miércoles, diciembre 05, 2007

Las benévolas

Bueno, amigos, pues dejemos aparcada por unos días la Guerra de Secesión, pese que veo que también os pone.

La verdad es que debería hablaros de la Primera Guerra Mundial, para promocionar en plan Umbral mi último libro, el TODO LO QUE DEBE SABER SOBRE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL, pero me pasa lo de siempre, que cuando me entrevistan para hablar de mi último libro ya estoy enzarzado en otro que absorbe todo mi interés, y el otro libro ya me parece demasiado lejano y me da mucha pereza hablar de él. Pero bueno, a ver si la semana que viene os explico algo de la I Guerra Mundial, aunque parece que el libro se está vendiendo muy bien; ya me han dicho que en algún FNAC ya se han agotado todos los ejemplares.


Pues os voy a hablar del libro del que todo el mundo habla, lo más de lo más, lo último de lo último... LAS BENÉVOLAS. ¿Cómo? ¿Que no has oído hablar de este libro? ¡No puede ser! Pues nada, ¡a enterarse!

Las benévolas, pese a un título tan disuasorio (parece de una novela costumbrista de Pérez Galdós) resulta que es uno de los mayores fenómenos literarios de los últimos meses. El libro, que aborda el Holocausto a través de un oficial de las SS, ha contado con una magnífica acogida de la crítica y ha vendido por ahora un millón de ejemplares.

El escritor Jorge Semprún ha dicho de él que es el "acontecimiento del siglo" y Le Monde que es "uno de los libros más impresionantes que se han escrito nunca". En España lo edita RBA y vale 25 eurillos, tampoco se han pasado.

El autor, Jonathan Littell, nació en Nueva York en 1967 y creció en el sur de Francia. Ha estado en Rusia, en la antigua Yugoslavia, en Ruanda, en Afganistán y en Pakistán, como parte de su trabajo humanitario en la ONG Acción contra el hambre. Actualmente reside en Barcelona para escapar del peso de la fama en Francia.


Pues bien, para estar a la última tenéis que leer este libro. Yo, por el momento, no lo pienso hacer; resulta que el libro de marras tiene 1.200 páginas (!) y la verdad es que tengo tantos libros pendientes que no puedo meterme con semejante mamotreto. Igual es muy bueno, como dicen los críticos, pero por ahora me va muy mal; si existe mucha presión social, como me pasó con el Código Da Vinci, igual lo pillo para el verano. Aquí tenéis una crítica de un pavo que se ve que sí, que se ha leído todo el libro, y que defiende la tesis de que sí, que está más o menos bien, pero que tampoco es para tanto.
Para los que no tengáis pensado leerlo pero queráis saber un poco de qué va, aquí podéis leer el primer capítulo. Yo ni siquiera he leído eso todavía; a ver si durante este puente tengo un ratillo y me pongo al menos a leer ese trozo, para que no se diga.

Pues eso, si hay alguno que se lo haya comprado y ya se haya puesto, que nos diga a ver qué tal, pero a mi me parece que es el típico libro que la gente se compra porque todo el mundo se lo compra pero luego no se atreve a decir que no le ha gustado (como el de La sombra del viento o La catedral del Mar), y si dicen que un millón de tíos lo han comprado (aunque me gustaría cuántos se lo han leído después), pues venga, no podemos ser menos.

Ojalá me equivoque y el libro esté muy bien. Ya diréis algo.

11 comentarios:

Al dijo...

