lunes, octubre 09, 2017

FERNANDO PAZ, HISTORIADOR: "FRANCO SIRVIÓ, DE FACTO, LOS INTERESES DE LOS ALIADOS MÁS QUE LOS DE ALEMANIA"




Bien, amigos, ya estoy preparando la escapada que voy a hacer este Puente del Pilar -no os voy a decepcionar, tengo algo interesante entre manos-, pero vamos con una interesante entrevista al historiador Fernando Paz, que nos presenta su libro LA NEUTRALIDAD DE FRANCO. ESPAÑA DURANTE LOS AÑOS INCIERTOS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL (1939-1943), publicado por Ediciones Encuentro.



Este es un tema que, hasta ahora, no me parecía de los más apasionantes de la guerra. Sin embargo, la lectura de este libro me ha hecho verlo de otra manera, sobre todo porque argumenta de manera convincente alguna que otra conclusión que nos puede sorprender.


¿Cómo surgió la idea de escribir un libro sobre el tema de la neutralidad española en la Segunda Guerra Mundial? ¿No lo consideraba un tema suficientemente tratado por los historiadores como para poder aportar algo nuevo?

En cuanto a lo primero, la verdad es que este libro comenzó como prólogo a un trabajo sobre las relaciones de España y los judíos durante la IIGM. Un prólogo que se desbordó hasta alcanzar vida propia.

Al recabar información en los archivos acerca de ese tema, me fui encontrando con una abundante documentación acerca de las relaciones exteriores de España durante la IIGM y el mantenimiento de la neutralidad. Me sorprendió la abundancia de las fuentes, tanto británicas como alemanas, francesas, italianas, estadounidenses y españolas -y más aún la interpretación que de las mismas se hacía-; una abundancia que desmentía muy vívidamente la versión más oficial. Eso fue decisivo para impulsarme a escribir este libro, un libro que nadie me había encargado.

Por lo demás, un mínimo sentido de la honestidad intelectual exige que ningún tema se dé por cerrado. Aunque tienes razón en que los temas “suficientemente tratados” desalientan, nunca se ha escrito o dicho todo sobre algo, así que cualquier aportación ha de ser bienvenida. Ciertamente, si no hubiera creído que podía aportar algo no lo hubiera escrito.




Del libro se extraen conclusiones muy interesantes. Una de ellas es que, en la práctica y a pesar de las apariencias, podríamos asegurar que Franco sirvió a los intereses de los Aliados más que a los del Eje. Eso rebatiría la extendida hipótesis de que Franco deseaba entrar en la guerra del lado alemán pero que Hitler no accedió a darle el pago que exigía a cambio: las posesiones francesas en el norte de Africa. ¿Cree que fue así?

España fue importante en la IIGM entre 1940 y 1942; antes y después lo fue mucho menos. Esa época es la de la hegemonía alemana; al principio, para Berlín, España no tenía la menor importancia, aunque sí para Londres.

Es casi increíble, pero los jefes de las tres armas –tierra, mar y aire- del Reino Unido recomendaron primar las buenas relaciones con España antes que una alianza con la URSS. Estamos en mayo de 1939, mientras se está en plena pugna con los alemanes por obtener el beneplácito de Moscú.

Franco sirvió, de facto, los intereses de los Aliados más que los de Alemania. Puede que esa no fuera su intención, pero es lo que sucedió. Obviamente, su objetivo no era el de contribuir a la victoria de los Aliados, sino a la supervivencia de España en una situación muy complicada. Pero la resultante fue la que fue. En un discurso en la Cámara de los Comunes en mayo de 1944 –en vísperas de Overlord- Churchill lo reconoció abiertamente.

En cuanto a que Franco no pudo entrar en guerra porque Hitler no quiso pagar el precio de Marruecos, es cosa que no se sostiene. En primer lugar, Franco no quiso entrar en guerra, y toda su estrategia se basaba en evitar esa eventualidad. Es posible, pero ni siquiera es seguro, que si la Wehrmacht hubiera desembarcado en Gran Bretaña y los italianos tomado Suez, entonces España hubiera atacado Gibraltar, precipitando así su entrada en la guerra. Esa postura, como es lógico, desesperaba a Ribbentrop.

Pero que España no tenía intención ninguna de combatir contra Gran Bretaña lo demuestra mejor que nada el hecho de que, desde el verano de 1940, es decir "en la hora más oscura" del Reino Unido, España puso su economía en manos de Londres quien, como es natural, hizo buen uso de esa circunstancia. Alguien que está esperando la ocasión de entrar en guerra no pone su supervivencia en manos de aquél a quien va a atacar.

