De vez en cuando me gusta googlear un poco a ver qué es lo que opina la gente sobre mis libros, ya sea en foros, blogs, artículos, etc. Me interesa mucho más lo que dice la gente de a pie que los diarios o los críticos oficiales. Si a alguien un libro le parece una m... lo dice y se queda tan ancha, en cambio un crítico tendría que andarse con eufemismos. Ante todo, la sinceridad.
Afortunadamente, podría decir que un 90 por cien de los comentarios que corren por la red son elogiosos. No voy a reproducirlos, pero cada uno de mis libros es calificado invariablemente de "entretenido", "ameno", "divertido", "sorprendente"... con eso ya me siento satisfecho, no tengo ninguna pretensión más que el lector pase un buen rato.
Pero también me encuentro con comentarios muy duros. Son pocos, pero contundentes: "flojo, muy flojo", "poca cosa", "temas que ya han sido tratados", etc. Curiosamente, no me he encontrado ninguno que diga "aburrido".
El más gracioso era uno que dejaba todos los libros a caer un burro, pero se los había leído todos; debía ser algún lector masoquista.
Los unicos dos comentarios que me han dejado mal cuerpo son dos lectores que aseguraban que hubieran querido que les devolviesen el dinero. Me extraña, porque cuando uno se compra un libro en la librería antes le echa un vistazo y sueles ir sobre seguro, pero es igual, no me gusta que alguien se haya visto decepcionado. Creo que fue en USA en donde un escritor ideó un sistema para que el lector que se sintiese decepcionado pudiera recuperar su dinero, pero creo que el resultado de la experiencia no fue muy positivo; el libro se vendía muchísimo y luego la mayoría solicitaban la devolución. De todos modos, sólo han sido dos casos.
Ultimas novedades sobre mis libros;
"Las cien mejores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial" sigue vendiéndose más que los libros de Cornelius Ryan (lo cual considero injusto, por otra parte, porque C.R. es fantástico) y en poco tiempo saldrá una nueva edición en bolsillo, pero directamente en Inédita.
"Hechos insólitos de la Segunda Guerra Mundial", este sí, se vende menos que Cornelius Ryan (aunque éste me gusta más que el primero) y también volverá a salir en bolsillo.
Del "¡Es la guerra! Las mejores anécdotas de la historia militar" supongo que saldrá una nueva edición en bolsillo, pero no es seguro (es una lástima, porque el libro es muy bueno, pero sacarlo directamente en bolsillo fue un error). Tengo una versión ampliada que está muy bien, pero no sé cuándo saldrá. Una pena... creo que éste es mi libro maldito.
"Enigmas y Misterios de la Segunda Guerra Mundial" tendrá nueva edición en otoño porque está casi agotada la primera edición, y de "Breve Historia de la Segunda Guerra Mundial" no hay datos aún, pero parece que va funcionando porque se agotó en FNAC y Corte Inglés y van reponiendo cada dos pro tres, por lo que supongo que saldrá pronto la segunda edición.
Pues esto es lo que hay. ¿Proyectos?... pues algo se cuece, quizás salga algo o para Navidad o para después. Ya veremos. Pero lo que es seguro es que son historias que sorprenderán...
¡Un saludo!
domingo, agosto 13, 2006
viernes, agosto 11, 2006
Zippo, un encendedor inmortal

Zippo tuneado por un soldado alemán

El popular encencedor Zippo se convirtió en un elemento imprescindible del equipo de los soldados norteamericanos durante la contienda. En cuanto varios soldados se sentaban a descansar, aparecía alguna cajetilla de tabaco para compartir e, indefectiblemente, un Zippo preparado para encender uno a uno los cigarrillos.
Este utensilio, de diseño imperecedero, había sido creado por George G. Blaisdell en el año 1932, en Bradford, Pensilvania, aunque para ello se basó en un encendedor austríaco similar. De forma rectangular y de metal ligero, es un encendedor resistente y de larga vida, puesto que es recargable y las piezas sometidas a desgaste pueden ser sustituidas.
El original nombre procede de la palabra zipper (cremallera). A Blaisdell le encantaba el sonido de esta palabra, por lo que a su invención le nombró Zippo. Se estima que se han producido acerca de 400 millones de encendedores Zippo y actualmente se producen 12 millones al año con más de un millar de modelos distintos.
Si la popularidad de este encendedor ha alcanzado semejantes cifras, se debe en buena parte a su expansión durante la Segunda Guerra Mundial; a los soldados aliados les fue entregado un encendedor Zippo como parte de los pertrechos de guerra, ya que la característica más llamativa de éstos es que no se apagan con el viento, a diferencia de otros tipos de encendedores. La manera de extinguir la llama es cerrando la tapa superior, agotándose así el oxígeno. Además, podía emplearse cualquier tipo de líquido inflamable para recargarlo, como gasolina, queroseno o incluso alguna bebida alcohólica de alta graduación.
El modelo D XII fue el utilizado por los Aliados, el que hasta nuestros días es el más popular, pero éstos diferían de los empleados en la vida civil, puesto que todos ellos estaban pintados de color negro mate. El motivo era que el acabado brillante original que ofrecía el cromo o el níquel podía reflejar los rayos del sol y, por lo tanto, delatar a un enemigo acechante la posición de su poseedor.
La única excepción eran los utilizados por las tripulaciones de los tanques. Para poder distinguirlos en la penumbra del interior de los vehículos, los soldados solían pintarlos a su vez de un color claro.
Pero los soldados norteamericanos no sólo empleaban sus Zippo para encenderse un cigarrillo. En los largos períodos de inactividad, se combatía el aburrimiento personalizando los encendedores; se incrustaban monedas o insignias, se escribía el nombre del propietario o se grababa cualquier dibujo, en una reedición del admirable “arte de trinchera” de la Primera Guerra Mundial.
Los soldados germanos tampoco pudieron escapar a la fascinación por los Zippo. Cuando se registraba el cadáver de un combatiente aliado o a un prisionero, su encendedor era el más preciado botín, del mismo modo que lo eran sus dagas de las SS o sus pistolas Luger para los Aliados. A su vez, los alemanes rivalizaban entre ellos en la afición por personalizarlos, en este caso incrustrando en ellos esvásticas.
El corresponsal de guerra más famoso de la Segunda Guerra Mundial, el norteamericano Ernie Pyle, se haría eco de la pasión existente por ese humilde artilugio. En una de sus crónicas –que eran publicadas en cuatrocientos diarios y trescientas revistas- se refería a este fenómeno afirmando: “El encendedor Zippo tiene una gran demanda en el frente (...). Estoy convencido que el Zippo es el objeto más codiciado por nuestros soldados” .
Pero la historia de los Zippo también posee su cara oscura. Esto formaban parte del equipo de los soldados norteamericanos destinados en Vietnam, en donde eran utilizados, no sólo para encender cigarrillos sino para quemar los poblados cuyos habitantes presuntamente colaboraban con el Vietcong. A esas acciones indiscriminadas se les denominaría “incursiones Zippo”.
miércoles, agosto 09, 2006
La Biblia de Hitler
El odio visceral de Hitler hacia los judíos le llevó incluso a promover la reescritura de la Biblia con el objetivo de eliminar en lo posible las referencias al judaísmo y a su cultura, según acaba de publicar el diario alemán Bild.
En mayo de 1939, el Führer impulsó la fundación de una institución con el fin de “limpiar los textos sagrados de la influencia no aria”, tal como constaba en sus objetivos. El encargado de este trabajo sería un grupo de teólogos evangélicos de la ciudad de Eisenach.
Uno de los frutos de esta operación fue la publicación de la versión nazi de la Biblia, titulada “Los alemanes con Dios. Un libro de fe alemán”. En ella, los teólogos nazis introdujeron, entre otras cosas, un compendio de doce mandamientos, dos más que los tradicionalmente conocidos. Además, publicaron otro volumen de cantos religiosos titulado “Gran Dios, nosotros te alabamos”.
De este modo, términos judíos como “Jehová” y “Aleluya” fueron simplemente eliminados, mientras pasajes enteros de las Escrituras fueron reelaborados en clave antijudía.
Al parecer, Hitler quedó entusiasmado por el trabajo de “limpieza” llevado a cabo por el grupo de teólogos, premiando al director de la institución, Walter Grundmann (1906-1976), con el título de “profesor”.
lunes, agosto 07, 2006
La segunda destrucción de Pompeya
Transcribo textualmente una noticia aparecida hoy en LA RAZON DIGITAL, que creo que es muy interesamte porque nunca había oído hablar sobre esto.
Lo que el Vesubio donó a la Historia del Arte, a punto estuvo de llevárselo por delante la II Guerra Mundial.
En el verano de 1943, la aviación aliada bombardeó repetidamente casi toda la región de Nápoles y el yacimiento arqueológico de Pompeya no fue una excepción. La campaña de bombardeos estuvo a punto de aniquilar el testimonio más importante de la vida cotidiana durante el Imperio Romano. Una entera ciudad que el año 78 quedó sepultada bajo la lava del Vesubio. Los arqueólogos llevan años discutiendo cuáles fueron los daños reales de aquel brutal bombardeo.
El investigador español Laurentino García, residente en Italia y autor de un libro al respecto, narró en una reciente entrevista algunos de los detalles recogidos en «Daños de guerra en Pompeya».
Aviación americana. García ha ido recogiendo testimonios y manuscritos de los pocos testigos que sobrevivieron a la lluvia de fuego que cayó en los alrededores de Nápoles. También ha tenido acceso a una serie de fotografías realizadas pocos días después de los ataques. La conclusión es que en los yacimientos de Pompeya cayeron unas 190 bombas, procedentes de la aviación norteamericana y británica. Según el investigador, el fuego aliado causó «daños irreparables» que hasta ahora han sido ocultados por motivos políticos y como parte de la campaña de lavado de imagen que los vencedores llevaron a cabo tras la II Guerra Mundial. «Si hubieran sido bombas de Hitler, se habrían atribuido con gusto a la barbarie nazi», aseguró García.
Los restos de aquel salvaje bombardeo siguen brotando hoy en día, al ritmo de las nuevas excavaciones que se practican en los yacimientos. El 14 de julio, los arqueólogos encontraron una bomba de mortero en la llamada «Casa del quirurgo». Aquel día Pompeya se cerró y las fuerzas de seguridad desactivaron el artefacto como si se tratase de una trampa terrorista. Las autoridades del museo han decidido exponer la bomba como recuerdo de la tragedia de aquel verano de 1943. Una tragedia de la que se consiguió salvar casi todo el patrimonio artístico de Pompeya, pero en la que sin embargo murieron decenas de civiles italianos.
Otras casas de la ciudad también fueron afectadas por el bombardeo de manera evidente. Por ejemplo, la «Casa de las Venus», cuyos daños aparecen detallados incluso en las guías turísticas que pueden comprarse a la entrada de los yacimientos.
Pero hay más. Según García, también quedó completamente destruido un museo con casi dos millares de objetos, entre ellos el fresco más grande que se conservaba, una representación del mito de Diana y Acteón que podría haberse convertido en la pintura romana original más importante de cuantas han sobrevivido hasta nuestros días. Según la misma hipótesis, también habrían sido calcinados por las bombas varios de los famosos «cuerpos pompeyanos», las espeluznantes figuras creadas a partir de los huecos que dejaron en la lava solidificada los muertos.
«Pompeya, una ciudad que en el siglo I ya tenía aceras, pasos de cebra, alcantarillado, bares y una embrionaria democracia, salvó su legado por segunda vez gracias a que las bombas fueron misericordiosas y no tocaron los lugares más emblemáticos», explicó García, considerando improbable que los bombardeos fuesen premeditados. «No fue un solo día, sino al menos ocho días consecutivos los que duraron los bombardeos en la zona», explicó.
«Quizá con el objetivo de aniquilar a las tropas de Hitler, iban arrasando y no tenían cuidado, ni se percataban de lo que podía haber debajo», apuntó el investigador, que dirige la editorial italiana Bardi, especializada en libros científicos y de arte.
Lo que el Vesubio donó a la Historia del Arte, a punto estuvo de llevárselo por delante la II Guerra Mundial.
En el verano de 1943, la aviación aliada bombardeó repetidamente casi toda la región de Nápoles y el yacimiento arqueológico de Pompeya no fue una excepción. La campaña de bombardeos estuvo a punto de aniquilar el testimonio más importante de la vida cotidiana durante el Imperio Romano. Una entera ciudad que el año 78 quedó sepultada bajo la lava del Vesubio. Los arqueólogos llevan años discutiendo cuáles fueron los daños reales de aquel brutal bombardeo.
El investigador español Laurentino García, residente en Italia y autor de un libro al respecto, narró en una reciente entrevista algunos de los detalles recogidos en «Daños de guerra en Pompeya».
Aviación americana. García ha ido recogiendo testimonios y manuscritos de los pocos testigos que sobrevivieron a la lluvia de fuego que cayó en los alrededores de Nápoles. También ha tenido acceso a una serie de fotografías realizadas pocos días después de los ataques. La conclusión es que en los yacimientos de Pompeya cayeron unas 190 bombas, procedentes de la aviación norteamericana y británica. Según el investigador, el fuego aliado causó «daños irreparables» que hasta ahora han sido ocultados por motivos políticos y como parte de la campaña de lavado de imagen que los vencedores llevaron a cabo tras la II Guerra Mundial. «Si hubieran sido bombas de Hitler, se habrían atribuido con gusto a la barbarie nazi», aseguró García.
Los restos de aquel salvaje bombardeo siguen brotando hoy en día, al ritmo de las nuevas excavaciones que se practican en los yacimientos. El 14 de julio, los arqueólogos encontraron una bomba de mortero en la llamada «Casa del quirurgo». Aquel día Pompeya se cerró y las fuerzas de seguridad desactivaron el artefacto como si se tratase de una trampa terrorista. Las autoridades del museo han decidido exponer la bomba como recuerdo de la tragedia de aquel verano de 1943. Una tragedia de la que se consiguió salvar casi todo el patrimonio artístico de Pompeya, pero en la que sin embargo murieron decenas de civiles italianos.
Otras casas de la ciudad también fueron afectadas por el bombardeo de manera evidente. Por ejemplo, la «Casa de las Venus», cuyos daños aparecen detallados incluso en las guías turísticas que pueden comprarse a la entrada de los yacimientos.
Pero hay más. Según García, también quedó completamente destruido un museo con casi dos millares de objetos, entre ellos el fresco más grande que se conservaba, una representación del mito de Diana y Acteón que podría haberse convertido en la pintura romana original más importante de cuantas han sobrevivido hasta nuestros días. Según la misma hipótesis, también habrían sido calcinados por las bombas varios de los famosos «cuerpos pompeyanos», las espeluznantes figuras creadas a partir de los huecos que dejaron en la lava solidificada los muertos.
«Pompeya, una ciudad que en el siglo I ya tenía aceras, pasos de cebra, alcantarillado, bares y una embrionaria democracia, salvó su legado por segunda vez gracias a que las bombas fueron misericordiosas y no tocaron los lugares más emblemáticos», explicó García, considerando improbable que los bombardeos fuesen premeditados. «No fue un solo día, sino al menos ocho días consecutivos los que duraron los bombardeos en la zona», explicó.
«Quizá con el objetivo de aniquilar a las tropas de Hitler, iban arrasando y no tenían cuidado, ni se percataban de lo que podía haber debajo», apuntó el investigador, que dirige la editorial italiana Bardi, especializada en libros científicos y de arte.
viernes, agosto 04, 2006
Manatí en salsa de ajo
Gracias al libro LA BATALLA DE MONTE CASSINO, de Matthew Parker, he descubierto esta curiosa historia. La he ampliado con información adicional y he aquí el resultado:

Manat�
En el otoño de 1943, el sur de Italia era víctima de un hambre atroz. La reciente rendición del gobierno transalpino, unida a la ocupación del país por los alemanes y el inicio de la campaña aliada para liberar el país, había sumido a esa región en el caos. Las cosechas se habían perdido y los canales de distribución de alimentos habían dejado de funcionar. Tan sólo era posible recurrir al floreciente mercado negro.
Los Aliados habían desembarcado ya en la península italiana y los alemanes establecían sucesivas líneas defensivas destinadas a entorpecer el avance de norteamericanos y británicos. Para las zonas que se encontraban todavía bajo control germano, alimentar a la población civil no constituía ninguna prioridad. Más bien, el hambre que padecían los italianos era visto con indiferencia e incluso satisfacción por los alemanes, que consideraban a sus antiguos aliados como traidores. Todos los recursos serían destinados a aprovisionar a las fuerzas encargadas de frenar la ofensiva aliada.
El hambre hizo estragos especialmente en Nápoles. Mientras que en las zonas rurales los campesinos sobrevivían a duras penas, en la ciudad era mucho más difícil encontrar algo para comer. Además, los alemanes habían destruido por completo las instalaciones portuarias y habían dejado a la ciudad sin agua ni electricidad. La mitad de los 800.000 habitantes de Nápoles había huido hacia el campo, empujados por el hambre.
El grado de desesperación de los napolitanos fue tal que el Aquarium de la ciudad llegó a convertirse en una inusual fuente de pescado fresco. Esta instalación, situada en los jardines de Via Caracciolo, había sido fundada por un alemán a finales del siglo XIX, siendo así el Aquarium más antiguo de Europa. La mayor parte de la colección de peces tropicales fue consumida, pero los habitantes de Nápoles decidieron guardar la pieza estrella, una cría de manatí, para ofrecerla a los Aliados cuando liberasen la ciudad. Pese a que la carne de este mamífero acuático que tiene su hábitat natural en las cálidas aguas del Caribe no es muy apreciada, para cualquier napolitano hubiera sido un bocado celestial. El afortunado militar que tendría el dudoso honor de hincarle el diente al manatí sería el general norteamericano Mark Clark.
El manatí fue cocinado en salsa de ajo y ofrecido a Clark, en calidad de conquistador de la ciudad. No sabemos la opinión del general sobre el original plato que se vio obligado a degustar, pero es seguro que el norteamericano, que ansiaba el protagonismo por encima de todo, se sintió enormemente halagado por el sincero homenaje que le brindaron los napolitanos.

