viernes, febrero 19, 2016

STASI, EL TERROR GRIS (1ª PARTE)





Bien, amigos, ya estoy inmerso en la redacción del artículo sobre la Stasi que publicaré en una revista, pero mientras tanto quiero ofreceros un aperitivo, tomando como base mi visita a la prisión berlinesa de Hohenschönhausen, que podéis ver arriba. Todas las fotos las tomé allí.

Mientras que la Gestapo o la NKVD stalinista recurrían sistemáticamente a la tortura y el maltrato físico contra los opositores, cuando no el asesinato, la Stasi tuvo que adaptarse a los nuevos tiempos. Ante la presión internacional, el régimen germano-oriental se vio obligado a utilizar medios de represión menos brutales. La Stasi recurriría entonces a la violencia psicológica, administrada de manera fría, burocrática y funcionarial, por lo que he decidido definirla -a diferencia del terror negro desplegado por las SS o el rojo de los stalinistas- como terror gris. Además, el color de los uniformes de la Stasi era de ese color.

Voy a explicaros lo que ocurría después de llegar a una prisión de la Stasi en una de las siniestras camionetas Barkas B 1000 de las que os hablé en el último post.




Como os decía, la camioneta entraba directamente en un garaje potentemente iluminado con decenas de fluorescentes. El objetivo era que, al salir de repente de la oscuridad, los detenidos quedasen deslumbrados y aturdidos. A la vez, se les daba órdenes a voz en grito.

Ése sería el inicio del desgaste psicológico al que serían sometidos allí.

El detenido era fichado y fotografiado. Luego era llevado a una sala en que tenía que desnudarse para ser examinado, anotándose sus características físicas. También se le inspeccionaban los orificios corporales. Después se le entregaba la ropa interior, un chándal azul oscuro y unas zapatillas.



Sí, a mí también me sorprendió que las zapatillas fueran las típicas de andar por casa, pero se ve que eran así.

También se le proporcionaban los artículos de aseo personal.



A lo largo de los pasillos de la prisión había un sistema de “semáforos” para que ningún preso pudiera cruzar su vista con otro. Los guardias sólo los sacaban de su celda cuando las luces estaban en verde. Si aun así se producía una coincidencia, uno de los presos era puesto de cara a la pared hasta que el otro acababa de pasar.




Las ventanas de las celdas estaban tapadas con bloques de cristal traslúcido, que dejaban pasar la luz solar pero no permitían ver el exterior.

Disponían de una cama de madera, una mesa, una silla, un lavabo y un retrete.




La Stasi utilizó la privación del sueño como principal herramienta para doblegar la voluntad de los detenidos y obtener una confesión.

Habitualmente, al detenido se le permitía dormir a partir de las ocho de la tarde, cuando se apagaban las luces de la celda, pero a las diez de la noche era despertado y conducido a la sala de interrogatorios.

Aquí tenéis una.



Allí permanecía respondiendo a las preguntas del agente hasta las cuatro de la madrugada, cuando regresaba a la celda para dormir, pero era despertado de nuevo a las seis de la mañana, cuando se encendían las luces. A partir de esa hora no se le permitía dormir; si lo intentaba, el guardia aporreaba la puerta para que se levantase, y si no lo hacía, el guardia entraba y lo zarandeaba para que permaneciese despierto.

Esa agotadora rutina se repetía noche tras noche, hasta que el agente consideraba que había extraído la información que buscaba.

Aquí tenéis otra de esas salas.




Durante las escasas horas en que al preso se le permitía dormir, se encendía la luz de la celda cada diez minutos, para que el guardián comprobase por la mirilla que el preso dormía boca arriba con las manos sobre la manta. Si el detenido no tenía sus manos a la vista o dormía de lado, el guardia entraba y lo despertaba para que adoptase la posición correcta.

Durante el día, el preso debía permanecer sentado en el taburete sin respaldo que habéis visto en la foto de la celda, con las piernas encajadas entre las patas de la mesita, y con las manos sobre la superficie de la misma. Estaba prohibido apoyar la espalda contra la pared. Si necesitaba al inodoro, debía pedir permiso para levantarse.

El guardián comprobaba por la mirilla cada cinco minutos que las normas se estaban cumpliendo.

