miércoles, septiembre 06, 2017

PERO... ¿ES QUE HAY COSAS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL EN PERNAMBUCO?




Hola amigos de nuevo, después del paréntesis veraniego. Aunque hace ya unos días que me he reincorporado, creedme si os digo que hasta hoy no he podido ponerme con el blog...

En cuanto llegué tenía que ponerme con las últimas pinceladas de mi próximo libro -previsto para noviembre-, que pude enviar a la editorial el domingo por la noche después de pasarme enclaustrado todo el fin de semana. Y después me he tenido que poner con una serie de artículos que tenía que entregar para ayer... Hoy parece que puedo respirar un poco, así que vamos allá.

Como ya sabéis, este verano me he pasado por Pernambuco, ese lugar que, los que tenemos una edad, conocemos por Mortadelo y Filemón, ya que era el lugar remoto al que huían cuando cometían alguna trastada. Creo que todos nos sorprendimos cuando supimos que ese lugar existe (igual alguno se ha enterado ahora).




Pues sí, Pernambuco es un estado del nordeste de Brasil, cuya capital es Recife. Tengo previsto dedicar una entrada meramente turística a esta ciudad, ya que es la que, hasta ahora, más me ha gustado de todas las que he visitado en ese país, más que Río o Salvador de Bahía, por ejemplo.

Pero hoy vamos con lo que supongo que os interesa más, la Segunda Guerra Mundial. Pues sí, aunque pueda sorprender, en Recife se pueden encontrar algunos vestigios interesantes de ese período.

Haciendo un poco de historia, tenéis que saber que en los años cuarenta Brasil estaba gobernado por un dictador, Getúlio Vargas, que simpatizaba con el Eje y mandaba felicitaciones de cumpleaños a Hitler. Sin embargo, haciendo gala de esa rara habilidad que tienen los dictadores para sobrevivir, apostó por los Aliados. En agosto de 1942 declaró la guerra al Eje y se echó en brazos de los norteamericanos, quienes ya habían estado trabajándose su voluntad con importantes aportaciones económicas.

Total, que los norteamericanos pasaron a utilizar la estratégica geografía brasileña para controlar las rutas aéreas entre América y Africa, fundamentales para el éxito del desembarco en el norte de Africa de noviembre de 1942. También desde ahí los aviones patrullaban el Atlántico en busca de submarinos. Además, las ciudades del nordeste servían de idóneo lugar de descanso para los oficiales.

Así que Recife se convertiría en la sede del cuartel general de la IV Flota norteamericana, encargada de la zona del Atlántico sur y el Caribe. Yo había investigado el emplazamiento de este cuartel general y descubrí el lugar aproximado, pero sólo contaba con esta imprecisa foto sacada de un blog:


Así que, una vez allí, tuve que indagar en estos edificios:



Al final pude identificarlo gracias a una placa que hay en el vestíbulo. El edificio es este:



Y ésta es la placa, que está junto a unos ascensores.



Me miraban un poco extrañados al ver el interés que mostraba por esa placa... La podéis ver ahí debajo de la U y la L.



Como veis, ahora el edificio acoge un centro educativo.



Como curiosidad, en los porches de esa calle se pueden ver los únicos limpiabotas de la ciudad. El motivo es que, durante la presencia norteamericana, era habitual que los militares destinados en el cuartel general se lustrasen allí las botas, convirtiéndose así en el punto tradicional de esta actividad.




Visto el cuartel general de la IV Flota, vamos con un pequeño museo que se encuentra en este fuerte del tiempo del dominio holandés, el llamado Forte de São Joao Batista do Brum o, simplemente, Fuerte Brum.




Estas instalaciones pertenecen al ejército, por lo que la visita tiene que ser guiada (el precio creo que era un euro y medio por persona). El guía era un soldado destinado allí que, por cierto, hizo muy bien su trabajo.

En el fuerte hay varias salas de exposición dedicadas a diferentes episodios de la interesante historia pernambucana, pero vamos con la dedicada a la Segunda Guerra Mundial.



En uniforme que lucen los maniquíes es el de la Fuerza Expedicionaria Brasileña, que combatió en el frente italiano a partir del otoño de 1944 y hasta el final de la contienda.



Aunque la aportación brasileña es ignorada por la mayoría de historiadores, la verdad es que su actuación fue sobresaliente. Por ejemplo, en pleno invierno, los alemanes atacaron por su sector pensando que sería más débil que el defendido por los norteamericanos, pero se equivocaron. Al final desistieron de seguir intentándolo por allí. La batalla más importante que libraron fue la de Monte Castello, que duró tres meses.

Aquí tenéis armas recopiladas en el frente por las tropas brasileñas.








Por último, vamos con este histórico restaurante de Recife, el Leite. Este era el lugar al que solían acudir los soldados y oficiales norteamericanos.




Como habéis visto en la placa, fue fundado en 1882.




Acudí allí por la mañana y me encontré que estaba cerrado. Llamé igualmente a la puerta y el encargado, un señor llamado Jairo, haciendo gala de la proverbial amabilidad brasileña, me permitió entrar para hacer fotos. Incluso encendió todas las luces para que quedaran mejor.




Leí en algún sitio que, durante la guerra, entró un general en el restaurante para cenar, pero todas las mesas estaban ocupadas por soldados. A un brasileño le sorprendió mucho que ningún soldado se levantase para cederle su sitio al general, y así se lo comentó a un soldado, pero éste le dijo que allí todos eran iguales, sin distinciones de rango.




La sala del restaurante conserva el sabor de las historias que tienen que haber sucedido entre esas paredes.



Pues, como veis, hasta en Pernambuco podéis encontrar cosas de la Segunda Guerra Mundial, sólo hay que buscar un poco...


2 comentarios:

Macarena Garcia dijo...

Deseando que llegue noviembre para la nueva publicación!! Por cierto, me encantaría que firmaras en Sevilla. Llevo un par de años esperandolo y si has venido recientemente, me lo he perdido, aunque espero que no haya sido así. Espero que pases a firmar libros por aqui!!

Jesús Hernández dijo...

Hola, Macarena, gracias por tu comentario. Pues no he ido todavía a firmar a Sevilla, ya avisaría llegado el caso, ¡un saludo!