viernes, noviembre 24, 2006

Una llama no tan eterna

Bueno, ahora me ha dado por estudiar en profundidad la Primera Guerra Mundial, un conflicto apasionante pero que no cuenta con demasiados entusiastas, al contrario de la SGM. Os recomiendo que, cuando estéis ya un poco saturados de la SGM, os desintoxiquéis adentrándoos en el maravilloso mundo de la PGM. Por ejemplo, os podéis leer el libro LA GRAN GUERRA, de Michael S. Neiberg (Paidós) que, a pesar de su portada disuasoria, es muy ameno y entretenido.

Así que, en éstas, he recordado algunas curiosas anécdotas relativas a la tumba del soldado desconocido que está bajo el impresionante Arco de Triunfo de París.
A las once de la mañana del 11 de noviembre de 1920, exactamente dos años después de la entrada en vigor del armisticio que ponía fin a la PGM, bajo el Arco de Triunfo parisino se procedía a dar sepultura al "soldado desconocido" francés y se encendía la llama eterna, destinada a mantener su memoria a perpetuidad.

Aquel acto dio lugar a una divertida anécdota que, aunque probablemente sea falsa, merecería ser verídica. Según explicaban después los parisinos, antes de comenzar la ceremonia una señora intentó abrirse paso hasta las primeras filas, pero un gendarme se encargó de cerrarle el paso, advirtiéndole que tan sólo se permitía pasar a las más altas autoridades.

La señora se dirigió al policía amablemente, pero con firmeza, diciéndole:

- Mire, agente, yo tengo que pasar porque soy la madre del soldado desconocido.
El gendarme, confuso por el aplomo con el que la señora se lo había dicho, se quitó la gorra en señal de respeto y ... ¡la dejó pasar!

Aunque la tumba siempre ha sido objeto de gran veneración, la llama eterna no siempre ha sido respetada por los visitantes. En 1958, un francés llamado Claude Figus acudió allí con una sartén e intentó freirse unos huevos utilizando el calor del fuego sagrado. Inmediatamente fue detenido, acusado de violación de sepulcro.

De todos modos, ese fuego ya no era el mismo que se encendió en la inauguración del monumento. Pocos días después de la liberación de París por los Aliados, en agosto de 1944, un soldado norteamericano que se encontraba bajo los efectos del alcohol no tuvo otra ocurrencia que apagarlo orinando sobre él (!).
A ver si mañana tengo tiempo de explicar un hecho curioso del que fui testigo en París.

2 comentarios:

Michael dijo...

Muchas gracias para sus palabres tan amable sobre mi libro.

Michael Neiberg
neiberg102@gmail.com

morvo dijo...

me parece que quien la apago no era estadounidense, era mexicano en el mundial del 98, pero tambien pudo haber sido el segundo en hacerlo