miércoles, septiembre 07, 2011

Viaje a Alemania I. Paderborn (1ª Parte)



Bien, vamos con la crónica de mi último friki-viaje a Alemania.

Al alba y con viento de levante, tomé un vuelo de Lufthansa Barcelona-Colonia con escala en Frankfurt; curiosamente, porque no lo había visto nunca, el trayecto Frankfurt-Colonia no es en avión aunque llevas la tarjeta de embarque y todo, sino en un tren de alta velocidad, que se toma en el mismo aeropuerto de Frankfurt. La ventaja es que te deja en la estación central de Colonia, justo en el centro, a escasos cien metros de la famosa Catedral, y te ahorras el siempre engorroso transporte aeropuerto-ciudad.

Por cierto, si váis a Alemania, comprad antes por internet los billetes de tren de los trayectos que tengáis previsto hacer. A través de esta web de la Deutsche Bahn -a prueba de dummies- es sencillísimo comprar e imprimirse los billetes.

Desde Colonia me dirigí también en tren a Paderborn, una pequeña ciudad que la escogí por su proximidad al primer objetivo del viaje, el castillo de Wewelsburg. Aunque se puede pernoctar en el propio castillo, ya que hay un albergue juvenil, hace tiempo que acabé muy quemado de los Youth Hostel, así que preferí dormir como Dios manda en un Hotel Ibis de Paderborn.

Yo no sabía nada de esta ciudad, así que me sorprendió muchísimo, ya que no esperaba encontrar allí nada particularmente interesante. Sin embargo, me encontré con el sueño de todo turista; un lugar turístico sin turistas. A pesar de ser una ciudad preciosa y muy agradable, casi no había visitantes -apenas algún grupo de jubilados alemanes-, ni había ninguna tienda de souvenirs.

Aquí tenéis algunas imágenes de Paderborn:






El típico mercadillo alemán donde la gente compra fruta, flores, carne en las carnicerías móviles y sobre todo patatas, y en donde no faltan los puestos donde tomarse una cerveza y comer una salchicha. Estos mercadillos me encantan...



Aquí, la Catedral de la ciudad. Como véis, el torreón es apabullante, y el interior, sencillo pero solemne.







Paderborn fue fundada por Carlomagno como obispado, y ahora se ve que es arzobispado, por lo que es un lugar de referencia de la Iglesia católica alemana; en la ciudad se pueden encontrar bastantes tiendas de artículos religiosos y se ven monjas por la calle.

Aquí, una agradable plazoleta, donde sentarse a la sombra para descansar a mitad del paseo y escuchar como cae el agua de la fuente... además se oía la música de un acordeón.



Y aquí el impactante edificio del Ayuntamiento...



Pues ya lo véis, en donde menos te piensas salta la liebre.

En el próximo capítulo, veremos lo que encontré allí relacionado con la Segunda Guerra Mundial y descubriremos una curiosa e inesperada conexión entre Paderborn y mi ciudad...

6 comentarios:

isra dijo...

Gracias por la guía turística y cultural con la que nos vas a deleitar. Junto con tus libros, nos haces viajar de verdad.
Por cierto, voy a seguir tus pasos en Cracovia, ya me he impreso tus comentarios e indicaciones de las entradas que hiciste...jeje
Un saludo!

pedroboso dijo...

Bonita ciudad, si señor.

Me ha gustado lo de un sitio turístico.. sin turistas, ideal, no cabe duda.

Humberto dijo...

Impresionante. Antes de leer tu entrada hubiera dicho: Pade... ¿qué?
Lo que tú dices. Donde menos te lo esperas...

Un saludo a todos.

Von Kleist dijo...

Buenas

Si no me equivoco, durante la II GM en Paderborn se ubicaba una academia de entrenamiento para las tripulaciones de los panzer.

Creo recordar que sobre Marzo de 1945, cuando los americanos avanzaban hacia Paderborn se vieron sorprendidos por la presencia de numerosos tanques alemanes que los detuvieron a las afueras del pueblo. Se trataba de las dotaciones de la academia, que contaban con Panthers y Tigers, y que hicieron sudar mucho a los americanos para conquistar el pueblo. Fue una de las batallas más duras a esas alturas de la guerra.

Saludos

Mario Tenorio dijo...

Me llama la atención que digas que se ven monjas por la calle. Es verdad ya no se ven,pero los hay, jejeje. Por Jerez todavía las encuentras con sus hábitos y recuerdo allá por el Pleistoceno de mi infancia, como la gente se acercaban a besar el rosario que llevaban colgado del cuello.

Mi padre, ya jubilado, colabora con una orden religiosa como voluntario en un comedor, y las monjas son las que alimentan a más de cien familias.

Pido disculpas por la reflexión al margen del tema pero es que aunque uno no sea creyente es justo valorar esta labor.

Saludos desde el sur.

Humberto dijo...

Seamos o no creyentes, Mario, al César lo que es del César.

Es cierto que miembros de la iglesia hacen una gran labor social. Y para los creyentes, Iglesia no es sólo clero y gente con hábitos.