lunes, diciembre 19, 2016

HOMENAJE A PILOTOS ESPAÑOLES EN AZERBAIYÁN





Bien, amigos, ayer regresé de mi viaje a Hamburgo, y he vuelto con material interesante. Los que seguís mi Página Oficial de Facebook ya habéis podido tener algún avance, pero a ver si esta semana, aunque la tengo bastante liada porque quiero cerrar cosas antes de las navidades, puedo ya subir alguna entrada.

Pero hoy quiero hacerme eco de un homenaje que se ha llevado a cabo en la lejana Ayerbaiyán a los pilotos republicanos españoles que combatieron en la Segunda Guerra Mundial.

La crónica me la ha remitido mi amigo el historiador experto en aeronáutica Carlos Lázaro (autor de la excelente historia de los dirigibles COLOSOS DEL AIRE), a quien agradezco su aporte. Gracias a su aporte me he enterado, entre otras cosas, de que fueron pilotos españoles los encargados de formar la escolta aérea que protegió a Stalin en su viaje a Teherán para asistir a la conferencia que tuvo allí lugar.

Pues vamos allá con la crónica:

Del 25 al 30 de noviembre, una delegación formada por miembros de ADAR y familiares de aviadores procedentes de diferentes lugares de España, así como dos historiadores, se desplazó a la República de Azerbaiyán con el fin de rendir un homenaje a los aviadores republicanos españoles.

Allí se vivieron momentos muy emotivos, no sólo por el deseo de honrar la memoria de nuestros pilotos, sino también por la muy grata acogida y enormes atenciones que recibimos por parte de las autoridades y población azerbaiyanas.

En esta imagen tenemos a Carlos Lázaro (izquierda) y familia.



Recordando al as Manuel Zarauza


En primer lugar, la comitiva de ADAR asistió al cementerio de Bakú donde se honra la memoria de los combatientes soviéticos caídos en la defensa del país durante la Segunda Guerra Mundial. En este mausoleo también se preserva la memoria del legendario piloto de Polikarpov I-16 Manuel Zarauza Clavero, aviador santoñés que en la guerra de España desempeño la jefatura del Grupo 21 de caza de las Fuerzas Aéreas de la República (FAR) y fue uno de sus ases más conocidos.

En la Guerra Civil, Zarauza asombró a los pilotos soviéticos por la facilidad en el pilotaje del Polikarpov I-16, monoplano pequeño, ágil, rápido pero muy inestable, sobre todo a la hora de tomar tierra. En ocasiones, el piloto santanderino solía sobrevolar los aeródromos republicanos a muy baja altura, hasta el punto que literalmente “segaba” la vegetación con la punta de la hélice de su caza. Para los aviadores de la FAR, volar con Zarauza era un seguro de vida, ya que veía rápidamente al enemigo y planteaba el combate aéreo de una manera en la que garantizaba a sus pilotos la mejor posición en el cielo.

Al finalizar la guerra de España, Zarauza fue internado en los campos franceses de Argelés y Gurs y luego se exilió en la URSS. Al producirse la invasión soviética en el verano de 1941, Zarauza, al igual que muchos otros aviadores españoles exiliados a los que no se les permitió ingresar en la VVS (Aviación Soviética), se unió a los grupos guerrilleros que actuaron en la retaguardia alemana. En el verano de 1942 ingresó en la aviación soviética, mandando una escuadrilla del 961 Regimiento del 9º Cuerpo de Ejército de Defensa Antiaérea, encargado de proteger el Volga y el Cáucaso Septentrional.

El 12 de octubre de 1942, durante un vuelo de entrenamiento de patrulla, se efectuó un viraje cerrado en el que se produjo un choque entre los aparatos de Zarauza y su compañero Alejandro Riápishev, a consecuencia de lo cual perecieron ambos pilotos. El aviador español fue enterrado al lado del aeródromo de Bakú y se erigió un monolito en su memoria.



Después de la caída de la URSS y la constitución de Azerbaiyán como república independiente, Bakú sufrió un vertiginoso desarrollo que amenazaba el cementerio militar soviético. El gobierno azerbaiyano decidió trasladar los restos mortales de los combatientes a un nuevo mausoleo. Es aquí donde ADAR y los familiares de Zarauza han homenajeado al piloto santoñés, así como aviadores españoles que defendieron los cielos de Azerbaiyán: José María Bravo Fernández-Hermosa, José Carbonell Balaguer, Joaquín Díaz Santos y José Pallarés Ferreras.

Bravo, en calidad, de jefe de escuadrilla, así como Carbonell y Pallarés, escoltaron el bimotor de transporte que llevó a Stalin a la conferencia de Teherán. Antes de partir hacia Irán, Bravo desconocía quién viajaba en el avión de transporte, pero recibió una orden taxativa de sus superiores “derribe cualquier aparato que se acerque al transporte”.