Manat�

En el otoño de 1943, el sur de Italia era víctima de un hambre atroz. La reciente rendición del gobierno transalpino, unida a la ocupación del país por los alemanes y el inicio de la campaña aliada para liberar el país, había sumido a esa región en el caos. Las cosechas se habían perdido y los canales de distribución de alimentos habían dejado de funcionar. Tan sólo era posible recurrir al floreciente mercado negro.
Los Aliados habían desembarcado ya en la península italiana y los alemanes establecían sucesivas líneas defensivas destinadas a entorpecer el avance de norteamericanos y británicos. Para las zonas que se encontraban todavía bajo control germano, alimentar a la población civil no constituía ninguna prioridad. Más bien, el hambre que padecían los italianos era visto con indiferencia e incluso satisfacción por los alemanes, que consideraban a sus antiguos aliados como traidores. Todos los recursos serían destinados a aprovisionar a las fuerzas encargadas de frenar la ofensiva aliada.
El hambre hizo estragos especialmente en Nápoles. Mientras que en las zonas rurales los campesinos sobrevivían a duras penas, en la ciudad era mucho más difícil encontrar algo para comer. Además, los alemanes habían destruido por completo las instalaciones portuarias y habían dejado a la ciudad sin agua ni electricidad. La mitad de los 800.000 habitantes de Nápoles había huido hacia el campo, empujados por el hambre.
El grado de desesperación de los napolitanos fue tal que el Aquarium de la ciudad llegó a convertirse en una inusual fuente de pescado fresco. Esta instalación, situada en los jardines de Via Caracciolo, había sido fundada por un alemán a finales del siglo XIX, siendo así el Aquarium más antiguo de Europa. La mayor parte de la colección de peces tropicales fue consumida, pero los habitantes de Nápoles decidieron guardar la pieza estrella, una cría de manatí, para ofrecerla a los Aliados cuando liberasen la ciudad. Pese a que la carne de este mamífero acuático que tiene su hábitat natural en las cálidas aguas del Caribe no es muy apreciada, para cualquier napolitano hubiera sido un bocado celestial. El afortunado militar que tendría el dudoso honor de hincarle el diente al manatí sería el general norteamericano Mark Clark.
El manatí fue cocinado en salsa de ajo y ofrecido a Clark, en calidad de conquistador de la ciudad. No sabemos la opinión del general sobre el original plato que se vio obligado a degustar, pero es seguro que el norteamericano, que ansiaba el protagonismo por encima de todo, se sintió enormemente halagado por el sincero homenaje que le brindaron los napolitanos.
jueves, agosto 03, 2006
Lecturas veraniegas
El verano requiere un tipo adecuado de lectura; libros fáciles de llevar, ligeros de contenido, no muy largos y que atrapen desde la primera página.
He hecho una selección de libros que cumplen con estas condiciones y que, además, su precio se mueva en torno a los 10 euros.
Así que mis recomendaciones para este verano serían las siguientes:
EL PUENTE PEGASUS, de Stephen Ambrose (Inédita): Ha salido en bolsillo y es una buena oportunidad de hacerse con un libro apasionante, que lo mejor que se puede decir es que se hace corto. Trata de la toma del puente Pegasus por tropas aerotransportadas británicas en la madrugada del Día-D.
Lo mejor: Tiene detrás un gran trabajo de documentación.
Lo peor: En dos tardes está leído.
PACIFIC ALAMO, de John Wukowits (Inédita): También acaba de salir en bolsillo y es igual de apasionante, aunque más largo que el anterior. Te transmite todas las sensaciones de la batalla por la isla de Wake.
Lo mejor: Acción trepidante.
Lo peor: Barras y estrella a saco.
EL ENIGMA NAZI y LAS CLAVES ESOTÉRICAS DEL III REICH, de José Lesta (Edaf): Estos dos libros, aunque ya tienen unos meses, son muy interesantes, amenos y sorprendentes.
Lo mejor: Contiene investigaciones propias.
Lo peor: Da por ciertas algunas historias dudosas.
EL DÍA MÁS LARGO, de Cornelius Ryan (Inédita): Ha salido en bolsillo y, si queda alguien que no lo haya leído, es una buena oportunidad de disfrutar con su lectura. Absolutamente indispensable.
Lo mejor: Trata el Día-D desde todos los ángulos.
Lo peor: Ojalá tuviera 600 páginas en vez de 300.
PILOTO DE STUKAS, de Hans Ulrich Rudel (Acervo): Aventuras en el frente ruso del aviador alemán más condecorado, contadas por el mismo.
Lo mejor: La tenacidad del autor.
Lo peor: Libro difícil de encontrar (sólo lo he visto en el Corte Inglés).
LA GUERRA DEL VINO, de Don & Peti Kladstrup (Obelisco): Cómo los franceses ocultaron sus mejores vinos a los alemanes.
Lo mejor: Contiene anécdotas muy divertidas.
Lo peor: Presenta a todos los franceses como héroes de la Resistencia.
Y, por último, cualquier libro de SVEN HASSEL también puede proporcionar grandes momentos en este verano.
He hecho una selección de libros que cumplen con estas condiciones y que, además, su precio se mueva en torno a los 10 euros.
Así que mis recomendaciones para este verano serían las siguientes:
EL PUENTE PEGASUS, de Stephen Ambrose (Inédita): Ha salido en bolsillo y es una buena oportunidad de hacerse con un libro apasionante, que lo mejor que se puede decir es que se hace corto. Trata de la toma del puente Pegasus por tropas aerotransportadas británicas en la madrugada del Día-D.
Lo mejor: Tiene detrás un gran trabajo de documentación.
Lo peor: En dos tardes está leído.
PACIFIC ALAMO, de John Wukowits (Inédita): También acaba de salir en bolsillo y es igual de apasionante, aunque más largo que el anterior. Te transmite todas las sensaciones de la batalla por la isla de Wake.
Lo mejor: Acción trepidante.
Lo peor: Barras y estrella a saco.
EL ENIGMA NAZI y LAS CLAVES ESOTÉRICAS DEL III REICH, de José Lesta (Edaf): Estos dos libros, aunque ya tienen unos meses, son muy interesantes, amenos y sorprendentes.
Lo mejor: Contiene investigaciones propias.
Lo peor: Da por ciertas algunas historias dudosas.
EL DÍA MÁS LARGO, de Cornelius Ryan (Inédita): Ha salido en bolsillo y, si queda alguien que no lo haya leído, es una buena oportunidad de disfrutar con su lectura. Absolutamente indispensable.
Lo mejor: Trata el Día-D desde todos los ángulos.
Lo peor: Ojalá tuviera 600 páginas en vez de 300.
PILOTO DE STUKAS, de Hans Ulrich Rudel (Acervo): Aventuras en el frente ruso del aviador alemán más condecorado, contadas por el mismo.
Lo mejor: La tenacidad del autor.
Lo peor: Libro difícil de encontrar (sólo lo he visto en el Corte Inglés).
LA GUERRA DEL VINO, de Don & Peti Kladstrup (Obelisco): Cómo los franceses ocultaron sus mejores vinos a los alemanes.
Lo mejor: Contiene anécdotas muy divertidas.
Lo peor: Presenta a todos los franceses como héroes de la Resistencia.
Y, por último, cualquier libro de SVEN HASSEL también puede proporcionar grandes momentos en este verano.
lunes, julio 31, 2006
Aviso de bombardeo por SMS

Ya estamos aquí tras el descanso vacacional.He tenido tiempo de leer libros y periódicos con toda tranquilidad, lo cual es para mí todo un lujo asiático...
Sin embargo, la calma se ha visto alterada por las noticias que han ido llegando de el Líbano. Todos hemos visto imágenes como la que aquí presento, lo que hace aumentar la rabia y la impotencia ante lo que está sucediendo.
Está fuera de lugar entresacar algún aspecto anecdótico de esta masacre continua, pero aún así no puedo resistirme a hacer referencia de una nota que pude leer en el diario; al parecer, los israelíes han estado enviando a los residentes de Tiro mensajes de SMS en los que se les advertía de que, si vivían en la rivera sur del río Litani, debían marcharse inmediatamente, o corrían el riesgo de perder la vida. Los mensajes, en todos los casos, llevaban la firma del "Estado de Israel".
La verdad es que no sé cómo calificar esta insólita noticia, rebosante de humor negro, y que movería a la sonrisa si no fuera por las trágicas consecuencias que está teniendo esa brutal ofensiva; dejo las reflexiones para cada uno de vosotros.
sábado, julio 15, 2006
Cerrado por vacaciones
Bueno, ya ha llegado el momento de recargar las pilas, así que estaré de vacaciones dos semanas, en las que este Blog permanecerá inactivo.
Como no tengo un refugio alpino en Berchtesgaden, he decidido ir a Menorca, que además queda más cerca.
El próximo 1 de agosto volveré para ofreceros nuevas historias que espero que sean de vuestro interés.
viernes, julio 14, 2006
Germania, la capital del Reich

Germania era el nombre que tomaría Berlín después de la colosal remodelación de la capital que tenía pensado afrontar Hitler con la ayuda de su arquitecto, Albert Speer.
Las características que tendría esta nueva ciudad, que dejaría atrás en su monumentalidad a Londres o París, son muy conocidas, así que no las referiré aquí.
Como curiosidad, podéis ver un breve vídeo en el que se reconstruye virtualmente esa capital soñada por Hitler. Lo único es que da la sensación de que el vídeo hace un poco de apología del nazismo, al menos estéticamente.
Os la podéis bajar clickando aquí. Sólo tarda unos minutos.
jueves, julio 13, 2006
"Días de Infamia" de regalo con QUE LEER
La revista QUE LEER regala con su último número el libro DIAS DE INFAMIA. GRANDES ERRORES MILITARES DEL SIGLO XX, de Michael Coffey, que ya no se encuentra en las librerías.
Aunque supongo que este libro lo tiene todo el mundo porque es un clásico (salió en el 2000 en la colección de Salvat "Guerras y Conflictos" y es el que saca en su poco afortunada portada la foto de Fraga en Palomares), igual hay alguien que no se lo compró entonces, así que ahora es una buena oportunidad. Creo que el libro y la revista valen 3,50 euros. Además, si os gusta leer y estar al día de las novedades literarias, la revista os resultará interesante.
El libro no está mal, y buena parte está dedicado a la SGM. No es que aporte grandes novedades, pero es entretenido y se lee con facilidad. Trata de Stalingrado, Midway, los errores de la Luftwaffe, las purgas de Stali, además de otros muchos episodios. Así que, si no lo tenéis, vale la pena comprarlo y más a ese precio.
martes, julio 11, 2006
Ataque de gases
La navegación aérea a gran altura durante la Segunda Guerra Mundial evitaba sufrir el hostigamiento de la artillería antiaérea o algún encuentro con los cazas enemigos, pero, no obstante, provocó alguna incomodidad inesperada.
Debido a que la mayoría de aparatos no estaban presurizados, al volar a alturas superiores a los 7.000 metros se experimentaban las consecuencias de la falta de presión del aire. La más sorprendente –y también la más desagradable- fue la expansión de los gases intestinales que comenzaron a sufrir las tripulaciones de los aviones.
En mitad del recorrido, algunos tripulantes padecían fuertes dolores que, en el mejor de los casos, se saldaban con la expulsión natural de los gases, aunque esto ocasionaba otro tipo de molestias al resto del pasaje.
Este problema se solucionó modificando la dieta de los aviadores, eliminando los alimentos que provocaban aerofagia, como las legumbres, el maiz o las cebollas.
Debido a que la mayoría de aparatos no estaban presurizados, al volar a alturas superiores a los 7.000 metros se experimentaban las consecuencias de la falta de presión del aire. La más sorprendente –y también la más desagradable- fue la expansión de los gases intestinales que comenzaron a sufrir las tripulaciones de los aviones.
En mitad del recorrido, algunos tripulantes padecían fuertes dolores que, en el mejor de los casos, se saldaban con la expulsión natural de los gases, aunque esto ocasionaba otro tipo de molestias al resto del pasaje.
Este problema se solucionó modificando la dieta de los aviadores, eliminando los alimentos que provocaban aerofagia, como las legumbres, el maiz o las cebollas.
domingo, julio 09, 2006
¡Sólo para 2GM freaks!

