lunes, junio 06, 2016

LA GRAN GUERRA EMÚ Y OTROS CONFLICTOS CON ANIMALES DE POR MEDIO DE LOS QUE NO HAS OÍDO HABLAR



Hoy, 6 de junio, debería escribir algo sobre el Desembarco de Normandía, así que vamos a ser originales y hablar de algo que no tiene absolutamente nada que ver.

La semana pasada he estado un tanto perdido, ya que he estado trabajando en una colaboración para la revista MUY HISTORIA que ha resultado un poco compleja, así que vamos ahora con una entrada que ha surgido del material que he tenido que manejar para ese encargo.

¿Habéis oído hablar de la Gran Guerra Emú?

Lo más probable es que no, así que os voy a hablar de ese conflicto y de algunos otros que tienen algo en común: la causa hay que buscarla... en un animal.


Un cerdo busca patatas

La isla de San Juan esta situada en el estrecho de Juan de Fuca, entre la isla de Vancouver y la costa de Estados Unidos. En 1859, esa isla era objeto de una disputa fronteriza entre el gobierno norteamericano y el británico.



La dificultad de trazar una línea entre el archipiélago del que formaba parte San Juan hizo que durante años se mantuviese en un limbo legal, aprovechado por colonos británicos y estadounidenses para establecerse allí.

El conflicto estalló en junio de 1859, cuando un colono norteamericano disparó contra un gran cerdo negro que se había metido en su huerto para comerse sus patatas, matándolo.

El cerdo pertenecía a un colono irlandés, quien rechazó la indemnización de diez dólares ofrecida por el otro granjero. Cuando las autoridades británicas amenazaron con detener al norteamericano, los otros colonos reclamaron la presencia del ejército estadounidense, que acudió con 66 soldados.

Los británicos no se amedrentaron y mandaron cinco barcos de guerra, una iniciativa respondida por Washington con el envío de medio millar de soldados, dando inicio así a una peligrosa escalada militar. El gobernador británico de Vancouver ordenó que la infantería de marina desembarcase y atacase a las tropas estadounidenses, pero afortunadamente el contralmirante Robert Baynes, al mando de la flota, se negó aduciendo que “una guerra entre dos grandes naciones por una disputa sobre un cerdo es una tontería”.

Aunque el único disparo que hubo fue el que mató al infortunado animal, el incidente sería conocido como la guerra del Cerdo. Finalmente, hubo un acuerdo para compartir provisionalmente la soberanía de la isla hasta que doce años más tarde una comisión internacional de arbitraje dio la razón a los norteamericanos.


Una vaca, un perro y dos caballos

Ha habido otros animales que han sido causantes involuntarios de sangrientas guerras. Uno de ellos fue una vaca que un campesino robó en el principado de Lieja en 1275. El dueño de la vaca la reconoció cuando el ladrón trataba de venderla en la feria de una localidad que pertenecía al señorío de Namur. Al ladrón se le impuso una multa a cambio de no ser ajusticiado pero, después de pagarla, el agente judicial lo ahorcó.

Esa decisión provocó una disputa violenta entre los señores feudales implicados y sus aliados, que se prolongaría tres años y sería conocida como la guerra de la Vaca. Unos sesenta pueblos fueron saqueados y quemados, muriendo unas quince mil personas.



En otra ocasión, el protagonista sería un perro. El 19 de octubre de 1925, en un paso fronterizo entre Grecia y Bulgaria, a un soldado heleno se le escapó su perro. El can pasó la línea de la frontera y fue tras él para atraparlo, pero un guardia búlgaro disparó al soldado, matándolo. En la discusión posterior hubo un tiroteo y otro griego resultó herido.

El gobierno de Atenas exigió el castigo a los culpables y una indemnización. Como el requerimiento fue ignorado, los griegos llevaron a cabo una incursión en territorio búlgaro, causando medio centenar de víctimas, casi todas civiles. Las presiones diplomáticas lograron que las tropas griegas acabaran retirándose.



Los caballos también demostrarían ser capaces de originar un conflicto. Fue en Arabia, en 608, cuando dos tribus rivales se jugaron cien camellos en una carrera entre sus dos mejores caballos, Dahis y El Ghabra.

Cuando la carrera iba a ser ganada por el veloz Dahis, la otra tribu puso en marcha una estratagema para desviarlo de su camino, a lo Pierre Nodoyuna.



El ardid fue descubierto, pero la tribu de los tramposos se negó a desprenderse de sus camellos. El enfrentamiento degeneró en una larga y cruenta guerra que duraría hasta el 650. No he conseguido averiguar quién ganó al final.


Great Emu War

Y vamos finalmente con la que me parece la guerra más curiosa. Tuvo lugar en 1932, en tierras australianas. En el estado de Australia Occidental, el más extenso del país, los granjeros se quejaban de la masiva presencia de emúes, una especie de avestruz. Unos 20.000 emúes se dedicaban a arruinar los cultivos y a abrir agujeros en las vallas por donde entraban los conejos, que también eran considerados como una plaga.


Ante las dificultades para controlar la población de emúes, los granjeros decidieron solicitar una solución militar. Muchos de ellos eran veteranos de la Primera Guerra Mundial, por lo que habían presenciado el efecto mortífero de las ametralladoras, así que consideraron que ese arma era el mejor argumento para acabar con la amenaza emú. El ministro de Defensa, al recibir la insólita petición, no mostró demasiado entusiasmo, pero aun así decidió enviar a un oficial, el mayor G.P.W. Meredith y dos soldados pertrechados de sendas ametralladoras Lewis.

El 2 de octubre de 1932 dio comienzo esa singular campaña contra los emúes, pero desde el primer momento se vio que no sería una operación fácil. Las aves demostraron poseer un gran sentido táctico; su continua movilidad hacía inútiles los intentos de Meredith de citarlas a un combate cara a cara en el que las ametralladoras podrían imponer su capacidad de fuego. Además de correr a 50 kilómetros por hora, los emúes se dividían continuamente en grupos cada vez más pequeños.

Al acabar la primera jornada, después de perseguir a los emúes durante todo el día, apenas habían podido abatir a una docena de ellos.




Ese fracaso se repetiría los días siguientes, hasta que a Meredith se le ocurrió perseguir a los emúes en un camión, en el que se instalaría una ametralladora. El plan no dio resultado, ya que el vehículo se veía incapaz de perseguir a las aves campo a través.

Tras una semana de campaña, sólo se había abatido medio centenar de emúes, y los ecos del fiasco ya habían llegado hasta el Parlamento australiano. Al menos, en el informe oficial de Meredith se indicaba que no había sufrido ninguna baja.

Aun así, el ministerio de Defensa decidió dar otra oportunidad a Meredith en su campaña contra los emúes. Al parecer, la experiencia cosechada en la primera fase de la operación le fue de utilidad y en esta segunda obtuvo unos mejores resultados. Tras un mes de escaramuzas, Meredith dijo haber abatido 986 emúes, una cifra que podía parecer alta, pero que no suponía un descenso significativo de la población emú.

Mientras tanto, las noticias de la campaña -que ya era conocida jocosamente como Great Emu War, la Gran Guerra Emú- habían llegado hasta Londres, desde donde llegaron protestas para impedir ese exterminio.

Finalmente, el ministerio de Defensa decidió poner fin a la operación, admitiendo así la derrota. Los granjeros seguirían padeciendo las incursiones de los irreductibles emúes y volverían a pedir ayuda al Ejército en 1934, 1943 y 1948, pero después del fracaso de 1932, el ministerio se negó a declarar de nuevo la guerra a tan escurridizo enemigo.