Hola Jesús, pues yo sí me leí el libro entero en verano en la edición francesa. Enfin podía hacer una crítica del mismo pero como suscribo plenamente la que salió en el ABCD reproduzco a continuación las partes más destacadas de la misma cuyo título era ya claro: "Chapapote literario":
“Sobre Las benévolas, del norteamericano Jonathan Littell, flota un miasma espeso y turbio, al margen de la sospecha de que cualquier juicio crítico sobre la obra queda ensombrecido por una poderosa campaña mediática a la americana que convirtió un libro de mil apretadas páginas y tipografía endemoniada, que por largos pasajes lo acerca a la ilegibilidad, en un «caso» y en un fenómeno social que el tiempo ha ido apagando, pero provocando sucedáneos.
No es por tanto el punto de vista de las víctimas, sino de los verdugos, que explican con desparpajo que en esos crímenes nadie es el autor porque todos los son, que cuando se despoja a alguien de su capacidad de decidir no hay autoría posible y que esta es colectiva, y que puestos a matar, esto se hace de manera fría y profesional, sin motivación personal alguna, sin antisemitismo (pág. 675, por ejemplo), por necesidades de intendencia y planificación de un mundo nuevo. Asuntos todos estos que están más que explorados y que Littell ilustra con ejemplos de una brutalidad de barraca de feria, cuya realidad no discutimos, pero cuya eficacia literaria es cuando menos dudosa.
Así, Littell pasa revista a la ocupación del Cáucaso, de Polonia y de Hungría, al cerco de Stalingrado, a la Francia colaboracionista (bochornosas páginas estas, lo que hace pensar que la documentación no es igualitaria o que hay varias manos), a las cuestiones de intendencia de los campos de concentración..., todo ello echando mano de una copiosa y abrumadora documentación que va desde escenas expresas de películas famosas fácilmente identificables, hasta la masa imponente de las memorias escritas por los protagonistas de aquella hecatombe, pero que no le impide a su autor haber cometido decenas de errores de bulto e incongruencias históricas señaladas en vano (por el profesor Schöttler, entre otros). Con el mediático rodillo de una promoción a la americana no hay quien pueda en esta feria en la que lo de menos es la literatura.
El SS Maximilian Aue es testigo privilegiado de esos acontecimientos históricos, que le hacen participar tanto en matanzas como en pulcras labores de oficina y le permiten tratar directamente a los protagonistas: Speer, Bormann, Eichmann... Su personalidad en apariencia compleja, sus opiniones y estados de ánimo se expresan sobre todo por medio de los vómitos y las diarreas ya citadas, al margen de unos parlamentos huecos como saco de humo.
Las digresiones étnico-antropológicas abundan, las filosóficas también, pero los personajes secundarios resultan tan de cartón piedra como los de primera fila histórica, o los inventados, como ese doctor Mandelbord, eminencia gris del Reich que vive entre cuescos apestosos. Los diálogos que mantienen unos y otros son auténticas naderías albardadas en pedantería a raudales y en un alborotado galimatías de grados, taconazos y lingotazos de schnaps o de vinos franceses a gollete.
Las benévolas, desde el punto de vista del relato de la Guerra Mundial protagonizada por la soldadesca alemana, está muy por debajo de autores que dieron su do de pecho en ese terreno, como Sven Hassel, por ejemplo. Y en cuanto a las escenas eróticas heterosexuales, las páginas de Littell se mueven en los previsibles terrenos ya explorados por obras de tanta enjundia como Las lobas de las SS, mientras que las homoeróticas entran de lleno en el terreno de la sicopatología, aunque claro, una vez que la antisiquiatría abrió bien anchas las puertas de los frenopáticos, todo es posible.
La caída en definitiva desgracia del SS Aue por pegarle un «bocao» en la napia a Hitler en vísperas de la caída de Berlín no se sabe si es una burla descarada al lector o el desenmascaramiento definitivo del autor como un escritor de tercera fila que como narrador no sabe por dónde le da el aire, incapaz de pisar con una elemental firmeza el terreno de la invención literaria al margen de la masa de documentación histórica manejada.
La documentación acumulada por el autor que tanto pasmo crítico produce, abruma y acaba dificultando la lectura y rebajando el interés, porque resulta difícil sustraerse al sentimiento de estar trasegando auténtica farfolla. Y menos mal que el autor no se propuso contarnos la historia de la creación del mundo, así en general, por medio de un testigo presencial que hubiese platicado de tú a tú con Noé, por ejemplo. Estaría todavía metiendo bichos en el Arca y se le habría echado la mañana encima. En resumen: un bodrio solemne, pretencioso, indescriptible, que permite conocer el alcance del servilismo de la sociedad literaria a las operaciones publicitarias de gran envergadura.”

Jesús Hernández dijo...

¡Jo, jo, vaya crítica, Alvaro! Eso sí que es una crítica demoledora y lo demás son tonterías.
Como confío plenamente en tu criterio, acabas de confirmar mis sospechas sobre semejante mercancía...
Gracias y un saludo!

Marcos dijo...

Bueno, bueno, estoy intentando localizar a Papá Noël pero su móvil está deconectado. Debe se que él también celebra el día de la Constitución. Le quería llamar para anular el regalo de Navidad que le había encargado mi mujer para mí y que era precisamente "Las Benévolas". Así que corto y pego la crítica que Al ha incluído en su comentario y se la envío por mail. Además, creo que no podré con tanta fecalidad.
Creo que lo cambiaré por "Vida y Destino" de Vassili Grossman, que tampoco pudo acabar la novela sin antes escribir unas mil páginas. ¿Alguien está dispuesto a disuadirme de esta loca idea?

