lunes, octubre 14, 2013

MARTIN SOMMER, EL NAZI MÁS SÁDICO

ADVERTENCIA: ESTA ENTRADA PUEDE HERIR SU SENSIBILIDAD


Bien, amigos, como os anuncié, parece que BESTIAS NAZIS. LOS VERDUGOS DE LAS SS está funcionando bastante bien y ya está prevista una segunda edición. El libro está despertando interés; hoy he concedido una entrevista a ABC.es, que será publicada en los próximos días. Pues en esta entrevista, al igual que la publicada en Best Seller Español, me han preguntado también por el personaje que considero más sádico, y la respuesta es la misma: MARTIN SOMMER.

Puede sorprender que, hablando de tipos de la calaña de Amon Göth, Dirlewanger o Mengele, el nazi más brutal pueda ser otro, pero así es. Sommer es un personaje prácticamente desconocido, pero hizo méritos más que suficientes para alcanzar ese honor -o deshonor más bien-.

Los que tenéis el libro podréis conocer la historia completa de este asesino psicópata, pero para los que todavía no lo tengáis, ahí van algunos trazos para que os hagáis una idea.


Martin Sommer (1915-1988) era un joven SS-Hauptscharführer del campo de Buchenwald. Él era el encargado de propinar los latigazos y bastonazos en el potro de martirio instalado en la Appellplatz. Pero ése era apenas uno de los tormentos con los que volcaba su insaciable sadismo sobre los prisioneros.

Sommer, que sería conocido como el “Verdugo de Buchenwald”, estaba a cargo de la prisión del campo. Allí disfruto de patente de corso para satisfacer sus sádicos instintos. Uno de sus métodos favoritos para someter la voluntad de los internos y extender el terror era el castigo consistente en atar a los prisioneros de las muñecas por la espalda y dejarlos suspendidos sin poder tocar el suelo. El lugar en el que se ponía en práctica se encontraba fuera del recinto del campo, en un bosque situado en los aledaños. Los prisioneros eran llevados hasta allí y colgados de las ramas en esa inhumana posición, en la que se padecía un dolor insoportable. Los estremecedores gritos eran claramente audibles desde el campo, lo que provocaba entre los prisioneros el terror buscado por Sommer.


Aunque la mayoría eran colgados unas cuantas horas, algunos podían estar allí varios días, dependiendo de la falta cometida. Los brazos acababan dislocados, produciéndose lesiones que podían ser permanentes. Según un prisionero,“Sommer solía golpear en las piernas, en la cara y en los genitales de los prisioneros colgados. Este castigo llevaba a los prisioneros a la locura; muchos pedían a los hombres de las SS que les disparasen para poder terminar con el dolor que estaban sufriendo...”.

El "Verdugo de Buchenwald" torturaba a los prisioneros no sólo para obtener confesiones, sino para satisfacer su sadismo. Por ejemplo, en invierno apagaba la calefacción y ordenaba que se derramase agua fría sobre los prisioneros dentro de sus celdas. Algunos llegaban a morir de frío. En otras ocasiones, los prisioneros eran obligados por Sommer a permanecer en posición de firmes, en el interior de sus celdas, desde las cinco de la mañana hasta las diez de la noche, mientras eran observados regularmente por los guardias a través de la mirilla; si alguno se movía lo más mínimo, los guardias entraban en la celda y le daban veinticinco bastonazos. Cuando era el propio Sommer el que aplicaba los golpes, conducía luego al prisionero hasta el retrete utilizado por el personal de las SS, le obligaba a agacharse y meter la cabeza en él, y después le prohibía limpiarse la cara.

Otra tortura consistía en sumergir los testículos de un prisionero alternativamente en agua hirviendo y agua helada, hasta que éstos se deshacían.

Cuando un prisionero cometía una falta castigada con la muerte, como asomarse por la ventana de la celda, él se encargaba de estrangularlos con sus propias manos. También podía apretar la cabeza del condenado con un instrumento metálico especial similar a un torno, hasta que el cráneo estallaba.

A veces improvisaba sesiones de “gimnasia”; todos los prisioneros debían salir al pasillo, en donde tenían que arrodillarse y dar saltos. A los que caían extenuados, Sommer les propinaba repetidamente patadas en la cabeza hasta que los mataba. Estas sesiones gimnásticas acababan siempre con varios muertos en el suelo.


Según los prisioneros destinados a su servicio personal, en su habitación tenía una calavera iluminada. Alguna noche se traía a un prisionero a su estancia y lo asesinaba tranquilamente con una inyección. Colocaba entonces el cádaver debajo de su cama y se ponía a dormir sin inmutarse. A la mañana siguiente, el cuerpo era trasladado al crematorio.

Como suele suceder en estos casos, Sommer no acabaría pagando por sus horribles crímenes. Acusado de corrupción en 1943, fue condenado a prestar servicio en un batallón disciplinario y enviado al frente oriental. A consecuencia de la explosión de un tanque, Sommer resultó gravemente herido, perdiendo un brazo y una pierna. Capturado por los soviéticos y enviado a un campo de prisioneros, no fue liberado hasta 1955, regresando a Alemania Occidental. En 1957, al ser identificado como el sádico guardián de Buchenwald, fue detenido y acusado de criminal de guerra por la justicia alemana. En 1958 fue juzgado, siendo declarado culpable de 25 asesinatos y condenado a cadena perpetua. Sin embargo, en 1971 fue puesto en libertad por razones de salud. Falleció en 1988.

4 comentarios:

Onor dijo...

Hola Jesús.
Me alegro que vaya tan bien el libro y deseo que así siga.
Lo estoy leyendo ahora poco a poco, "disfrutando" (entiéndase como una forma de hablar) de cada página.
Me he sentido identificado en una de las páginas, porque yo fuí de los que estuve dando vueltas por Cracovía con un GPS sin encontrar el campo de Plasow.

Un saludo

Eladio Anido Murias Anido dijo...

Increíble

Daniel Estribi H dijo...

Me llamo Daniel Estribí, tengo un libro suyo el "El Reich de los Mil Años", un libro increíble, muy bien escrito y relatado de forma brillante, lo felicito y espero que siga dándonos luces de que llevo a los alemanes a cometer (nazis) semejantes crímenes. Si me contesta esta nota don Jesús, estaría muy gradecido, suerte.

Jesús Hernández dijo...

Muchísimas gracias, Daniel, por tus amables palabras.

Me alegro que te gustase El Reich de los Mil Años, es uno de los libros de los que estoy más orgulloso.

Un saludo.