jueves, julio 23, 2015

EL MITO DE LA CARGA DE LA CABALLERÍA POLACA





Bien, amigos, seguro que estáis también preparando las vacaciones, algún viajecito... así que antes de cerrar el blog por holidays vamos con una entrada que tenía pendiente desde hace tiempo, una entrada de calidad, en contraste con el divertimento de la anterior.

En esta entrada tengo el gusto de incluir las excelelentes ilustraciones que me ha hecho llegar mi amigo MARIANO PERAL ZUGARRAMURDI, el infografista amante de la historia de quien recordaréis que le dediqué la entrada LIGHT CAR PATROL: LOS JINETES DEL DESIERTO.

Pues sus ilustraciones de hoy corresponden al mito de la carga de la caballería polaca; la supuesta carga de los jinetes polacos, lanza en ristre, contra los tanques alemanes.

Esa imagen, en el que la anacrónica caballería se enfrentaba a los más modernos ingenios bélicos, hizo fortuna gracias a la propaganda alemana, que vio en ese episodio un modo de ridiculizar a los polacos, además de exaltar la capacidad de su maquinaria militar. Sin embargo, ese choque no tuvo lugar, o al menos no fue como la propaganda nazi se encargó de extender.





Los polacos confiaban en la gran movilidad y capacidad de maniobra de su caballería. Con 70.000 jinetes, Polonia contaba en 1939 con la caballería más numerosa de Europa. Nada más iniciarse la invasión alemana, la tarde del mismo 1 de septiembre de 1939, la caballería tuvo ocasión de demostrar su utilidad en el campo de batalla, cuando la brigada Pomorska (Pomerania) se encargó de proteger la retirada de una división de infantería que había tratado infructuosamente de defender la ciudad de Chojnica, en Pomerania. El coronel Kazimierz Mastalerz, al mando del 18º Regimiento de Ulanos de la Pomorska, ordenó a sus 250 jinetes cargar contra un batallón de infantería cerca de Krojanty.




Los soldados alemanes vieron de pronto cómo, saliendo del lindero del bosque, se abalanzaban sobre ellos los jinetes polacos al galope, sable en mano, por lo que emprendieron una precipitada fuga. Por suerte para los soldados atacados, aparecieron unos vehículos blindados alemanes disparando sus ametralladoras, causando una veintena de muertos, incluyendo al coronel Mastalerz. Los jinetes tuvieron que retirarse rápidamente detrás de una loma para protegerse del fuego de los blindados.

El propio coronel Mastalerz resultó muerto en la refriega, así como un tercio de las fuerzas polacas. Aun así, la carga de la caballería sirvió para detener el avance de las tropas germanas, permitiendo la retirada de la infantería polaca. A partir de entonces, el temor a los jinetes polacos se extendería entre los alemanes, que en más de una ocasión fueron presa del pánico.

Al día siguiente, el valor desplegado por el 18º Regimiento de Ulanos en Krojanty sería reconocido con la imposición de la Virtuti Militari, la máxima condecoración militar polaca para recompensar el heroísmo ante el enemigo. Pero lo que había sido una acción digna de quedar inmortalizada en las páginas más gloriosas escritas por la caballería, acabaría convirtiéndose en uno de los episodios más ridículos, en una hábil maniobra de la propaganda nazi.

Al día siguiente, un grupo de reporteros alemanes e italianos fue llevado al lugar en el que había tenido lugar el choque; uno de ellos era Indro Montanelli, por entonces corresponsal del Corriere della Sera en el Báltico. Al encontrarse con los cuerpos sin vida de los polacos, e interpretando libremente el testimonio de los soldados alemanes, Montanelli relató en su crónica que los valerosos jinetes habían muerto cargando contra los tanques germanos blandiendo sables y lanzas.





El eco que tuvo dicha crónica inspiraría a la propaganda alemana, que se encargaría de extender el mito. Así, el 13 de septiembre, en la revista Die Wehrmacht se publicó un artículo que transcribía el fantástico relato de Montanelli. Además, en la publicación se afirmaba que los jinetes habían cargado contra los tanques porque sus mandos les habían asegurado que eran falsos, es decir, que se trataba de simples vehículos a los que se les habían añadido planchas metálicas para parecer tanques. Así pues, según la propaganda germana, los mandos polacos habían demostrado su incompetencia, lanzando a sus hombres a ataques tan estériles como el que había tenido lugar en Krojanty. La rápida conclusión de la campaña polaca, en apenas un mes, serviría para otorgar veracidad al relato de la propaganda nazi.

Sin embargo, la patética imagen de la caballería polaca que los alemanes se habían encargado de extender no se correspondía en absoluto con la realidad. Durante toda la campaña se produjeron dieciséis cargas de caballería, siendo la gran mayoría de ellas exitosas, en contra de lo que pudiera parecer. Es significativo el hecho de que buena parte de las intervenciones de la caballería provocasen la retirada de las tropas alemanas, que preferían evitar el enfrentamiento con los jinetes polacos. Incluso en una fecha tan tardía como el 26 de septiembre de 1939, cuando el Ejército polaco estaba ya cerca de la derrota total, se lanzaron dos cargas sucesivas en Morance que forzaron a un batallón alemán a enviar a un emisario con bandera blanca para negociar los términos de la retirada, componiendo una escena que no se correspondía con la imagen de invencibilidad de la máquina de guerra alemana que transmitía la propaganda nazi.

