La foto está tomada desde la entrada, a la derecha podéis ver la parada en donde deja el autobús, os la he señalado con un círculo:



A unos cien metros a la izquierda está la carretera que lleva al pueblo reconstruido.

Aquí estoy yo haciéndome el selfie de rigor:



¿QUÉ PODEMOS ENCONTRAR EN LÍDICE?

El visitante se encontrará con un gran parque que se extiende por una hondonada, atravesada de punta a punta por un camino asfaltado que un día fue la calle principal.




A los lados apenas se pueden ver los cimientos de la casa en cuyo patio los hombres fueron ejecutados, de la iglesia y de la escuela, aparte de los diversos monumentos conmemorativos. Parece muy poco, como así es, pero el pueblo se hace extrañamente presente en ese vacío.


Estos son los cimientos de la granja de la familia Horak, en donde se perpetraron las ejecuciones:




Esta cruz señala el lugar de la fosa común en la que fueron enterrados por judíos enviados desde el campo de Theresienstadt:




Aquí estaba la iglesia de San Martín, construida en 1352, de estilo gótico con una extensión barroca, que fue volada con explosivos. La escena sería filmada para que Hitler pudiera certificar que su orden había sido cumplida al pie de la letra.


Este es el aspecto que tenía la iglesia antes de ser destruida:


Su párroco, de 73 años, había sido fusilado junto a los demás hombres del pueblo. Ese monumento señala el lugar en el que estaba el altar:



Y aquí estaba la escuela, construida en el siglo XVIII:


Así era la escuela:


Los alemanes llegaron incluso a destruir las tumbas del cementerio una por una y a sacar los ataúdes con los muertos, arrancar de cuajo todos los árboles del pueblo y cambiar el cauce del riachuelo que atraviesa la calle principal. Nada debía recordar la existencia de Lídice.

Aquí estaba el cementerio:



Las 196 mujeres del pueblo serían enviadas al campo de Ravensbrück, donde morirían 53 de ellas. De los 105 niños capturados, 82 fueron enviados al campo de exterminio de Chelmno, donde fueron gaseados. Los restantes serían entregados a familias alemanas o dejados en un orfanato.

Los niños asesinados son recordados en un impresionante conjunto escultórico situado a la entrada del pueblo; cada uno de ellos está representado en una realista figura en bronce de tamaño natural.



La escultora murió antes de acabar su obra, así que no la llegaría a ver expuesta.

Todas las víctimas son homenajeadas en el museo situado en la colina desde la que se puede contemplar el parque. La entrada cuesta 90 coronas (3,52 €). Tras el visionado de un montaje audiovisual, una sala en penumbra retrotrae al visitante a aquel trágico episodio.

En la recepción se exhibe esta maqueta del pueblo. En el interior del museo no está permitido hacer fotografías.


Allí se muestran los escasos objetos que pudieron recuperarse, como la puerta de la iglesia. Los nombres y las fotografías de cada una de las víctimas hacen que la matanza no quede confinada a la frialdad de las cifras y se haga dolorosamente cercana.


El conjunto memorial se completa con el monumento conmemorativo principal: una glorieta rodeada de una columnata.



En ese monumento hay y dos extensos altorrelieves que representan escenas de la destrucción de Lídice y el asesinato de sus habitantes.



Además, el visitante puede pasear por el “Jardín de la Amistad y la Paz”, creado en 1955 y en el que se cultivan más de veinte mil rosas:


También hay una galería de exposiciones construida en 2003 en la que se exhiben creaciones artísticas inspiradas en aquella tragedia, pero allí ya no fui porque se hacía tarde y amenazaba lluvia.

Así que, como habéis podido comprobar, vale la pena aprovechar la típica escapada a Praga para llegarse hasta Lídice. Como veis en las fotos, apenas había nadie por allí, al contrario que en el campo de concentración de Theresienstadt o Terezín, que sí ha entrado en el circuito turístico, y al que le dedicaré la correspondiente entrada del blog.

De entre todos los escenarios de la Segunda Guerra Mundial que he visitado, sin duda Lídice queda entre los que más me han impresionado, así que espero que disfrutéis de la visita igual que yo.




Por último, quiero recordaros que desde el mes de julio podéis encontrar en las librerías mi último libro, HECHOS INSÓLITOS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, publicado por la editorial Roca, así que espero que disfrutéis también de su lectura.

3 comentarios:

Jesus Maria Gaona Armenta dijo...

Una Historia digna de nunca olvidar..?Que dicen los habitantes del lugar? investigaste?

Jesús Hernández dijo...

No fui luego al nuevo Lídice, reconstruido tras la guerra, en todo caso no hablo checo para poder preguntar a los vecinos.

De todos modos, hay una curiosa historia al respecto que leí en un librito que compré en el museo.

Cuando se reconstruyó el pueblo, se decidió que las casas se entregarían gratis a las mujeres supervivientes y a los niños que hubieran quedado huérfanos de los dos padres.

El problema surgió cuando dos hombres de Lídice que habían escapado a Gran Bretaña al principio de la guerra para combatir en las fuerzas británicas solicitaron cada uno una de esas casas. Pero las mujeres del pueblo se reunieron y decidieron en asamblea que no les asistía el derecho a obtener una.

Ya no sé si los dos combatientes discriminados por razón de género tuvieron que pagarse las casas o prefirieron irse a vivir a otro lugar en el que fueran mejor recibidos.

lbo dijo...

Sobre esta anécdota de los dos hombres discriminados, me da la impresión que debieron influir otros motivos que los de género. No soy un experto y lo que digo es pura divagación. Pero diría que en Checoslovaquia, tras la guerra, al caer bajo la esfera de influencia sovietica, no debían de gustar nada esos soldados del Oeste y bajo las órdenes del gobierno en el exilio, ahora en desgracia. Por otra parte, después de todo, quien liberó Praga y la mayor parte de Checoslovaquia fueron los soviéticos y con ellos había un cuerpo de ejercito checo. El prestigio de vencedor se lo llevarían éstos, junto con los partisanos que intervinieron en los ultimos días. Mientras, a los checos del oeste se les ningunearía. ¿Qué hicieron? Pues no liberaron suelo checo. Se les destinó a rendir una fortaleza en Dunkerque que resistió hasta el fin de la guerra. Entre lo poco que hicieron además estuvo la operación Anthropoid, que tuvo unos resultados discutibles y que desencadenó la terrible matanza de Lidice. Es más, hasta es posible que a esos 2 soldados alcanzara un halo de responsabilidad por la frivolidad con que se maquinó la operación, que obvió las represalias que los ocupantes podían tomarse.