La dependencia económica de Gran Bretaña se fue incrementando mes a mes, y a ella hay que añadir la de los Estados Unidos; sencillamente, entrar en la guerra no era una opción.

Por lo demás, Franco sabía bien que Marruecos no valía una guerra, y así consta en nota manuscrita del propio Franco. España aseguró solemnemente a Francia que no caería traicioneramente sobre sus colonias, pero también que si se producía un reparto del imperio francés, Madrid era la primera en la cola para Marruecos. Esa era la postura española, y nunca se movió de ahí.

Es igualmente cierto que, después de la defensa francesa de Dakar, Hitler pasó a confiar en que los franceses de Vichy defenderían eficaz y convincentemente su imperio y, por tanto, no convenía satisfacer a italianos y españoles entregándoles algunas de sus colonias ya que, de otro modo, sus posesiones se pasarían a De Gaulle.




Un aspecto que no me ha quedado claro es el papel que jugó Serrano Suñer (a la izquierda, en la foto superior, junto a Franco y Mussolini). Aunque yo tenía la idea de que era un germanófilo que deseaba la entrada de España en la guerra, del libro se desprende que no fue así.

Serrano Suñer era, en efecto, germanófilo; eso me parece indiscutible. Deseaba, y estaba convencido, de la victoria alemana. La inmensa mayor parte de la gente en todo el mundo compartía esa convicción. Sobre todo en el verano de 1940, después de la caída de Francia.

Pero, en realidad, más que germanófilo, Serrano admiraba y quería a Italia; era mucho más cercano al fascismo y a Mussolini que a Alemania y a Hitler.

En esos años, Alemania suscitaba una enorme admiración en amplios sectores de la opinión pública europea, y eso era lo que sentía Serrano. Pero, en septiembre de 1940, esa admiración, si no se evaporó, al menos se enfrió: los alemanes trataron a los enviados españoles que acudieron a Berlín como subalternos en lugar de como camaradas, y Serrano se puso furioso. Después de ese episodio en varias ocasiones abroncó al embajador español en la capital del Reich, Espinosa de los Monteros, por mostrarse obsequioso con ellos.

Siguió, naturalmente, convencido de que el Eje iba a ganar la guerra, pero la propia magnitud de los triunfos de Hitler, le inquietó; por más que se simpatice con otra potencia, nadie desea que esta sea fuerte en exceso, sobre todo si se convierte en vecina de uno. Serrano se convenció de que el interés de España radicaba en mantenerse neutral, aunque siempre estuvo atento a la evolución de la situación. Al contrario que Franco, pensaba que bien podía presentarse la necesidad de intervenir en la guerra; Franco era, en esto, más escéptico.


Me ha parecido muy interesante el magistral dominio de los tiempos que poseía Franco. Utilizaba ese factor a menudo y de manera muy efectiva, por ejemplo retrasando las respuestas que debía dar a los requerimientos germanos, o aplazando reuniones y encuentros.


Franco gozó siempre de muy buena información y, como los propios responsables de exteriores admitieron, era el único en cuyas manos se reunían todos los hilos; los demás solo conocían parcialidades de la situación.

En sus relaciones con Hitler utilizó la táctica de la dilación permanente; él sabía que para Hitler contaba mucho el tiempo. Durante 1940 y 1941, en varias ocasiones, pensó que no podría retrasar más el compromiso de entrar en guerra: los alemanes le iban a obligar a hacerlo. Siempre ponía la excusa de la falta de preparación militar y económica española y alegaba que necesitaba más tiempo, también para preparar a la opinión pública. Las excusas eran tanto más creíbles cuanto que tenían un notable aire de realidad; la situación en España era en verdad muy mala.

El propio ejército había informado a Franco que España no estaría en condiciones de entrar en una guerra hasta ¡¡1950!! Si a eso le sumamos el estado de la economía y la dependencia de los Aliados, estaba claro que Franco no podía hacer más que lo que hizo; otra cosa es que tuviera la habilidad suficiente para conseguirlo. Hay que admitir que desenvolvió con notable pericia y también, claro, que tuvo suerte.