Amigos,
¡Tengo que comunicaros un descubrimiento!
Esta mañana he ido al centro a comprar las Memorias de Rommel, cuando en el FNAC he visto un gran libro-estuche con el sello del Imperial War Museum.
Se titulaba VICTORIA EN EUROPA, de un tal Julian Thompson, y editado por una desconocida editorial llamada Librería Universitaria.
Pues bien, en la contraportada de la caja he leído lo que contenía y acto seguido me he abalanzado sobre un ejemplar que ya estaba abierto. El libro que iba dentro del estuche trata sobre los últimos meses de la SGM, pero en el interior de algunas páginas había una serie de bolsillos conteniendo facsímiles de documentos variados de la época, que se pueden extraer.
Sí, sí, allí se encontraban mapas utilizados por la aviación aliada para bombardear Alemania, naipes de la Wehrmacht, telegramas, un par de posters (uno es el famoso del Volksturm), billetes utilizados por los Aliados en Holanda y Alemania, etc. etc. Y para los fetichistas más irreductibles venía el testamento de Hitler mecanografiado en varios folios (incluso se ve el óxido dejado por el clip).
Total; he levitado... así que he pillado el estuche de marras y me lo he comprado. Además, tampoco se han pasado con el precio, sólo 33 euros en el FNAC, así que por ahí valdrá 35.
Así que he dejado las Memorias de Rommel para otra ocasión; por cierto, para valer 36 euros la edición no está muy cuidada, ya que conserva la tipografía anticuada y las tapas tienen la misma tónica, así que ya veremos.
Pues eso, que para los auténticos frikis de la SGM ya sabéis el libro que tenéis que pillar.
Yo voy a mandar un mail a a la editorial felicitándoles por esta iniciativa y rogándoles que nos brinden nuevas entregas.
Nota: Sólo he encontrado esa imagen de la portada, de la web de FNAC. Ahí sale comprmida, porque el libro es de forma apaisada y es tamaño grande.
sábado, julio 08, 2006
Sardinas noruegas contra los submarinos alemanes
Tras la invasión de Noruega por parte de las tropas de Hitler, el 9 de abril de 1940, la población de este país escandinavo asumió que pasaría mucho tiempo antes de que los nazis fueran expulsados de su tierra. Aún así, los patriotas noruegos, al igual que los daneses, se mostraron decididos a plantar cara a las fuerzas ocupantes, en la medida de sus escasas posibilidades. Al igual que en Dinamarca, los noruegos suplieron su debilidad con una gran inventiva y capacidad de improvisación.
En el invierno de 1940-41, el cuartel general alemán en Oslo dictó una orden por la que la totalidad de las capturas de sardina debían ser entregadas a los ocupantes. Esta decisión fue muy mal acogida por los pescadores noruegos, puesto que dependían en buena parte de la pesca de la sardina para poder mantener a sus familias.
La resistencia noruega obtuvo así fuertes apoyos entre la población que dependía del negocio de la pesca, al sufrir en carne propia la política de saqueo económico implantada por los nazis, no tan sólo en Noruega, sino en toda la Europa ocupada.
Un miembro de la resistencia infiltrado en el cuartel general germano averiguó que las sardinas confiscadas a los pescadores iban destinadas a la base de submarinos de Saint Nazaire, en Francia; de allí partían los U-Boot que atacaban en mitad del Atlántico a los convoyes aliados que aprovisionaban a Gran Bretaña. Así pues, las sardinas noruegas formarían parte de los víveres que las tripulaciones de los sumergibles alemanes necesitaban para sus largas misiones en alta mar.
Los noruegos se encontraban así en medio de una disyuntiva. Si entregaban a los alemanes sus sardinas, estaban colaborando con el esfuerzo de la Kriegsmarine para derrotar a los Aliados en la decisiva batalla del Atlántico. Pero si se negaban a colaborar, nada podría librarles de las terribles represalias germanas.
La solución a tal dilema la aportó un miembro de la resistencia. Tuvo una idea genial, pero necesitaba la ayuda de los británicos. Gracias a un equipo de radio, los resistentes noruegos hicieron un insólito encargo a su contacto en Londres; pidieron todos los barriles que pudieran reunir de aceite de crotón. Esta sustancia, extraída de las semillas de esta planta, es un potente purgante, por lo que se suele administrar a animales que sufren estreñimiento.
Los británicos se sorprendieron, obviamente, por la inusual petición, pero les hicieron llegar los barriles, camuflados como combustible, haciendo la entrega a un pesquero noruego. Una vez que los miembros de la resistencia tuvieron en sus manos el aceite de crotón, lo aplicaron en varias partidas de sardinas destinadas a los alemanes. Estos no sospecharon nada extraño, puesto que era habitual untarlas en aceite para facilitar su conservación.
Llegados a este punto, siento no poder referir al lector los detalles del previsible desenlace de esta historia. Presumiblemente, algunos submarinos con base en Saint Nazaire se aprovisionaron con estas sardinas y partieron en busca de sus objetivos en el Atlántico. No se sabe cuántas tripulaciones comprobaron las virtudes laxantes del aceite de crotón, pero de lo que no hay duda es que este purgante tuvo que provocar en los desafortunados marineros un efecto devastador...
En el invierno de 1940-41, el cuartel general alemán en Oslo dictó una orden por la que la totalidad de las capturas de sardina debían ser entregadas a los ocupantes. Esta decisión fue muy mal acogida por los pescadores noruegos, puesto que dependían en buena parte de la pesca de la sardina para poder mantener a sus familias.
La resistencia noruega obtuvo así fuertes apoyos entre la población que dependía del negocio de la pesca, al sufrir en carne propia la política de saqueo económico implantada por los nazis, no tan sólo en Noruega, sino en toda la Europa ocupada.
Un miembro de la resistencia infiltrado en el cuartel general germano averiguó que las sardinas confiscadas a los pescadores iban destinadas a la base de submarinos de Saint Nazaire, en Francia; de allí partían los U-Boot que atacaban en mitad del Atlántico a los convoyes aliados que aprovisionaban a Gran Bretaña. Así pues, las sardinas noruegas formarían parte de los víveres que las tripulaciones de los sumergibles alemanes necesitaban para sus largas misiones en alta mar.
Los noruegos se encontraban así en medio de una disyuntiva. Si entregaban a los alemanes sus sardinas, estaban colaborando con el esfuerzo de la Kriegsmarine para derrotar a los Aliados en la decisiva batalla del Atlántico. Pero si se negaban a colaborar, nada podría librarles de las terribles represalias germanas.
La solución a tal dilema la aportó un miembro de la resistencia. Tuvo una idea genial, pero necesitaba la ayuda de los británicos. Gracias a un equipo de radio, los resistentes noruegos hicieron un insólito encargo a su contacto en Londres; pidieron todos los barriles que pudieran reunir de aceite de crotón. Esta sustancia, extraída de las semillas de esta planta, es un potente purgante, por lo que se suele administrar a animales que sufren estreñimiento.
Los británicos se sorprendieron, obviamente, por la inusual petición, pero les hicieron llegar los barriles, camuflados como combustible, haciendo la entrega a un pesquero noruego. Una vez que los miembros de la resistencia tuvieron en sus manos el aceite de crotón, lo aplicaron en varias partidas de sardinas destinadas a los alemanes. Estos no sospecharon nada extraño, puesto que era habitual untarlas en aceite para facilitar su conservación.
Llegados a este punto, siento no poder referir al lector los detalles del previsible desenlace de esta historia. Presumiblemente, algunos submarinos con base en Saint Nazaire se aprovisionaron con estas sardinas y partieron en busca de sus objetivos en el Atlántico. No se sabe cuántas tripulaciones comprobaron las virtudes laxantes del aceite de crotón, pero de lo que no hay duda es que este purgante tuvo que provocar en los desafortunados marineros un efecto devastador...
miércoles, julio 05, 2006
Carta para Hitler
Aunque han transcurrido seis décadas desde su muerte, Adolf Hitler continúa recibiendo correspondencia.
A mediados de febrero de 2005, una tarjeta postal procedente de Gran Bretaña llegó al servicio de correos alemán, el Deutsche Post. En la dirección del destinatario se podía leer, escrito a mano:
"To Führer Adolf Hitler, Reichstag, German Parliament, Berlin".
Un funcionario sin identificar decidió que la postal debía ser entregada en esa dirección, aunque se permitió corregir la dirección, notificando al destinatario que, para posteriores envíos, debía advertir al remitente que la dirección correcta era: "Deutscher Bundestag, 11011 Berlin".
Aunque existe una ley de privacidad en Alemania, las autoridades no tuvieron reparo en divulgar el contenido de la postal:
"Querido Führer,
Le amo y le quiero muchísimo. Soy su mejor amigo y también de su personal de las SS. Gracias por venir a verme anoche con su espléndido aspecto. Tiene mi vida... y todo mi dinero".
La postal estaba firmada por un tal "Mister T", que a tenor de las palabras que había escrito, debía tratarse de un bromista o, lo más probable, un desequilibrado.
El portavoz del servicio de correos, Dirk Klasen, defendió la eficacia de su servicio. "Estamos obligados a entregar cada carta y cada postal. Pero no somos los árbitros morales de los destinatarios o remitentes. Claro, si la carta está dirigida a Adolf Hitler, la pregunta es a quién debe ser entregada", aseguró Klasen.
Un cartero entregó la postal en el Bundestag, y una portavoz administrativa del parlamento confirmó que se había recibido. No dijo, sin embargo, qué harían con la postal.
miércoles, junio 28, 2006
Hitler regaló un Mercedes a Franco
En la imagen, uno de los Mercedes de que disponía el Führer
En 1941, el embajador alemán en España, el barón Von Stohrer, hizo entrega al general Franco de un obsequio de Hitler: un Mercedes 540.G-4.W131. El vehículo blindado, de seis ruedas, había salido de la fábrica en diciembre de 1939.
Tan sólo cuatro coches más de este modelo vieron la luz; el primero fue regalado a Mussolini, pero desapareció durante la guerra, el segundo se encuentra en poder de un restaurador de vehículos francés, el tercero pertenece a una empresa norteamericana dedicada al atrezzo para rodajes cinematográficos, en mal estado de conservación, y el último está en Alemania, dividido en piezas.
El que se encuentra en mejores condiciones es el que fue propiedad del dictador español, pese a que lo utilizó en contadas ocasiones. Curiosamente, durante la visita que el general Eisenhower, convertido ya en presidente de Estados Unidos, realizó a España en 1953, el Mercedes de Hitler fue el vehículo empleado para trasladar a Ike desde el Palacio de El Pardo al lugar en donde se alojaba.
Aunque no está confirmado, se asegura que la casa Mercedes realizó una tentadora oferta para adquirir el vehículo con el objetivo de exponerlo en su Departamento de Coches Clásicos, siendo rechazada la propuesta por el gran valor histórico del vehículo. En la actualidad, este impresionante Mercedes forma parte del parque automovilístico del Jefe del Estado y se encuentra adscrito al Regimiento de la Guardia Real.
En caso de reproducir, citar fuente.
domingo, junio 25, 2006
Peces nazis en los embalses de Madrid
Los pescadores que capturan carpas tan hermosas como la de la imagen los fines de semana en los embalses de la Comunidad de Madrid poco pueden sospechar que esos peces tienen un pasado bastante turbio. Aunque resulte sorprendente, deben su existencia ni más ni menos que a Adolf Hitler.
El origen de esas carpas se remonta a la Segunda Guerra Mundial, en el período en el que la Alemania nazi y la España de Franco mantenían buenas relaciones diplomáticas, pese a la negativa del dictador español a entrar en la guerra en el bando del Eje.
El Führer conocía la afición del Caudillo a la pesca , por lo que pensó que uno de los mejores regalos que podía hacerle era cuatro parejas de peces, concretamente carpas de la especie Cyprinus Carpis Especulum, que se caracterizan por reflejar la luz del día en su lomo, ofreciendo el aspecto de un espejo bajo el agua. Esta especie no existe de forma natural en España; es de origen centroasiático y fue introducido por los romanos en Europa hace dos mil años. En Alemania son muy apreciadas por sus cualidades culinarias.
Las carpas llegaron, procedentes de Berlín, al aeropuerto militar de Cuatro Vientos en el interior de un paquete y envueltas en una tela humedecida, suficiente para mantenerlas con vida fuera del agua. Allí las recogió un profesor de la Facultad de Ingenieros Agrónomos y las llevó al campo de prácticas de ese centro universitario. De ahí fueron trasladadas al estanque de la Reina, situada en el camino que une el Palacio Real con el Pardo, en donde recibirían todo tipo de atenciones y cuidados.
Al cabo de cincuenta años, los descendientes de aquellas cuatro parejas de carpas eran ya más de 7.000 ejemplares, entre los que destacaba una que alcanzaba los 24 kilos y casi un metro de longitud. Pero en 1994 se descubrieron varias grietas en el lecho del estanque que amenzaban con su rotura, por lo que fueron trasladadas en piscinas portátiles a una piscifactoria cercana.
Con estas carpas, que rondaban como media los 16 kilos, se decidió repoblar algunos pantanos de la Comunidad de Madrid. Se calcula que, en la actualidad, el río Manzanares alberga una población de más de 12.000 carpas, ignorantes del pasado nazi de sus progenitores...
En caso de reproducir, citar fuente.
viernes, junio 16, 2006
Minas de la II Guerra Mundial en Gerona
Por su interés, transcribo una noticia publicada ayer jueves, 15 de junio de 2006, sobre las minas alemanas de la Segunda Guerra Mundial que suelen aparecer por la costa de Gerona:
Los cazaminas 'Sella' y 'Duero' y el buque de mando y apoyo 'Diana' se han trasladado desde su base en Cartagena hasta la costa de Gerona para la búsqueda de minas de la Segunda Guerra Mundial. Además, cuentan con la colaboración de la Unidad de Buceadores de Medidas Contra Minas, con base en el Centro de Buceo de la Armada, también en Cartagena.
Los trabajos de exploración de las aguas catalanas se iniciaron el pasado día 2 y se prolongarán hasta el 17 de junio. La Armada ha respondido con el desplazamiento de estos buques a la zona a la petición de las autoridades locales para que se despejase el mar de estos peligrosos artilugios.
La misión de los dos cazaminas y del buque 'Diana', así como del grupo de buceadores consiste en comprobar que los fondos marinos se encuentran limpios de minas hundidas y a la deriva, con el fin de evitar riesgos a los barcos que navegan por la zona.
Los trabajos se desarrollan cerca de las localidades de Colera, Portbou, Llança y El Port de la Selva, aunque pueden ampliarse a los puertos de Roses, L'Escala, Cadaqués y L'Estartit, así como a otras playas próximas del Golfo de Rosas y Fonolleres, donde está previsto que las tres unidades de la Armada hagan escalas para el descanso de las dotaciones.
La preocupación de las autoridades catalanas surge a causa de la aparición esporádica de minas en la zona. Lo cierto es que se han llevado a cabo varias limpiezas de artefactos en los fondos marinos de la zona desde 1989 hasta 2005, pero a pesar de ello, han aparecido nueve minas en Gerona y una en Menorca, que han sido localizadas a la deriva o a poca profundidad.
La aparición de estos artefactos no es casual, ya que durante la Segunda Guerra Mundial, el bando de los aliados planeó un desembarco en la costa sudeste de Francia, al que los alemanes respondieron con un minado defensivo de las costas próximas y los artefactos han ido apareciendo a lo largo de los años por la zona.
Fuente: www.Laopiniondemurcia.es
Los cazaminas 'Sella' y 'Duero' y el buque de mando y apoyo 'Diana' se han trasladado desde su base en Cartagena hasta la costa de Gerona para la búsqueda de minas de la Segunda Guerra Mundial. Además, cuentan con la colaboración de la Unidad de Buceadores de Medidas Contra Minas, con base en el Centro de Buceo de la Armada, también en Cartagena.
Los trabajos de exploración de las aguas catalanas se iniciaron el pasado día 2 y se prolongarán hasta el 17 de junio. La Armada ha respondido con el desplazamiento de estos buques a la zona a la petición de las autoridades locales para que se despejase el mar de estos peligrosos artilugios.
La misión de los dos cazaminas y del buque 'Diana', así como del grupo de buceadores consiste en comprobar que los fondos marinos se encuentran limpios de minas hundidas y a la deriva, con el fin de evitar riesgos a los barcos que navegan por la zona.
Los trabajos se desarrollan cerca de las localidades de Colera, Portbou, Llança y El Port de la Selva, aunque pueden ampliarse a los puertos de Roses, L'Escala, Cadaqués y L'Estartit, así como a otras playas próximas del Golfo de Rosas y Fonolleres, donde está previsto que las tres unidades de la Armada hagan escalas para el descanso de las dotaciones.
La preocupación de las autoridades catalanas surge a causa de la aparición esporádica de minas en la zona. Lo cierto es que se han llevado a cabo varias limpiezas de artefactos en los fondos marinos de la zona desde 1989 hasta 2005, pero a pesar de ello, han aparecido nueve minas en Gerona y una en Menorca, que han sido localizadas a la deriva o a poca profundidad.
La aparición de estos artefactos no es casual, ya que durante la Segunda Guerra Mundial, el bando de los aliados planeó un desembarco en la costa sudeste de Francia, al que los alemanes respondieron con un minado defensivo de las costas próximas y los artefactos han ido apareciendo a lo largo de los años por la zona.
Fuente: www.Laopiniondemurcia.es
viernes, junio 02, 2006
Lucky Strike se va a la guerra
Las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial son más visibles de lo que uno puede sospechar. Por ejemplo, el actual color blanco de los paquetes de cigarrillos Lucky Strike tiene su origen en las restricciones impuestas en Estados Unidos durante la contienda de 1939-45.
Antes de la guerra, estos paquetes eran verdes, un color que se había convertido en el emblema de la marca. Curiosamente, este hecho había provocado en los años treinta la deserción de las fumadoras norteamericanas, puesto que éstas consideraban que el verde no combinaba con los colores que entonces estaban de moda. Esta apreciación llevó a la empresa tabacalera a organizar una campaña en la que importantes modistas de todo el mundo presentaron colecciones de ropa basadas en el color verde. Este esfuerzo por recuperar la clientela femenina dio resultado.
A comienzos de los cuarenta, Lucky Strike rediseñó su paquete, convirtiéndose en la primera marca que colocaba su símbolo en ambos lados. Esto representó todo un cambio, ya que no había que girar el paquete para ver la marca, tal como ocurría con el resto.
Pero con la Segunda Guerra Mundial llegó el cambio más radical en la imagen de Lucky Strike. La escasez de metales causada por la guerra, y su empleo casi exclusivo en la industria de guerra, provocó un grave problema; ya no era posible adquirir cromo, un ingrediente clave para la fabricación de la tinta verde. Los paquetes de Lucky Strike ya no podrían mostrar su color característico.
La identidad de la marca se hallaba en peligro, pero los dirigentes de la empresa, la American Tobacco Company, supieron encontrar una oportunidad en este inesperado contratiempo. Así pues, se prescindió de la tinta verde y se optó por el color blanco, pero este cambio se realizó junto a una campaña en la que se afirmaba: “Lucky Strike green has gone to war” (El verde de Lucky Strike ha ido a la guerra). Como nota curiosa, el afortunado eslogan fue ideado precisamente por el presidente de la compañía, George W. Hill.
Esta proclama obtuvo una gran aceptación entre los norteamericanos, pero especialmente entre las tropas que se encontraban en el frente. La simbólica muestra de solidaridad de Lucky Strike hizo que se ganase el aprecio de los soldados. Estos se encargarían de extender la fama de la marca en todo el mundo, uniéndola a los otros elementos emblemáticos del american way of life, como el jazz o el swing, la bebida de cola o la goma de mascar.
sábado, mayo 27, 2006
La esvástica y los indios