AL dijo...

Ah, por cierto el autor de la demoledora y certera reseña es Miguel Sánchez-Ostiz. Se me olvidó citarle antes.
Un saludo!
Al

Cavernera dijo...

Marco. No sabría que decirte con respecto a Vida y Destino, pero leyendo lo que se dice en la solapa en la que se la compara con Doctor Zhivago y con Guerra y Paz me viene a la memoría la edición de esta última novela de Mario Muchnik. No se si has leido Guerra y Paz. Si la has leido merece la pena volver a leerla en esta edición y si no la has leido ¡no lo dudes!Cuando uno termina de leer Guerra y Paz se es otra persona.

Roberto dijo...

Pues oye a mí La Sombra del Viento me gustó puñao de mucho pero la Catedral del Mar lo tengo incluido en la categoría esa de "no-voy-a-ser-menos" pero tampoco le vi para tanto, al igual que la Historiadora MENUDO COÑA... de libro -Drácula vuela y vuela con millones de libros ??????¿¿¿??¿??¿?-.

Este de las Benévolas ni pienso vamos, prefiero relatos de gente que de verdad lo vivió.

En el próximo topic de la Guerra de Secesión te comento dos cosillas... esperaré.

Ya tengo el de la Primera Guerra Mundial pero los Magos de Oriente se lo han llevado así que tendré que esperar al día 6...

Julio dijo...

Bueno, sin querer armar ninguna polémica y sabiendo que hace ya casi un mes que se publicó el post, me gustaría hacer una pequeña defensa de "Las Benévolas". A mí me ha parecido un libro absorbente, que tal vez tenga más intensidad en su primera mitad y que luego llega a diluirse un poco.
Lo del mordisco a la nariz de Hitler sí parece que es una salida fácil por parte del autor, pero aquí nadie ha hablado de la historia del protagonista más allá de su faceta de testigo y ejecutor (en algún caso) de la barbarie hitleriana (no digamos otra cosa por evitar ponernos en un brete innecesario): el título del libro se cierra con un final esperado, pero que no por ello dejas de degustar. Te das cuenta de que no importa que se presente al protagonista como un malvado con conciencia, él y todos aquellos que participaron en la peor guerra conocida (al menos es de ésta de la que tenemos más documentación para conocer lo bajo que puede llegar un ser humano) presentarán siempre justificaciones cortas, poco creíbles, vanas... Su final es el final que esperas de alguien de esa calaña (no leer si se pretende leer el libro), el de un auténtico traidor, no a su patria, sino al género humano. Incluso el final se cierra con la evolución de la historia presentada ya en el título del libro, pero que no llega a fraguarse hasta bien entrado el mismo.
No quiero enrollarme mucho más, pero hay páginas (sobre todo las referentes a Ucrania) que quitan el habla, y no vacilemos con el tema de documentación, pues se ve que el autor no será el máximo erudito en temas bélicos, pero no obstante nos refleja con bastante acierto la guerra en el Este europeo. Yo desde luego me sumergí en la novela, y no tuvo el escritor la necesidad de apabullarnos con lo que ya sabemos sobre el genocidio, nos hizo entrar en el papel de los verdugos más allá de las víctimas, y eso, aparte de no ser nada fácil, es un atajo a la polémica, se busque o no.
Para acabar (antes de los siempre olvidables postdata), si alguno ha leído los testimonios del diario de Erik Dorf verá que el autor sabe de lo que habla, y representa a cada uno de los protagonistas (sean ficticios o no) con maestría, y en el caso de los personajes históricos hace creíble cada uno de sus movimientos y acciones. No le doy un 10 al libro, pero darle un suspenso amigos míos, sólo porque el libro se trata de un Best Seller y fenómeno mundial, es lo que los que no hemos conocido guerra como esa, y somos demasiado jóvenes (tal vez) para entenderla, llamamos ir de GUAY. No desarmemos una gran novela como ésta sólo por creernos cultos, que aquí todos cojeamos.

PD: Jonathan Littell proviene de una familia judía; seguro que mucha gracia no le haría hablar de una tragedia como ésta. Mucho menos que se machaque al libro sólo por haber vendido. Tiene publicidad? Sí. Demasiada prensa? También. Estemos seguros de que en cierto modo tiene que ser merecida. Esto no son Los pilares de la Tierra amigos, hay que tener un buen estómago para tragarse esto.

David dijo...