Los guardias iban desarmados pero, cuando un detenido se resistía a cumplir las órdenes, se llamaba de inmediato a un grupo de intervención, que acudía pertrechado de porras y esprais de gas pimienta para reducirle. En los casos de reincidiencia, el preso podía acabar con una camisa de fuerza en una celda forrada de caucho, sin iluminación ni retrete, en donde permanecía hasta que daba indicios de recuperar la docilidad.

Aquí, una de esas camisas de fuerza.



La desesperación llevaría a algunos detenidos al suicidio. Un método consistía en poner de pie la cama de madera y ahorcarse desde una de las patas superiores mediante una soga confeccionada con trozos de sábana anudados. Otro era tumbarse en el suelo boca arriba y colocar una pata de la pesada cama sobre el cuello para provocar el ahogamiento.

Conforme pasaban los días o semanas, la necesidad de comunicarse con otro ser humano -ya que los guardianes debían limitarse a impartir órdenes secas- llevaba a no pocos presos a desear que llegase la hora del interrogatorio diario. Llegados a ese punto, los agentes tenían más fácil obtener de ellos la información que buscaban.

Otra sala de interrogatorio más.


Si el sujeto se mostraba colaborador con el agente que le interrogaba, lo que acababa sucediendo a menudo, podía obtener algunos beneficios para sobrellevar mejor su cautiverio, como el de leer un libro por semana. Como los presos estaban incomunicados, alguno podía tener la tentación de enviar un mensaje a otro compañero, por ejemplo marcando una pequeña señal con la uña debajo de las letras del texto hasta formar palabras y frases. Para evitar cualquier intercambio de mensajes los libros eran prestados a los presos siguiendo una rueda de un solo sentido; la Stasi no dejaba al azar ningún detalle.

Otra recompensa podía consistir en ser trasladado a una celda de mayor tamaño y disfrutar allí de la compañía de uno o dos presos más. A pesar de la alegría inicial de poder hablar con otra persona que no fuera el interrogador, había que tener cuidado con lo que se decía, ya que alguno de los presos solía ser un confidente, o incluso podía haber un micrófono instalado en la celda.

Como ejemplo de la delación generalizada que se extendía por doquier, no sólo los presos se espiaban entre ellos, sino que se llegó al extremo de que algunos presos accedían a informar a los agentes de la Stasi del comportamiento de los propios guardianes.




Después de confesar, el detenido era llevado a juicio, en un procedimiento que no era más que una farsa.

Aunque el acusado tenía derecho a un abogado, no solía ver a éste hasta el mismo día del juicio. La sentencia ya había sido decidida de antemano en el Ministerio de Seguridad, y el juez se limitaba a dictarla. De allí, el preso era enviado a una prisión estatal para cumplir la pena impuesta.

Pues hasta aquí el relato de lo que le esperaba al desgraciado que caía en las garras de la Stasi.




Esta visita a Hohenschönhausen, que duró cuatro horas, me provocó una fuerte impresión y no os miento si os digo que cuando salí por la puerta me flaqueaban las piernas. Me hubiera ido bien tomarme una copa de coñac o, ya que estaba en Alemania, un par de chupitos de Jägermeister.

Lo que más me impresionó fue el ver el rostro de los presos que estuvieron allí confinados en los ochenta, cuyas fotos están allí expuestas -y que olvidé fotografiar-. La mayoría son jóvenes con los peinados típicos de los ochenta, que llevábamos también aquí. Mientras que la violencia de las SS o la NKVD nos resulta lejana, de otra época, el terror gris estaba sucediendo mientras nosotros -al menos, los de mi edad- íbamos al Instituto o la Universidad.

Esa conexión con el pasado más inmediato se siente en el mobiliario, los teléfonos, los armarios... El sol invernal que se colaba por las ventanas hacía que todo resultase muy próximo, no sé por qué, así como el extrañamente reconocible olor de las salas de interrogatorio; parecía que siguiera allí el mismo aire que en los ochenta. Daba la sensación de que uno podía perfectamente haber estado allí y haber corrido la misma trágica suerte de aquellos jóvenes que habían quedado atrapados en el terror gris.


11 comentarios:

Juanjo Galiano dijo...

