domingo, febrero 26, 2017

LA FASCINACIÓN POR EL MAL: MI EXPERIENCIA PERSONAL DISFRAZADO DE DONALD TRUMP




Bien, amigos, aunque yo no soy mucho de la fiesta de Carnaval -creo que en toda mi vida me habré disfrazado tres o cuatro veces-, este año me he animado a participar en ella.

Hace un mes o así me tropecé en internet con unas máscaras muy realistas de Donald Trump, así que me compré una. Adquirí también una corbata roja y hasta una gorra roja de "Make America Great Again" y ayer salí a la calle a divertirme un poco y, sobre todo, ver la reacción de la gente al verme. Tengo que deciros que ha sido toda una experiencia, que me ha provocado algunas sesudas reflexiones.

Lo que me sorprendió es que, desde el primer momento, había gente que me pedía hacerse una foto a mi lado, o se hacían selfies conmigo. Curiosamente, las que más lo hacían eran chicas muy jóvenes, así como algunos chavales, todos entusiasmados con la posibilidad de hacerse una foto con un falso Trump.

Yo había salido de casa pensando que la visión de este controvertido personaje iba a provocar rechazo, pero me encontré más bien con lo contrario. Hasta había niños que se alegraban de reconocerme y me saludaban.

Por encima de esa capa de la población de menor edad, las reacciones de los hombres de más de treinta años, y algunas mujeres, eran opuestas a mi disfraz, con miradas de reprobación. En dos ocasiones se me acercaron y me hicieron un gesto cruzando los dedos, imagino que haciendo la señal de la cruz, exorcizándome como si fuera el diablo en persona. Pero también varias mujeres me pidieron hacerse fotos conmigo.




En todo caso, no pasé desapercibido, y mi presencia iba despertando reacciones en uno u otro sentido.

Aunque no soy sociólogo y mi estudio adolece quizás de debilidades metodológicas, me voy a arriesgar a lanzar algunas hipótesis.

Como he apuntado, me sorprendieron las reacciones favorables, de clara simpatía, sobre todo entre los más jóvenes. Eso es extraño teniendo en cuenta que la práctica totalidad de los medios españoles han trasladado a la opinión pública una imagen muy negativa de Trump (si es con razón o no, no viene ahora al caso). Es presentado a diario como una persona autoritaria, insolidaria, racista, retrógrada u homófoba, pero aun así, como ayer comprobé, no sólo no despierta rechazo entre una parte de la población, sino que posee algo que podríamos llamar carisma.

Me pregunto, por ejemplo, cuál hubiera sido la reacción de la gente si hubiera ido disfrazado de Hillary Clinton o de Barack Obama, dos personajes que han sido presentados por la prensa desde una óptica favorable. ¿Me hubieran pedido más selfies?

La situación me recordó a la de la película HA VUELTO, en la que un Hitler resucitado pasea por el centro de Berlín, entre las simpatías populares, a pesar de conocer todos su negro pasado:




¿Cuál es el motivo por el que estos personajes despiertan esa especie de simpatía? Es posible que sea la fascinación que despierta el mal. En las películas, los malos siempre resultan más atractivos que los buenos, y no es raro identificarse con ellos.

Pero podríamos ir más allá. En el mundo actual, los tradicionales prescriptores de opinión están fracasando estrepitosamente. Lo hemos visto en los casos del Brexit, Colombia y ahora Trump. Sencillamente, la gente ya no les hace caso. Gracias a los recursos informativos casi infinitos de que disponemos gracias a Internet, lo que digan los editoriales de los periódicos o los más reputados columnistas o tertulianos nos da igual. Hace pocos años, un editorial de El País podía mover montañas; hoy levanta montañas de indiferencia.

Eso ha llevado a que la gente, cada día más desconfiada con todo lo que huela a establishment, haga exactamente lo contrario de lo que se le exige desde esas tribunas oficiales.

Los ciudadanos escogen hoy para informarse u orientarse medios insólitos, como Twitter, un youtuber, confidenciales... Por ejemplo, tanto yo como mis amigos seguimos la web del canal de TV ruso RT porque no nos fiamos de la información que brindan las grandes agencias de prensa. Igualmente, para saber si una película es buena o no, ya nadie hace caso de los críticos del Fotogramas, como antes, sino que acude al Filmaffinity, que recoge directamente las opiniones de los espectadores que la han visto.

Con esta atomización, la gente es más difícil de controlar y se resiste a obedecer. Así, si todos los medios hablan horrores de Trump, se puede dar precisamente una reacción contraria, que quizás sea difícil de detectar en las redes sociales debido a la espiral del silencio, pero que sí se hace presente en el momento secreto de ejercer el voto, o de pedirle un selfie a un tío disfrazado del presidente norteamericano.