La llegada de los nazis al poder en 1933 tuvo enormes consecuencias. Aunque la mayor parte fueron trágicas, una de ellas fue ciertamente tan insólita como impredecible: el obligado cambio de la ancestral simbología de los indios norteamericanos.
El origen de esta inesperada alteración sería la contradictoria existencia de una insignia militar en el Ejército norteamericano, en la que se mostraba una esvástica. La 45ª División de Infantería , constituida en 1920 por la Guardia Nacional de varios estados del suroeste del país –Oklahoma, Colorado, Arizona y Nuevo México- tenía como insignia oficial un cuadrado apoyado sobre uno de sus vértices, mostrando una cruz gamada en el centro.
Para los indios norteamericanos, al igual que en muchas otras culturas, la esvástica era un símbolo solar que atraía la buena suerte. Por ello, desde tiempo inmemorial, la cruz de la que más tarde se apropiarían los nazis aparecía dibujada en telas y objetos de los nativos. Al haber un buen número de ellos alistados en esa División, se escogió ese signo para identificarla.
Los colores de la insignia tampoco habían sido elegidos al azar. La esvástica aparecía en color dorado, mientras que el cuadrado era de color rojo. Con ello se quería recordar la histórica presencia española en estos estados con los colores de su bandera.
En los años treinta, la coincidencia entre la esvástica de la 45ª División y la del régimen nazi se observó simplemente como un hecho curioso. No obstante, la expansión del Tercer Reich y su enfrentamiento diplomático con las potencias occidentales llevó a pensar que, más pronto que tarde, el régimen de Hitler podía representar una amenaza para Estados Unidos.
Este hecho llevó en 1939 a que Washington cursase una petición a la 45ª División de Infantería para que modificase su insignia. Esta solicitud no fue bien acogida; artesanos indios de todo el país firmaron peticiones para que se mantuviera el polémico símbolo, argumentando que éste ya existía mucho antes de que los nazis irrumpieran en la historia.
Aún así, las autoridades militares norteamericanas no dieron su brazo a torcer y decidieron modificar la insignia. A partir de entonces, la esvástica pasaría convertirse en el dibujo de un ave emplumada –un animal sagrado para los nativos-, respetándose los colores amarillo y rojo. Debido al nuevo símbolo identificativo, a partir de entonces a sus integrantes se les llamaría Thunderbirds.
El hecho de que una División estadounidense luciese la esvástica durante el período de entreguerras no deja de ser una anécdota. Sin embargo, para los coleccionistas de insignias, la de la 45ª División de Infantería se ha convertido en un objeto de deseo. Por una de ella se pagan grandes sumas de dinero, siendo así la insignia más valorada de todo el Ejército norteamericano.
Si en un primer momento los indios soportaron con desagrado la sustitución de su símbolo ancestral, el desarrollo de los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial vino a demostrar que la decisión de eliminar la esvástica había sido una medida acertada.
Una vez finalizada la contienda, representantes de varias tribus norteamericanas, como los Navajo o los Apache, hicieron público un manifiesto por el que se renunciaba a la representación de la esvástica. La razón era que ese signo de buena suerte se había convertido en un símbolo del mal.
En su declaración, los nativos afirmaban:
“Pese a que este signo ha simbolizado la amistad desde los tiempos de nuestros antepasados, recientemente ha sido denigrado por otra nación. Por lo tanto, resolvemos desde hoy y para siempre que nuestras tribus renuncien al uso de este emblema conocido como esvástica en la elaboración de mantas, cestos, vestidos y objetos artísticos”.
En caso de reproducir, citar fuente
viernes, mayo 19, 2006
Breve historia de la Segunda Guerra Mundial

Tengo el placer de anunciar que ya es inminente la salida de mi quinto libro, BREVE HISTORIA DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL (Editorial Nowtilus). Esta previsto que a finales de este mes ya esté disponible en todas las librerías.
Esta obra pretende resumir todo el conflicto en un solo volumen, pero presentándolo de un modo que hasta ahora nadie en España había intentado; como una narración amena y entretenida, pero fiel a la realidad histórica, en la que el lector se vea atrapado desde la primera página como si de una novela se tratase, pese a -obviamente- conocer ya el desenlace de la trama.
La verdad es que estoy impaciente por conocer la reacción de los lectores ante esta propuesta innovadora y espero que este libro tenga una acogida, al menos, similar a los anteriores.
miércoles, mayo 17, 2006
Las guías MICHELIN

Durante la retirada del Cuerpo Expedicionario británico en dirección a las playas de Dunkerque, en mayo de 1940, quedó claro que el Ejército enviado por Churchill para socorrer a la amenazada Francia no estaba preparado para una intervención en el continente europeo.
Un ejemplo de esta falta de previsión era el hecho de que los soldados no disponían de mapas de carreteras, por lo que se veían contínuamente obligados a preguntar a los habitantes de la región, sufriendo las correspondientes confusiones y retrasos. Los soldados pedían contínuamente a sus superiores que les proporcionasen estos mapas, pero las peticiones chocaban siempre con la pesada burocracia militar.
Esta dificultad fue subsanada drásticamente por el mayor Cyril Barclay, que compró en una librería todas las guías de carreteras Michelin que tenían a la venta, pagándolas de su propio bolsillo, para que las tropas británicas pudieran encontrar así el mejor camino para llegar a Dunkerque. Curiosamente, cuando Barclay pidió posteriormente que le fuera reembolsado este gasto tan perentorio, el Ejército británico le comunicó que no era posible, puesto que no existía ninguna partida destinada a la compra privada de mapas de carreteras, al corresponder al Ejército la misión de proveer de ellos a las tropas.
Algo parecido sucedió en el otro bando; la guerra relámpago en el oeste se hizo con la ayuda de los mapas Michelin, puesto que los oficiales germanos confiaban en ellos para rodar con seguridad por las carreteras francesas. En este caso, Michelin se impuso a las guías alemanas Baedeker, que, a falta de buenos mapas militares, eran las que solía utilizar la Wehrmacht. Por ejemplo, en marzo de 1938, al no disponer el Ejército alemán de mapas de carreteras actualizados de Austria, la entrada de las unidades blindadas germanas en este país se hizo siguiendo las indicaciones de los mapas Baedeker.
Estas veteranas guías, que venían siendo editadas sin interrupción desde 1829, habían sido creadas por Karl Baedeker (1801-1859) y eran los mapas de referencia en Alemania, del mismo modo que los mapas Michelin lo eran en Francia.
Más tarde, tras el fracaso de la Luftwaffe en la Batalla de Inglaterra, Goering intentó vengarse de aquella humillación castigando el orgullo inglés, destruyendo los edificios más emblemáticos de sus ciudades. Fruto de este plan serían los conocidos como Baedeker Raids, al fijar como objetivos principales los edificios y monumentos que la guía turística calificaba con tres estrellas. La operación de castigo se inició el 24 de junio de 1942 con una operación contra Exeter y se prolongaría hasta junio, pero sus pobres resultados decepcionarían de nuevo a Goering.
Por su parte, la Wehrmacht contaría ya con sus correspondientes mapas militares para la campaña de Rusia, pero acabó confiando en las guías Baedeker, que cubrían ampliamente las zonas que aparecían incompletas.
La importancia de la información aportada por estas guías no pasó desapercibida para los británicos; en 1943 bombardearon la sede central de la editorial, en Leipzig, destruyéndola por completo.
En caso de reproducir, citar fuente.
sábado, mayo 06, 2006
WORLD WAR II QUIZ
He confeccionado este QUIZ con preguntas y respuestas de la Segunda Guerra Mundial. Si tiene aceptación haré más.
1. ¿Cómo se llamaba el avión privado, un C-87, del presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt?
a. Alas de la Libertad
b. La Vaca Sagrada
c. Air Force 1
2. ¿Cómo se llamaba el tren privado de Hitler?
a. Amerika
b. Europa
c. Germania
3. ¿Cómo se llamaba el tren privado del jefe de la Luftwaffe, Hermann Goering?
a. Afrika
b. Asia
c. Adler
4. ¿Cómo se llamaba el caballo blanco de Mussolini?
a. Lombardo
b. Atlántico
c. Itálico
5. ¿Cuál era el objetivo de la Operación Drácula?
a. La captura de la capital de Birmania, Rangún.
b. El bombardeo de los pozos de petróleo rumanos
c. El secuestro de Franklin D. Roosevelt
6. ¿Quién era la actriz favorita de Hitler?
a. Marlene Dietrich
b. Bette Davis
c. Greta Garbo
7. ¿Quién era el actor favorito de Hitler?
a. Erich Von Stroheim
b. Clark Gable
c. Spencer Tracy
8. ¿Quién fue el primer actor de Hollywood llamado a filas?
a. Ronald Reagan
b. Sterling Holloway
c. James Stewart
9. Los Aliados fabricaron un explosivo plástico que simulaba ser...
a. Una botella de refresco
b. Un paquete de cigarrillos
c. Un excremento de vaca
10. ¿Cuáles fueron los dos únicos países latinoamericanos que participaron en la guerra enviando tropas?
a. Argentina y Panamá
b. Chile y Venezuela
c. México y Brasil
Respuestas:
1.b. La Vaca Sagrada (Sacred Cow)
2.a. Amerika
3.b. Asia
4.b. Atlántico
5.a. La captura de la capital de Birmania, Rangún
6.c. Greta Garbo
7.b. Clark Gable. Ofreció una recompensa para el que lo capturase vivo
8.b. Sterling Holloway
9.c. Un excremento de vaca. Se colocaban en mitad de los caminos.
10.c. México y Brasil.
jueves, abril 20, 2006
Programa Milenio 3
Para quien le pueda interesar, en la madrugada del próximo viernes 21 de abril al sábado estaré presente en el programa MILENIO 3 de la CADENA SER, que me ha invitado amablemente.
El programa, dedicado a temas de ocultismo, estará dedicado a la SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, por lo que puede resultar muy interesante.
El programa, dedicado a temas de ocultismo, estará dedicado a la SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, por lo que puede resultar muy interesante.
domingo, abril 09, 2006
Tertulia sobre misterios de la 2GM
Recientemente tuve la oportunidad de intervenir en una entrevista-tertulia de Radio Tarragona, Se trataba del programa BOIRA ("niebla" en catalán), que se puede escuchar por internet cada viernes entre 23.00 y 02.00 de la madrugada.
Os recomiendo que entréis en su web, porque es realmente sorprendente. Incluye muchísima información sobre misterios y enigmas en general y merece una visita.
Sobre la tertulia en la que participé, coincidí con Felipe Botaya, autor del extraordinario libro OPERACION HAGEN, editado también por Nowtilus. En el programa intervino también el gran investigador José Lesta, así que creo que puede ser de vuestro interés.
La tertulia de ese día os la podéis bajar fácilmente desde la página principal. Aunque la introducción al programa es en catalán, el desarrollo de la tertulia es en castellano.
Espero que disfrutéis del programa.
Os recomiendo que entréis en su web, porque es realmente sorprendente. Incluye muchísima información sobre misterios y enigmas en general y merece una visita.
Sobre la tertulia en la que participé, coincidí con Felipe Botaya, autor del extraordinario libro OPERACION HAGEN, editado también por Nowtilus. En el programa intervino también el gran investigador José Lesta, así que creo que puede ser de vuestro interés.
La tertulia de ese día os la podéis bajar fácilmente desde la página principal. Aunque la introducción al programa es en catalán, el desarrollo de la tertulia es en castellano.
Espero que disfrutéis del programa.
miércoles, abril 05, 2006
¡Por una WWII Freak!
Repasando lo que llevo escrito en mi blog, me he dado cuenta de que no he recomendado aún el extraordinario blog de Víctor Baldoví, WORLD WAR II FREAK.
Resulta que lo recomendé estusiásticamente en mi comunidad de msn ESTUDIO DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, pero aquí no,¡imperdonable!
De todos modos, supongo que es innecesario, porque muchos de los visitantes de este blog venís desde allí, pero para los que se vayan incorporando desde el blog de Ian Guerrero UN PILOTO DE COMBATE o desde el FORO SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, os insisto en que una visita a su foro es absolutamente imprescindible, por su originalidad.
Víctor Baldoví tiene el honor de haber acuñado el término WWII FREAK para referirse a todos nosotros. Pues la verdad es que no había caído antes en aplicarnos este concepto, tan sólo reservado para los aficionados a esos pestiños de Star Trek, Star Wars o El Señor de los Anillos.
Pero ¿por qué nosotros no podemos adjudicarnos ese calificativo? Cuando esa gente empezaba a ser freak nosotros ya nos habíamos devorado todos los libros de Sven Hassel, nos habíamos hecho las maquetas de todos los stukas y panzer habidos y por haber, nos habíamos pedido para Reyes el Geyperman con el uniforme de la Wehrmacht y habíamos visto veinte veces "Uno Rojo división de choque" o "La cruz de hierro".
Así que, todos unidos, como dice Víctor: ¡POR UNA WORLD WAR II FREAK!
Resulta que lo recomendé estusiásticamente en mi comunidad de msn ESTUDIO DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, pero aquí no,¡imperdonable!
De todos modos, supongo que es innecesario, porque muchos de los visitantes de este blog venís desde allí, pero para los que se vayan incorporando desde el blog de Ian Guerrero UN PILOTO DE COMBATE o desde el FORO SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, os insisto en que una visita a su foro es absolutamente imprescindible, por su originalidad.
Víctor Baldoví tiene el honor de haber acuñado el término WWII FREAK para referirse a todos nosotros. Pues la verdad es que no había caído antes en aplicarnos este concepto, tan sólo reservado para los aficionados a esos pestiños de Star Trek, Star Wars o El Señor de los Anillos.
Pero ¿por qué nosotros no podemos adjudicarnos ese calificativo? Cuando esa gente empezaba a ser freak nosotros ya nos habíamos devorado todos los libros de Sven Hassel, nos habíamos hecho las maquetas de todos los stukas y panzer habidos y por haber, nos habíamos pedido para Reyes el Geyperman con el uniforme de la Wehrmacht y habíamos visto veinte veces "Uno Rojo división de choque" o "La cruz de hierro".
Así que, todos unidos, como dice Víctor: ¡POR UNA WORLD WAR II FREAK!
sábado, abril 01, 2006
Bombardeo de naranjas en Australia