Estremecedor.... Y hay que añadir que probablemente muchos iban sin idea de por que... Quiero decir que aunque injustamente (desde el punto de vista del hombre libre) si obrabas en contra del gobierno sabías que te arriesgabas a ser detenido, pero seguramente muchos entraron ahí por una mera sospecha....

Excelente avance Jesús, espero con impaciencia ese artículo completo.

Hauptmann Ulmann

Unknown dijo...

Jesus, pregunto , que ha pasado con todos los asesinos de ls Stasi, jueces, guarias y demas' Alemania, hizo como con los nazis? Los reciclo o bien se hicieron los nabos con ellos como si nunca hubieran existido? No hay culpables encarcelados, nada de nada? Gracias. Cesar

Jesús Hernández dijo...

Gracias Juanjo, sí, es como dices. Muchos jóvenes fueron detenidos por llevar estética occidental. Los agentes entraban en sus casas cuando no estaban y tomaban fotos de toda la casa; el tener pósters o cassettes occidentales era suficiente para tener que pasar por la comisaría para "aclarar un asunto". En la exposición de la sede central de la Stasi en Berlín vi la foto de un detenido de estética punk.

César; los alemanes decidieron pasar página. Sólo unos pocos, como el jefe de la Stasi, Erich Mielke, fueron a la cárcel.

Curiosamente, la mayoría de agentes de la Stasi encontró rápidamente trabajo en sectores como la venta de seguros, el telemárketing o las inmobiliarias, ya que eran auténticos expertos en persuadir a la gente... eso lo explica Anna Funder en su excelente libro Stasiland, que recomiendo.

Unknown dijo...

Gracias Jesus por confirmar mi suposicion. Estos alemanes, siempre pasan la pagina, solo que el monstruo, esta dormido, Luego se rasgan las vestiduras por prohibir leer Mi Luche, al final ,un libro basura mas de los tantos, pero es triste, ver hoy, como dicen hacer justicia con un nonagenario que cuidaba la puerta de algun campo, para eso tuvieron 70 años, para condenarlos y hacerlos podrir en una carcel. Gente muy extraña la germana.

Mario Tenorio dijo...

Estupendo adelanto de tu artículo. Supongo que será muy difícil hacer llegar a los lectores el impacto en toda su magnitud que produce una visita de este tipo.
¿Has experimentado en este lugar la sensación de parque temático que dicen que se siente al visitar sitios como Auschwitz, donde casi todo ha sido reconstruido para los visitantes?
Lo que veo es la gran diferencia de Alemania, en este caso, de haber mantenido la cárcel como un testigo mudo del horror frente a lo pocos lugares que se pueden visitar en España (por ejemplo,el Valle de los Caídos)y donde muchos han querido hacer un paralelismo entre los años del franquismo y los terrores de las dictaduras más atroces.

Saludos desde el sur

lbo dijo...

Interesante avance. Espero nos indiques donde leer próximamente el artículo.

Hay sin embargo dos frases del post que me gustaría comentar; es cuando dices: "...la Stasi tuvo que adaptarse a los nuevos tiempos. Ante la presión internacional, el régimen germano-oriental se vio obligado a utilizar medios de represión menos brutales."

A continuación escribo desde mi ignorancia hacia el tema, pero ¿no será más bien que esta forma de ejercer el control sobre la población resultaba a la postre más eficiente que la de la Gestapo u otras? Lo que atribuimos a la presión internacional quizá no era más que la optimización de su operativa. Después de todo, la represión es un medio para un fin, donde la finalidad no es tanto eliminar al oponente sino obtener de él algo (conocer sus movimientos, etc.)

Una tortura más drástica, una violencia más directa quizá podían impresionar a la mayoría, y hacer que venciera sus resistencias. Pero seguramente había demasiados efectos colaterales en la operación. Por ejemplo, que ante el miedo los detenidos exagerasen sus respuestas o dieran información falsa sin querer, que los policías se estresasen demasiado ejerciendo la violencia física (al fin y al cabo es difícil encuadrar a los sádicos en una gran organización), que la violencia física requeriese más personal en los centros de detención, o simplemente que el detenido se muriera o quedase inservible al inicio del proceso. Es posible, también, y reitero que escribo desde la total ignorancia, que hubiera también una minoría de detenidos capaz de prepararse mentalmente ante la tortura física y engañar al policía.