También me ha resultado enormemente interesante la certera visión estratégica que tenía Franco de la Segunda Guerra Mundial. Cuando en 1940 todos creían que la victoria alemana estaba cerca, Franco ya anticipaba la entrada en guerra de Estados Unidos y la influencia decisiva que tendría en el curso de la contienda. También comenzó a alejarse de manera clara de Alemania en el verano de 1942, cuando el Eje estaba en su punto máximo de expansión, anticipándose al punto de inflexión que se produciría a finales de ese año. ¿A qué cree que se debía esa clarividencia?¿Se basaba en un estudio pormenorizado de la situación o se trataba únicamente de intuición?


A lo largo de la guerra, seguramente Franco modificó sus puntos de vista en varias ocasiones, pero nunca de forma radical. El que no estuviera seguro de la victoria alemana no quiere decir que previera su derrota, que no fue el desenlace más probable para un observador sino hasta 1944; todavía en 1943 era más que razonable pensar que ningún bando vencería al otro.

Pero, en efecto, ya en 1940, Franco sostenía que estando Gran Bretaña de por medio, una victoria total alemana era dudosa. Pero aún sin la victoria total, el Reich podía dominar el continente europeo, que lógicamente era lo que a Franco inquietaba.

Estaba seguro de que Gran Bretaña nunca se rendiría, y así se lo insinuó a Hitler ya en Hendaya. Y también previó, en efecto, la entrada de los Estados Unidos en la guerra. Por otro lado, contaba con excelente información, y el propio Canaris le había asegurado que la Wehrmacht nunca desembarcaría en las islas británicas.

Además de la información, Franco era muy prudente y desplegó un peculiar tipo de estrategia que, en cierto momento, desvelaría Carceller a los estadounidenses: Franco concedía de palabra lo que no estaba dispuesto a conceder en la realidad. Muchos historiadores sostienen que los discursos de Franco muestran su beligerancia pro-Éje, pero la verdad está mucho más cerca de las palabras de Carceller: para Franco, el discurso no era el prólogo a la intervención, sino su sustitutivo. Palabras y protestas de lealtad en lugar de hechos, protestas de lealtad y camaradería en lugar de divisiones.

Desde finales de 1940, como muestra la correspondencia de Hitler con Mussolini, los alemanes sabían que Franco no tenía la menor intención de entrar en guerra. Las presiones que continuaron ejerciendo sobre España las hicieron con notable desgana, hasta que muy a principios de 1941 cambiaron de táctica.



Un punto que me ha llamado la atención es la teoría de las “tres guerras” defendida por Franco. La guerra entre Alemania y la URSS, en la que España era aliada de Alemania (en la imagen superior, la División Azul), la guerra europea, en la que era neutral, y la del Pacífico, en la que apoyaba a Estados Unidos.

Ese era el punto de vista de Franco, ciertamente. No se trataba de un recurso argumental; Franco, anticomunista decidido, sostenía que la guerra entre los occidentales y los alemanes sólo aprovecharía a los soviéticos.

Ese era también el punto de vista de Stalin, quien maniobró hábilmente –apoyando al Reich en lugar de los Aliados en 1939- para provocar esa guerra y caer más tarde sobre una Europa exhausta. La jugada le salió mal porque Alemania derrotó a sus enemigos en semanas, y toda su estrategia se vino abajo. No habría guerra de desgaste en el Oeste.

En la titánica lucha que mantenían germanos y soviéticos Franco no era neutral, pero tampoco se lanzó con insensatez a la guerra. Su postura la definió perfectamente aquella sentencia de Serrano: España era “beligerante moral.”

En cuanto al Pacífico, España mantenía una neutralidad benevolente para con los Aliados.

La teoría de las tres guerras, siendo reflejo cierto de la situación, tenía la función política evidente de equilibrar la postura de España. Franco intentaba que la neutralidad que había observado frente a los Aliados -y que había beneficiado a estos- pesara más que la intervención limitada en el Frente del Este.


Su libro trata el período decisivo que va de 1939 a 1943. Así pues, queda fuera el saber si esa colaboración de Franco con los Aliados tuvo mucho peso en el hecho de que los vencedores no forzasen un cambio de régimen tras la derrota germana. Si Franco hubiera estado más comprometido con el Eje, ¿cree que podría haber sucedido?

El que Franco sobreviviera a la derrota del Eje se debe a varios factores. Frecuentemente se alude a que la guerra fría hizo de Franco un aliado conveniente, y sin duda eso fue así; pero podían haber liquidado a Franco antes, en 1944-45, y no lo hicieron. Eso hay que explicarlo, aunque muchos historiadores lo evitan.