Y como propina para los apasionados por la aviación durante la Segunda Guerra Mundial, aquí va un episodio muy poco conocido, como es el del único bombardeo de naranjas de toda la historia.
En los primeros meses de la campaña del Pacífico, la expansión japonesa parecía no tener límite. Nadie era capaz de frenar a los ejércitos del imperio del Sol Naciente. Extremo Oriente cayó bajo la órbita nipona sin que norteamericanos ni británicos pudieran hacer nada por impedirlo.
La amenaza sobre Australia era alarmante. Las potencias occidentales debían protegerla a toda costa; el continente austral suponía la base de operaciones necesaria para desafiar algún día la, hasta ese momento, incontestable hegemonía imperial. Si Australia caía también víctima de la expansión japonesa, los Aliados contemplarían impotentes cómo el sur del Pacífico se convertía en un lago nipón.
Por lo tanto, los Estados Unidos construyeron bases y pistas de aterrizaje en la parte norte de Australia. Esta vasta zona era prácticamente salvaje, con una presencia mínima de población, que se regía por comportamientos más propios del far west. Aunque el enemigo más temido era algún ataque aéreo o un posible saboteador, las instalaciones militares debían enfrentarse a un problema que no habían previsto y con el que nada tenían que ver los nipones; el hurto indiscriminado de cualquier objeto, fuera o no de utilidad.
Por ejemplo, en mayo de 1942, desapareció una base militar por completo, recién construida en una zona desértica, cuando estaba a punto de entrar en servicio. No había que buscar ninguna explicación sobrenatural al extraño fenómerno; un eficiente grupo de amantes de lo ajeno había aprovechado el fin de semana, en el que no había vigilancia, para desmontar todas las instalaciones y marcharse con ellas. ¡No dejaron ni tan siquiera las letrinas!
Las investigaciones posteriores no sirvieron de nada, al toparse con la ley del silencio que reinaba en la región. Pero las víctimas de estos robos no eran solamente los norteamericanos. Un oficial australiano que estaba sirviendo fuera del país regresó a su casa en Darwin durante un permiso, en agosto de 1942, para llevarse la monumental sorpresa de que ¡la casa había desaparecido!
En efecto, en su ausencia habían desmontado pacientemente la casa y se la habían llevado. Naturalmente, al oficial le fue imposible encontrar ningún testigo que le pudiera proporcionar alguna pista sobre los ladrones.
Aunque no se sabe si tenía relación con esta desafiante actitud de los naturales de esas tierras agrestes, las autoridades australianas pensaron que era necesario procurar a esos habitantes unas mejores condiciones de vida.
Las grandes distancias con las ciudades del sur provocaban que hubiese escasez de los productos más esenciales. Para remediarlo, se decidió utilizar los trayectos aéreos de la aviación militar para el transporte de productos. Cuando un avión debía atravesar el continente australiano para trasladar tropas o munición, se aprovechaba la ocasión para llevar consigo mercancías que hubieran tardado semanas en llegar al norte si se hubieran enviado por ferrocarril. A partir de entonces, las bodegas de los aviones se llenaron de cajas de fruta, bebida, o latas de conserva.
Uno de estos curiosos viajes fue el causante del que se conoce como el "bombardeo de Adelaida". Un avión B-24 Liberator, perteneciente al 380º Grupo de Bombarderos de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos, despegó del aeródromo de esa ciudad, capital del estado de Australia del Sur, cargado de naranjas y cajas de cerveza y Coca-Cola, además de un buen surtido de bebidas alcohólicas.
Nada más despegar, cuando el aeroplano sobrevolaba el casco urbano, las compuertas de la bodega se abrieron por causas desconocidas y la carga comenzó a precipitarse sobre la ciudad.
En primer lugar cayeron las cajas de botellas. Una de ellas atravesó limpiamente el tejado de un lavadero, pero afortunadamente no había nadie allí en ese momento. Otro vecino se llevó también una buena sorpresa cuando unas cuantas botellas de cerveza se estrellaron en su patio.
Pero el efecto más espectacular de este insólito bombardeo lo proporcionaron las varias toneladas de naranjas que, como si de granizo se tratase, cayeron sobre esa parte de la ciudad, impactando sobre vehículos, casas o incluso los transeúntes que se encontraban en la calle. No hace falta describir la previsible reacción de perplejidad de los vecinos ante este inusual fenómeno meteorológico.
Charles Edward, uno de los tripulantes de aquel Liberator, recordaría años más tarde el accidente: "todavía no entiendo cómo pudo pasar. De repente, vimos como las cajas iban cayendo una tras otra por la compuerta y al poco tiempo todas las naranjas que llevábamos comenzaron a precipitarse al vacío. Fueron sólo unos segundos, pero suficientes para provocar ese desastre".
Milagrosamente, a pesar de la gran cantidad de mercancías arrojada sobre la ciudad, no hubo que lamentar víctimas
Al final todo quedó en una anécdota, pero a partir de entonces, antes de despegar, los aviones que despegaban del aeródromo de Adelaida se aseguraban de que las compuertas estuvieran bien cerradas...
HERNANDEZ, Jesús "HECHOS INSÓLITOS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL" (Inédita Editores, 2005 / Puzzle Editores, 2006).
En caso de reproducir, citar fuente.
miércoles, marzo 29, 2006
Un aeródromo maldito
Para los amantes de las historias de aviación, como Ian Guerrero, que nos ofrece a todos su excelente blog Un piloto de combate, os brindo un nuevo capítulo de los que aparecen en mi último libro, ENIGMAS Y MISTERIOS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL (Nowtilus, 2006, en este caso dedicado a un aeródromo bitánico supuestamente embrujado...

Un B-17 como los que despegaban del aeródromo maldito de Boreham
Esta comprobado que en época de guerra toman un inesperado y sorprendente protagonismo historias de supersticiones que en tiempos de paz no merecerían el más mínimo crédito.
Ya hemos visto cómo en Inglaterra circularon todo tipo de rumores sobre la frustrada invasión alemana. Las historias de brujería, como no podía ser menos, también recobraron fuerza; según un más que dudoso testimonio aparecido en 1954 -el libro Witchcraft Today de Gerald Gardner- el fracaso de la operación “León Marino” habría que anotarlo en el haber de las brujas inglesas.
Al parecer, en el verano de 1940 se celebró una reunión de brujas al más alto nivel –el denominado Great Circle o Gran Círculo- en la localidad de New Forest con el objetivo de influir a distancia en el cerebro de Hitler para que no lanzara la invasión.
No se puede poner en duda la gran eficacia de las brujas inglesas cuando se proponían rechazar invasores, puesto que los otros dos únicos momentos históricos en el que se había convocado el Great Circle habían sido con ocasión de la Armada Invencible y de la amenaza napoleónica...
Según otros autores, la reunión de las brujas consistió en un aquelarre nocturno celebrado al aire libre en un bosque en Hampshire, en donde algunas de ellas murieron exhaustas por el gran esfuerzo mágico realizado, aunque alguna fuente apunta la posibilidad de que el fallecimiento se produjera a causa de la neumonía contraída al bailar sin ropa –tal como requería la ceremonia- en una noche especialmente fría.
Este repentino auge de todo lo que hacía referencia a las brujas provocó también un curioso episodio relacionado con la construcción de un aeródromo para la Fuerza Aérea norteamericana en Boreham, cerca de la ciudad inglesa de Chelmsford.
En mayo de 1943, el 861º Batallón de Ingenieros comenzó a hacer los trabajos necesarios para construir un nuevo campo de aviación que permitiese a los bombarderos pesados estadounidenses despegar desde allí rumbo a las ciudades alemanas para soltar su mortífera carga de bombas.
Lo que no sabían los ingenieros era que, para poder aplanar la superficie, era imprescindible remover una gran piedra que estaba situada en el bosque de Dukes. Algunos de los lugareños, al ver que la piedra iba a ser trasladada a otro lugar, advirtieron a los ingenieros para que no lo hicieran; el motivo era que aquella roca tenía un difuso carácter sagrado para los habitantes de la zona.
Sin saber precisar muy bien el motivo de la supuesta importancia de la piedra, los habitantes indicaron que, según la tradición, debajo de la roca estaba enterrada una bruja que había sido quemada siglos atrás en la hoguera. Para redondear la truculencia de la historia, los más ancianos aseguraban que fue precisamente en ese punto en donde apareció asesinado un guardabosques en 1856, no hallándose nunca al culpable.
Algún experto consultado por los asustados ingenieros indicó que era probable que en realidad se tratase de un altar pagano cuya antigüedad se remontaría a una época anterior a la llegada de los romanos y que había permanecido en el imaginario popular a través de la tradición oral. Sea cual fuere la razón, los habitantes de la región estaban convencidos de que mover la piedra de su lugar original no podía acarrear más que desgracias.
La primera consecuencia que sufrieron los ingenieros fue que ningún trabajador se atrevía a mover la piedra. Uno que no creía en historias de brujería se dispuso a removerla con su excavadora pero, en el instante en el que iba a levantar la piedra, la maquinaria sufrió una inexplicable avería, lo que obligó a aplazar la operación. Para los habitantes de la zona no había ya ninguna duda; el lugar estaba maldito.
Al final, otra excavadora trasladó la piedra sin sufrir ningún percance, pero el ganado de la zona cayó víctima de una extraña enfermedad, lo que fue achacado de inmediato a la venganza de la bruja al haber visto alterado su lugar de eterno descanso.
Una vez que, superando todas estas dificultades, el campo de aviación entró por fin en servicio, dio la sensación de que la maldición había sido conjurada, pero los hechos demostrarán que eso estaba muy lejos de la realidad.
Un avión Thunderbolt del 56º Grupo de Caza se vio obligado a realizar un aterrizaje de emergencia en la recién estrenada pista, con tan mala fortuna que su tren de aterrizaje acabó impactando con una excavadora que estaba llevando a cabo trabajos de mantenimiento, matando a su conductor en el acto. Como el lector puede imaginar, esa excavadora era precisamente la que había trasladado la piedra...
Para colmo, unas semanas más tarde, el comandante de la base, que había manifestado que no creía en historias de brujas, murió repentinamente de un ataque al corazón, por lo que la maldición que presuntamente pendía sobre el aeródromo se vio fatalmente confirmada.
No obstante, parece ser que la sed de venganza de la bruja se vio saciada con el fallecimiento del jefe de la base, ya que no volvio a producirse ningún otro suceso extraño. El día a día del trabajo en el aeródromo se impuso poco a poco a las fantasías que rodeaban a la maldición de la piedra sagrada. Las supersticiones que rodeaban el lugar fueron quedando difuminadas mientras los aviones continuaron despegando rumbo a Alemania.
El final de la guerra y el consecuente desmantelamiento de la base supuso el final de la maldición. De hecho, pocos habitantes de la zona mostraron ya algún interés por los supuestos poderes sobrenaturales de la piedra, como lo demuestra el que acabase sirviendo de adorno en el aparcamiento de un pub de Boreham...
HERNÁNDEZ, Jesús ENIGMAS Y MISTERIOS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, (Nowtilus, 2006). En caso de reproducción, citar fuente.