Con esto quiero decir que este terror gris, igual no fue tanto una concesión a los nuevos tiempos como una forma más eficiente de terror: con más resultados, más económica, que obtenía información de más calidad.

Jesús Hernández dijo...

Excelente reflexión, Ibo, no vas nada desencaminado.

Antes de recortar algunas frases para que el post no me quedara muy largo, puse que la Stasi "hizo de la necesidad virtud", creo que ésa es la clave.

En esa misma prisión actuaron antes los soviéticos, en otras celdas situadas en un sótano, a las que igual otro día dedico un post. El problema era que sus torturas sólo conseguían que la víctima confesase lo que sus captores querían escuchar. Por el contrario, la Stasi, con sus métodos menos brutales, conseguían mucho mejores resultados, información de calidad, como dices. Lograban infiltrar informadores en todos los ámbitos de la sociedad y eran pocos los que se resistían a colaborar. Ahora acabamos de saber que hasta Walesa en Polonia acabó colaborando; no tengo idea, pero el posible que la policía política de allí funcionase bajo parámetros parecidos a la Stasi.

¿Hasta qué punto fue necesidad y cuál virtud? Interesante cuestión.

La DDR, para no desacreditarse más de lo que estaba -esas dramáticas imágenes del Muro hacían mucho daño-, no podía recurrir a los métodos de Gestapo o NKVD. Así que hizo concesiones -al menos teóricas- bajo la presión de occidente para ser reconocida, pero la Stasi empleó esas limitaciones en perfeccionar sus métodos, hasta conseguir un control casi total de la población, aunque la marea de 1989 acabaría llevándose todo por delante.

Pero lo que dices, es un asunto digno de un interesante debate.

rafael granados rodriguez dijo...

¡ Estimado jesús hernández!:

disiento completamente de algunas de las aseveraciones que haces, desgraciadamente asumir cómo tal la propaganda anticomunista cómo tal, no significa aportar evidencia, sería necesario estudiar los expedientes de las personas detenidas, pero el gobierno de la actual RFA sólo da la información que le interesa, escamoteando inforamaciones importantes a los lectores ó a los visitantes de los museos.

Pero voy al grano, tu afirmas que la NKVD utilizaba la tortura de modo sistemático esto es falso, no existe tal evidencia, excepto para el caso de la "yetzoschina" en 1937-1938, que conocemos gracias a las propias declaraciones de Yezhov y Frinovsky, publicadas en 2006.todos los torturadores fueron detenidos,juzgados y fusilados en 1940 y otros tantos enviados al gulag.

Vid por ejemplo,

*Grover Furr. BLOOD LIES: The Evidence that Every Accusation against Joseph Stalin and the Soviet Union in Timothy Snyder’s Bloodlands Is False. Plus: What Really Happened in: the Famine of 1932-33; the “Polish Operation”; the “Great Terror”; the Molotov-Ribbentrop Pact; the “Soviet invasion of Poland”; the“Katyn Massacre”; the Warsaw Uprising; and “Stalin’s Anti-Semitism”. New York: Red Star Publishers, 2014.

*Grover Furr. Khrouchtchev a Menti. Paris: Editions Delga, 2014.

Es claro que el gobierno soviético nunca dió instrucciones para la tortura, cómo si tenemos evidencia desde los años 60, para el caso del norteamericano.

Esto es una "big lie" que se repite sin aportar evidencia de ninguna clase, amén de los famosos testimonios "a posteriori".

un saludo muy cordial.

rafael granados rodriguez dijo...

¡ Estimado Jesús Hernández!:

Te doy una información más precisa.

Se toma como referencia que la tortura era un "hecho institucionalizado" en la Urss de stalin el famoso "Telegrama de la tortura" del 20 de enero de 1939, citado por Kruschev en 1956 en el "informe secreto".

Hay que decir que hoy sabemos que este telegrama es una falsificación realizada en 1956, si sabemos que existe un telegrama de fecha 27 de julio de 1939,al que ha hecho referencia Arch Getty, pero del que tampoco existe publicación oficial.