La izquierda francesa y británica sin duda consideró que la España de Franco debía sucumbir. Pero los sectores más moderados no lo veían de ese modo; Franco podía haber hecho mucho daño a los Aliados, pero no lo hizo, vino a decir Churchill. Consideraba que, con independencia de su ideología, había resultado muy útil a la causa aliada.

Si verdaderamente Franco hubiera tenido la identificación con el Eje que algunos le achacan, habrían acabado con él al precio que fuese. El hecho de que no lo hicieran fue, sin duda, un tributo a su postura durante la guerra.



Por último, la cuestión, a mi juicio, más importante. No se le puede negar a Franco su habilidad para mantener a España fuera de la guerra, sorteando hábilmente situaciones enormemente comprometidas, como va desgranando en su libro. Mi duda es si ese propósito era para ahorrar a la población española los padecimientos de un nuevo conflicto o como mera estrategia de supervivencia política.


Siempre es difícil juzgar las intenciones de las personas, pero lo más probable es que fuesen las dos cosas al mismo tiempo.

Para Franco salvar el régimen y salvar España eran una misma cosa. Pero desde luego la intención era que España quedase fuera de la guerra. Una guerra civil ya había sido bastante; era plenamente consciente de lo que España necesitaba la reconstrucción. Los argumentos que esgrimía ante los alemanes una y otra vez no eran falsos; los propios alemanes reconocieron su verosimilitud.


Su insistencia en la necesidad de que España tuviese un tiempo de reconstrucción era continua. Alemanes e italianos estaban de acuerdo, pero mientras Franco estimaba esa reconstrucción en términos de años, los otros pensaban en semanas, meses todo lo más. Ya en las notas del argumentario que Franco llevó a Hendaya figura esa idea; Italia había tenido mucho tiempo de preparación y se había industrializado convenientemente, por lo que podía abordar la guerra con garantías. España necesitaba tiempo.

Mussolini, a quien un desesperado Hitler terminó encomendando a fines de 1940 que convenciese a Franco de entrar en la guerra, le llegó a argumentar que la beligerancia solucionaría sus problemas económicos, sugiriendo que la ayuda alemana sería decisiva si determinaba ponerse de su lado. Lo cual no era cierto de ningún modo, y Franco no mordió el anzuelo.

En los seres humanos frecuentemente unos motivos y otros se superponen y entrelazan. El caso de Franco no creo que sea distinto.




2 comentarios:

isra dijo...

Excelente entrevista, de un grande a otro grande... me gustó mucho también, de Fernando Paz, "Europa bajo los escombros".

rafael granados rodriguez dijo...

¡Estimado Jesús!:

No he leído todavía el libro de Paz, pero Angel Viñas tiene un criterio dimetralmente distinto y no le cabe duda sobre el absoluto alineamiento con el Reich nazi.

De hecho en su libro "Sobornos" doumenta la lluvia de oro que Londres distribuyó entre el generalato franquista para evitar sus tentaciones belicistas proalemanas.

Creo que sobre la misma cuestión de esta entrada, versará el inminente libro de Viñas.


Por supuesto, en lo que afirma Paz sobre la política exterior soviética en los 30,el señor no tiene la más mínima idea y se limita a repetir los ideologemas anticomunistas sin haber verificado la evidencia primaria.

El parráfito es sonrojante y ultraerróneo:

"Ese era también el punto de vista de Stalin, quien maniobró hábilmente –apoyando al Reich en lugar de los Aliados en 1939- para provocar esa guerra y caer más tarde sobre una Europa exhausta. La jugada le salió mal porque Alemania derrotó a sus enemigos en semanas, y toda su estrategia se vino abajo. No habría guerra de desgaste en el Oeste".

Stalin ni "maniobró" ni provocó la guerra, los que maniobraron desde 1933, fueron GB,Francia y EEUU más la impresentable Polonia( su gobierno de los coroneles)para boicotear en toda ocasión y en todo momento la política de "seguridad colectiva" que
fue la política franca y directa mantenida por la URSS durante todo el periodo.

Esto es impepinable si uno lee al mayor especialista mundial de la materia que es el profesor canadiense Jabara Carley .

Las abundantes fuentes primarias no dejan resquicio a la menor duda.

Naturalmente Paz no sabe esto, ni le interesa,¡¡ que nada estropee la buena propaganda anticomunista ó anti-Stalin!!.

En español sobre el asunto, también puede leerse el notable libro de David Jorge :Inseguridad colectiva . La Sociedad de Naciones, la Guerra de España
y el fin de la paz mundial. Valencia: Tirant
humanidades, 2016, 783 pp.


Un saludo muy cordial.

Rafael Granados.