Tras la Segunda Guerra Mundial, no se hizo nada desde Polonia para desmentir el mito. Las nuevas autoridades polacas, controladas por la Unión Soviética, se limitaron a seguir las consignas dictadas por Moscú, que en este caso eran, paradójicamente, coincidentes con lo expuesto anteriormente por la propaganda nazi. Así, los soviéticos presentarían la carga de la caballería en Krojanty como un ejemplo de la estupidez de los anteriores gobernantes polacos, que no habían sabido preparar al país para la guerra y que, una vez iniciada, no habían dudado en derramar la sangre de sus propios soldados en ataques tan grotescos como ése. De este modo se buscaba culpabilizar y desprestigiar a las fuerzas de oposición que trataban de reinstaurar un gobierno polaco independiente.




Un ejemplo de esa campaña, que ayudaría a cimentar aún más el mito, sería la película polaca en color Lotna, dirigida por el prestigioso cineasta Andzrej Wajda en 1959, para la que se reconstruyó la supuesta carga de caballería contra los tanques germanos, en una espectacular escena.

Aquí la tenéis:





Otra paradoja más es que Wajda era hijo precisamente de un oficial polaco de caballería, que había sido asesinado por los soviéticos en la masacre de Katyn, por lo que no parecía la persona más adecuada para perpetuar el mito inventado por los nazis y consolidado por los soviéticos, pero así sería.

El mito de los jinetes polacos atacando a los panzers con sus sables y lanzas ha perdurado en el tiempo hasta llegar a la actualidad, siendo frecuente encontrar referencias a la historicidad de este episodio.

7 comentarios:

lbo dijo...

Igual la pervivencia del mito se deba principalmente a que complace a los polacos. Es cierto que pone de relieve su inadaptación y anacronismo, pero también su valor y, por así decir, su espíritu romántico. Si os fijáis, en una de las imágenes que ilustran el post, aparece el término "epopeya". Es más, no me extrañaría que en esta carga los polacos se vean reflejados a sí mismos en algo de lo más preciado de su identidad nacional, aun cuando en el fondo sepan que lo que pasó no se produjo tal y como se contó.

Por cierto, aprovecho para recomendar una miniserie noruega sobre la 2GM de calidad: La guerra del agua pesada, sobre el episodio de Telemark que, aunque ya ha sido relatado en otros filmes y hasta videojuegos, es absolutamente recomendable.

Jesús Hernández dijo...

Hola, Ibo;

Sobre la interesante tesis que planteas, se la voy hacer llegar a un amigo polaco, experto en temas de la SGM, para saber su opinión.

Gracias por recomendar aquí esa serie: la tenía "fichada" desde que se anunció, pero todavía no la he visto.

Hideyoshi Matsuo dijo...

Buenas tardes, Hideyoshi le saluda.

Estuve leyendo su libro "Operaciones Secretas De La Segunda Guerra Mundial", y en uno de los capítulos, el referente a la operación Zeppelin, me han llamado la atención sobremanera dos datos interesantes sobre los cuales me gustaría poder saber mucho mas al respecto.

Me refiero a que el avión Ar 232 destinado a transportar al agente Shilo, disponía de unos amortiguadores para reducir notablemente sonido de sus motores y también de un mecanismo que impedía que las llamas de estos fuesen notables desde el exterior.

Me gustaría poder saber si es que los amortiguadores citados fueron empleados en otros aviones y también si eran compatibles con motores radiales como el DB 605. Con respecto al sistema para evitar ver las llamas, me gustaría conocer si es que otros aviones germanos también disponían de el.

Agradecería que pudiese quizá mencionar la bibliografía específica sobre ambas características así como su palabra de saber sobre ambos.

Muchas gracias y saludos.

Jesús Hernández dijo...

Hola, Hideyoshi, pues siento decirte que no dispongo de esos datos técnicos, un saludo.

Hideyoshi Matsuo dijo...

Buenas noches, Hideyoshi le saluda.

Es una lástima saber que no dispone de más información referente al respecto.

No obstante, me gustaría invitarle a que quizá pueda referirme algunos enlaces o libros donde cree usted pueda hallar tales datos (puesto que en toda la bibliografía de "Operaciones Secretas De La Segunda Guerra Mundial" no pude hallar nada al respecto).

Gracias de antemano, saludos.

Jesús Hernández dijo...

Hola, Hideyoshi:

Puedes encontrar más información en el artículo del periodista ruso Valerian P. Lebedev que figura en la página 274 del tomo 4 de El Tercer Reich (Noguer), así como en el libro P.W. Stahl. KG 200: The True Story. London Book Club Associates, 1981.

Gracias a ti por participar en el blog, un saludo.

John Wick dijo...

El mito de la caballería polaca, perpetuado incluso actualmente por algún escritor, sí que ocurrió realmente en la campaña francesa. Por una insensata orden de sus mandos, la caballería de la 3ª brigada spahi embistió directamente contra los blindados alemanes en la batalla de La Horgne, a mediados de mayo 1940. Una acción de locura que ha pasado desapercibida para la mayoría de los historiadores.