jueves, octubre 06, 2016

LA MASACRE DE LA ISLA DE BANGKA




Bien, amigos, ya me empiezan a llegar por e-mail las primeras opiniones de mi último libro, ¡JAPÓN GANÓ LA GUERRA! LA HISTORIA DE AUTOENGAÑO MÁS EXTRAORDINARIA DEL SIGLO XX y, de momento, están siendo todas muy positivas. Todas coinciden en que la historia se lee de un tirón, como si fuese una novela, y me alegro que así sea.

Como siempre digo, os agradezco mucho que me hagáis llegar vuestras opiniones, pero os pediría por favor que también compartáis esa opinión en las fichas de AMAZON o LA CASA DEL LIBRO, por ejemplo, o en los foros en los que participéis, para que otros lectores se animen así a leerlo.


Pues, como hablamos de japoneses, vamos con un episodio histórico en el que éstos estuvieron involucrados, y que es muy poco conocido.

Los hechos sucedieron el 16 de febrero de 1942 en Bangka, una paradisíaca isla situada frente a la costa oriental de Sumatra.




El 8 de diciembre de 1941, las fuerzas niponas iniciaron la invasión de la península malaya. El objetivo final era arrebatar a los británicos la isla de Singapur, en el extremo sur de la península, que era su principal base militar en el Sudeste de Asia.

Conforme las tropas japonesas avanzaban por la jungla hacia el sur, comenzó a cundir el nerviosismo en la colonia británica, ya que las defensas estaban planeadas ante un ataque por mar y no se había contemplado la posibilidad de uno procedente de la península malaya.


Ante la inminente irrupción de los soldados nipones, el 12 de febrero de 1942 partió del puerto de Singapur el barco SS Vyner Brooke, abarrotado con un total de 330 pasajeros, entre militares heridos y civiles, principalmente mujeres y niños, incluyendo 64 enfermeras pertenecientes al 13º Hospital General Australiano (en la foto superior).

El Vyner Brooke tenía como meta llegar a Australia, pero los aviones y barcos nipones controlaban las principales rutas.

El primer día, el barco se mantuvo pegado a la costa de Sumatra. La tarde del 13 de febrero, el capitán del Vyner Brooke decidió atravesar las aguas del estrecho de Bangka, que separa esa isla de Sumatra, pero el intento de escapar de los japoneses no se vería coronado por el éxito.


Al mediodía del 14 de febrero, el barco fue avistado por aviones nipones, que le atacaron; fue ametrallado y recibió tres impactos de bomba, abriendo una brecha en el casco. Cuando el agua comenzó a entrar en el barco, se ordenó su abandono. Se vivieron entonces escenas dramáticas, ya que todos trataban de ponerse a salvo en los botes salvavidas mientras los japoneses no cesaban en su ataque.

Seis decenas de tripulantes y pasajeros del Vyner Brooke lograron alcanzar la cercana playa de Radji, en la isla de Bangka, ya fuera en los botes o a nado. De ellos, 22 eran enfermeras; mientras ellas trataban de asistir a los que iban llegando a la isla, se organizó un grupo que partió en busca de ayuda a la aldea más cercana. Sin embargo, los nativos, temiendo represalias de los japoneses, urgieron a los náufragos a entregarse a las fuerzas de ocupación niponas que operaban en la zona, que tenían su base en la población de Mundok.

Los supervivientes desconocían que la isla estuviera ya en poder nipón, así que debatieron si era mejor rendirse o tratar de seguir escapando de los japoneses. Al final, pensando en la vida de las mujeres y los niños, se decidió que lo mejor era entegarse, por lo que un oficial del Vyner Brooke emprendió la marcha hacia Mundok junto a un grupo de supervivientes, mientras que el resto se quedó en la playa.

Esta es una imagen actual de aquella playa en la que estaba a punto de ocurrir la tragedia.




Una veterana enfermera, llevada quizás por una premonición, tomó entonces la providencial iniciativa de conducir a las mujeres y los niños a una aldea vecina. Sólo una mujer decidió quedarse en la playa, junto a su marido, además de 22 enfermeras australianas, que debían cuidar de los heridos. Para ello improvisaron un refugio, identificado con una cruz roja.

El presentimiento de la enfermera se confirmaría unas horas después, cuando una docena de soldados japoneses se presentó en la playa. Separaron del grupo a la mitad de los hombres y se los llevaron. Al cabo de un rato, y después de haberse escuchado una serie de disparos, los japoneses regresaron a por la otra mitad. A nadie se le escapó el hecho de que las bayonetas aparecían manchadas de sangre, por lo que estaba claro el destino de los hombres a los que ahora les tocaba su turno.

Después de darles el mismo destino a aquellos desgraciados, los japoneses volvieron a la playa y, en esta ocasión, ordenaron a las enfermeras y a la mujer civil que se adentrasen en el agua. Las mujeres no tuvieron otro remedio que obedecer y, cuando estaban ya todas en el agua, los japoneses comenzaron a disparar sobre ellas.


Todas perecieron bajo el fuego de una ametralladora nipona, excepto una enfermera, Vivian Bullwinkel (foto superior), que recibió un impacto de bala, cayendo al agua, pero la corriente arrastró su cuerpo hasta la orilla. Los japoneses, que iban rematando a las moribundas, debieron creer que estaba muerta. Los heridos que habían sido atendidos por las enfermeras en el hospital de campaña improvisado fueron rematados por los japoneses con sus bayonetas.

Unas horas después, Vivian, que había estado inconsciente desde que fue herida, volvió en sí. Cuando comprobó que los soldados ya se habían alejado de allí, se ocultó en la jungla. Allí se encontró con un soldado británico que había sobrevivido también a la masacre, Pat Kingsley, aunque había sufrido heridas de bayoneta. Ambos estuvieron escondidos durante doce días, hasta que, agotados y hambrientos, decidieron entregarse a los japoneses.

Kingsley acabó muriendo a consecuencia de las heridas, pero Vivian se unió al resto de enfermeras australianas, que habían sido capturadas y se encontraban en un campo de prisioneros. Vivian consiguió ocultar su herida de bala, ya que temía que los japoneses quisieran matarla para impedir que hubiera testimonios vivos de la terrible masacre que había tenido lugar en la playa de Radji. La valiente enfermera trabajó bajo las brutales condiciones que regían la vida en el campo de prisioneros durante tres años y medio.


De las 65 enfermeras que habían embarcado en el Vyner Brooke en Singapur, 24 sobrevivieron a la guerra, Vivian entre ellas. Aparte de las 21 que fueron masacradas en la playa de Radji, 3 murieron en el ataque japonés al barco y 9 se ahogaron al tratar de alcanzar la costa de Bangka. Otras 8 no sobrevivirían a su infernal cautiverio en el campo de prisioneros.

Éstas son las enfermeras supervivientes:



Después de la guerra, Vivian regresó a Australia, en donde seguiría trabajando como enfermera.

En 1947 se desplazó a Tokio para testificar sobre la masacre en un juicio por crímenes de guerra (en la foto inferior).



Durante el resto de su vida se dedicó a preservar la memoria de sus compañeras asesinadas en la isla de Bangka; por ejemplo, impulsó una cuestación popular para levantar un monumento dedicado a las enfermeras australianas que participaron en la Segunda Guerra Mundial, que se levantó en Melbourne. Falleció el 3 de julio de 2000.



1 comentario:

Gerard Vila-seca dijo...

Me ha recordado la serie Tenko de los 80

http://www.filmaffinity.com/es/film668997.html

Enhorabuena por el blog. Muy interesante

Un saludo