Un B-17 como los que despegaban del aeródromo maldito de Boreham
Esta comprobado que en época de guerra toman un inesperado y sorprendente protagonismo historias de supersticiones que en tiempos de paz no merecerían el más mínimo crédito.
Ya hemos visto cómo en Inglaterra circularon todo tipo de rumores sobre la frustrada invasión alemana. Las historias de brujería, como no podía ser menos, también recobraron fuerza; según un más que dudoso testimonio aparecido en 1954 -el libro Witchcraft Today de Gerald Gardner- el fracaso de la operación “León Marino” habría que anotarlo en el haber de las brujas inglesas.
Al parecer, en el verano de 1940 se celebró una reunión de brujas al más alto nivel –el denominado Great Circle o Gran Círculo- en la localidad de New Forest con el objetivo de influir a distancia en el cerebro de Hitler para que no lanzara la invasión.
No se puede poner en duda la gran eficacia de las brujas inglesas cuando se proponían rechazar invasores, puesto que los otros dos únicos momentos históricos en el que se había convocado el Great Circle habían sido con ocasión de la Armada Invencible y de la amenaza napoleónica...
Según otros autores, la reunión de las brujas consistió en un aquelarre nocturno celebrado al aire libre en un bosque en Hampshire, en donde algunas de ellas murieron exhaustas por el gran esfuerzo mágico realizado, aunque alguna fuente apunta la posibilidad de que el fallecimiento se produjera a causa de la neumonía contraída al bailar sin ropa –tal como requería la ceremonia- en una noche especialmente fría.
Este repentino auge de todo lo que hacía referencia a las brujas provocó también un curioso episodio relacionado con la construcción de un aeródromo para la Fuerza Aérea norteamericana en Boreham, cerca de la ciudad inglesa de Chelmsford.
En mayo de 1943, el 861º Batallón de Ingenieros comenzó a hacer los trabajos necesarios para construir un nuevo campo de aviación que permitiese a los bombarderos pesados estadounidenses despegar desde allí rumbo a las ciudades alemanas para soltar su mortífera carga de bombas.
Lo que no sabían los ingenieros era que, para poder aplanar la superficie, era imprescindible remover una gran piedra que estaba situada en el bosque de Dukes. Algunos de los lugareños, al ver que la piedra iba a ser trasladada a otro lugar, advirtieron a los ingenieros para que no lo hicieran; el motivo era que aquella roca tenía un difuso carácter sagrado para los habitantes de la zona.
Sin saber precisar muy bien el motivo de la supuesta importancia de la piedra, los habitantes indicaron que, según la tradición, debajo de la roca estaba enterrada una bruja que había sido quemada siglos atrás en la hoguera. Para redondear la truculencia de la historia, los más ancianos aseguraban que fue precisamente en ese punto en donde apareció asesinado un guardabosques en 1856, no hallándose nunca al culpable.
Algún experto consultado por los asustados ingenieros indicó que era probable que en realidad se tratase de un altar pagano cuya antigüedad se remontaría a una época anterior a la llegada de los romanos y que había permanecido en el imaginario popular a través de la tradición oral. Sea cual fuere la razón, los habitantes de la región estaban convencidos de que mover la piedra de su lugar original no podía acarrear más que desgracias.
La primera consecuencia que sufrieron los ingenieros fue que ningún trabajador se atrevía a mover la piedra. Uno que no creía en historias de brujería se dispuso a removerla con su excavadora pero, en el instante en el que iba a levantar la piedra, la maquinaria sufrió una inexplicable avería, lo que obligó a aplazar la operación. Para los habitantes de la zona no había ya ninguna duda; el lugar estaba maldito.
Al final, otra excavadora trasladó la piedra sin sufrir ningún percance, pero el ganado de la zona cayó víctima de una extraña enfermedad, lo que fue achacado de inmediato a la venganza de la bruja al haber visto alterado su lugar de eterno descanso.
Una vez que, superando todas estas dificultades, el campo de aviación entró por fin en servicio, dio la sensación de que la maldición había sido conjurada, pero los hechos demostrarán que eso estaba muy lejos de la realidad.
Un avión Thunderbolt del 56º Grupo de Caza se vio obligado a realizar un aterrizaje de emergencia en la recién estrenada pista, con tan mala fortuna que su tren de aterrizaje acabó impactando con una excavadora que estaba llevando a cabo trabajos de mantenimiento, matando a su conductor en el acto. Como el lector puede imaginar, esa excavadora era precisamente la que había trasladado la piedra...
Para colmo, unas semanas más tarde, el comandante de la base, que había manifestado que no creía en historias de brujas, murió repentinamente de un ataque al corazón, por lo que la maldición que presuntamente pendía sobre el aeródromo se vio fatalmente confirmada.
No obstante, parece ser que la sed de venganza de la bruja se vio saciada con el fallecimiento del jefe de la base, ya que no volvio a producirse ningún otro suceso extraño. El día a día del trabajo en el aeródromo se impuso poco a poco a las fantasías que rodeaban a la maldición de la piedra sagrada. Las supersticiones que rodeaban el lugar fueron quedando difuminadas mientras los aviones continuaron despegando rumbo a Alemania.
El final de la guerra y el consecuente desmantelamiento de la base supuso el final de la maldición. De hecho, pocos habitantes de la zona mostraron ya algún interés por los supuestos poderes sobrenaturales de la piedra, como lo demuestra el que acabase sirviendo de adorno en el aparcamiento de un pub de Boreham...
HERNÁNDEZ, Jesús ENIGMAS Y MISTERIOS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, (Nowtilus, 2006). En caso de reproducción, citar fuente.
domingo, marzo 26, 2006
La extraña muerte del hermano de JFK
A continuación transcribo el capítulo dedicado a la extraña muerte del hermano de JFK, Joe Kennedy Jr., fallecido durante la Segunda Guerra Mundial, que aparece en mi libro ENIGMAS Y MISTERIOS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL (Ediciones Nowtilus, 2006).
Una de las muertes que pudo cambiar con posterioridad el rumbo de la historia de Estados Unidos fue la de Joe Kennedy Jr., el hermano mayor del futuro presidente John Fitzgerald Kennedy, asesinado en Dallas en 1963.
Joseph Patrick Kennedy había nacido el 28 de julio de 1915. Su padre, embajador de Estados Unidos en Londres y llamado también Joe, le consideraba su auténtico heredero y había depositado en él todas las esperanzas de la familia para alcanzar algún día las más altas cotas del poder político.
El joven Joe completó su curso de piloto en 1942, y como voluntario de la flota aérea de la U.S. Navy adquirió experiencia volando en Puerto Rico y Centroamérica. Fue destinado a la base de Dunkeswell, en Gran Bretaña, incorporándose al escuadrón VB110. Con él completó una serie de treinta misiones de bombardeo sobre Alemania, con lo que finalizaba su compromiso con la Fuerza Aérea. Sin embargo, haciendo gala de una gran valentía, se ofreció voluntario para llevar a cabo otra serie, en este caso de diez, animando a su tripulación a seguir su ejemplo.
Fue precisamente en la última misión de esta segunda ronda de bombardeos cuando a Joe Kennedy se le encargó un cometido que estaba clasificado como altamente secreto, al formar parte de la denominada operación Anvil (Yunque). Este proyecto pretendía ser la respuesta aliada a las bombas volantes alemanas. Al no contar los Aliados con la tecnología necesaria para construir ingenios de este tipo, capaces de despegar y dirigirse a su objetivo sin la intervención de un piloto, se vieron obligados a emplear un sistema mucho menos sofisticado.
Para conseguir resultados similares, se emplearon bombarderos B-17 y B-24 Liberator cargados de explosivos y con tan sólo dos tripulantes a bordo. Estos aviones, denominados Baby por razones de seguridad, eran desmantelados de todo el equipo que no era imprescindible, dejando tan sólo el asiento del piloto, y cargados con unas diez toneladas de explosivos Torpex, el más poderoso conocido por entonces, que era una mezcla de dinamita, TNT y napalm, que sería activado al estrellarse en tierra por medio de fusibles de impacto.
El “avión bomba” despegaría de una base en Inglaterra con los fusibles desactivados, para evitar que explotase en caso de accidente. Una vez en vuelo, este mecanismo sería activado y el avión sería puesto en ruta hacia el objetivo. El mando del aparato sería controlado por un "avión madre", volando a una altura superior, que enviaría señales de radiocontrol para mantener el rumbo y guiar al Liberator hasta el blanco, mientras volaba a 600 metros de altura.
Los dos tripulantes saltarían en paracaídas mientras estuvieran volando sobre Inglaterra para ponerse a salvo. A fin de facilitar el salto, el fuselaje contaba con deflectores de aire en la puerta para evitar corrientes que les pudieran poner en riesgo. La operación requería tiempo totalmente despejado para que el "avión madre" pudiera guiar al "avión bomba" hacia su objetivo. El plan era que, una vez en Alemania, cuando el Liberator sobrevolara el objetivo, se estrellara contra él. Aunque la idea resultaba sencilla, su puesta en práctica no lo fue tanto.
El 31 de julio de 1944, Joe Kennedy y su compañero de tripulación John Willy fueron enviados al aeródromo de Dunkeswell, en Devon. Allí se les explicó que llevarían a cabo una de estas misiones secretas. Concretamente, deberían despegar con un Liberator cargado de doce toneladas de explosivo y saltar en paracaídas una vez que el aparato estuviera ya controlado por radio desde el “avión madre”.
En este caso, el objetivo del “avión bomba” no era Alemania, sino la Francia ocupada. El aparato debía estrellarse contra unas instalaciones secretas que los alemanes habían construido en la localidad de Mimoyecques, cerca de Calais. Allí, los científicos nazis estaban poniendo a punto la tercer integrante de las “armas de represalia”, la V-3.
Este sofisticado complejo, contruido en 1943 y diseñado por Albert Speer, el ministro de Armamento del Reich y conocido como el “arquitecto de Hitler”, constaba de siete kilómetros de túneles y estaba protegido por cerca de medio millón de toneladas de hormigón. Para ello fue necesario emplear a unos 60.00 hombres, la mayoría de ellos prisioneros de guerra o deportados políticos; la mitad de ellos morirían a consecuencia de las terribles condiciones de trabajo que hubieron de sufrir.
Aunque existen numerosas versiones, y algunas de ellas discrepantes, sobre la naturaleza del arma secreta que allí se construía, de la que prácticamente no se tienen datos, parece ser que se trataba de una batería de enormes cañones, capaces de alcanzar Londres desde el continente europeo.
Esta batería habría estado compuesta de un total de 25 cañones. Cada uno tendría una longitud de más de cien metros y su calibre sería de 150 milímetros. Era necesario un proyectil especial, compuesto de cromo y níquel, cuyo coste era similar al de un avión de caza Messerchsmitt 109. En total se fabricaron 20.000 de estos proyectiles.
El principio de funcionamiento de este arma revolucionaria era similar al de los cohetes; conforme el proyectil ascendía a lo largo del cañón se iban produciendo explosiones provocadas eléctricamente que iban aumentando la aceleración del proyectil. Al salir del cañón, éste adquiría una velocidad seis veces superior a la del sonido, lo que le permitía recorrer los 150 kilómetros que le separaban de Londres.
Los ensayos con este “super cañón” no resultarían demasiado exitosos. Los científicos alemanes no conseguían superar las dificultades que entrañaba la puesta a punto de esta arma experimental y tenían que ver como, en algunas ocasiones, los cañones explotaban al no poder soportar la presión de cuatro toneladas por centímetro cúbico que se daba en su interior.
De todos modos, los Aliados decidieron destruir las instalaciones de Mimoyecques antes de que los alemanes contasen con este poderoso cañón. Para ello, en julio de 1944 se enviaron catorce bombarderos pesados Lancaster con la misión de arrasar el lugar.
La operación prácticamente no produjo daños, al ser incapaz de perforar la gruesa capa de hormigón, pero, desgraciadamente, sí que provocó una tragedia entre los prisioneros encargados de su construcción. La onda expansiva de las bombas produjo un movimiento de tierras que se saldó con un escape de agua y lodo; un túnel inferior, precisamente en donde se encontraban refugiados unos 10.000 de estos trabajadores forzados, quedaría inundado causando la muerte de todos ellos. Posteriormente no ha sido posible recuperar los cuerpos, puesto que el gobierno francés, en 1947, decidió rellenar el túnel con cemento. En la actualidad, Mimoyecques es un museo de propiedad particular, dedicado a los que allí murieron.
Tras el fracaso de los Lancaster británicos le tocó el turno a los norteamericanos, que decidieron intentarlo con sus aviones teledirigidos. Kennedy y Willie despegaron a bordo de su Liberator a las 17.52 horas del 12 de agosto rumbo a Mimoyecques, acompañados de dos “aviones madre”, por si alguno de ellos sufría alguna avería, además de una formación de cazas.
Una vez en el aire, Kennedy armó los fusibles de los detonadores y envió por radio la palabra clave que indicaba que todo marchaba correctamente. Pero dos minutos más tarde, exactamente a las 18.20 horas, el avión explotó cuando sobrevolaba el bosque de Blythborough, en Suffolk.
Los restos del aparato fueron encontrados en un radio de tres kilómetros, en donde todos los árboles aparecían completamente quemados. Un total de 147 casas situadas a diez kilómetros a la redonda se vieron afectadas de un modo u otro por la explosión, pero afortunadamente no hubo que lamentar ninguna víctima mortal. Debido a la potencia de los explosivos no se pudo encontrar ningún resto de los dos tripulantes, que habían quedado completamente desintegrados.
Aunque era muy difícil conocer las causas exactas de la deflagración, los expertos dedujeron que probablemente fue debida a alguna corriente eléctrica imprevista en el interior del aparato; al llegar ésta a los detonadores se habría cerrado el circuito, provocando la explosión accidental .
La muerte de los dos tripulantes parece así que no entraña ningún misterio pero, quizás debido a la maldición que parece perseguir a la familia Kennedy, el caso no puede darse por cerrado. En primer lugar, el hecho de que la operación Anvil fuera secreta impidió ofrecer entonces detalles sobre cómo se había producido la muerte de Joe; a la familia tan sólo se le comunicó que había fallecido “en misión de combate en el Canal de la Mancha”.
Como ejemplo del celo con el que el expediente relativo a esta operación fue ocultado, basta indicar que los documentos no comenzaron a desclasificarse hasta 1966 y que no sería hasta cuatro años después cuando se desveló el nombre de los dos tripulantes de aquel avión.
La tardanza en admitir que Joe Kennedy volaba en aquel avión llevó a imaginar todo tipo de teorías conspirativas, relacionándolas con las desgracias que sobrevendrían a sus hermanos menores.
En 1986, el testimonio de un antiguo oficial artillero de la Luftwaffe, Karl-Heinz Wehn, vendría a añadir un nuevo elemento de confusión, al asegurar que había capturado a Joe Kennedy en Francia el 14 de julio de 1944, es decir, ¡un mes antes de emprender su última misión!
Según afirmó Wehn, su batería antiaérea derribo un bombardero norteamericano cerca de Bayeux. De él saltaron en paracaídas dos tripulantes, que fueron capturados por soldados de la 12ª División Panzer.
Wehn fue el encargado de interrogar a los dos aviadores; uno de ellos, que se presentó como teniente primero de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, dijo ser Joe Kennedy, hijo del que había sido embajador norteamericano en Gran Bretaña antes de la guerra.
El oficial germano comprobó que su nombre, así como su rango y el número de identificación, figuraban en su chapa de identificación, por lo que no existía ninguna duda de que decía la verdad. Al día siguiente, Kennedy y su compañero fueron trasladados a un destacamento de las SS, donde –según le explicaron a Wehn- los mataron al intentar escapar atravesando un río.
De ser cierta la narración del oficial germano, cabría la posibilidad de que aquel hombre se llamase efectivamente Joe Kennedy y que intentase buscar un mejor tratamiento por parte de sus captores suplantando al hijo del antiguo embajador. Las autoridades militares norteamericanas investigaron la existencia de este supuesto soldado, pero no habia ningún otro “Joe Kennedy” en los archivos del Ejército, por lo que habría que pensar que aquel hombre era el auténtico Kennedy.
No hay ninguna prueba que avale el testimonio de Wehn, pero no deja de resultar inquietante. ¿Cabe la posibilidad de que Joe hubiera sido capturado por los alemanes? ¿En ese caso, llegó a pedirse algún tipo de rescate por él? Tratándose del hijo de un prestigioso diplomático, no hay duda que esta situación podría haber suscitado un insoluble dilema en el gobierno norteamericano...
Dejándonos llevar alegremente por la imaginación, si esto sucedió y, por un motivo u otro, la negociación terminó con la muerte de Joe, nada resultaba más fácil que situarlo en aquel avión que explotó sobre el cielo de Suffolk, haciendo imposible cualquier tipo de comprobación, al desaparecer el cadáver. Además, el hecho de que toda la operación se encontrase bajo secreto impediría cualquier investigación. Por lo tanto, si se hubiera tenido que maquinar una trama destinada a borrar cualquier indicio que condujese a la auténtica muerte de Joe Kennedy, éste sería el plan perfecto.
HERNANDEZ, Jesús "Enigmas y misterios de la Segunda Guerra Mundial". Ediciones Nowtilus. Madrid, 2006.
En caso de reproducirlo, citar fuente.
Una de las muertes que pudo cambiar con posterioridad el rumbo de la historia de Estados Unidos fue la de Joe Kennedy Jr., el hermano mayor del futuro presidente John Fitzgerald Kennedy, asesinado en Dallas en 1963.
Joseph Patrick Kennedy había nacido el 28 de julio de 1915. Su padre, embajador de Estados Unidos en Londres y llamado también Joe, le consideraba su auténtico heredero y había depositado en él todas las esperanzas de la familia para alcanzar algún día las más altas cotas del poder político.
El joven Joe completó su curso de piloto en 1942, y como voluntario de la flota aérea de la U.S. Navy adquirió experiencia volando en Puerto Rico y Centroamérica. Fue destinado a la base de Dunkeswell, en Gran Bretaña, incorporándose al escuadrón VB110. Con él completó una serie de treinta misiones de bombardeo sobre Alemania, con lo que finalizaba su compromiso con la Fuerza Aérea. Sin embargo, haciendo gala de una gran valentía, se ofreció voluntario para llevar a cabo otra serie, en este caso de diez, animando a su tripulación a seguir su ejemplo.
Fue precisamente en la última misión de esta segunda ronda de bombardeos cuando a Joe Kennedy se le encargó un cometido que estaba clasificado como altamente secreto, al formar parte de la denominada operación Anvil (Yunque). Este proyecto pretendía ser la respuesta aliada a las bombas volantes alemanas. Al no contar los Aliados con la tecnología necesaria para construir ingenios de este tipo, capaces de despegar y dirigirse a su objetivo sin la intervención de un piloto, se vieron obligados a emplear un sistema mucho menos sofisticado.
Para conseguir resultados similares, se emplearon bombarderos B-17 y B-24 Liberator cargados de explosivos y con tan sólo dos tripulantes a bordo. Estos aviones, denominados Baby por razones de seguridad, eran desmantelados de todo el equipo que no era imprescindible, dejando tan sólo el asiento del piloto, y cargados con unas diez toneladas de explosivos Torpex, el más poderoso conocido por entonces, que era una mezcla de dinamita, TNT y napalm, que sería activado al estrellarse en tierra por medio de fusibles de impacto.
El “avión bomba” despegaría de una base en Inglaterra con los fusibles desactivados, para evitar que explotase en caso de accidente. Una vez en vuelo, este mecanismo sería activado y el avión sería puesto en ruta hacia el objetivo. El mando del aparato sería controlado por un "avión madre", volando a una altura superior, que enviaría señales de radiocontrol para mantener el rumbo y guiar al Liberator hasta el blanco, mientras volaba a 600 metros de altura.
Los dos tripulantes saltarían en paracaídas mientras estuvieran volando sobre Inglaterra para ponerse a salvo. A fin de facilitar el salto, el fuselaje contaba con deflectores de aire en la puerta para evitar corrientes que les pudieran poner en riesgo. La operación requería tiempo totalmente despejado para que el "avión madre" pudiera guiar al "avión bomba" hacia su objetivo. El plan era que, una vez en Alemania, cuando el Liberator sobrevolara el objetivo, se estrellara contra él. Aunque la idea resultaba sencilla, su puesta en práctica no lo fue tanto.
El 31 de julio de 1944, Joe Kennedy y su compañero de tripulación John Willy fueron enviados al aeródromo de Dunkeswell, en Devon. Allí se les explicó que llevarían a cabo una de estas misiones secretas. Concretamente, deberían despegar con un Liberator cargado de doce toneladas de explosivo y saltar en paracaídas una vez que el aparato estuviera ya controlado por radio desde el “avión madre”.