Vid.Arch getty:"Excess are not permitted.Mass terror and stalinist governance in late 1930s",The Russia review,61,january 2002,pags.127 ss

Cualquiera que lea este documento sin anteojeras anticomunistas, puede ver que se critica la tortura cómo practica y que sólo se permite como excepción en casos excepcionales , se hace referencia a la conspiración antisoviética de Yezhov que había practicado sistemáticamente la tortura de inocentes en 1937-1938 a través de algunos de sus secuaces como Zakovsky,Litune y Oupenskii, todos ellos juzgados y fusilados.

*Puede seguirse toda esta cuestión en las páginas 87-92 y 346-7 de Grover Furr. Khrouchtchev a Menti. Paris: Editions Delga, 2014 y leer el documento en la página 346.

rafael granados rodriguez dijo...

En cuanto a la stasi y la RDA, puedes encontrar una refutación de todas las tergivesaciones y mentiras( por ejemplo en el libro de Anna Funder que tu citas) en la web URANIA EN BERLIN, con una serie de 8 artículos:

* http://uraniaenberlin.com/2013/10/15/el-mito-de-la-stasi-un-fraude-historico-orquestado-por-dos-agencias-del-crimen-occidental-la-cia-y-el-bnd-y-8/

El siguiente pasaje habla por sí solo:

No se trata de idealizar a la Stasi, pero este servicio secreto tuvo fundadas razones para, en la mayoría de los casos, actuar como lo hizo (sobre todo el espionaje a la RFA), prestando impagables servicios antifascistas a, por ejemplo, exiliados chilenos como el socialista Carlos Altamirano mediante un operativo de huida en el que los agentes de la Stasi se jugaron el pescuezo, pero que posibilitó salvar a Altamirano de las garras criminales de la dictadura pinochetista. Altamirano, sigue vivo hoy a sus 90 años.

¿Cuántos asesinados desaparecidos hubo en la RDA?¿Cuántas fosas comunes se descubrieron?¿Cuantos ejecutados extrajudicialmente en sus cárceles o en redadas policiales masivas?¿Cuántos escuadrones de la muerte operaron en territorio de la RDA? ¿Cuántos crímenes sociales se cometieron?¿Hubo muertes por parte de la policía de fronteras de la RDA a los que cruzaron ilegalmente el “Muro”? Sí, pues que pregunten por ese otro que hay en la frontera de México con USA: quienes cruzan ese muro (por verdadera necesidad, es decir por hambre) o son abatidos como conejos por los rangers (incluidos menores), o mueren en el desierto o son secuestrados por los cárteles de la droga mexicanos y posteriormente despedazados, o bien son detenidos para ser humillados por el sheriff Joe Arpaio en su campo de concentración de Arizona.
En España, sin ir tan lejos, en la “democraCIA” juancarlisfranquista (eso que llaman Estado de derecho) hubo secuestros, asesinatos con ensañamiento, creación de grupos terroristas vinculados con Gladio y desapariciones. ¿Hace falta señalar algunos vergonzantes casos de la crónica negra sociopolítica de este país?: caso Almería, 1980, donde la brutalidad criminal de la Guardia civil se cebó con tres jóvenes inocentes; caso “El Nani”, ejemplificación de la corrupción y mafia policial con la desaparición y muerte de un detenido bajo custodia policial, las torturas y asesinato por carceleros fascistas del preso anarquista Agustín Rueda o el caso del preso vasco Mikel Arregui (uno de cuyos torturadores fue ascendido, como tantos otros), la impunidad torturadora del policía psicópata Juan Antonio González Pacheco, alias “Billy el Niño” o el comisario fascista Roberto Conesa, el secuestro y asesinato de los miembros de ETA Lasa y Zabala, enterrados en cal viva por los aparatos policiales del Estado español, la práctica sistemática de la tortura, tantas veces denunciada en organismos internacionales, etc, etc, etc. Por no hablar de crímenes sociales como el sucio caso de las torturas, violaciones y asesinatos de las niñas de Alcásser, en 1992, otro horror con aroma a deliberada ocultación criminal de Estado.

un cordial saludo.

Jesús Hernández dijo...

Gracias, como siempre, por tus aportaciones, rafael, un saludo,