Posteriormente, los aviadores españoles tuvieron ocasión de ser saludados personalmente por el dirigente soviético, aunque tuvieran pocas ocasiones para contarlo, como en el caso de Pallarés, falleció en combate aéreo en la campaña del Kerch (1944). Aquí podéis ver una orla en su memoria:




La Academia de pilotos en el Cáucaso

Después del homenaje celebrado en Bakú, la delegación de ADAR se trasladó al interior del Cáucaso para visitar la ciudad de Ganjá (antigua Kirovabad), sede de un lugar emblemático para la historia de las Fuerzas Aéreas de la República: la 20º Academia de Militar de Pilotos donde recibieron instrucción aeronáutica más de 800 españoles entre 1937 y 1939. Durante la Guerra Civil, la URSS brindó a la República la posibilidad de formar como pilotos a los españoles, para la cual escogió la ciudad de Kirovabad en la entonces República Soviética de Azerbaiyán, que guardaba similitudes con el clima español.

En dicha ciudad, la población azerbaiyana fue mudo testigo de la llegada de los españoles cuya presencia era “secreta” y con quienes no podían mantener relación. Las dificultades idiomáticas entre los instructores soviéticos y españoles pronto se sumó la similitud de caracteres entre hispanos y azerbaiyanos, dando lugar a que en 1939, la presencia española en Kirovabad fuera un “secreto a voces” materializado en ciertos grados de relación con la población local. Este recuerdo se ha perpetuado, como lo demuestra la cálida acogida brindada por las autoridades y población local a los familiares de ADAR a la llegada a la Escuela, donde se inauguró una zona museizada en recuerdo al pasado histórico del edificio (en la actualidad es un Instituto de Enseñanzas Medias).

En la Academia Militar los españoles recibieron un curso acelerado de pilotaje de seis meses en el que se condensaba la formación que un alumno soviético recibía en dos años. Al finalizar el curso, los instructores soviéticos despedían con sinceras lágrimas a sus pupilos, ya que sabían que pondrían en práctica sus conocimientos en la escuela más dura: la guerra.

El entrenamiento en la Academia era muy duro y estricto, cobrándose su tributo en vidas: en el cementerio de Ganjá se ha erigido un memorial con las tumbas de alumnos e instructores en memoria de los 20 fallecidos que se tiene constancia murieron en los cursos de entrenamiento. ADAR ofreció un emotivo homenaje a sus mayores en medio del respetuoso silencio de la población de Ganjá, que brindó una gran corona de flores, guardia armada y banda de música que solemnizaron el acto.




El fin de la Guerra Civil en la primavera de 1939 puso fin a la formación de aviadores españoles en Azerbaiyán. A los componentes de la Cuarta (y última) expedición de alumnos-pilotos se les ofreció asilo político con la posibilidad de estudiar o trabajar en compañía de los famosos “niños de Rusia” y la creciente colonia española que había huido de España buscando refugio en la URSS. Como ya hemos visto, muchos de ellos se vieron obligados a empuñar las armas durante la Segunda Guerra Mundial, pero un pequeño grupo de alumnos-pilotos vivió su propia odisea en el país de los Soviets, como en el caso del nonagenario Vicente Montejano, cuyo hijo también se desplazó a Ganjá con la delegación de ADAR.

Montejano y sus compañeros rechazaron el ofrecimiento de asilo del gobierno de Moscú y reclamaron su vuelta a España o algún país de América. La URSS no aceptó el regreso de este grupo de alumnos a la España de Franco (declarado enemigo de Moscú) e intentó por múltiples vías que los jóvenes españoles reconsiderasen su postura (soportando incluso que intentaran acceder a la Embajada de Alemania en Moscú) hasta que la invasión alemana de junio de 1941 produjo un cambio radical de actitud en los soviéticos.

Los españoles fueron encarcelados e iniciaron un doloroso peregrinaje por los diversos campos de trabajo del Gulag soviético hasta que, merced a la presión de grupos políticos españoles exiliados en el sur de Francia y a la Cruz Roja francesa, volvieron a España en un viaje no menos paradójico: regresaron a su tierra natal a bordo del Semíramis, el mismo buque que repatriaba a los prisioneros españoles de la División Azul enviada por Franco a combatir contra la URSS.



Pues muchas gracias de nuevo a Carlos por su cumplida e ilustrativa crónica y desde aquí ofrecer el blog para cualquier iniciativa que sirva para dar a conocer nuestra historia.


2 comentarios:

luis montejano dijo...

El pasado 10 de Febrero falleció mi padre, Vicente Montejano. Hasta los últimos días he estado leyendole las entradas que, como esta, han ido apareciendo en diferentes blogs, y hasta los últimos días él ha sido feliz disfrutando de saber cómo, al fin y muchos años después, sus terribles avatares y los de sus camaradas han sido rescatados del fondo del baúl de la Historia para que la sociedad los conozca y, en algunos casos, los reconozca.
¡Muchas gracias por haber contribuido a esa felicidad!

Jesús Hernández dijo...

Muchas gracias, Luis, por tener el gesto de compartir esa sentida pérdida con nosotros.

Me alegra mucho de que, en sus últimos días, él haya podido sentirse satisfecho de que su vida ha dejado una huella que no se va a olvidar, sino que va a perdurar.

Te acompañamos en el sentimiento, un abrazo.