En este caso, el objetivo del “avión bomba” no era Alemania, sino la Francia ocupada. El aparato debía estrellarse contra unas instalaciones secretas que los alemanes habían construido en la localidad de Mimoyecques, cerca de Calais. Allí, los científicos nazis estaban poniendo a punto la tercer integrante de las “armas de represalia”, la V-3.
Este sofisticado complejo, contruido en 1943 y diseñado por Albert Speer, el ministro de Armamento del Reich y conocido como el “arquitecto de Hitler”, constaba de siete kilómetros de túneles y estaba protegido por cerca de medio millón de toneladas de hormigón. Para ello fue necesario emplear a unos 60.00 hombres, la mayoría de ellos prisioneros de guerra o deportados políticos; la mitad de ellos morirían a consecuencia de las terribles condiciones de trabajo que hubieron de sufrir.
Aunque existen numerosas versiones, y algunas de ellas discrepantes, sobre la naturaleza del arma secreta que allí se construía, de la que prácticamente no se tienen datos, parece ser que se trataba de una batería de enormes cañones, capaces de alcanzar Londres desde el continente europeo.
Esta batería habría estado compuesta de un total de 25 cañones. Cada uno tendría una longitud de más de cien metros y su calibre sería de 150 milímetros. Era necesario un proyectil especial, compuesto de cromo y níquel, cuyo coste era similar al de un avión de caza Messerchsmitt 109. En total se fabricaron 20.000 de estos proyectiles.
El principio de funcionamiento de este arma revolucionaria era similar al de los cohetes; conforme el proyectil ascendía a lo largo del cañón se iban produciendo explosiones provocadas eléctricamente que iban aumentando la aceleración del proyectil. Al salir del cañón, éste adquiría una velocidad seis veces superior a la del sonido, lo que le permitía recorrer los 150 kilómetros que le separaban de Londres.
Los ensayos con este “super cañón” no resultarían demasiado exitosos. Los científicos alemanes no conseguían superar las dificultades que entrañaba la puesta a punto de esta arma experimental y tenían que ver como, en algunas ocasiones, los cañones explotaban al no poder soportar la presión de cuatro toneladas por centímetro cúbico que se daba en su interior.
De todos modos, los Aliados decidieron destruir las instalaciones de Mimoyecques antes de que los alemanes contasen con este poderoso cañón. Para ello, en julio de 1944 se enviaron catorce bombarderos pesados Lancaster con la misión de arrasar el lugar.
La operación prácticamente no produjo daños, al ser incapaz de perforar la gruesa capa de hormigón, pero, desgraciadamente, sí que provocó una tragedia entre los prisioneros encargados de su construcción. La onda expansiva de las bombas produjo un movimiento de tierras que se saldó con un escape de agua y lodo; un túnel inferior, precisamente en donde se encontraban refugiados unos 10.000 de estos trabajadores forzados, quedaría inundado causando la muerte de todos ellos. Posteriormente no ha sido posible recuperar los cuerpos, puesto que el gobierno francés, en 1947, decidió rellenar el túnel con cemento. En la actualidad, Mimoyecques es un museo de propiedad particular, dedicado a los que allí murieron.
Tras el fracaso de los Lancaster británicos le tocó el turno a los norteamericanos, que decidieron intentarlo con sus aviones teledirigidos. Kennedy y Willie despegaron a bordo de su Liberator a las 17.52 horas del 12 de agosto rumbo a Mimoyecques, acompañados de dos “aviones madre”, por si alguno de ellos sufría alguna avería, además de una formación de cazas.
Una vez en el aire, Kennedy armó los fusibles de los detonadores y envió por radio la palabra clave que indicaba que todo marchaba correctamente. Pero dos minutos más tarde, exactamente a las 18.20 horas, el avión explotó cuando sobrevolaba el bosque de Blythborough, en Suffolk.
Los restos del aparato fueron encontrados en un radio de tres kilómetros, en donde todos los árboles aparecían completamente quemados. Un total de 147 casas situadas a diez kilómetros a la redonda se vieron afectadas de un modo u otro por la explosión, pero afortunadamente no hubo que lamentar ninguna víctima mortal. Debido a la potencia de los explosivos no se pudo encontrar ningún resto de los dos tripulantes, que habían quedado completamente desintegrados.
Aunque era muy difícil conocer las causas exactas de la deflagración, los expertos dedujeron que probablemente fue debida a alguna corriente eléctrica imprevista en el interior del aparato; al llegar ésta a los detonadores se habría cerrado el circuito, provocando la explosión accidental .
La muerte de los dos tripulantes parece así que no entraña ningún misterio pero, quizás debido a la maldición que parece perseguir a la familia Kennedy, el caso no puede darse por cerrado. En primer lugar, el hecho de que la operación Anvil fuera secreta impidió ofrecer entonces detalles sobre cómo se había producido la muerte de Joe; a la familia tan sólo se le comunicó que había fallecido “en misión de combate en el Canal de la Mancha”.
Como ejemplo del celo con el que el expediente relativo a esta operación fue ocultado, basta indicar que los documentos no comenzaron a desclasificarse hasta 1966 y que no sería hasta cuatro años después cuando se desveló el nombre de los dos tripulantes de aquel avión.
La tardanza en admitir que Joe Kennedy volaba en aquel avión llevó a imaginar todo tipo de teorías conspirativas, relacionándolas con las desgracias que sobrevendrían a sus hermanos menores.
En 1986, el testimonio de un antiguo oficial artillero de la Luftwaffe, Karl-Heinz Wehn, vendría a añadir un nuevo elemento de confusión, al asegurar que había capturado a Joe Kennedy en Francia el 14 de julio de 1944, es decir, ¡un mes antes de emprender su última misión!
Según afirmó Wehn, su batería antiaérea derribo un bombardero norteamericano cerca de Bayeux. De él saltaron en paracaídas dos tripulantes, que fueron capturados por soldados de la 12ª División Panzer.
Wehn fue el encargado de interrogar a los dos aviadores; uno de ellos, que se presentó como teniente primero de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, dijo ser Joe Kennedy, hijo del que había sido embajador norteamericano en Gran Bretaña antes de la guerra.
El oficial germano comprobó que su nombre, así como su rango y el número de identificación, figuraban en su chapa de identificación, por lo que no existía ninguna duda de que decía la verdad. Al día siguiente, Kennedy y su compañero fueron trasladados a un destacamento de las SS, donde –según le explicaron a Wehn- los mataron al intentar escapar atravesando un río.
De ser cierta la narración del oficial germano, cabría la posibilidad de que aquel hombre se llamase efectivamente Joe Kennedy y que intentase buscar un mejor tratamiento por parte de sus captores suplantando al hijo del antiguo embajador. Las autoridades militares norteamericanas investigaron la existencia de este supuesto soldado, pero no habia ningún otro “Joe Kennedy” en los archivos del Ejército, por lo que habría que pensar que aquel hombre era el auténtico Kennedy.
No hay ninguna prueba que avale el testimonio de Wehn, pero no deja de resultar inquietante. ¿Cabe la posibilidad de que Joe hubiera sido capturado por los alemanes? ¿En ese caso, llegó a pedirse algún tipo de rescate por él? Tratándose del hijo de un prestigioso diplomático, no hay duda que esta situación podría haber suscitado un insoluble dilema en el gobierno norteamericano...
Dejándonos llevar alegremente por la imaginación, si esto sucedió y, por un motivo u otro, la negociación terminó con la muerte de Joe, nada resultaba más fácil que situarlo en aquel avión que explotó sobre el cielo de Suffolk, haciendo imposible cualquier tipo de comprobación, al desaparecer el cadáver. Además, el hecho de que toda la operación se encontrase bajo secreto impediría cualquier investigación. Por lo tanto, si se hubiera tenido que maquinar una trama destinada a borrar cualquier indicio que condujese a la auténtica muerte de Joe Kennedy, éste sería el plan perfecto.
HERNANDEZ, Jesús "Enigmas y misterios de la Segunda Guerra Mundial". Ediciones Nowtilus. Madrid, 2006.
En caso de reproducirlo, citar fuente.
lunes, marzo 13, 2006
Entrevista promocional para "Enigmas y Misterios..."
A continuación transcribo la entrevista promocional que ha sido remitida a los medios de comunicación por parte de mi editorial.
JESÚS HERNÁNDEZ REMUEVE LOS VERDADEROS “ENIGMAS Y MISTERIOS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL” EN SU ÚLTIMO LIBRO
El historiador y periodista de Barcelona vuelve a la materia en la que mejor se desenvuelve: la Segunda Guerra Mundial. En esta obra, Jesús Hernández se adentrará en muy distintos sucesos que han permanecido sin esclarecer durante más de sesenta años. Con un estilo ameno pero sin olvidar el rigor histórico que tan a menudo se suele perder al abordar estos temas, el lector se enfrentará a cuestiones tan fascinantes como el misterioso ataque que sufrió la ciudad de Los Ángeles en 1942, todos los interrogantes que acompañaron el fallecimiento del hermano de Kennedy o si fue real el Experimento Filadelfia.
Jesús Hernández ya ha demostrado con sólo tres libros que es un referente en el tema de la divulgación histórica de la Segunda Guerra Mundial en castellano, hasta tal punto que algunas de sus obras se han colado ya entre las listas de los más vendidos durante el 2005. Su éxito radica no sólo en su gran conocimiento del conflicto, si no también en la forma ágil y cercana con la que lo escribe. De este modo ha logrado acercar la realidad de aquella guerra fundamental para la historia actual al público más general.
En “Enigmas y Misterios de la Segunda Guerra Mundial” se ha centrado en esos sucesos sin explicación, que aún hoy están rodeados de incógnitas. Jesús Hernández se encarga de contarnos los que ya están resueltos y todas las teorías e hipótesis que parecen estar más cercanas a la realidad del resto. Como explica el propio autor “las respuestas a estos enigmas se encuentran en documentos clasificados como secretos y que salen a la luz con cuentagotas. ¿Por qué? ¿Qué se oculta? ¿Por qué es peligroso conocer los detalles de algo que ocurrió hace sesenta años? ¿Estas verdades son realmente tan inconfesables?”
“Enigmas y Misterios de la Segunda Guerra Mundial” es el cuarto libro de Historia Incógnita que intenta buscar otros enfoques y otras visiones a los hechos más apasionantes de la Historia. Además, el autor Jesús Hernández, publicará también con Nowtilus la Breve Historia de la Segunda Guerra Mundial en el mes de mayo.
ENTREVISTA CON JESÚS HERNÁNDEZ
Jesús Hernández (Barcelona, 1966) es historiador y periodista, Licenciado en Historia Contemporánea y Ciencias de la Información. Ha escrito Las cien mejores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial (2004), Hechos insólitos de la Segunda Guerra Mundial (2005) y ¡Es la guerra! Las mejores anécdotas de la historia militar (2005).
¿Cuál fue su propósito al escribir este libro?
R. Demostrar que es mucho lo que no sabemos sobre este conflicto. Más que respuestas, en este libro hay sobre todo preguntas que aún permanecen sin responder y lo más sorprendente es que las respuestas se encuentran clasificadas en los archivos de las potencias vencedoras, fuera del alcance de los historiadores. Me atrevería a decir que la historia de la Segunda Guerra Mundial está aún por escribirse.
¿Qué cree que aportará este Enigmas y Misterios de la Segunda Guerra Mundial a la bibliografía existente sobre el conflicto?
R. Este libro es una puesta al día de esas cuestiones sin resolver, ya que se incluyen las últimas revelaciones que se han producido, como por ejemplo en el suicidio de Goering. Aunque es un libro de historia, en él queda reflejado que la Segunda Guerra Mundial es un acontecimiento de plena actualidad, al incorporar todas las novedades que se han producido sobre esos enigmáticos asuntos.
Supongo que en un conflicto tan amplio como la Segunda Guerra Mundial, debe haber muchos hechos sin esclarecer ¿Qué criterio siguió para elegir los que aparecen en el libro?
R. He escogido los que considero que interesan a un público amplio, no necesariamente introducido en el tema, y los he explicado de la forma más amena y ágil que soy capaz, huyendo del lenguaje denso y ampuloso que normalmente emplean los historiadores, que son capaces de dormir a la oveja más insomne. Además, he destacado los que pueden despertar más la imaginación del lector, pero siempre planteando todas las hipótesis y dejando que sea el propio lector el que juzgue.
¿Qué es lo que cree que más sorprenderá a los lectores de los enigmas que describe en su libro?
R. Como he dicho, el que las respuestas a estos enigmas se encuentran en documentos clasificados como secretos y que salen a la luz con cuentagotas. ¿Por qué? ¿Qué se oculta? ¿Por qué es peligroso conocer los detalles de algo que ocurrió hace sesenta años? ¿Estas verdades son realmente tan inconfesables? Sin duda, ésas son las preguntas que se formulará el atónito lector cuando acabe el libro. Es posible que nuestros nietos sí que puedan conocer la verdad de lo que entonces ocurrió, aunque entonces a saber dónde estaremos nosotros.
Mientras investigaba seguro que se encontró con algún hecho que despertó su curiosidad más que los demás, o que lo recuerda más por lo que le costó encontrar información sobre él… ¿Puede decirnos alguno?
R. Sin duda, la Lanza del Destino –con la que supuestamente se atravesó el cuerpo de Cristo- es el objeto más misterioso; pese a que no tengo dudas de que es una filfa, son apasionantes las historias que se entrecruzan hasta que Hitler se hace con ella, e incluso después, quién sabe si hasta nuestros días... También me ha sorprendido la extraña muerte del hermano de John Fitzgerald Kennedy, que ofrece tantos o más interrogantes que la suya. Los insólitos avatares del cadáver de Hitler son, igualmente, tan extraños como misteriosos, como la supuesta, aunque muy improbable, paternidad del dictador nazi...
Y para terminar… ¿Podemos decir que los hechos que narra este libro confirman que la realidad de la Segunda Guerra Mundial supera siempre a la abundantísima ficción sobre ella?
R. Hace años que no pierdo el tiempo leyendo la actual literatura de ficción. No tengo por qué buscar ridículos misterios en obras de Da Vinci, en no sé qué sábana o en el último cátaro de turno. Me basta con tomar en las manos cualquier libro sobre la Segunda Guerra Mundial para encontrar cientos de historias de aventuras, heroísmo, traición, misterio, tragedia, amistad... y con el aliciente de que ocurrieron en la realidad. ¿Qué más se puede pedir?
ENIGMAS Y MISTERIOS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIALDesapariciones, muertes y sucesos aún sin explicación del mayor conflicto bélico de la historia
Jesús Hernández
ISBN 10: 84-9763-307-5
Págs: 312
PVP: 16,95 €
Más información en www.nowtilus.com/?isbn=84-9763-307-5
JESÚS HERNÁNDEZ REMUEVE LOS VERDADEROS “ENIGMAS Y MISTERIOS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL” EN SU ÚLTIMO LIBRO
El historiador y periodista de Barcelona vuelve a la materia en la que mejor se desenvuelve: la Segunda Guerra Mundial. En esta obra, Jesús Hernández se adentrará en muy distintos sucesos que han permanecido sin esclarecer durante más de sesenta años. Con un estilo ameno pero sin olvidar el rigor histórico que tan a menudo se suele perder al abordar estos temas, el lector se enfrentará a cuestiones tan fascinantes como el misterioso ataque que sufrió la ciudad de Los Ángeles en 1942, todos los interrogantes que acompañaron el fallecimiento del hermano de Kennedy o si fue real el Experimento Filadelfia.
Jesús Hernández ya ha demostrado con sólo tres libros que es un referente en el tema de la divulgación histórica de la Segunda Guerra Mundial en castellano, hasta tal punto que algunas de sus obras se han colado ya entre las listas de los más vendidos durante el 2005. Su éxito radica no sólo en su gran conocimiento del conflicto, si no también en la forma ágil y cercana con la que lo escribe. De este modo ha logrado acercar la realidad de aquella guerra fundamental para la historia actual al público más general.
En “Enigmas y Misterios de la Segunda Guerra Mundial” se ha centrado en esos sucesos sin explicación, que aún hoy están rodeados de incógnitas. Jesús Hernández se encarga de contarnos los que ya están resueltos y todas las teorías e hipótesis que parecen estar más cercanas a la realidad del resto. Como explica el propio autor “las respuestas a estos enigmas se encuentran en documentos clasificados como secretos y que salen a la luz con cuentagotas. ¿Por qué? ¿Qué se oculta? ¿Por qué es peligroso conocer los detalles de algo que ocurrió hace sesenta años? ¿Estas verdades son realmente tan inconfesables?”
“Enigmas y Misterios de la Segunda Guerra Mundial” es el cuarto libro de Historia Incógnita que intenta buscar otros enfoques y otras visiones a los hechos más apasionantes de la Historia. Además, el autor Jesús Hernández, publicará también con Nowtilus la Breve Historia de la Segunda Guerra Mundial en el mes de mayo.
ENTREVISTA CON JESÚS HERNÁNDEZ
Jesús Hernández (Barcelona, 1966) es historiador y periodista, Licenciado en Historia Contemporánea y Ciencias de la Información. Ha escrito Las cien mejores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial (2004), Hechos insólitos de la Segunda Guerra Mundial (2005) y ¡Es la guerra! Las mejores anécdotas de la historia militar (2005).
¿Cuál fue su propósito al escribir este libro?
R. Demostrar que es mucho lo que no sabemos sobre este conflicto. Más que respuestas, en este libro hay sobre todo preguntas que aún permanecen sin responder y lo más sorprendente es que las respuestas se encuentran clasificadas en los archivos de las potencias vencedoras, fuera del alcance de los historiadores. Me atrevería a decir que la historia de la Segunda Guerra Mundial está aún por escribirse.
¿Qué cree que aportará este Enigmas y Misterios de la Segunda Guerra Mundial a la bibliografía existente sobre el conflicto?
R. Este libro es una puesta al día de esas cuestiones sin resolver, ya que se incluyen las últimas revelaciones que se han producido, como por ejemplo en el suicidio de Goering. Aunque es un libro de historia, en él queda reflejado que la Segunda Guerra Mundial es un acontecimiento de plena actualidad, al incorporar todas las novedades que se han producido sobre esos enigmáticos asuntos.
Supongo que en un conflicto tan amplio como la Segunda Guerra Mundial, debe haber muchos hechos sin esclarecer ¿Qué criterio siguió para elegir los que aparecen en el libro?
R. He escogido los que considero que interesan a un público amplio, no necesariamente introducido en el tema, y los he explicado de la forma más amena y ágil que soy capaz, huyendo del lenguaje denso y ampuloso que normalmente emplean los historiadores, que son capaces de dormir a la oveja más insomne. Además, he destacado los que pueden despertar más la imaginación del lector, pero siempre planteando todas las hipótesis y dejando que sea el propio lector el que juzgue.
¿Qué es lo que cree que más sorprenderá a los lectores de los enigmas que describe en su libro?
R. Como he dicho, el que las respuestas a estos enigmas se encuentran en documentos clasificados como secretos y que salen a la luz con cuentagotas. ¿Por qué? ¿Qué se oculta? ¿Por qué es peligroso conocer los detalles de algo que ocurrió hace sesenta años? ¿Estas verdades son realmente tan inconfesables? Sin duda, ésas son las preguntas que se formulará el atónito lector cuando acabe el libro. Es posible que nuestros nietos sí que puedan conocer la verdad de lo que entonces ocurrió, aunque entonces a saber dónde estaremos nosotros.
Mientras investigaba seguro que se encontró con algún hecho que despertó su curiosidad más que los demás, o que lo recuerda más por lo que le costó encontrar información sobre él… ¿Puede decirnos alguno?
R. Sin duda, la Lanza del Destino –con la que supuestamente se atravesó el cuerpo de Cristo- es el objeto más misterioso; pese a que no tengo dudas de que es una filfa, son apasionantes las historias que se entrecruzan hasta que Hitler se hace con ella, e incluso después, quién sabe si hasta nuestros días... También me ha sorprendido la extraña muerte del hermano de John Fitzgerald Kennedy, que ofrece tantos o más interrogantes que la suya. Los insólitos avatares del cadáver de Hitler son, igualmente, tan extraños como misteriosos, como la supuesta, aunque muy improbable, paternidad del dictador nazi...
Y para terminar… ¿Podemos decir que los hechos que narra este libro confirman que la realidad de la Segunda Guerra Mundial supera siempre a la abundantísima ficción sobre ella?
R. Hace años que no pierdo el tiempo leyendo la actual literatura de ficción. No tengo por qué buscar ridículos misterios en obras de Da Vinci, en no sé qué sábana o en el último cátaro de turno. Me basta con tomar en las manos cualquier libro sobre la Segunda Guerra Mundial para encontrar cientos de historias de aventuras, heroísmo, traición, misterio, tragedia, amistad... y con el aliciente de que ocurrieron en la realidad. ¿Qué más se puede pedir?
ENIGMAS Y MISTERIOS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIALDesapariciones, muertes y sucesos aún sin explicación del mayor conflicto bélico de la historia
Jesús Hernández
ISBN 10: 84-9763-307-5
Págs: 312
PVP: 16,95 €
Más información en www.nowtilus.com/?isbn=84-9763-307-5
domingo, marzo 12, 2006
Origen del casco de los VOPOS

