Bien, amigos. Lo prometido es deuda, así que vamos con la segunda parte de la visita a la EL-DE Hause, es decir, el cuartel general de la Gestapo en Colonia, una visita imprescindible.
Pues antes de presentaros las fotos -espero que perdonéis la pésima calidad, para el próximo viaje llevaré la cámara buena-, deciros que esto de ser escritor vocacional es un rollo. Después de mandar el martes el manuscrito de mi próximo libro a la editorial, decidí tomarme unos dias de holganza y vagancia hasta pasado Fiestas. Así que me propuse releerme el monumental y apabullante
LA GUERRA DE HITLER de David Irving, y leer la recomendación de una amiga,
CIUDAD DE LADRONES, de David Benioff.
De La Guerra de Hitler, qué os puedo decir, que es una lectura indispensable a pesar de la polémica que lo rodea, y de Ciudad de Ladrones os digo que me está encantando. Es una novela que explica la aventura de un par de chavales en el Leningrado asediado por los alemanes, en el que se narran las tremendas penalidades que pasaron sus heroicos habitantes, pero tratado todo con mucho humor. Una lectura fantástica para desengrasar de tanto ensayo histórico...
Pues, como decía, a pesar de mis sanos propósitos, en apenas tres días vuelvo a tener el gusanillo de escribir, así que igual me pongo ya la semana que viene con otro proyectito que me ronda la cabeza, ya veremos...
Pero vamos con las fotos de las mazmorras de la Gestapo. Se encuentran, cómo no, en el sótano del edificio, al que se desciende por estas angostas escaleras.

Una visión general del pasillo principal con las celdas a los lados.


Aquí, el interior de una celda. Como véis, al menos tenían el detalle de la calefacción; los dos tubos que véis a la pared del fondo.

Y ésta es una antesala de la pequeña celda cuya estrecha puerta véis al fondo; se trata de una celda ciega, sin ventanas. No saqué una foto del interior porque era tan pequeña y oscura que no daba para hacerla. Supongo que ahí meterían a los prisioneros recalcitrantes, para acabar de doblegarlos.


Aquí, una inscripción en la pared de una celda, de un italiano, Claudio Escarolo, del 6 de diciembre de 1944.

Y desde el sótano de las celdas se desciende a este segundo sótano, que servía de refugio antiaéreo y de sala de torturas.

Pues no sé cómo se os ha quedado el cuerpo después de ver este parque temático de la Gestapo... Pero bueno, lo peor ya ha pasado. La próxima entrada la dedicaré al puente de Remagen.