Acepto todos los comentarios, desde luego... Pero debo decir, como apasionado de la historia, que "las benébolas" es ciertamente un libro resfrescante y muy ameno que me ha dado un nuevo punto de vista ya no sobre el holocausto judío sino sobre la maquinaria política nazi, desde sus entrañas. El autor deja que sea el lector quien juzgue lo que hay frente a sus ojos, y eso también es de agradecer.

David

quedificiles dijo...

Jonathan Littell demuestra con las benévolas que es un maestro en el arte de tomarle el pelo al lector. Además de pretender que todos seamos filonazis como es él. No solo eso, u egregia defensa de la corrupción moral de su alter-ego personaje principal debería cuanto menos que auspiciar una severa investigación sobre su vida personal y profesional al margen de la de juntaletras. Pocas veces un libro me ha causado tanta indignación como lo ha hecho las benévolas, no ya por el precio que los hay más caros sino por el descaro de estos franceses que no se bien que pretenden a estas alturas del siglo. Bien sabida es la inestimable ayuda que ex-SS prestaron a los liberales franceses en su guerra de Argelia o Indochina... pero pretender que esta obra fue el "ne rien va plus" de sus letras en 2007 pues eso... desvergüenza, tomadura de pelo, "Miedo y asco en las Vegas". A parte del cuadal de datos que ha manejado, parece que la insensibilidad ante la memoria de personas que aun viven no es motivo
suficiente para haber hecho una minúscula autocrítica. Todo vale, todo sirve para llenarse los bolsillos. Sin duda este libro dentro de poco tiempo será la biblia de todo grupo neonazi que exista y no debería de salir de esa
catacumba moral a la que este elemento lo ha condenado. Ni tan siquiera está bien escrito. Aburre,
cansa, pesa, ufff... que me pongo muy mal cuando tratan de venderme cosas como estas.
¡Salud!

Fernando dijo...

Hola, Jesús. Estoy escribiendo un artículo sobre la nueva ola de literatura sobre la segunda guerra mundial y me gustaría hacerte algunas preguntas. ¿A qué correo te puedo escribir? Muchas gracias.

orlando dijo...

Perdón, soy uruguayo (Orlando), Ingeniero y vivo en mi País y acabo de terminar después de mucho tiempo de leer ahora entre junio y octubre del 2010 el libro las Benevólas.
Con relación a los comentarios que he leído, ¿desde cuándo un libro por ser de muchas páginas ya es de por si un problema? Me suena señores a todo rapidito, apuradito porque tengo mucho con ésto de la globalización, el rescate de los mineros de Chile, el mundial etc. etc.
Para mi, y esa fue la razón por la cual leyendo una crítica que salió en un semanario (Brecha), que seguramente Uds. señores del "primer mundo" jamás oyeron pero donde escribieron y comentaron toda la vida Onetti, Benedetti, Galeano, (uruguayos todos ellos,los conocen?). Perdón Galeano aún escribe allí y comenta ocasionalmente. Pero yendo al libro
creo que por primera vez se empieza a tratar el tema con una perspectiva histórica dejando un poco de lado las pasiones que obviamente el tema todavía despierta.
Si las "hazañas" de Fernando e Isabel hubieran sucedido hace 50 años, dudo que se pudieran tratar con la seriedad y lejanía que el juicio de la historia permite. (recomiendo por ejemplo el libro "Fernando e Isabel" de Hermann Kesten, eso si tiene casi 600 páginas tal vez mucho para la muy apurada visión literaria de Uds.)
Creo en concreto que el nazismo todavía no ha podido juzgarse en términos históricos, como no ha podido juzgarse la guerra civil española ni las dictaduras latinoamericanas. Como bien dice nuestro presidente - que no se si saben es un ex-gerrillero que tuvo el "privilegio" de ser considerado rehén de los gorilas y pasar 10 años en cubículos de 1x1x2 sin poder leer una hoja y siempre por lo general en la más absoluta oscuridad - él repito dice "solo cuando estemos muertos todos los que pasamos por ésto de un lado y otro y también nuestros hijos podrá estudiarse desapasionadamente el período".
Con el nazismo pasa creo lo mismo y el libro en cuestión es creo un aporte a la pregunta : ¿qué hubiera hecho yo allí?
Se podría uno preguntar, que hubiera hecho yo si hubiera estado con Pizarro o Cortés, habría asesinado, saqueado etc. en nombre de por ejemplo el cristianismo, (así con minúscula).
En definitiva, para mi "Las Benevólas" un libro excepcional, no olvidar que es una novela y que nos deja sin habla, no tanto por lo que cuenta, sino con la pequeña distancia con la que lo hace que ayuda a la aproximación histórica.