Uno de los iconos de la Guerra Fría, tal vez el más importante, es el del Muro de Berlín. E indisolublemente unido a éste se encuentra el de los soldados de la República Democrática Alemana (RDA) vigilándolo celosamente y disparando a matar a aquél que pretendiese atravesarlo para huir al Berlín occidental. Estos hombres, conocidos como “Vopos”, al pertenecer a la Volkspolizei, lucían un casco característico, que también él se ha convertido en uno de los símbolos de ese período histórico.
Pero lo que pocos saben es que el origen del típico casco de los Vopos se retrotrae a la Segunda Guerra Mundial, y concretamente a la Alemania nazi, precisamente el régimen al que combatieron los mismos que crearon y consolidaron el sistema totalitario imperante en la RDA hasta 1989.
El casco utilizado por la Wehrmacht en 1939 era el denominado modelo 1935, por haber sido creado en ese año, aunque derivaba del modelo 1916, que había sustituido durante la Primera Guerra Mundial a su vez al mítico casco prusiano que presentaba un pincho en la parte superior. Este modelo derivaría en el conocido como 1942, que no sólo no ofrecía mejores prestaciones, sino que las empeoraba, puesto que las modificaciones estaban destinadas, no a mejorar la protección del soldado, sino a facilitar su proceso de fabricación.
Sin embargo, tan pronto como en la campaña de Polonia se hizo ya evidente que el casco alemán no cumplía a la perfección con su función, puesto que se daban casos de soldados gravemente heridos en la cabeza por disparos de fusil a media distancia. El Institut für Wehrtechnische Werkstoffkunde (Instituto para el Estudio de la Resistencia de los Materiales) llevó a cabo una serie de estudios sobre este casco y llegó a la conclusión de que no ofrecía la protección necesaria. Curiosamente, el antiguo modelo de 1916 salió mejor parado de estas pruebas.
Así pues, teniendo en cuenta estos resultados, dos expertos, el doctor Hänsel y el profesor Frey, se decidieron a experimentar con prototipos de nuevos cascos que porporcionasen una mayor protección. Las pruebas fueron un éxito y se propusieron nuevos modelos capaces de evitar las heridas que no era capaz de impedir el entonces casco reglamentario de 1935.
Estos ensayos llegaron a oidos de Hitler, que rechazó de inmediato la sustitución del casco empleado por la Wehrmacht. Aún así, los expertos continuaron trabajando en mejorarlo, convencidos de que podrían salvar así las vidas de muchos soldados.
Sin tener en cuenta las opiniones del Führer al respecto, en julio de 1942, el coronel Eittel, cumpliendo órdenes del general de Artillería Leeb, procedió a desarrollar cuatro proyectos concretos. Finalmente se seleccionaron dos, los denominados modelos " B" y "B-II", sobre los cuales continuaron trabajando.
Nuevamente se puso el proyecto sobre la mesa de decisiones de Hitler. El resultado de los estudios no podía ser más positivo. Las pruebas balísticas efectuadas en la Escuela de Infantería, de Döberitz demostraban que las diferencias con el viejo casco de 1935 eran abismales, puesto que la protección aumentaba hasta en un sesenta por ciento. Mientras que aquél estaba ideado para la guerra de trincheras, los nuevos tenían en cuenta la guerra móvil, al ofrecer una visibilidad inmejorable. Ya estaba decidido hasta el nombre del nuevo modelo: 1945. Tan sólo faltaba la luz verde del Führer para proceder inmediatamente a retirar los antiguos y sustituirlos por el nuevo casco.
La única duda era la relativa a la confusión que podía crear en el campo de batalla este cambio. Durante el proceso de sustitución, se temía que alguna unidad pudiera disparar contra otra al no reconocerlos como soldados alemanes. No obstante, ese temor desapareció al comprobar que, pese a que muchos cascos eran utilizados con fundas de camuflaje, estono había originado ningún incidente.
Además, la racionalización en su proceso de fabricación hacía que la opción del nuevo casco conllevase un ahorro en costes y en tiempo, por lo que todos los elementos animaban a pensar que Hitler aceptaría finalmente la propuesta. Sin embargo, el dictador nazi, tan dispuesto a dar su apoyo personal a todas las innovaciones en materia de armamento, se negó en redondo a sustituir el viejo casco germano. En su resolución ya no entraban en liza aspectos técnicos o económicos, sino tan sólo políticos. En su opinión, el casco de 1935 se había convertido ya en un símbolo del poderío alemán y, por lo tanto, no era ya posible su sustitución.
Los expertos no se desanimaron ante esta nueva negativa y continuaron mejorando los prototipos, aumentando aún más la calidad, pero Hitler no quiso volver a oir hablar de asunto. Su decisión de continuar con el antiguo casco era irrevocable.
Una vez acabada la guerra, el destino de los millones de cascos utilizados por la Wehrmacht fue el horno de fundición. Dando la razón a Hitler, el casco de 1935 era el símbolo, no sólo del soldado alemán, sino del Tercer Reich, por lo que era aconsejable su destrucción.
Sin embargo, el destino fue generoso con este casco, puesto que resucitó, gracias a la decisión de la República Federal Alemana de equipar con él su Policía Federal de Fronteras (Bundesgrenschütz) y a las policías regionales. La razón era que la posguerra no era el mejor momento para diseñar y fabricar un nuevo casco, por lo que se vieron obligados a recurrir al viejo modelo de 1935, aunque introduciendo alguna ligera modificación. De este modo, los cascos que esperaban su turno para ser fundidos fueron así rescatados.
En cambio, Alemania del Este no apostó en un principio por esta solución de urgencia para equipar a su policía de fronteras, sino que diseñó un nuevo casco basado en el modelo de 1935, pero ofreciendo un aspecto tosco y escasamente marcial. Con ocasión de que la Unión Soviética declarase el fin del estado de guerra con Alemania, el 25 de enero de 1955, y de que en septiembre de ese mismo año Moscú garantizase la independencia de la RDA, se decidió dotar a su naciente ejército con un nuevo casco más estilizado, que le proporcionase personalidad propia.
Ante la dificultad que entrañaba iniciar y desarrollar los estudios encaminados a crear el que tenía que ser el nuevo casco, las autoridades militares tomaron la decisión de acudir a las propuestas que ya habían sido realizadas en el período de la Alemania nazi. Así pues, el doctor Erich Kiesan fue el encargado de escoger el modelo que mejor se podía adaptar a las nuevas necesidades de lucha tanto en trinchera, terreno batido o combate urbano, decidiénose finalmente por uno de los proyectos presentados a Hitler, concretamente el B-II.
Para sorpresa de los observadores militares occidentales, que nada sabían del atajo tomado por los expertos militares de la RDA, en febrero de 1956 ya salieron las primeras partidas de los talleres de fabricación. Este nuevo casco, con una forma que ofrecía siempre una superficie inclinada a cualquier impacto, permitía en todo momento una visibilidad perfecta. En el momento de su aparición fue considerado, sin duda, como uno de los mejores del mundo.
Conforme las nuevas unidades iban saliendo de la cadena de producción, la policía de fronteras fue siendo pertrechada con él, hasta que su distribución se completó en 1961. A partir de entonces, la imagen del Vopo se asoció para siempre con ese casco. Pero el triunfo definitivo de aquel casco que un día fue rechazado por Hitler llegó cuando un reportero occidental recogió la imagen de uno de estos Vopos arrojando su casco y atravesando él mismo el Muro de Berlín, dejando atrás el régimen totalitario impuesto por la URSS. Con ese gesto de búsqueda de la libertad, su casco se convertiría en el símbolo de todo aquello que dejaba atrás.
LA INFORMACIÓN PARA CONFECCIONAR ESTA ENTRADA SE HA EXTRAÍDO DE LA EXTRAORDINARIA WEB "CASCOS DEL SIGLO XX"
Desde aquí agradezco a su autor, JOSEBA, su permiso para reproducirla.
jueves, marzo 09, 2006
Palabras clave
A fin de facilitar la localización de esta web en los buscadores, introduzco las siguientes palabras clave:
Segunda Guerra Mundial, II Guerra Mundial, 2 Guerra Mundial, IIWW, WWII, world war II, Hitler, Adolf Hitler, Churchill, Winston Churchill, Stalin, De Gaulle,Roosevelt, Tojo, Hirohito, Mussolini,panzer, SS, Himmler, Goering, nazi,nazismo,Bormann, Rudolf Hess, Albert Speer, Montgomery, Patton, Rommel, Stalingrado, Alamein, Tobruk, Batalla de Inglaterra, Pearl Harbor, Midway, Hiroshima,Yamamoto, anecdotas de la segunda guerra mundial, anecdotas de la historia militar, enigmas y secretos de la segunda guerra mundial,breve historia de la segunda guerra mundial.
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miércoles, marzo 01, 2006
Enigmas y misterios de la 2GM

A mediados de este mes de marzo de 2006 aparecerá en las librerías mi cuarta obra, titulada ENIGMAS Y MISTERIOS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL. Esta publicado por la EDITORIAL NOWTILUS.
En este libro se explican sucesos que continúan sin aclarar, muertes misteriosas, historias de barcos malditos, accidentes inexplicados, supuestos asesinatos, etc. todo ello en el escenario de la Segunda Guerra Mundial.
También hay un capítulo dedicado a episodios que han dado lugar a mitos y leyendas, pero que también tienen interés.
El precio será de 13,95 euros.
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